martes, 1 de agosto de 2023

DON AGAPITO Y EL ORDEN DE LA MADRUGÁ

La Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla, Archicofradía Pontificia y Real de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y María Santísima de la Concepción, más conocida popularmente como la Hermandad del Silencio, guarda como oro en paño en su archivo un singular y curioso libro. Se trata de un volumen facticio en el que el impresor Agapito López recopiló las nóminas de las cofradías que había reunido a lo largo de su vida, muchas de ellas impresas por él mismo.

Don Agapito López y Raposo nació en 1849 en Lucena, Córdoba, pero cuando sólo contaba nueve años su familia se traslada a Sevilla, donde nuestro protagonista aprendió desde abajo el oficio de impresor (1). Finalmente tuvo su propio taller en la calle Placentines número siete, la "Tipografía de Agapito López", que aparece como pie en los muchos impresos, libretos y opúsculos que editó, algunos de los cuales todavía podemos encontrarlos en librerías de viejo. La cercanía de su taller al palacio arzobispal le sirvió para que de su rotativa salieran impresos santorales, sermones y todo tipo de documentos elaborados por la iglesia sevillana, de manera que en su negocio no era raro encontrar a eclesiásticos que requerían de sus servicios. También se imprimieron en él desde 1898 las nóminas de las cofradías que cada año hacían estación de penitencia a la Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla (2). Anteriormente, desde 1844, las había publicado el maestro impresor con el que Agapito aprendió su oficio, y de éste mismo, acompañándolo, adquirió la costumbre de asistir, primero los martes santos, y después los sábados de pasión, a los cabildos de toma de horas, en los que se fijaban las horas de salida y el orden de paso de las cofradías. Nuestro hombre se aficionó a aquel pequeño mundo de las hermandades, y como muchas veces disponía de información privilegiada, comenzó a sacar en el reverso de las nóminas que publicaba sus propias "observaciones", que hoy en día son un valioso testimonio de todo lo ocurrido en aquellos cabildos y de su intrahistoria. No existía en aquella época la prensa "morada" que tenemos hoy en día, y los diarios locales eran muy escuetos en lo relativo a este tipo de noticias. Alguna de estas notas y acotaciones ni siquiera se publicaron en las nóminas, quizás porque su propio autor las considerara escandalosas, pero sí que las añadió manuscritas a este volumen, que según algunos estudiosos es clave para conocer la historia de las cofradías a finales del siglo XIX y principios del XX (3).


Las obsevaciones a la nómina publicada por D. Agapito López en 1912.

Con respecto a nuestra corporación, son de destacar sus comentarios en torno a lo sucedido con el orden de paso de la madrugada. En 1885, en la Parroquia de San Ildefonso, se había fundado una hermandad que pretendía rescatar el recuerdo de la Antigua Cofradía del Santo Ecce Homo, Santísimo Cristo del Calvario y Nuestra Señora de la Presentación, una primitiva corporación que agrupaba a los mulatos sevillanos y que se extinguió a mediados del siglo XVIII. La cosa se quiso presentar como una reorganización, aunque por supuesto ya no quedaba vivo ninguno de los antiguos hermanos, y mucho menos mulatos. En el proyecto de reglas que sometieron a la aprobación eclesiástica en 1886 se indicaba que harían estación a la Santa Iglesia Catedral en la tarde del Jueves Santo, pero dada la modernidad de la cofradía, se les asignó el Miércoles Santo, y en este día salió los primeros años de su existencia. Quizás pensaron sus cofrades que sería más fácil conseguir salir en la madrugada del Viernes Santo que en el Jueves, y ya en el Cabildo de Toma de Horas de 1890 hicieron constar que saldrían este día si llovía el Miércoles, salvedad que era entonces frecuente que hicieran algunas hermandades –ese mismo año la de Las Siete Palabras solicitó lo mismo, y como efectivamente llovió el Miércoles, salió en la mañana del Viernes Santo, sin que por ello se creyeran con el derecho a reclamar ese sitio en años posteriores-. La del Calvario se colocó por su cuenta en aquella ocasión detrás de la del Gran Poder, pasando antes que la Macarena y Triana, incorporada esta última a la nómina de la madrugada el año anterior.

En 1891, en la convocatoria de la novena al Santísimo Cristo del Calvario se anunciaba que ese año saldrían en la madrugada del Viernes Santo, y advertido esto por el arzobispo, se les pidió informe el 21 de febrero, en el cual alegaron que así lo habían acordado en un cabildo general de hermanos celebrado el 21 de enero anterior, solicitando la reforma de las reglas en este punto. Al margen de la solicitud aparece una nota con fecha de 14 de Marzo en la que se suplica que “Como se pide por este año y procediendo la Hermandad de acuerdo con el Provisor del Arzobispado y del Párroco, se conceda”. Se les concedió por ese año y en la nómina aparece El Calvario, y después Triana y Los Gitanos, pero al año siguiente volvieron al Miércoles, y en los dos posteriores no llegaron a salir. En 1895 la que no pudo salir fue la nuestra, al no poder afrontar los numerosos gastos que suponía hacer la estación de penitencia, y el Calvario lo hizo de nuevo en la madrugada detrás de Triana, mientras que un año después no salía el Calvario y sí Los Gitanos.


Nómina de 1894. Imprenta de Diaz y Carballo


En la Semana Santa de 1897 tampoco pudo salir la nuestra y sí el Calvario, pero lo hizo el Miércoles Santo, pues aunque su representante en la toma de horas reclamó el sitio que “le correspondía”, el Sr. Provisor les indicó “que no había más orden de salida que el señalado en las listas publicadas por el Exmo. Ayuntamiento, pudiendo los cofrades hacer las reclamaciones que estimen convenientes en el Provisorato con anterioridad á este acto”. Un año más tarde, en 1898, el Calvario volvió a salir el Miércoles Santo y nuestra cofradía en la madrugá, detras la de las Tres Caídas de Triana, y también el paso de Cristo en la tarde del mismo día, en el Santo Entierro Magno.

La situación cambió cuando el 13 de marzo de 1899 fueron aprobadas unas nuevas reglas para la hermandad del Calvario, en las que ya se establecía que harían su estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo. Siguiendo los consejos que un par de años antes les había dado el sr. provisor, los cofrades de esta Hermandad se dirigieron a él con anterioridad a la celebración de la toma de horas. En los comentarios a la nómina de ese año don Agapito decía:

“El Hermano Mayor de esta Cofradía (Triana) fue llamado por el Sr. Provisor a instancias de la del Calvario, porque ésta pretendía ir delante de la de las Tres Caídas, y éste defendió sus derechos de mayor antigüedad, y en vista de que le fue negado, pidió en la toma de hora la de las nueve de la mañana que marca su regla, sin renunciar a sus derechos en la salida de madrugada, lo que le fue concedido”. 

Parece ser que el Sr. Provisor no se tomó la molestia de convocar a nuestro hermano mayor, y encontrándose el representante de nuestra Hermandad con la cosa ya fraguada en la toma de horas, quiso tomar una medida de protesta similar y “pidió que se le diera la hora que se le había concedido a la de las Tres Caídas de San Jacinto, sino se le ponía en su lugar que era delante de la del Calvario, lo que le fue negado”.

Era en aquella época provisor del arzobispado D. Jerónimo Alvarez Troya, tío del sacerdote y significado cofrade del Calvario D. Jerónimo Gil Alvarez, al que D. Agapito adjudica ser el verdadero promotor de la alteración (4). Conforme a lo que cuenta nuestro protagonista en sus anotaciones a las nóminas, El señor Gil Alvarez debió de salir muy satisfecho de la antesala capitular por haber triunfado en lo que pretendía sobre la de las Tres Caídas, pero también supongo que imaginando o estudiando como hacía lo mismo con la de San Gil, por ser esta corporación de importancia y de influencia y, por consiguiente, difícil de dominar. Pero mucho más se alegraría cuando se enteró que la cofradía de las Tres Caídas, al día siguiente de la Toma de Horas, tuvo Cabildo General y, no estando conforme con la disposición de su hermano mayor de salir la cofradía a la hora que marca su regla, acordó que la salida fuera en la madrugada del viernes, ocupando cualquier lugar en la estación”. Según el diario El Porvenir, en su número de 28 de Marzo de 1899, en este cabildo de la hermandad trianera se llegó a discutir una medida más contundente, no salir ese año, lo que finalmente se rechazó en vista de los gastos realizados, pero volviendo a los comentarios de don Agapito, es aún más claro cuando escribe sobre la actitud que tomó nuestra corporación y las opciones que tenía, cuando nos dice que “La Cofradía de Jesús de la Salud, de San Román, hizo también reclamación por el mismo objeto, pero como esta es todavía menos importante que la de las Tres Caídas, ni se atendió siquiera por delicadeza, porque los cofrades de ésta son gitanos.

Según nuestro impresor, el hermano mayor de la hermandad de Triana "se vio despreciado y desatendido, presentó su dimisión y se retiró para no volver más a esta corporación". La causa de este desprecio se nos aclara con cierta sorna en una nota inmediatamente posterior: "La Hermandad del Calvario ha comprado su puesto a la Esperanza de Triana en quince duros. El trato se ha efectuado en la taberna de Berrinche, a la bajada del puente, y se cerró a base de vino a las cuatro de la mañana (se comprende por ser cofradías de madrugada)" (5).

Todavía al año siguiente la arbitrariedad era objeto de sus comentarios en la nómina: “Sabido es por todos, como se ha dicho en otras listas, hace muchos años que este acto de dar las horas, no es más que una mala parodia de lo que fue, debiendo suprimirse por no tener razón de ser, porque solo sirve hoy de burlas y bromas de los concurrentes. Los Señores que Presiden este acto no conocen los trámites y costumbres antiguas que se han seguido siempre, sin duda por los pocos años que lo hayan sido. Hoy llevan la lista de las Cofradías con las horas puesta, arregladas por aquellos que están encargados de ello, que lo hacen á su placer, dándole la antigüedad a aquellas Cofradías (que siendo sus mayordomos compadre de éstos) las colocan en el lugar que le placen, resultando que las reclamaciones son nulas, diciendo el Sr. Presidente que aquel acto es para dar las horas y no para hacer reclamaciones”. Aquel año de 1900 Triana volvió a salir en la madrugada, detrás de la del Calvario, quedando nuestra hermandad postergada para siempre al último lugar, pues aunque en 1901 se autorizó que pasara antes que la de Triana si ésta no llegaba a tiempo a la carrera oficial, y aunque en 1907 y 1908 el Calvario no salió, estas circunstancias no se tuvieron en cuenta para nada.

Don Agapito López continuó imprimiendo las nóminas hasta 1915, año en que saca la última, con una reducidísima tirada, sólo para sus más fieles coleccionistas. Después de toda una vida trajinando con las cajas de tipos, el anciano impresor se había quedado ya ciego, y tuvo que despedirse de su afición y de sus lectores. Tardó en hacerlo, porque ya desde 1912 venía anunciando que era la última nómina que publicaba, por los muchos gastos y trabajos que le ocupaba esta labor, haciendo constar que, tras más de medio siglo asistiendo al cabildo de toma de horas, hemos presenciado infinidad de peripecias, de disgustos, atropellos e imposiciones. ¿Qué diría Don Agapito de lo que sucede hoy en día?  ¿Qué opinaría de los tejemanejes y los favoritismos que se orquestan en este siempre tan difícil mundo de las cofradías? 

En la actualidad se argumenta que no es la antigüedad de las hermandades la que debe regir el orden de cada jornada, sino otras pautas, como la cercanía o lejanía de cada cofradía de la carrera oficial, la alternancia a la salida de la catedral, el que se eviten los cruces, etcétera, etcétera, pero el orden de la madrugada… eso por lo visto es intocable. Ahí estos nuevos criterios que se aplican el resto de las jornadas pierden toda su vigencia. Todo está atado y bien atado desde entonces.

Suponemos que si don Agapito levantara la cabeza diría lo que los antiguos romanos: Nada nuevo bajo el sol.


1.- En el censo de 1875 encontramos a D. Agapito López viviendo en la calle Alhóndiga con sus padres y su hermano mayor Filomeno, haciéndose constar que son todos naturales de Lucena. Agapito, de 26 años, trabaja como tipógrafo, y su hermano, de 28, como litógrafo.
2.- GUILMAÍN ALONSO, Juan / SÁNCHEZ CARMONA, Julio. "Las crónicas de Don Agapito". Revista Nazarenos, número siete. Junio de 2022. Pág. 96 a 107.
3.- CREAGH ÁLVAREZ DE TOLEDO, Jesús F. "Eso no estaba en mi libro de Historia de Sevilla". Editorial Almuzara, 2020. Págs. 167 a 178.
4,- D. Jerónimo Gil Álvarez (Villamartín, Cadiz, 1877- Sevilla. 1954) fue también décadas después el primer presidente de la Comisión Diocesana de Cofradías.
5.- Sobre la popular taberna de Berrinche, en la confluencia de las calle San Jacinto y San Jorge, véase un artículo publicado en el Diario de Triana por José Luis Tirado Fernández, en el que nos da cuenta de un accidente ocurrido allí: https://www.eldiariodetriana.es/blog/el-berrinche-de-un-tranvia/