martes, 1 de noviembre de 2022

LA VIEJA DEUDA DEL ANTICUARIO

Allá por 1913 era hermano mayor de nuestra corporación D. Antonio García Sánchez. Lo sabemos por un curioso escrito que encontró Juan Carlos Vázquez Alejo en el archivo general del arzobispado de Sevilla, en el que se hace mención de una deuda sin saldar de la hermandad de la que ya hablamos en estas páginas. Pese a lo delicado del asunto, prometimos en su día detenernos en este documento de 1922, que es todo un estudio sociológico de la hermandad de hace justo un siglo, y hoy vamos a hacerlo (1).

Antonio García Sánchez nació en la collación de San Vicente, donde se bautizó en 1881, pero pronto, ya en los años de las primeras salidas procesionales desde San Román, es un chiquillo huérfano de madre al que encontramos en los censos municipales viviendo en el 128 de la calle Sol, al amparo de su abuela, doña Pilar de los Reyes Vargas, una cigarrera  natural de Carmona y viuda de Juan García García, esquilador. La abuela debió de preocuparse bastante por hacer de su nieto un hombre de provecho. Antonio fue a la escuela, y cuando sale de ésta, comienza a trabajar en una fábrica de sombreros. Se casó con una gitanita de la calle Verónica, Magdalena Camacho Vargas. En las Guías de Sevilla y su provincia de Vicente Gómez Zarzuela aparece años después afincado en la calle Gerona, y se le califica como "industrial". El padrón municipal de 1920 nos da más noticias de su industria. Es anticuario. Este ascenso social puede que fuera decisivo para que le hicieran hermano mayor de la cofradía. Bajo su mandato se contrata con el dorador José Rodríguez Carrera la reforma y dorado del paso adquirido a finales del siglo anterior a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro y Nuestra Señora del Valle. El documento de 1922 localizado por Juan Carlos nos cuenta como el 8 de noviembre de 1913 se formalizó un contrato para la restauración de dicho paso "firmando en representación de la Hermandad el Hermano Mayor D. Antonio García Sánchez, que vive actualmente en calle Gerona nº 14, el Mayordomo D. Juan José Niño (hoy difunto) y D. Antonio Moreno Vega, que firmó a ruegos del Mayordomo por no saber este hacerlo" (2).


Fragmento del escrito de 1922 conservado en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

El pago de las trescientas pesetas en que se acordó la obra se haría en cuatro plazos de setenta y cinco, "cuyos tres primeros se cumplieron religiosamente", pero hubo elecciones, cambio de junta de gobierno, y el último pago se demoró. Comienzan las visitas del maestro dorador a Triana, a la calle Pureza, al domicilio del anciano ex-mayordomo Juan José Niño López, a quien debieron amargar los últimos días de su existencia, pues fallece por estas fechas, pero cuatro años después todavía andaba reclamando el dorador la cantidad que le faltaba por cobrar. Reunido con los hermanos "en un casinito de la calle San Jacinto", le dijeron que celebrarían un cabildo para ver la forma de saldar el débito, y efectuado éste, "contestaron que la situación económica de la hermandad era muy precaria, pero que prometían tan pronto tuvieran medios abonar dicha deuda". La corporación se había embarcado en nuevos compromisos de pago. Sobre 1916 llega el antiguo palio de Monte-Sión, aunque de momento no hay dinero ni para cambiarle el escudo (3), y por las mismas fechas se adquiere un manto bordado de salida, también de segunda mano, pues parece ser que era el diseñado por Juan Manuel Rodríguez Ojeda y bordado por las hermanas Antúnez para la Virgen del Rosario de la Macarena (4).

Acudió el dorador a la mediación de una persona que era toda una autoridad en la Triana de la época, el relojero y platero del Altozano D. Cándido Sánchez Rodríguez, pero ni por esas. Tan aburrido estaría el artesano de fracasar en sus intentos, que encargó a su hermano del asunto y se desentendió de hacer más gestiones. El hermano del dorador tuvo otras entrevistas con miembros de junta "en el establecimiento de bebidas antigua de Castellano", en el mercado de Triana, "pues en este establecimiento tienen su punto de reunión".


Vista del Altozano, la antigua capilla del Carmen y el mercado desde el puente de Triana a principios del siglo XX.


Llegado 1920, se encontró el hombre -dice que "casualmente"- con un digno beneficiado de la Santa Iglesia Catedral. Se lamentó del asunto y el eclesiástico le entregó una tarjeta del procurador D. Felipe Pachón, para que presentara demanda. La idea era que le retuvieran a la hermandad la subvención que el ayuntamiento concedía para la estación de penitencia.

A todo esto, nuevas elecciones y nuevo hermano mayor. El que cesa dice que a él no le hablen más del asunto, y que todo se debe a la mala administración del de la calle Gerona, con quien se entrevista el hermano del dorador. Nuestro anticuario le dice "que estaba dispuesto a recibir en su casa a cuantas personas le pregunten o pidan datos acerca de su gestión y cuentas durante el tiempo que tuvo el cargo, y a ir donde sea preciso ante persona o autoridad que le llame". Parece que estaba muy seguro de sus cuentas. Después de todo, en su mandato todo se había pagado a tiempo. El problema era haber dejado un plazo para la junta que lo había de sustituir. En todas las cofradías, y en todas las épocas, a ninguna junta de gobierno le ha gustado tener que dedicarse a pagar las deudas contraídas por una anterior, pero habría que recordar que en esas fechas los mandatos eran anuales. Se elegía nueva mesa de gobierno tal como entraba la cofradía, a efectos de que fuera la encargada de organizar la salida del año siguiente, y ese corto periodo de tiempo no siempre bastaba para llevar a cabo mejoras de importancia.

Después de tantas demoras y ya plantados en 1922, el hermano del dorador -que debía de ser peor que el cobrador del frac- llegaría a la exasperación cuando otro nuevo hermano mayor le contestó a sus últimos requerimientos diciéndole que "la deuda era muy vieja". Acude al bufete del abogado D. Manuel Blasco Garzón, pero como le resulta violento demandar a una cofradía, dirige al arzobispado este escrito fechado el 31 de mayo de aquel año en el que cuenta todas estas peripecias. No sabemos como acabó el asunto. Suponemos que, como siempre, los hermanos harían un esfuerzo a costa del sustento de sus familias, se rascarían los bolsillos, y el débito se saldaría sin pasar a mayores. También es verdad que sólo conocemos los hechos expuestos por una parte, y que quizás ese exagerado retraso en el pago tuviera otro trasfondo que el escrito del hermano del dorador no saca a la luz. Probablemente algún descontento con el trabajo realizado. El caso es que, como dijimos al principio, el documento no tiene desperdicio para conocer algo más la hermandad de hace cien años.


1.- Véase en este blog la entrada "Un Mayordomo de Romancero".

2.- A.G.A.S  Justicia y Hermandades. Expediente. 38 signatura 15898.

3.- VÁZQUEZ ALEJO, Juan Carlos. "Sobre la evolución histórica del Paso de Palio en Los Gitanos (II)". Anuario de la Hermandad de los Gitanos. Cuaresma 2020. Págs. 152-155. También publicado en este blog.

4.- RIOS DELGADO, Rafael: "¿Un manto macareno en Algeciras?" en elninofrito.blogspot.com, 25 de julio de 2012.