martes, 1 de noviembre de 2022

LA VIEJA DEUDA DEL ANTICUARIO

Allá por 1913 era hermano mayor de nuestra corporación D. Antonio García Sánchez. Lo sabemos por un curioso escrito que encontró Juan Carlos Vázquez Alejo en el archivo general del arzobispado de Sevilla, en el que se hace mención de una deuda sin saldar de la hermandad de la que ya hablamos en estas páginas. Pese a lo delicado del asunto, prometimos en su día detenernos en este documento de 1922, que es todo un estudio sociológico de la hermandad de hace justo un siglo, y hoy vamos a hacerlo (1).

Antonio García Sánchez nació en la collación de San Vicente, donde se bautizó en 1881, pero pronto, ya en los años de las primeras salidas procesionales desde San Román, es un chiquillo huérfano de madre al que encontramos en los censos municipales viviendo en el 128 de la calle Sol, al amparo de su abuela, doña Pilar de los Reyes Vargas, una cigarrera  natural de Carmona y viuda de Juan García García, esquilador. La abuela debió de preocuparse bastante por hacer de su nieto un hombre de provecho. Antonio fue a la escuela, y cuando sale de ésta, comienza a trabajar en una fábrica de sombreros. Se casó con una gitanita de la calle Verónica, Magdalena Camacho Vargas. En las Guías de Sevilla y su provincia de Vicente Gómez Zarzuela aparece años después afincado en la calle Gerona, y se le califica como "industrial". El padrón municipal de 1920 nos da más noticias de su industria. Es anticuario. Este ascenso social puede que fuera decisivo para que le hicieran hermano mayor de la cofradía. Bajo su mandato se contrata con el dorador José Rodríguez Carrera la reforma y dorado del paso adquirido a finales del siglo anterior a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro y Nuestra Señora del Valle. El documento de 1922 localizado por Juan Carlos nos cuenta como el 8 de noviembre de 1913 se formalizó un contrato para la restauración de dicho paso "firmando en representación de la Hermandad el Hermano Mayor D. Antonio García Sánchez, que vive actualmente en calle Gerona nº 14, el Mayordomo D. Juan José Niño (hoy difunto) y D. Antonio Moreno Vega, que firmó a ruegos del Mayordomo por no saber este hacerlo" (2).


Fragmento del escrito de 1922 conservado en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

El pago de las trescientas pesetas en que se acordó la obra se haría en cuatro plazos de setenta y cinco, "cuyos tres primeros se cumplieron religiosamente", pero hubo elecciones, cambio de junta de gobierno, y el último pago se demoró. Comienzan las visitas del maestro dorador a Triana, a la calle Pureza, al domicilio del anciano ex-mayordomo Juan José Niño López, a quien debieron amargar los últimos días de su existencia, pues fallece por estas fechas, pero cuatro años después todavía andaba reclamando el dorador la cantidad que le faltaba por cobrar. Reunido con los hermanos "en un casinito de la calle San Jacinto", le dijeron que celebrarían un cabildo para ver la forma de saldar el débito, y efectuado éste, "contestaron que la situación económica de la hermandad era muy precaria, pero que prometían tan pronto tuvieran medios abonar dicha deuda". La corporación se había embarcado en nuevos compromisos de pago. Sobre 1916 llega el antiguo palio de Monte-Sión, aunque de momento no hay dinero ni para cambiarle el escudo (3), y por las mismas fechas se adquiere un manto bordado de salida, también de segunda mano, pues parece ser que era el diseñado por Juan Manuel Rodríguez Ojeda y bordado por las hermanas Antúnez para la Virgen del Rosario de la Macarena (4).

Acudió el dorador a la mediación de una persona que era toda una autoridad en la Triana de la época, el relojero y platero del Altozano D. Cándido Sánchez Rodríguez, pero ni por esas. Tan aburrido estaría el artesano de fracasar en sus intentos, que encargó a su hermano del asunto y se desentendió de hacer más gestiones. El hermano del dorador tuvo otras entrevistas con miembros de junta "en el establecimiento de bebidas antigua de Castellano", en el mercado de Triana, "pues en este establecimiento tienen su punto de reunión".


Vista del Altozano, la antigua capilla del Carmen y el mercado desde el puente de Triana a principios del siglo XX.


Llegado 1920, se encontró el hombre -dice que "casualmente"- con un digno beneficiado de la Santa Iglesia Catedral. Se lamentó del asunto y el eclesiástico le entregó una tarjeta del procurador D. Felipe Pachón, para que presentara demanda. La idea era que le retuvieran a la hermandad la subvención que el ayuntamiento concedía para la estación de penitencia.

A todo esto, nuevas elecciones y nuevo hermano mayor. El que cesa dice que a él no le hablen más del asunto, y que todo se debe a la mala administración del de la calle Gerona, con quien se entrevista el hermano del dorador. Nuestro anticuario le dice "que estaba dispuesto a recibir en su casa a cuantas personas le pregunten o pidan datos acerca de su gestión y cuentas durante el tiempo que tuvo el cargo, y a ir donde sea preciso ante persona o autoridad que le llame". Parece que estaba muy seguro de sus cuentas. Después de todo, en su mandato todo se había pagado a tiempo. El problema era haber dejado un plazo para la junta que lo había de sustituir. En todas las cofradías, y en todas las épocas, a ninguna junta de gobierno le ha gustado tener que dedicarse a pagar las deudas contraídas por una anterior, pero habría que recordar que en esas fechas los mandatos eran anuales. Se elegía nueva mesa de gobierno tal como entraba la cofradía, a efectos de que fuera la encargada de organizar la salida del año siguiente, y ese corto periodo de tiempo no siempre bastaba para llevar a cabo mejoras de importancia.

Después de tantas demoras y ya plantados en 1922, el hermano del dorador -que debía de ser peor que el cobrador del frac- llegaría a la exasperación cuando otro nuevo hermano mayor le contestó a sus últimos requerimientos diciéndole que "la deuda era muy vieja". Acude al bufete del abogado D. Manuel Blasco Garzón, pero como le resulta violento demandar a una cofradía, dirige al arzobispado este escrito fechado el 31 de mayo de aquel año en el que cuenta todas estas peripecias. No sabemos como acabó el asunto. Suponemos que, como siempre, los hermanos harían un esfuerzo a costa del sustento de sus familias, se rascarían los bolsillos, y el débito se saldaría sin pasar a mayores. También es verdad que sólo conocemos los hechos expuestos por una parte, y que quizás ese exagerado retraso en el pago tuviera otro trasfondo que el escrito del hermano del dorador no saca a la luz. Probablemente algún descontento con el trabajo realizado. El caso es que, como dijimos al principio, el documento no tiene desperdicio para conocer algo más la hermandad de hace cien años.


1.- Véase en este blog la entrada "Un Mayordomo de Romancero".

2.- A.G.A.S  Justicia y Hermandades. Expediente. 38 signatura 15898.

3.- VÁZQUEZ ALEJO, Juan Carlos. "Sobre la evolución histórica del Paso de Palio en Los Gitanos (II)". Anuario de la Hermandad de los Gitanos. Cuaresma 2020. Págs. 152-155. También publicado en este blog.

4.- RIOS DELGADO, Rafael: "¿Un manto macareno en Algeciras?" en elninofrito.blogspot.com, 25 de julio de 2012.


sábado, 1 de octubre de 2022

LA REVISTA LUCES DE SEVILLA Y LA HERMANDAD DE LOS GITANOS

Hace un par de años, José Luis Dorado y yo adquirimos entre los dos una revista de 1953 en un anticuario, donde nos llamó la atención la ilustración que venía en la primera página. Se trata sin dudas de una costumbrista representación de nuestra cofradía a principios del siglo XX. Podemos apreciar que es el antiguo Señor de la Salud, sobre lo que parece la canastilla del paso adquirido a la hermandad del Valle. En la esquina inferior del dibujo, realizado a plumilla, viene la firma de “Boni”, quien pensamos que no puede ser otro que el pintor, cartelista y delineante Guillermo Bonilla García, autor de la policromía de Nuestro Padre Jesús de la Salud, diseñador del antiguo paso Cristo estrenado en 1946, y que probablemente firmara con este seudónimo sus obras menores. Esta autoría nos la confirmó la recuperación del pergamino donde se nombraba a Maruja Queipo de Llano camarera de honor perpetua, también realizado por Bonilla, que contiene una acuarela en la que aparece la misma escena y los mismos personajes en idéntica actitud (1).




"Luces de Sevilla", revista dedicada a exaltar las fiestas primaverales de la ciudad, tenía un importante vínculo con la hermandad. Su director y propietario era nada más y nada menos que José Vega Niño, antiguo factótum de la cofradía, aunque ya por las fechas estaba apartado del gobierno de la misma. La dirección literaria corría a cargo del redactor jefe de Radio Nacional de España en Sevilla, el periodista Remigio Ruiz Fernández. El número en cuestión se editó en la imprenta Morón, en el número 14 de la calle Sol, pero como domicilio de la publicación figura el del mismo José Vega Niño, que vivía por entonces en el número 63 de la calle Betis (2).  




Hoy queremos traeros al blog dos textos de esta revista dedicados de algún modo a nuestra hermandad, que precisamente aquel año cumplía sus dos siglos de existencia. Uno primero, es del poeta Juan Rodríguez Mateo (1888-1962), y en él hace un elogio de las antiguas saetas, finalizando con una letra por dicho cante dedicada al Señor de la Salud. El segundo, titulado "Paresito Güeno", también ofrecido a nuestro Cristo, es una sencilla composición de una desconocida Lucía Morón, aunque sospechamos que su verdadero autor bien pudiera ser el propio Vega Niño, que recurría al mismo estilo en sus aficiones poéticas. Para terminar, os dejamos una foto de la Virgen de las Angustias realizada por Juan José Serrano, que figura como una de las ilustraciones de la revista, en la que nuestra titular aparece luciendo un manto prestado por la hermandad del Baratillo, cofradía a la que pertenecía Guillermo Bonilla, y a cuyo Cristo, tallado por Ortega Bru, también le realizó la encarnadura.



La Saeta

La saeta es el cantar más emotivo, más hondo, más ingenuo y a la vez más sublime de todos los cantes andaluces. La saeta es el corazón del pueblo, traspasado por el dolor divino, del que brotan lágrimas fervorosas, que cuajadas en dardos fulgurantes, penetran profunda y suavemente en las entradas de la noche velada por los martirios y entenebrecida por la muerte de Nuestro Señor, en la semana de su Pasión Gloriosa. La saeta genuinamente popular, surge espontánea de los labios contraídos por el misterio de la dolorosa belleza de las sagradas imágenes en su devoto tránsito procesional por las calles del pueblo. Desde el borde de una acera, desde el refugio de un portal, tras una reja recatada, desde el barandal de un balcón orlado de geranios, una voz temblorosa- quiebra el ritmo silencioso del "paso" resplandeciente de cirios y flores, esparciendo en su torno la dulzura de sus amargas y serenas armonías.

En nuestros tiempos, difundida por radio y divulgada por la resonancia de la Semana Santa sevillana, ha adquirido popularidad un estilo de saetas, en los atormentados jipíos, los desgarradores acentos, los lamentos desencadenados o entretejidos, propios de otros cantes siriguiyas gitanas, martinetes aunque armonizados con gran fuerza emotiva, contrastan fundamentalmente con la hondura serena y luminosa de la saeta vieja, que aún conserva, vista y luce sus galas en las ingenuas procesiones pueblerinas.

En la luz del alba del Viernes Santo, al paso del Señor de la Salud, tiembla la voz escalofriante de algún gitano fervoroso que dejó el martillo y apagó la fragua para encender la llama de su pecho y repiquetear ante su Cristo la oración de su especial saeta:

¡Ay, Cristo de los Gitanos,

el Hijo de la más Buena!

¡Cómo resbala tu pena

por el cobre de tus manos 

y por tu cara morena!

J.Rodríguez-Mateo


Paresito Güeno

M'han dicho, Pare bendito, que un verso yo te escribiera, los gitanitos que vienen roando er mundo a mi lao, porque se creen, ¡probesitos!, que eso lo jase cualquiera, y no saben, Paresito, que si yo escribí supiera no sería, como semos, de los malos despreciaos. 

¿Cómo escribí lo que eres, Paresito bendesío, caminito der Carvario, con er peso de la Crú? ¿Cómo expresá lo que vales, escarsito, esmoresío? ¿Cómo desí lo que expresa por las espina jerío, er Señó de los Gitanos, er Cristo de la Salú?

Y entre cien túnicas blancas y morás, yo te buscaba y te he encontrao, Paresito, pleno de amor y de fe, pa vé, Paresito güeno, si la inspiración encontraba, pa vé si viendo tus ojos me inspiraba de una vé. 

Y mirándote he sentío el vibrar de la trompeta, el redoble de tambores y el murmureo populá, y la vó de un gitanito cantarte una saeta, ha llegao a los luseros, como un lírico cometa, y s'ha metío en mi arma y m'ha jecho llorá.

Y yo que apenas me canto por humildes soleares, he sentío una vergüenza...¡y jasta envidia a la par! ar vé que er mundo te canta, Dios bendito, Santo Pare, con una voz que en la tierra naide habrá que la compare, ¡y a pesá de sé gitano, yo no te la sé cantá!

Pero si sirve la sangre, Paresito, de mis venas, pa escribí lo que me inspira tu divina majestad, yo te escribo ¡Pare nuestro!, amparo de nuestras penas, y te digo: Paresito...¡quién te supiera cantá!


Lucía Morón


María Santísima de las Angustias en los años 40. 
Fotografía de Serrano. Revista Luces de Sevilla. 


1.- Véase la entrada del blog MARUJA Y EL SELLO DEL GENERAL, en la que figura dicho pergamino.
2.- Libro de hermanos diligenciado en abril de 1949 por el secretario José María de la Concha Meneses. Archivo de la Hermandad Sacramental de los Gitanos.

jueves, 1 de septiembre de 2022

UN MAL ENTENDIDO FOLKLORE

A partir de 1942 nuestra hermandad se enfrentó a un serio contratiempo. Hacía ya décadas que las autoridades eclesiásticas se habían propuesto erradicar los componentes más festivos de nuestra semana mayor, atajando así mismo comportamientos que, indudablemente, no eran los más apropiados para esta conmemoración religiosa, y que en cualquier caso desdecían el carácter penitencial de las cofradías. Los años republicanos, con su exaltación de lo popular, significaron quizá un retroceso en esta línea de actuación, pero tras la guerra civil, con la implantación de lo que se vino a llamar el “nacionalcatolicismo”, y con el riguroso Cardenal Segura pastoreando firmemente la diócesis, se iba a tratar de imponer a toda costa el buen orden y la compostura en las procesiones, utilizándose para ello medidas ejemplarizantes en las que, todo sea dicho, no siempre se midió a todo el mundo con el mismo rasero. 

Para todo ello, el palacio arzobispal iba a contar con un instrumento adecuado. En febrero de 1941, a solicitud del ayuntamiento, se había constituido la llamada Comisión de Cofradías, órgano que en un principio estaba destinado a estudiar el reparto entre las hermandades de la subvención municipal. Al contrario que su inmediato precedente, la Federación de Hermandades y Cofradías, que se había ensayado durante la república, esta comisión se destacó por un fuerte intervencionismo de la jerarquía eclesiástica, de modo que hasta su mismo presidente debía de ser un sacerdote delegado directamente por el arzobispado. Se puso al frente de la misma a D. Jerónimo Gil Álvarez, que en su juventud fue mayordomo del Calvario, y que tanto tuvo que ver en el orden procesional de la madrugá. Su inspiración se va a dejar sentir en la elaboración del reglamento de dicha comisión aprobado en octubre de 1941. En el artículo 1º.a) del mismo se establece como uno de los fines principales del mismo “contribuir celosamente a que las estaciones de penitencia se efectúen con la debida compostura y religiosidad”.

En la Semana Santa del 42 la comisión comenzó a imponer sus medidas correctivas, en algún caso con consecuencias muy duras, como pasó con la entonces recién creada hermandad de Jesús Despojado, a la que se le retiraron las reglas y se le nombró una junta gestora que no llegó a tomar posesión de su cargo, lo que llevó a esta corporación a la práctica extinción.

Entre las hermandades de la madrugada, la de Triana y la de los Gitanos fueron igualmente sometidas a un expediente disciplinario, que en nuestro caso concluyó el 16 de septiembre de ese año con un decreto del vicario general del arzobispado, en el que se ordenaba el cese inmediato de la junta de gobierno en funciones y se nombraba una comisión gestora. Dicha gestora debía de estar presidida por el cura párroco de San Román, D. Abraham Pérez Herrero, “y formada exclusivamente de gitanos, formando parte de ella Antonio Vega de los Reyes, Diego Vargas García, José Vega Niño, Juan José Bermúdez Vargas y otros hasta el número de veinte, con las condiciones de que sean personas solventes en el orden moral y religioso y tengan la autorización de esta Jurisdicción Eclesiástica” (1).

El hecho de que se especificara que la comisión gestora había de estar formada exclusivamente por gitanos parece indicar que quizás estos eran los que menos protagonismo habían tenido en el desorden, en unos años en los que se permitía salir de nazarenos hasta a personas que no eran hermanos ni protectores, los llamados "simpatizantes", para así ayudar a paliar los gastos de la salida procesional.


El coadjutor de Santa Catalina, D. Aurelio Martín Bogarín, departe con un nazareno de Los Gitanos y otro de la Macarena durante el regreso de la cofradía por la calle Martín Villa. Fotografía de autor anónimo de la Fototeca Local de Morón, publicada en el Anuario de 2020 por José Manuel García Rodríguez (2).

Además de velar por el orden de la procesión en las futuras estaciones de penitencia, el citado decreto encomendaba a la gestora la elaboración y presentación de unos nuevos estatutos a la aprobación del ordinario. La hermandad se regía todavía por las viejas reglas de 1818, que ya habían quedado desfasadas en la práctica, e incluso derogadas en parte por las distintas disposiciones que se habían venido dictando por el arzobispado. Buena prueba de esta inadecuación la da el hecho de que, aunque desde 1929 se utilizaban por nuestros nazarenos las túnicas actuales, las antiguas ordenanzas, todavía vigentes, aún disponían como hábito reglamentario en la estación de penitencia la vieja túnica de holandilla negra. No se le pasó por alto este detalle al señor vicario, que en uno de los apartados de su decreto sancionador ordenaba restablecer el antiguo hábito –quizás pensando que el vestirlos de negro obligaría a una mayor seriedad a los nazarenos más revoltosos- aunque matizaba después que “en caso de imposibilidad pondrán en la actual un distintivo especial y visible que impida el que forme parte en su procesión otros nazarenos provenientes de otras cofradías de igual manera de vestir”. 

En otros apartados de este decreto se sancionaba a la hermandad con una multa de mil pesetas, cantidad  importante en aquella época y que venía a coincidir con lo que se recibía de subvención del ayuntamiento. También se le obligaba a cambiar el itinerario de regreso, haciéndola volver por la plaza de la Alfalfa en lugar de por la calle Tetuán, como era entonces tradicional en nuestra cofradía. Para terminar, y en un tono que suponía una muy seria advertencia –más si pensamos lo que pasó con la hermandad de Jesús Despojado- se añadía que “Si en la próxima salida procesional de esta Cofradía en la Semana Santa próxima venidera no se garantizara suficientemente el orden y la compostura de la procesión, prohibiremos su salida, y si se repitieran los desórdenes llegaremos, si necesario fuera, a la extinción total de la Cofradía”.

Un mes después de la publicación del decreto, quedaba aprobada la composición final de la nueva junta gestora, en la que, junto a los ya citados Antonio Vega de los Reyes, Diego Vargas García, José Vega Niño y Juan José Bermúdez Vargas, se añadían los nombres de Francisco Antúnez Garrido, Joaquín Serrano Filigrana, Manuel Filigrana Heredia, Juan Caballero Heredia, Antonio Filigrana Lérida, Antonio Vega Niño, Santos Bermúdez Vargas, Miguel Niño Rodríguez, Diego Serrano Vargas, Manuel Ríos Vargas, Javier Lérida Vargas, Rufino Moreno Moreno, Manuel Camacho Vargas, Manuel Rodríguez García, Joaquín Serrano Bermúdez y Diego Jiménez García. 

En la Semana Santa de 1943, al caer un fuerte aguacero en la madrugada del Viernes Santo, desistieron de hacer estación las hermandades del Silencio, Gran Poder, Macarena y Calvario. Las dos cofradías que habían sido sancionadas el año anterior, Triana y la nuestra, decidieron en sus respectivos cabildos efectuarla, aunque retrasando la hora de salida. En Santa Catalina, antes de salir, se juramentaron los hermanos ante el Señor para no abandonar la cofradía en ningún momento, aunque arreciaran las lluvias. Las crónicas de prensa de aquel año destacaban el recogimiento de los nazarenos de ambas hermandades, señalando que se había acabado con “un tipismo que era accidente y no fondo, como se ha demostrado.” (3).

Es en este contexto en el que tenemos que entender el documento que hoy traemos a estas páginas. Un artículo aparecido durante la cuaresma de 1945 en la Hoja del Lunes (4), en el que su autor, el militar, caballero mutilado de guerra, y poeta sevillano Manuel Enrique Torres Clavijo, trata de hacer, no sin cierto paternalismo, una defensa a ultranza de nuestra cofradía y de la religiosidad de los gitanos. Dice así:

COFRADIAS SEVILLANAS

LOS GITANOS

En la madrugada del Viernes Santo, llena de humildad interior y exteriormente, hace estación de penitencia al templo metropolitano la Real Cofradía de Nazarenos del Señor de la Salud y de su Santísima Madre, advocada en sus Angustias.

Es una Cofradía pobre, económicamente; pobre por sí y pobre porque lo son también sus cofrades, gitanos en su mayoría (los Vega, los Heredias, los Román (5), los Torres, y los Jiménez). No hay ningún gitano millonario, como no lo hay blasfemo.

El vulgo populachero ha hecho en torno al desfile procesional de las Santísimas Imágenes de Los Gitanos un falso escándalo de falta de recogimiento, y es que por su sólo nombre creen los que no conocen su interior, la Reglas de la Cofradía, ni sus piadosos cultos, ni la abnegación y sacrificio que supone rehacer por dos veces la Hermandad, desde las Veneradas Imágenes hasta la Cruz de guía, que el carácter gitano puede ostentar su alegría peculiar junto al dolor de su Virgen. Los gitanos tienen su corazón y un hondo sentimiento de fe, absoluto e intangible. Tras el ciclón que levantó la horda, arrasando y destruyendo hasta los cimientos de la iglesia de San Román, templo de la Hermandad, forma parte del recorrido la parada ante lo que fueron ruinas ennegrecidas para rezar, presididos por sus Santas Imágenes, un Santo Rosario de desagravio, de rodillas, llenos de unción y compunción los gitanitos. Y con un silencio absoluto. Protestación de pública fe, aunque nunca un gitano pecó de irreligión.

La falta de respeto, triste es decirlo: parte del pueblo, no del de Sevilla, sino de este heterogéneo, falto de piedad y carente de respeto, turista y divertido, que trastoca el sentir del sevillano, y que espera ver el desfile de los "Gitanos" por si alguno en su sayal de penitencia lleva escondida una guitarra.

Los "Gitanos" quieren cumplir con su deber. Este año, ellos y la señorita Maruja Queipo de Llano, camarera de honor perpetua de la "Señora", (los gitanos la llaman así), han ofrecido a sus Sagradas Imágenes un solemne quinario, una función de Instituto, una procesión claustral y una Salve solemnísima a la "Señora", y como complemento, una misa de Comunión general. Lo mismo que los demás en cuanto a cantidad de fieles, piedad y recogimiento.

Y todo el poco dinero que los gitanos tienen lo han dedicado al culto de sus Imágenes durante el año. La Cofradía no es una forma ocasional de manifestación en la madrugada del Viernes Santo; es, para ellos, un culto más, y también los gitanos son hijos de Dios. Quizás los procedimientos porque ellos llevan sus penas con una alegría característica, que no se compone de vino y cante, sino de estoica y alegre resignación, pensando que Dios las dispuso. 

Yo soy testigo. Volvía a desfilar, tras el último incendio, con una pobreza decente, la Cofradía "gitana". (¿Por qué no?.) Yo no sé porque los labios sonríen con la pobreza, pero sí sé que a la exclamación indiscreta y forastera, después de desfilar las anteriores Cofradías, llenas de lujo y riqueza, de: "¡Qué pobre va "esta" Virgen!", una voz gitana contestó "¡Pero es la más bonita del mundo...!"; y fue a decir algo más, pero no pudo, estaba llorando; miró a su Virgen "nueva" y siguió su ruta triste el nazareno.

¡Los gitanos son muy "probes", Señor! No estrenan más que las velas, pero sus luces parpadeantes, las últimas de la madrugada del Viernes Santo, son reflejos de las llamas de fe de unos corazones que nunca Te traicionaron.

M. E. TORRES CLAVIJO


1.- Decreto de la Vicaría General del  Arzobispado de Sevilla de 16 de septiembre de 1942. Archivo de la Secretaría de la Hermandad de los Gitanos.

2.- GARCÍA RODRÍGUEZ, JOSÉ MANUEL/SIERRA LOZANO, JUAN MANUEL. "Dos fotografías inéditas del Señor de la Salud localizadas en Morón de la Frontera". Anuario de la Hermandad Sacramental de Los Gitanos. Cuaresma 2020. Página 142.

3.- Diario ABC, edición de Sevilla del 24 de abril de 1943. Página 4.

4.- La Hoja del Lunes. Edición del 12 de marzo de 1945. Página 6.

5.- Torres Clavijo introduce erróneamente el apellido Román entre los propios de los gitanos por la popularidad del activísimo "hermano protector" José Román Gutiérrez, muy conocido en la Sevilla cofrade de la época por su pertenencia a la Hermandad de los Gitanos.


lunes, 1 de agosto de 2022

MARÍA LA PAJARITA Y SU CRISTO

Es conocida por todos los hermanos de la Sacramental de los Gitanos la leyenda de María "La Pajarita", aquella mujer que tuvo un papel relevante en la fundación de la hermandad, al donar la antigua efigie del Señor de la Salud. El primero en recoger esta tradición oral que, un siglo y algunos años después de los sucesos, debía de circular aún entre los hermanos, fue don José Bermejo y Carballo, que dice textualmente:

«La Imagen del Señor, titular de esta Hermandad es de singular hermosura y de mucha devocion. Sobre su procedencia ó adquisicion dicen algunos hermanos, como cosa tradicional, que fué donada por una mujer, conocida por María La Pajarita cuyo marido, por su pobreza, habiendo ido á America, de cocinero en un buque, hizo allí caudal. Y volviendo á Sevilla en el tiempo en que se trataba de la fundación de esta Hermandad, como él y su mujer eran personas devotas, ricas y sin hijos, tomaron parte en la empresa, y entre otros donativos hizo ésta el de la expresada Efigie» (1).

Aquel cocinero de un buque se llamaba Sebastián Miguel de Varas y Miranda, y su mujer, María García, que era apellido harto frecuente entre los gitanos trianeros y sevillanos de la época. El más numeroso, conforme a los censos de gitanos, tras el de Vargas. Se conoce que en 1748, un año antes de la gran redada contra los gitanos, ya estaban el fundador y su señora de vuelta en Sevilla, por su participación como padrinos en el bautizo de un chavorrillo en la real parroquia de Santa Ana, documento que localizó el historiador Juan de Dios Ruiz Sambruno, y que en su día se publicó en el boletín de la hermandad (2). Lo que no se sabe es cómo les afectó a ambos la orden de prisión general contra los gitanos. Quizás se libraron si aún estaban en América cuando se hace el censo de la población gitana en 1746, porque éste es el que se utilizaría para hacer la gran redada. Entre las medidas que acompañaban a la orden de prisión y trabajos forzados contra los castellanos nuevos estaba la incautación de todos sus bienes, y habrían perdido toda su pequeña fortuna ganada allende los mares, lo que parece que no sucedió. Sí que están los dos, ya ancianos, en el censo de gitanos que mandó hacer Carlos III tres décadas después de la fundación de la corporación, en 1783, aunque Sebastián Miguel, que figura con la profesión de “navegante”, aparece con sólo su segundo apellido, Miranda. Quizás por un error del funcionario, o porque nuestro fundador, escarmentado como tantos gitanos de la utilidad que había tenido el censo del 46, quisiera estar lo menos identificado posible.

Pero volviendo a la leyenda, al relato que transcribió Bermejo añade sólo unos años después Luis Pérez Porto algunos detalles que ofrecen importantes matices, seguramente tras consultar a las mismas fuentes, los descendientes de las familias gitanas que habían fundado la hermandad:

«Se desconoce quien fuera el autor de la Sagrada imágen del Señor, que es muy devota y según nos aseguran fué traida a esta ciudad y donada a la hermandad por una mujer conocida con el nombre de "María La Pajarita", la que no teniendo dinero para su manutención se fué a América con su esposo, y habiéndose hecho allí de fortuna volvió a esta ciudad con la expresada efigie al mismo tiempo que se fundó esta hermandad y como no tenían hijos y eran personas de devoción se las donó a los cofrades» (3).


La antigua efigie retratada de cuerpo entero en lo que parece ser un patinillo en el interior de San Román.


Así pues, según contaban los antiguos hermanos, y seguramente de forma muy singular los integrantes de la familia Campos, que prácticamente se habían ido legando la hermandad de padres a hijos, el Señor vino de América con la Pajarita. Esto se conciliaba con la también tradicional atribución de su autoría a Martínez Montañés, cuyo taller trabajó para destacadas ciudades de ultramar un siglo antes de la fundación. Otros adjudicaban la talla de nuestro antiguo titular a Pedro Duque Cornejo, que parece que también tiene algunas obras en Hispanoamérica.

Los modernos historiadores de arte, a partir de Antonio Torrejón Díaz (4), atribuyen la hechura de nuestros dos antiguos titulares a José Montes de Oca, y se puede decir que con la antigua Virgen, tan parecida a la Piedad servita, hay pocas dudas, pero ¿y el Cristo? Torrejón pensaba que ambas imágenes eran las que Montes de Oca talló para el trianero convento del Espíritu Santo en 1738, contratadas en escritura pública por el prior del referido cenobio Baltasar José de Frías, pero hay dos detalles que nos plantean serias dudas. ¿Cómo es que un convento que con vanas excusas no quiere dar cobijo a una recién creada hermandad de castellanos nuevos, deja que se lleven al del Pópulo dos valiosas tallas que su antiguo prior ha comprado sólo quince años antes? Y además, aquel Nazareno que Montes de Oca gubió para el Espíritu Santo era un Cristo de las Tres Caídas. El profesor Jesús Porres Benavides planteó recientemente la idea de que aquel Tres Caídas del Espíritu Santo sea el que llegó a Madrid procedente de una familia sevillana, y que hoy recibe culto en la catedral de la Almudena bajo la advocación del Cristo de las Misericordias (5).


Cristo de las Misericordias, venerado en la madrileña Catedral de la Almudena, y atribuido por Jesús Porres Benavides a José Montes de Oca.

En cualquier caso, de una imagen que desapareció entre las llamas, y a la que sólo conocemos por fotografías, nunca podremos tener certezas. Me contaba no hace mucho mi amigo Pepe Vega, como su padre, el inolvidable hermano Francisco Vega Moreno "Francisquito", tantos años vestidor de nuestro Cristo, recordaba como el antiguo tenía en la espalda pintado en rojo una especie de sello o anagrama, que si hoy hubieran tenido la oportunidad de estudiarlo los modernos historiadores de arte quizás nos hubieran sacado de dudas. Pero eso ya no puede ser.

A lo mejor sea nuestra querencia por las historias y leyendas de nuestros mayores, pero la verdad es que uno ve en las viejas fotografías las prodigiosas manos de aquel Nazareno, y no cabe otra cosa que pensar que, si no las talló Montañés, lo hizo otro "Dios de la madera" a su altura, y que aquella María La Pajarita, esposa de Sebastián Miguel de Varas, hizo a la hermandad el más hermoso y valioso regalo que recibió a lo largo de su historia. 


Comparativa de las manos de nuestro antiguo Cristo con las de Jesús de Pasión, obra de Montañés.



1.- BERMEJO Y CARBALLO, José. "Glorias religiosas de Sevilla o noticia histórico descriptiva de todas las cofradías de penitencia, sangre y luz fundadas en esta ciudad". Sevilla, 1882. Página 258.

2.- RUIZ SAMBRUNO, Juan de Dios. "Sobre Gitanos sevillanos del siglo XVIII y su Hermandad". Boletín número 38, de noviembre de 2003, conmemorativo del CCL aniversario. Páginas 23-29.

3.- PÉREZ PORTO, Luis C. "Relación é historia de las Cofradías Sevillanas desde su fundación hasta nuestros días". Sevilla, 1908. Página 147.

4.- TORREJÓN DÍAZ, Antonio. "Montes de Oca. Escultor". Páginas 81 y 82.

5.- PORRES BENAVIDES, Jesús. "Una posible obra del escultor José Montes de Oca (ca 1676-1754)". Boletín de Arte nº 36. Universidad de Málaga, 2015. Páginas 231-234.


viernes, 1 de julio de 2022

LA HERMANDAD Y LOS FLAMENCOS

Se ha celebrado recientemente la cuarta edición del festival flamenco "Valle Gitano", una iniciativa a beneficio de las obras asistenciales de la hermandad que parece que se consolida, y hemos pensado que quizás sea el momento de hacer aquí, en el blog, memoria de los gestos de los artistas del cante, la guitarra y el baile a favor de nuestra querida corporación nazarena. 

Hace tiempo ya que tratamos en estas páginas de Manuel Ortega Juárez, "Manolo Caracol", y cómo -al menos nominalmente-, ocupó el cargo de hermano mayor en una comisión gestora (1). Quizás sea él el protagonista de uno de los primeros antecedentes de nuestro festival, y me refiero a las funciones de su espectáculo "Zambra 1946" que el genio de la calle Lumbreras y Lola Flores ofrecieron en el desaparecido teatro San Fernando el 13 de mayo de ese año, para ayudar a costear el nuevo paso para el Señor, estrenado aquella semana santa. 


Sección cartelera de "La Hoja del Lunes", edición del lunes 13 de mayo de 1946, página 11.

Hay que hacer constar que en esto de los festivales benéficos, nuestra hermandad, como todas, se encontraba con un importante obstáculo. El llamado "decreto de los prelados", auspiciado por el Cardenal Eustaquio Ilundain en 1930, prohibía a las cofradías la organización de todo tipo de espectáculos, funciones teatrales, tómbolas, corridas de toros, cruces de mayo... El prelado navarro, conocido además por su animadversión a las saetas "flamencas", dictó con los demás obispos de la archidiócesis aquella norma que privaba a las hermandades de una importante fuente extraordinaria de ingresos, y su sucesor, el adusto cardenal Segura, no quiso derogarla, aunque en este caso, quizás por todo lo que la corporación había sufrido en la guerra civil, con toda su pobreza a cuestas, parece que hizo la vista gorda. Eso sí, aquellas funciones de Caracol en el San Fernando se publicitaron sin nombrar para nada a la hermandad. Se hicieron a beneficio de los "gitanos", así entendido como colectivo social necesitado de la ciudad. Estaba prohibido para las hermandades tanto organizar los espectáculos, como aceptar donativos procedentes de los mismos. Si este colectivo dedicó después este dinero que le entregaron a costearle un paso al Cristo de sus devociones, eso era cosa de ellos, y allí no se metió nadie, aunque la verdad es que tampoco era muy difícil seguir la pista del asunto, sobre todo si vemos como días después se publica en ABC quien ofrece un vino a los artistas como agradecimiento ¡Nada menos que José Vega Niño! El hombre que lo era todo en la hermandad de aquellos tiempos.


ABC de Sevilla, edición del miércoles 15 de mayo de 1946, pág. 21.

La cofradía familiar de los años sesenta y setenta vive el flamenco de otra forma más íntima. No faltaban los Mairena, o Pepe Valencia en las comidas de hermandad. Tampoco era extraño encontrarse en las reuniones de nuestros antiguos hermanos a Antonio Tovar Ríos, "El Niño de la Calzá", o a Rafael Romero "El Gallina" (2), y sonada fue la visita de Porrina de Badajoz a San Román un Jueves Santo, pero festivales no hubo en una época en la que nuestra hermandad, buscando una imagen de seriedad, pretendía alejarse de todo lo folklórico que antaño se le había achacado. Es en esos mismos tiempos cuando la recién creada hermandad de los Gitanos de Utrera, sin este tipo de complejos, inaugura su famoso "Potaje Gitano".

Pero quizás los más inmediatos precedentes de nuestro "Valle Gitano" haya que encontrarlos en tres festivales que se celebraron en los años ochenta, en los mandatos como hermanos mayores de José Manzano Camacho y Manuel Ortega Ezpeleta. De dichos eventos hoy traemos como documentos históricos la cartelería que se editó para la ocasión.



El primero de ellos, la gran gala benéfica -obsérvese que se evitó el nombre de festival- "Los Gitanos por su Hermandad", se celebró el domingo 18 de octubre de 1981, sólo seis días después de la salida extraordinaria del Señor de la Salud por el centenario en San Román, pues se ideó para ayudar a los gastos de la misma (3). La gala reunió en el teatro Lope de Vega a las más grandes figuras del momento. La corporación tenía la suerte de contar entre sus hermanos con el gerente del teatro, José Javier Ortiz Sánchez, y con la única persona que era capaz de comprometer a todos los artistas, el conocido representante de la mayoría de los flamencos, Antonio Pulpón González. Si había que hacer algo, se hablaba con él y no había que encargarse de mucho más, y si algún detalle quedaba en el aire, para eso estaba también el hermano Gabriel Bernal Cueto, director artístico de la sala de fiestas La Trocha. 

El festival se repitió al año siguiente, esta vez para solventar problemas de tesorería de la bolsa de caridad (4). Se celebró también en el Lope de Vega, el domingo 31 de octubre del 82. No hemos encontrado el cartel, pero la hemeroteca nos permite saber que artistas participaron:  Juan Villar, Rancapino, Manolo Mairena, Fernanda, Bernarda y Pepa de Utrera, y sus sobrinos Inés y Luis, Martín Revuelo y su mujer, Juana Silva la del Revuelo, La Tati, El Pali, El Mimbre, La India, María José Santiago, Paco Gandía, el recitado de Manuel Loreto, el baile de Nieves Casablanca, y las sevillanas del grupo Aires de la Pañoleta, aparte de las guitarras de Andrés Domínguez, Manolo Franco, Melchor Santiago, Rafael Mendiola y Manolo Domínguez (5).

La tercera gran gala benéfica se realizó unos años más tarde, en el Hogar Virgen de los Reyes, el viernes 8 de noviembre de 1985, con destino a sufragar las bolsas de navidad que se entregaban a los necesitados en aquellas fechas, y su organizador fue Antonio Cortés Pantoja "Chiquetete" (6), que en esos momentos estaba en la cresta de su carrera artística, y que ya había demostrado su amor a la hermandad regalando los faroles de plata que acompañan al guion sacramental.



Y no todo era flamenco. No faltó como vemos a ninguna de las citas el humorista de la Puerta Osario Paco Gandía, hermano de la cofradía, como toda su familia. Tanto él, como muchos de los artistas de estos carteles hace tiempo que nos dejaron. Otros, como Panseco, Rancapino, o José de la Tomasa, son figuras consagradas por los años y el saber acumulado, y al último incluso se le dedicó la segunda edición de nuestro nuevo y flamante festival. A todos ellos, a los que se fueron, y a los que, afortunadamente para los aficionados, siguen en la brecha, queremos dedicar estas líneas. Todos se merecen nuestro agradecimiento y reconocimiento ¡Y adelante con el Valle Gitano! 


1.- Véase en el blog la entrada "¿Fue Manolo Caracol Hermano Mayor de los Gitanos?".

2.- De Rafael Romero Romero "El Gallina" se conserva en el archivo de la secretaría una carta que envió particularmente a mi padre, entonces secretario, en el que le daba cuenta de sus gestiones para vender ejemplares del pregón de Domingo Manfredi por los tablaos de Madrid, y en la que se acuerda de sus ratos pasados en la hermandad.

3.- Acta de cabildo de oficiales nº 224, de 30 de julio de 1981.

4.- Actas de cabildos de oficiales nº 236, de 19 de julio de 1982, y nº 238, de 8 de octubre de 1982.

5.- Edición sevillana de ABC del 6 de noviembre de 1982, página 52.

6.- Edición sevillana de ABC del 6 de noviembre de 1985, página 73.


miércoles, 1 de junio de 2022

LA REAL HERMANDAD SACRAMENTAL

El 14 de febrero de 1891, Nicolás Moreno Camacho, como hermano mayor, José Bermúdez Reyes en calidad de mayordomo, y Juan Vega Moreno, como secretario, dirigían un escrito al excelentísimo cardenal arzobispo de Sevilla, D. Benito Sanz y Forés, solicitando realizar por primera vez la estación de penitencia desde la parroquia de San Román. El documento ya fue publicado en el boletín de la hermandad en 1990 por el historiador Juan de Dios Ruiz Sambruno (1), pero creemos que contiene algunos aspectos no estudiados que queremos hoy resaltar. Dice así:



Excmo. Señor

La Real Hermandad Sacramental de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Mª Santísima de las Angustias, San Juan Evangelista, establecida en la Parroquia del Mártir San Román a V.E. Reverendísima, con el mayor respeto acudimos los hermanos castellanos que componen ésta; exponiéndole que tras largas vicisitudes, asiduos trabajos y constantes desvelos, hemos logrado su reorganización, teniendo el honor de tener por patrona a S.M. nuestra Augusta Reyna Regente.

Proverbial es Señor el esplendoroso culto que Sevilla tributa al Divino Redentor y a su Santísima Madre en los días que la Iglesia conmemora la sagrada Pasión y Muerte. Se propone hacer estación en la próxima Semana Santa a la Sagrada Basílica; que no lo verifica desde el año cuarenta debido a las vicisitudes de los tiempos por los cuales ha deplorado ésta perder cuanto poseía, y si sólo cuenta con sus Efigies, siendo el Divino Jesús obra del célebre Martínez Montañez, como V.E. podrá admirar el día que estime oportuno. Imploramos Señor a V.E. como Jefe de la Diócesis, coadyuve con estos mismos deseos, hijo de nuestra fe y más particularmente por nuestro Salvador, a quien todos veneramos.

Expuesto lo que antecede permítanos Señor, ofrecernos y suplicándole haga lo que sea de su agrado, nuestra gratitud será inmensa y la recompensa celestial merecida a las virtudes de tan excelso Prelado cuya vida alargue Dios mil años. Sevilla 14 de febrero de 1891.

Hermano Mayor Nicolás Moreno    Mayordomo José Bermúdez    Secretario Juan Vega


Puede decirse que éste, y la solicitud al ayuntamiento que escribe Juan Vega un día antes, son de los primeros documentos oficiales de la hermandad en que ésta se intitula como Real (2). A pesar de que la historiografía cofrade ha venido insistiendo en que dicho título se lo concedió Fernando VII, no hay en todo el siglo XIX ningún oficio, instancia o solicitud en que figure este patronazgo real. Dudamos incluso que Fernando VII tuviera siquiera conocimiento de la procesión con su retrato que organizaron los gitanos sevillanos en 1815, cuando se supo la noticia de su regreso a España tras la invasión francesa, acontecimiento que ya recogimos en el blog (3). El mismo escrito que hoy analizamos nos da las pistas de como se concedió, cuando dicen que tienen por patrona a "Su Majestad la Augusta Reyna Regente", quien no era otra que María Cristina de Habsburgo-Lorena, viuda de Alfonso XII, y madre de Alfonso XIII.


La Reina Regente María Cristina y su hijo Alfonso XIII,
retratados por Gonzalo Bilbao en 1890. Ayuntamiento de Sevilla

Se conoce que María Cristina estuvo en Sevilla en octubre de 1892, con motivo de los fastos por el cuarto centenario del descubrimiento de América. En estas fechas, concretamente el 20 de octubre, tras visitar el Hospital de las Cinco Llagas, la Reina Regente cumplimenta en San Gil a la Esperanza Macarena, que precisamente obtiene ese año el título de Real al recibirla como hermana mayor. Aquel recibimiento fue hábilmente organizado por el bordador y mayordomo macareno Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que montó el paso de palio para la ocasión y hasta se preocupó de que la prensa publicara incluso el nombre de su taller y los reales que habían costado los bordados con su diseño (4), ¿pero cómo consiguieron aquellos sencillos y humildes gitanos el favor de la piadosa e ilustre viuda años antes? Una más de las incógnitas de nuestra historia. Probablemente fuera sobre 1886, y de un modo similar a como ocurrió con la Hermandad de Montesión. Allí consta en los libros de actas que aquella hermandad dirigió una respetuosa exposición a la Casa Real con fecha de 16 de diciembre de 1885, con motivo del fallecimiento de Alfonso XII. La Camarera Mayor de Palacio, la Duquesa de Medina de las Torres, contestó con un oficio el 11 de abril de 1886 expresando que la Reina había tenido a bien ordenar que su augusto nombre y el de sus hijas fueran inscritos como hermana mayor y protectora de dicha cofradía. Algo así debió ocurrir en nuestra corporación, sobre la época en que fue mayordomo el torero José Lara Jiménez "Chicorro", aunque la ausencia de documentación y de actas anteriores a la guerra civil impiden precisarlo. Quizás pudiera encontrarse algún escrito de alrededor de esas fechas en los archivos de la Casa Real.

Otro asunto sería la atribución del título de Sacramental, que la hermandad no consiguió recuperar oficialmente hasta 1956. Aquellos hombres, que habían ido heredando como un preciado tesoro las ordenanzas aprobadas por el Consejo de Castilla en 1818, eran plenamente conscientes del culto que su corporación había ofrecido de siempre al Santísimo Sacramento, y de hecho, el propio libro de reglas estaba ilustrado con una custodia, y en él se decía como en los tiempos del Pópulo, la corporación acudía a las sacramentaciones que hacía el párroco de la Magdalena a deshoras en las zonas extramuros, en el barrio de la Cestería. La marcha forzada del antiguo cenobio, los cambios de sede, y la coexistencia en San Nicolás con una importante y activa hermandad sacramental, que es la que ofrece toda clase de facilidades para que nuestra hermandad recale en aquel templo, hicieron que el título quedase relegado en el olvido (5).

Para terminar, no quisiéramos dejar de hablar de los firmantes de aquel histórico escrito. A Nicolás Moreno Camacho, y a sus hijos, ya los hemos mencionado en distintas ocasiones en el blog. También Juan Vega tuvo su protagonismo en aquella bonita entrevista que le realizó el Correo de Andalucía ya en su senectud, en 1928, y que Juan Carlos Vázquez Alejo nos rescató en la entrada "Una reunión en la Calle Castilla" (6). Pero ¿y José Bermúdez Reyes? ¿Quién fue aquel esforzado mayordomo? ¿Recordáis aquel cofrade de la calle Conde Negro que mencionaba Muñoz y Pabón en su artículo "De Madrugada"? (7) Ese era José Bermúdez, herrero de la Puerta Osario, con domicilio en la esquina de la calle Conde Negro con Guadalupe, y padre de Juan José y Santos Bermúdez Vargas, herreros de la calle Sol y señalados cofrades de la Real Hermandad Sacramental de Los Gitanos (8).


1.- RUIZ SAMBRUNO, Juan de Dios. Documentos para la Historia de la Hermandad de Los Gitanos. Boletín informativo Hdad. de los Gitanos. Nº 16. Febrero 1990.

2.- Archivo Municipal de Sevilla. Colección alfabética "Semana Santa". Legajo 631, año 1891.

3.- Véase en el blog  "Una Patriótica Procesión"

4 .- La Correspondencia de España. Diario Político y de noticias. Madrid. Edición de 21 de Octubre de 1892, página 3.

5.- Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Sección III (Justicia), serie Hermandades. Legajo 29

6.- Véase en el blog "Una Reunión en la Calle Castilla".

7.- Véase en el blog "Muñoz y Pabón, de Madrugada".

8.- Santos y Juan José Bermúdez Vargas, miembros de la comisión gestora de 1942, aparecen en el primer libro de hermanos que conserva la hermandad, diligenciado en abril de 1949, con los números 1 y 2 de la lista gitana, domiciliados en el número 73 de la calle Sol.


domingo, 1 de mayo de 2022

EL CONGRESO DE GITANOS CATÓLICOS

En noviembre de 1953, la revista nacional de actualidad gráfica SEMANA se hacía eco de la próxima celebración en Sevilla de un primer congreso de gitanos católicos, organizado por nuestra hermandad con motivo del segundo centenario de su fundación. El artículo venía firmado por el ensayista, dramaturgo y periodista José Andrés Vázquez (1), y en él, tras hacer una introducción con la historia y leyenda de la corporación, y glosar las costumbres y cualidades de los gitanos andaluces, se entrevistaba al mayordomo José Lérida y Vargas, conocido por toda Sevilla como Joselito Lérida, al que tantas veces hemos sacado a colación en este blog. Estas eran sus palabras:


Revista SEMANA, núm. 716, edición de 10 de noviembre de 1953.

"Mas... hablemos del Primer Congreso de Gitanos Católicos... Hablemos con el mayordomo de la cofradía, Señor Lérida Vargas, José es su "gracia", y como puede apreciarse, sus apellidos de "cañí" de dieciocho quilates. Hombre tan inteligente que, de muchacho, buscó empleo, y no se lo dieron por su flagrante analfabetismo, que éste duró el plazo de un mes, que él mismo pidió y le concedieron, para habilitarse en la teneduría de libros. Hoy es un empleado ejemplar. Esto prueba su voluntad firme y la razón de que la hermandad esté regida como jamás lo estuvo.

Con el asentimiento de otro Lérida Vargas y de Pavón, otro gitano que les acompaña (2), nos dice José que el Congreso nace libre de toda injerencia de quienes quieran buscar propagandas o escabeles; y se celebrará Dios mediante, con ocasión de fijar y bendecir, en la fachada del templo de San Román, dos magníficos retablos de azulejos, cocidos ya en los alfares de Triana, que representan a las sagradas imágenes del Señor de la Salud y de la Señora de las Angustias...

Lérida Vargas se expresa con locuacidad vehemente y entusiasta, plena de detalles imaginativos y poéticos. le dejamos hablar. Y, cuando nos es posible, le preguntamos:

-Pero ¿en esa reunión magna se tratarán asuntos importantes y se llegará a conclusiones?... 

-Desde luego, "señó" tocayo... verá "usté": se hablará en nuestro idioma, que para eso lo tenemos, y en español, por ser el de nuestra querida patria. Habrá discusión, y puede "usté" creer desde ahora mismo que las conclusiones serán éstas: probar que amamos a Dios sobre todas las cosas. Que él caló se aprenda por gramática para limpiarlo de palabrotas de jerga y germanía. Hacer todas las caridades que se pueda. Nombrar patronos universales de los gitanitos al Señor de la Salud y la Virgen de las Angustias. Honrar a los fundadores y a todos los antepasados que tuvieron tesón para conservar la Hermandad dos siglos seguidos. Hacerle un homenaje, en la figura inmortal del maestro Falla, a todos los músicos, poetas, pintores, escultores, grandes toreros y artistas en general que probaron su amor a la gitanería..."

El artículo terminaba -no podía ser de otra manera- con la letra de una saeta de Joselito Lérida, una de sus inefables poesías, pero ¿Qué fue de aquel congreso de gitanos católicos? En los libros de actas no se menciona nada sobre tal evento, ni en los de cuentas aparece anotada ninguna partida de gasto. Busqué en hemerotecas alguna otra noticia sin resultados positivos, y es que el hecho de que su celebración se vinculase con la colocación de los azulejos cerámicos en San Román debió de resultar al final un grave inconveniente. La hermandad se encontró con que no le dejaban colocar en la fachada del templo aquellos dos bellísimos azulejos que había mandado hacer para conmemorar su segundo centenario. A un señor de la comisión provincial de monumentos históricos y artísticos se le antojó que tal cosa desmerecía la estética mudéjar de San Román y no se pudieron colocar en su momento, el de la celebración de la efemérides, sino en 1955. Pero ese es otro de los muchos avatares de su mayordomía que me contó el tío José, y del que volveremos a hablar otro día.

Décadas después, allá por 1978, un político organizó una peregrinación internacional gitana a Sevilla, y tampoco la hermandad tuvo su protagonismo. Para ganar más atención mediática llevaron a los peregrinos a la Basílica de la Macarena, y recuerdo como algunos hermanos, dolidos, se plantaron en el improvisado campamento que se montó en el campo de la feria para repartir estampitas de la verdadera Virgen de los Gitanos. 

En este último cabildo de elecciones me sorprendió que una candidatura, la que ha finalmente resultó ganadora, nos hablara en su programa de la organización de un congreso de hermandades gitanas, y recordé aquel congreso de gitanos católicos que Joselito Lérida soñó y no pudo ser ¿Tendrá en alguna ocasión la que probablemente sea la asociación gitana más antigua del mundo participación en el fenómeno asociativo gitano?

1.- José Andrés Vázquez y Pérez, nacido en 1884 en la localidad onubense de Aracena, y fallecido en Sevilla en 1960, colaboró con "El Noticiero Sevillano" y "ABC", y fue corresponsal de "El Imparcial".  Presidente de la Asociación de la Prensa sevillana, se le nombró hijo adoptivo de la ciudad en 1925, y en 1930 obtuvo el prestigioso premio de periodismo Mariano de Cavia. 

2.- Los acompañantes eran Javier Lérida Vargas, hermano de Joselito, y el pianista y compositor flamenco Arturo Pavón Sánchez, miembros ambos de la comisión gestora que guiaba la hermandad en 1953.