domingo, 1 de noviembre de 2026

UN GITANO DE TRIANA EN EL PARAGUAY DEL SIGLO XVIII. PARTE I.

Aprovechando este mes de los difuntos y puesto que uno de los títulos de nuestra Hermandad es el de Ánimas Benditas, queremos recordar las disposiciones testamentarias de un gitano trianero fallecido en una villa de Paraguay a principios del siglo XVIII. Gracias a la conservación de documentación histórica, podemos recrear la vida de personas de manera bastante fidedigna. Para esta ocasión nos alejamos un poco del núcleo histórico de nuestra corporación para centrarnos en la vida del capitán Diego Matheo Monje. En el Archivo de la Nación Argentina se conserva su extenso expediente sucesorio. El hecho de que, como Sebastián Miguel de Varas, este hombre hiciera fortuna en ultramar, y cierto paralelismo con la vida de nuestro fundador, nos ha hecho pensar que merece la pena traerlo a estas páginas. Es verdad que es complicado no encontrar documentación histórica de gitanos trianeros donde antes o después no tuvieran relación con la hermandad, y esta no es una excepción. Aunque los acontecimientos que narraremos se inician antes de la Gran Redada y de la propia fundación de nuestra cofradía, continúan varios años después de los hechos señalados, y acaban apareciendo y siendo nombrados personajes que sí que tuvieron mucho que ver con nuestra corporación. Apoyándome fundamentalmente en este expediente, y con la ayuda de documentación procedente del archivo de la Real Parroquia de Santa Ana de Triana, del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, del Archivo Nacional del Paraguay y del Archivo de la Nación Argentina, comienzo nuestro relato de hoy.

Diego Matheo nace en Triana, barrio que le vio crecer hasta su salto al otro lado del Atlántico. Así dice su partida de bautismo: 

Diego Matheo Castellano Nuevo

En Domingo quatro días del mes de febrero de mil setecientos y tres años, yo el B. Don Alonso Peralta cura en esta Yglesia de Señora Santa Ana de Triana; bapticé a Diego Matheo, hijo de Gaspar Matheo y de Juana de Vargas, su legítima mujer castellanos nuevos, fue su padrino Don Diego Sánchez Salguero vecino de esta collación a quien advertí el parentesco espiritual y la obligación de enseñar a su ahijado la doctrina christiana, nació el día viente y nueve del mes de henero próximo passado y lo firmé fecha ut supra. 

B. Don Alonso Peralta (rúbrica)



Archivo Real Parroquia Santa Ana de Triana. Libro de Bautismos 41 (1699-1703). Fol. 331 vtº

Prácticamente cuatro décadas después y a casi nueve mil kilómetros de distancia, Diego Matheo redacta testamento en enfermedad y próximo a su muerte. Aunque sigue una formulación habitual en este tipo de documentación, identidad y profesión de fe católica, no por ello deja de parecernos curioso y procedemos a extraer algunos fragmentos a lo largo de esta entrada. Se inicia de la siguiente forma:

"En el nombre de Dios Todo poderoso Amen con cuyo principio tienen las cosas dichoso y loable fin. Sepan cuantos los que este testamento público vieren como yo el Capitán Diego Matheo del Monje vecino natural de la ciudad de Sevilla y residente en esta Villa Rica del Espíritu Santo estando enfermo como estoy del cuerpo de lo que se ha servido Dios Nuestro Señor regalarme, mas sano de las tres potencias: memoria, juicio y voluntad, y temiéndome de la muerte como que es cosa natural a toda criatura viviente y deseando poner mi Alma en carrera de Salvación confieso firmemente como cathólico y fiel christiano que he creido y creo en el mysterio de la Santísima Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo que son tres personas distintas y no es más que un solo Dios Verdadero y todo lo que nos enseña y predica nuestra Santa Madre Yglesia Católica y Apostólica Romana bajo cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir y si en el artículo de la muerte por dolencia grave o por ilusión del enemigo malo dijere o declarase contra lo dicho y confesado desde luego anulo y revoco y le doy por de ningún valor ni efecto; y nombro por mi intercesora y abogada a la Serenísima Reina de los Ángeles madre de Nuestro Señor Jesucristo para que interceda por mi a su Santísimo hijo y me perdone mis graves culpas y pecados por los merecimientos de su Sagrada Pasión así mismo rueguen por mi todos los Santos y Santas de mi nombre y demás cortesanos de la patria Celestial (...)" 

A continuación el protagonista indica que es hijo legítimo del Capitán Don Gaspar del Campo, natural del Puerto de Santa María y de Doña Juana de Vargas vecina y natural de Sevilla. Continúa así:

"Que si Dios Nuestro Señor fuere servido de llevarme para sí de esta presente vida, es mi ánimo de perdonar a todos lo que me hubiesen injuriado con palabra o en obras como así mismo lo que hubiese injuriado a quienes pido en amor de Dios me perdonen según el precepto de Nuestro Señor Jesús Christo= De que si Nuestro Señor Jesús Christo se sirviese llevarme de esta presente vida la la otra encomiendo mi alma a Dios hijo que la redimió digo a Dios Padre que la creó con su omnipotencia y a Dios Hijo que la redimió con el precio infinito de su sangre, pasión y muerte y a Dios espíritu santo que Ilustró con su divina gracia.."

Así recoge una de las numerosas curiosidades de este documento, comenzando por peticiones como esta: 

"Que es mi voluntad que mi cuerpo sea amortajado con el hábito de la Seráfica orden de Nuestro Padre San Francisco y enterrado en su hospicio que está fundado en esta dicha Villa y el Cura y sacristán de la Santa Iglesia Matriz de esta dicha Villa acompañe mi Cuerpo con Cruz Alta y con ella se me hagan veinte pozas hasta entregar a los religiosos de Nuestro Padre San Francisco y de todo se pague la limosna de mis bienes..." 

Las pozas eran las paradas para realizar oraciones durante el trayecto del entierro. Su número daba cuenta de la categoría del mismo. Igualmente da indicaciones de que se le diga una misa cantada, así como otra en su entierro además de dejar pagadas nueve misas por novenario. También otras cien misas rezadas por su intención "para que mi alma goce los sufragios", junto con "una misa cantada con sus lecciones por cada año cumplido de su fallecimiento". Estas mandas se entienden dentro de la fe católica en el purgatorio y en la eficacia de los sufragios por las almas de los fieles difuntos, especialmente a través de la Misa. Este es por supuesto el mismo fundamento que explica la Novena de Ánimas que nuestra hermandad celebrará en estos próximos días. 

Cabe decir que en los siglos XVII y XVIII era frecuente la solicitud de ser amortajado con el hábito de la Orden Franciscana. Era una muestra de devoción y una forma de participar simbólicamente de los privilegios espirituales asociados a la orden. La elección del hábito franciscano como mortaja y el número de misas encargadas apuntan de inicio a una persona que contaba con una posición desahogada y con los medios suficientes para disponer un entierro acorde a las costumbres funerarias del Antiguo Régimen. En el caso de nuestro protagonista, siendo las órdenes de los franciscanos y la de los jesuitas las más importantes en la evangelización del Paraguay, parece que el hombre sentía una especial admiración por los primeros.


"Carte du Paraguay et des pays voisins" de Jacques-Nicolas Bellin en 1756. Villarrica del Espíritu Santo se encuentra en la zona central, ligeramente hacia la derecha justo arriba del territorio etiquetado en mayúsculas de Paraguay, escrito como "Villarrica".

Continuando con el testamento, el Capitán Diego Matheo declara que es casado y velado en la Parroquia de Señora Santa Ana de Triana con Ángela de Bustamante, natural de Sevilla. En el archivo de la citada parroquia se conserva este registro, y además el expediente testamentario incluye una copia del mismo aportada años más tarde en el proceso de reclamación de la herencia.


Archivo de la Nación Argentina. Expedientes sucesorios. Diego Mateo Monje


En el encabezado de la página el cura de Santa Ana certifica la autenticidad de la transcripción de la partida. Dice así:

En sábado tres de febrero de mil setecientos y veinte años yo don Gaspar Delgado de Torres cura de la Iglesia Parroquial de Señora Santa Ana de Triana en virtud del mandamiento del Señor Juez de la Santa Iglesia de este Arzobispado, su fecha en veinte de enero próximo pasado, y por ante Bartolomé Ximénez su ... el cual dicho mandamiento guarda en el Archivo de esta dicha Iglesia en el vigésimo primo legajo del, y habiendo precedido todo lo dispuesto por el Santo Concilio de Trento desposé por palabras de presente que hicieron verdadero y legítimo matrimonio vele y di las bendiciones nupciales de la Iglesia a Diego Matheo natural de esta ciudad, hijo de Gaspar Matheo y Juana de Vargas, con Ángela de Bustamante natural de esta ciudad, hija de Juan Gabriel de Estrada y de Catalina de Salas, castellanos nuevos; fueron testigos don Pedro Thomas y don Joseph Marques vecinos de Triana, y lo firme fecha ut supra. Don Gaspar de Torres = cura.

El punto polémico es cuando nuestro protagonista declara tener cuatro hijos, cuando en realidad en el momento de redactar ese documento tenía ya cinco, el último prácticamente recién nacido. Nombra pues que sus hijos son: Matheo del Monje, Gerónima del Monje, Agustina del Monje y Juana del Monje. Anota que en el momento de su matrimonio no recibió dote alguna, subrayando su origen humilde. Pero de eso hablaremos en otra ocasión.

Diego Matheo, que como hemos visto se titula capitán nada más comenzar el testamento, debió de comenzar sus viajes a América por alguna cuestión relacionada con la milicia, de hecho en estas últimas voluntades incluye las armas que posee, pero sin duda fue con el comercio como hizo fortuna, y sospechamos que con el de un producto cada vez más popular en lo que poco después iba a ser el Virreinato del Río de la Plata, la yerba de mate, que se recolectaba por los indios de las misiones jesuitas y franciscanas del Paraguay. Esas que tan magníficamente aparecen retratadas en la película "La Misión", y desde allí bajaba a Buenos Aires o subía al Perú. El mate alcanzó tal grado de popularidad, que por la escasez de moneda de curso legal, la yerba se utilizó por nativos y europeos como instrumento de cambio. El testamento nos ofrece bastantes ejemplos de cómo nuestro protagonista hace varios legados en yerba

Comienza a reconocer deudas que él debe y que le deben. Así pues, Joseph González de Escandaloza es acreedor de él por entregarle efectos en Sevilla con fecha veinte y ocho de agosto de 1733 por importe de 3832 reales de vellón, al cambio a plata sellada corriente 275 pesos y 6 reales. 

Declara que dejó 105 docenas de libros en depósito con Pancho y Don Andrés Malbos, vecinos de Buenos Aires. A Don Joseph de Lallosa y Manzanares debe la cantidad de 1162 arrobas de yerba, puestas en la ciudad de Asunción de Paraguay. Aparecen varios pueblos administrados por la Compañía de Jesús: Santa Rosa, San Ignacio y Santiago, lo que pone de manifiesto que el comercio se desarrollaba en Paraguay-Misiones-Buenos Aires. Muestra de confianza, indica que no sabe cuánto debía en el caso de Santa Rosa y que se pague lo que diga el padre Tomás Arau. El resto estaba todo soportado en escritura pública. Pasando a sus deudores, que componían una gran variedad vamos a ir destacando:

Juan Báez, teniente y vecino de la villa, le debía 2509 pesos y cuatro reales en yerba puesta en Pirayá, además éste tenía 25 mulas arrieras fletadas por cuenta de Diego Matheo Monje. Don Carlos Benítez, alcalde ordinario de la villa, 82 pesos en yerba mate, Don Sebastián Bogado, maese del campo y alcalde ordinario de la villa 143 arrobas de yerba mate. Don Pedro Mihura mercader 1452 pesos en yerba mate. 

La relación de deudores permite apreciar la amplitud de las operaciones comerciales de Diego Matheo Monje y la diversidad de personas con las que mantenía relaciones económicas. Capitanes, militares, miembros del clero y otras personas vinculadas a la administración local. Las cantidades adeudadas no siempre correspondían a dinero en efectivo, sino también a mercancías, especialmente yerba mate, y a operaciones relacionadas con el transporte y la compraventa de mulas.

El testamento detalla parte de sus vestimentas, bienes y armas. Aquí algunas interesantes:

-Vestimenta y complementos:

  • Un sombrero negro con galón de plata.
  • Una chupa y unos calzones de terciopelo negro, con botonadura de oro.
  • Una chupa de tafetán celeste con adornos de oro.
  • Un capote de paño azul de Castilla con galón de plata.
  • Otro capote de paño de Castilla con galón de oro.
  • Prendas de tafetán.
  • Una casaca de paño azul con botonadura de plata.
  • Cuatro pares de medias de seda.
  • Un par de medias de lana coloradas.
  • Dos pares de zapatos nuevos de cordobán.
  • Un par de hebillas de metal para los zapatos.
  • Tres pares de calcetas de hilo de algodón.
  • Ocho camisas de Bretaña y dos de Cambrai

-Armas:

  • Una espada de hoja ancha, con guarnición de hierro, vaina y contera.
  • Otra espada larga.
  • Un espadín, también con guarnición de hierro.
  • Un par de pistolas con llave española.

-Tejidos y otros objetos:

  • Siete varas de cambrai o tela semejante.
  • Dos retazos de tejido.
  • Dos onzas de coral.
  • Dos varas de bayeta azul de Castilla.
  • Dos varas de bayeta colorada.
  • Doce varas de lienzo de Motilla.
  • Una pieza de encajes.
  • Un anillo descrito como "de todos metales"
  • Equipamientos varios de caballería y monta
  • Un crucifijo
  • 400 arrobas de yerba mate
-Mulas, caballos y ganado:

  • 45 mulas arrieras, situadas en el potrero del general don Miguel de Zamudio.
  • Las 25 mulas que tenía Juan Báez, fletadas por cuenta del propio Diego Matheo.
  • Cuatro mulas redomones, según la lectura del manuscrito.
  • Diez caballos destinados al uso personal.
  • Otros siete caballos al servicio de sus peones.
  • Ganado y terneras identificados con su marca.

Recreación basada en los datos de las prendas de su inventario



Finalmente se dan las indicaciones para pagar los gastos funerarios, de entierro y deudas de acreedores. El documento se firma ante determinadas personas y autoridades entre las que destacan el Alcalde Ordinario, Carlos Venítes, Diego González Vejarano maestre de campo y firmante a ruego del testador, Francisco de Urunaga alférez y testigo. Aparece también don Miguel de Brizuela, cura, vicario y juez eclesiástico.

Otro detalle curioso a mencionar es que modifica el destino de un bien previamente declarado y testamentado, para ordenar destinarlo como limosna al Santo San Antonio del "Hospicio de Nuestro Padre San Francisco" junto con un novenario de misas.

Una de las cláusulas establece apartar siete arrobas de yerba mate para los Santos Lugares de Jerusalén. Otra de ellas es apartar otras siete para "redención de cautivos". La primera está asociada al auxilio de los Santos Lugares de Tierra Santa; la segunda es una tradicional obra de caridad cristiana vinculada históricamente a las órdenes de la Santísima Trinidad o de Nuestra Señora de la Merced. Esta práctica religiosa, caritativa y económica de la cristiandad medieval y moderna destinada al rescate de personas que habían sido capturadas y esclavizadas mediante el pago de un rescate. En el mundo hispánico adquirió especial relevancia por los conflictos de la monarquía cristiana y los poderes musulmanes del Mediterráneo y del norte de África en el Magreb. Liberar a un cristiano católico constituía también una obra de misericordia y una acción meritoria para la salvación del alma.

Proseguiremos en una futura entrega donde intervienen testigos en esta reclamación testamentaria relacionados con fundadores de la Hermandad de los Gitanos. Sin duda alguna reúne símiles con Sebastián Miguel de Varas y Miranda: gitano, su familia paterna es de origen gaditano, comparte oficio, viaje a América en busca de fortuna y debieron coincidir en tiempo y espacio en Triana, pues el principal fundador reside en esta collación desde 1739. No es descabellado pues pensar que este hombre le sirviese de inspiración para sus aspiraciones.

jueves, 1 de octubre de 2026

BANDERAS Y GALLARDETES

Hace ya bastante tiempo dedicábamos una entrada del blog a comentar la importancia que se le daba a la festividad de la natividad de Nuestra Señora en la hermandad de mediados del siglo pasado (1). Contábamos como, allá por agosto de 1955, fue feliz idea de un joven Juan Miguel Ortega Ezpeleta, entonces prioste de la corporación, celebrar en estas fechas un triduo a la Virgen que culminara con una solemne función y una salida de nuestra Bendita Titular por las calles de la feligresía, sobre andas procesionales y presidiendo un Santo Rosario. Planteó el asunto al cabildo de oficiales, viéndose por todos acertada la propuesta, y se decidió enviar oficio y convocatoria al señor vicario para obtener el permiso correspondiente (2)

En el siguiente cabildo, celebrado ya a comienzos de septiembre, se dió cuenta del oficio nº S.7669 de fecha 27 de agosto de 1955 remitido por la Secretaría de Cámara y Gobierno del Arzobispado, autorizando el triduo y la procesión. El domingo 11 de septiembre, día en el que por la  la mañana se realizaba la función, y por la tarde la procesión, se inauguraba igualmente el retablo de azulejos dedicado a la Santísima Virgen de las Angustias en la fachada de San Román. El del Señor ya se había inaugurado en la cuaresma.

El documento que hoy traemos es de una año más tarde, una solicitud del entonces secretario, José María Loreto Lázaro, dirigida a D. Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas, marqués de Contadero, en esas fechas Alcalde de Sevilla. Dice así:




 Excmo. Señor:

Celebrando esta hermandad en los días 6, 7 y 8 del próximo mes de Septiembre, solemne Triduo a su Titular la Santísima Virgen de las Angustias, con motivo de su fiesta Litúrgica, y conociendo esta Hermandad el amor que V. E. siente por la misma, le suplicamos nos conceda en calidad de depósito como en otras ocasiones los objetos citados al margen, los cuales serán devueltos en el mismo estado una vez utilizados.

No dudando vernos una vez más favorecidos por V.E. le anticipamos las gracias más expresivas.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Sevilla, 21 de agosto de 1956.

POR LA JUNTA

EL SECRETARIO 1º

f/. José María Loreto Lázaro

Excmo. Sr. Alcalde-Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla.

MARGEN QUE SE CITA:

2 Reposteros para cubrir los laterales del presbiterio.

Banderas y gallardetes para la portada de la Iglesia.

Es curioso ver como, aunque por la falta de medios se tuvieran que pedir las cosas prestadas, se cuidaban hasta los pequeños detalles. Unos reposteros para exornar un presbiterio al que aún le faltaban sus pinturas murales, y unas banderas y gallardetes para decorar la plaza y que ésta mostrara el ambiente festivo por la conmemoración del nacimiento de la Virgen.

Hace de todo esto la friolera de 70 años, de modo que pocos hermanos deben de quedar que recuerden un mes de septiembre sin la Virgen montada en sus andas, salvo, claro está, en casos de fuerza mayor como en el año del covid. El triduo y la procesión se incluyeron en las reglas aprobadas en 1958, añadiéndose en éstas el detalle de que la procesión debía de hacer estación en el monasterio de las Jerónimas de Santa Paula, como efectivamente ya se había hecho en 1957 (3). Las andas fueron sustituidas por un pequeño pasito que se usaba en el Corpus de Triana y que se pedía prestado a su propietario, D. Alfonso Jaramillo González.

La Virgen de las Angustias en 1957.
Archivo fotográfico de Fernando Machuca.y Hdez. de Santaolalla.

En los años sesenta, a la vista de lo costosa que resultaba esta salida, al tenerse que contratar a costaleros y a una banda de música, se decidió volver a usar las andas y que la procesión se realizara de forma más íntima por el interior del templo de San Román. Con las nuevas reglas de los años ochenta el triduo se limitó a una solemne función, pero desde luego que la pequeña procesión por las naves de la parroquia subsistió, y con la llegada al santuario, puesto que las naves laterales no daban opción a transitar por ellas, se decidió que nuestra titular saliera a la calle por una puerta y entrara por otra, discurriendo por el acerado de lo que se dijo que un día sería el atrio del santuario. La Virgen ni siquiera pisaba las calles aledañas, pero este "exceso" por lo visto le parece actualmente mal a alguna autoridad eclesiástica, y este pasado 8 de septiembre se ha prescindido de esta mala costumbre, así sin más explicaciones, sin anestesia. Nuestro agradecimiento al miembro de la curia que tan cuidadosamente vigila el cumplimiento de nuestras reglas, y por supuesto a los señores que desde el seno de la hermandad tienen la obligación de defender nuestras tradiciones. De las banderas y gallardetes, reflejando la alegría de un barrio el día de la natividad de Nuestra Señora, hemos pasado al "esto es lo que hay".

¡Los signos de los tiempos!

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1.- Véase en el blog la entrada de septiembre de 2016 "La procesión del Dia de la Natividad en los años cincuenta".
2.- Acta nº 18 de reunión de la junta gestora celebrada el 26 de agosto de 1955.
3.- Artículo 7 del capitulo II de las reglas aprobadas por la autoridad eclesiástica en 1958.












martes, 8 de septiembre de 2026

DE PADRES A HIJOS

Comienza un nuevo curso cofrade con la festividad de la Natividad de la Virgen y deberíamos empezar en este blog por pedir disculpas a nuestros más fieles seguidores. Durante ya casi once años creo que no habíamos faltado a nuestra entrada mensual cada primero de mes, y sin embargo el pasado agosto lo hicimos, pero es que a finales de julio sucedió algo que nos dejó conmocionados tanto a Juan Carlos Vázquez como a mí. Falleció nuestro hermano Juan Antúnez Garrido.

Conocía a Juan desde que éramos dos niños. Él era hijo de mi padrino, Juan Antúnez Espada, mayordomo de la hermandad en distintas juntas, y nieto del recordado Paco Antúnez, hermano mayor en las gestoras de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo (1). Yo solía decirle bromeando:

- Juani, si el hijo de mi padre es mi hermano, el hijo de mi padrino debe ser mi "hermanino" ¡Así que tú eres mi hermanino!


Juan Antúnez de chiquillo en una entrada en San Román hace más de medio siglo.


Aquella hermandad familiar de los años sesenta y setenta era muy distinta a esta de hoy en día. Su padre mayordomo y el mío secretario en aquellas juntas de Manolo Moreno, a pesar de los seis años que nos llevábamos teníamos que juntarnos casi por necesidad. Se cerraba tras algún culto la parroquia de San Román y nuestros padres pasaban a aquella secretaría pequeñita que había tras de la capilla, a celebrar cabildo o para alguna reunión informal en la que tratar de la marcha de la hermandad. Su madre Rosario y la mía, con las demás señoras de los oficiales, se quedaban sentadas en los bancos, conversando de sus cosas, y aquel era el momento de los chiquillos. Teníamos todo un mundo mágico que explorar. Cierro los ojos y me veo en San Román con Juan en aquellos años, subiéndonos al púlpito, tratando de que no nos vieran y riñeran nuestras madres, o buscando el órgano que un rato antes había hecho sonar Antonio el Sacristán. Lo encontrábamos, tocábamos las teclas, pero aquello no funcionaba ¿Cómo conseguía Antonio hacer música con aquella cosa? ¡Ah, qué tiene un pedal! Por supuesto que, si nos descubrían Antonio o Pepe, los sacristanes, nos llevábamos la bronca:

- ¡Sois unos demonios de niños! ¡Os voy a encerrar en la torre con los buitres, por malos!

Tardé años en descubrir que tras aquella puertecita de la nave del evangelio que daba a la torre, y que yo miraba con un temor casi reverencial, no hubo en la vida buitres. El caso es que por esa pequeña diferencia de edad de la que antes hablábamos, yo miraba a mi Juani como un modelo a seguir. Él era un niño grande, y yo quería también crecer. Si en San Román hubiera habido un pozo y Juani me hubiera propuesto meternos en él, allí que habríamos acabado chorreando.


Juan Antúnez, con su varita, rodeado de un grupo
de jóvenes hermanos delante del paso del Señor.

Desaparecida la generación de nuestros mayores, la que nosotros considerábamos entonces "la hermandad", mi Juan era de lo poco que me quedaba hoy en día de esos tiempos, así que podréis haceros una idea de cuanto he sentido su pérdida, y por qué no quise escribir nada el pasado mes. Pensando dias atrás en él, me puse a rebuscar papeles del archivo de mi padre. Me acordé que Juan me contaba que el primer año que salió de nazareno dejaron a él y a otros chiquillos a cargo de Manolito Bermúdez, otro hermano muy querido de aquellos años (2). Traté de buscarlo en las viejas copias a carbón de los cuadrantes, pero un chiquillo con varita propia no aparecía entonces en los listados. Sí que he encontrado el del primer año que mi Juan sacó un cirio: 1971, con doce primaveras. Entonces había que esperar hasta esos doce o catorce años para que te dieran tu primer cirio, y la verdad es que todos estábamos deseando ansiosamente que llegara ese día de dejar la varita y tomar un cirio por primera vez. Ahí sí que lo vemos en el último de los cuatro tramos que tenía entonces el paso de Cristo. Era en en esas fechas el hermano número 62 de la lista gitana, y salió con el cirio número 160 de los 168 que ese año acompañaron al Señor. 


Cuarto y último tramo de Cristo en el cuadrante de 1971.

Los guiones que aparecen junto a cada nombre los colocaba mi padre en esa copia del cuadrante el Sábado Santo. En aquel 1971 eramos demasiado pequeños y no sabiamos ni leer, pero años más tarde nos llevaba a mi hermano y a mí, que íbamos sacando los cirios de los carros y cantando sus números como niños de San Ildefonso, mientras él punteaba si cada hermano había entregado o no su cirio a la entrada de la cofradía, que costaban un dinero y había que devolverle al cerero lo cera no gastada. Quien se lo había llevado a su casa recibía su carta reclamándoselo, aunque aquí en este último tramo vemos que no faltó ni uno.


Juan en la plaza de San Marcos una mañana de Viernes Santo.

En fin, otros tiempos que ya no volverán. Juan ha salido de nazareno hasta este último año, con su cirio morado, en lo que él llamaba "la guardia pretoriana del Señor". Al contrario que su abuelo, que su padre, que su hermano Paco, Juan no fue nunca miembro de junta, pero pocos habrán querido al Señor de la Salud como lo ha querido él toda su vida. Toda una vida de nazareno de nuestro titular y con Él se ha marchado, y en este día de la Natividad de la Virgen se le echará muchísimo de menos, porque todo el que le conoció sabía de su simpatía, de su bondad, de su gran corazón. Tan grande como el de su abuelo,  como el de su padre, como el de su hermano. Sólo nos queda consolar a sus hijos, a Juanito, a Rafa, a Belén, a Lucía, y pedirles que no olviden nunca el legado que les dejaron. Cómo yo le decía a mi Juan animándolo a que no colgara su túnica y no dejara de salir.

Al Señor no le puede faltar un Antúnez a su verita.


Juan de espaldas, mirando a su hermano Paco y a sus hijos, Rafa y Juanito en la madrugá del 2004.


1.- Véase la entrada del blog de febrero de 2018 "Semblanza de Paco Antúnez".

2.- Véase la entrada del blog de diciembre de 2016 "Las saetas de Manolito Bermúdez".

  





miércoles, 1 de julio de 2026

EL MINISTRO Y SU BANDA

El diario ABC, en su edición sevillana del 2 de abril de 1950, ofrecía la siguiente nota sobre nuestra hermandad:


El general Díaz de Lecea, hermano mayor honorario de la Cofradía de los Gitanos

La Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud y la Virgen de las Angustias, vulgarmente conocida como la de los Gitanos, ha acordado nombrar hermano mayor honorario al Jefe de la Región Aérea del Estrecho, general Díaz de Lecea, y camarera de honor de la santísima imagen, a doña María del Coral Moreno Sánchez de Carrión.

En un acto que se celebrará próximamente se les hará entrega de unos artísticos pergaminos con los citados nombramientos.

La noticia hay que situarla en una fechas muy cercanas al triunfal regreso de la corporación a la reconstruida parroquia de San Román el primero de enero de aquel año. De doña María del Coral Moreno, nombrada camarera de honor de la Virgen tras la marcha definitiva de Maruja Queipo de Llano a Madrid, tenemos la intención de hablaros muy próximamente, pero hoy queremos centrarnos en la figura del general José Rodríguez y Díaz de Lecea, un pionero de la aviación española y singular personje de la Sevilla de la posguerra.

"Pepe Lecea", como a él le gustaba que le llamaran, mantuvo una relación de mecenazgo con artistas de la época, y procuró rodearse en la sede de la jefatura de la región aérea, en la calle San Vicente, de toreros, pintores y cantaores que se encontraban realizando el servicio militar, a los que nombraba asistentes, aliviándoles así los dos largos años que entonces duraba la "mili". Uno de ellos, quizás el más destacado, fue el genial y bohemio pintor Baldomero Romero Ressendi, que se hizo hermano de nuestra corporación en 1948. Supongo que Ressendi, del que no se cuenta que fuera especialmente religioso, estaba deseando que se olvidara el incidente que tuvo cuando pintó "Las tentaciones de San Jerónimo", cuadro que en pleno nacionalcatolicismo resultó un escándalo y casi le cuesta que el cardenal Segura lo excomulgara. El pintor, según su condiscipulo y amigo, el escritor Manuel Barrios, vivió una temporada de su vida en un ático de la calle Matahacas (1). Consta que pagó su cuota de ingreso en la hermandad con un cuadro realizado a Pepe Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana" (2). No tenemos muy claro si fue a través de este último, o del pintor, como Lecea empieza a relacionarse con la cofradía, pero lo que si es muy cierto es que a la hermandad le vino muy bien esta cercanía. Ha salido a relucir más de una vez en el blog los problemas que frecuentemente se tenían con el acompañamiento musical, y gracias al general se pudo disponer en aquellos años de la Banda de Cornetas y Tambores de la Aviación de la comandancia de Tablada.


José Rodriguez y Díaz de Lecea retratado por Romero Ressendi.

Conservo del archivo de mi padre un oficio que probablemente fue de los primeros que él escribió para la hermandad con su vieja underwood, cuando aún no era secretario, sino un diputado de tramo que ocasionalmente ayudaba al que ocupaba el cargo, Salvador Millán, y seguramente ese sería el motivo de que se guardase una copia. El original con el membrete de la hermandad, que al contrario que este si deberá de contener las firmas autógrafas de Manuel Moreno Serrano como hermano mayor y de Salvador Millán Navas como secretario, andará en algún archivo ministerial de Madrid. A Díaz de Lecea lo hicieron ministro del Aire en 1957, por lo que tuvo que trasladarse a la capital, pero la hermandad siguió tratando con él y escribiéndole cada año para contar con la banda, que para entonces ya tocaba en la cruz de guía. Este debe de ser el último oficio que se le remitiese, pues cesó como ministro precisamente en julio de 1962. Dice así:


            Excmo. Sr.:

Como en años anteriores, nos tomamos la libertad de dirigirle el presente escrito con el ruego de que V.E. si lo estima oportuno, se sirva dar sus superiores órdenes, para que nos sea cecida la banda de cornetas y tambores de esa Gloriosa Arma de Aviación, con el fin de que puedan acompañar a Nuestras Sagradas Imágenes, en su desfile de penitencia, en la próxima madrugada del Viernes Santo, a la Santa Iglesia Catedral.

                                                Dios guarde a V.E. muchos años,

                                                Sevilla, 7 de Marzo de 1962

                                                EL SECRETARIO 1º,

Vº. Bº.

El Hermano Mayor,


Excmo. Sr. D. José Rodríguez y Díaz de Lecea.-

Ministro del Aire. M A D R I D.

Y así fue como se le escibía a todo un señor ministro para traer a una banda. De Díaz de Lecea, superada su etapa sevillana, poco más se supo en la hermandad. Eso sí, tengo la sospecha de que a él debió de pertenecer alguno de esos fajines militares que vestía la Virgen en aquellos años, y que hacían a Pepe Valencia comenzara algunas de sus saetas a las Angustias con aquel clásico verso...

¡Por Excelencia Generala!

La Virgen de las Angustias con fajín militar.
Archivo de Juan Carlos Vázquez Alejo.


1.- BARRIOS GUTIÉRREZ, Manuel. "Romero Ressendi". Artículo publicado en la edición sevillana de ABC el 3 de Diciembre de 1998. Pág. 20.
2.- RAMOS SÁEZ, Javier. "Una comisión de cultos en la Hermandad de los Gitanos". Boletín de las Cofradías de Sevilla. nº 656. Octubre de 2013. pág. 756.

lunes, 1 de junio de 2026

LA DINASTÍA DE LOS CAMPOS EN LA HERMANDAD DE LOS GITANOS (II): SIMÓN DE CAMPOS

Tras abordar en el anterior boletín la figura del legendario Gerónimo de Campos1, continuamos trazando la saga familiar con su hijo Simón de Campos. A diferencia de su padre, Simón nació en la otra orilla del río, en los Humeros. En el archivo parroquial de San Vicente Mártir de Sevilla se conservan una serie de documentos que nos ayudan a recorrer su vida. El primero de ellos es la partida de su bautismo2:

Simón Francisco Bruno

En domingo día ocho de octubre de mil setecientos cincuenta y ocho años, Yo Don Domingo de Bovadilla , presbítero con permiso y ausencia de Don Marcos de Alarcón, cura más antiguo de esta iglesia de Señor San Vicente de Sevilla, bapticé a Simón Francisco Bruno, que nació a seis de dicho mes y año, hijo legítimo de Gerónimo de Campos y de Juana García su mujer, fue su padrino Simón García y su madrina Juana Camacho vecinos de esta collación, a quienes advertí el parentesco espiritual y sus obligaciones y lo firmé con dicho cura.

(Rúbricas)

A.H.P.S.V.M. Caja 311. Bautismos. Libro 24 (1757-1770). Fol. 38 vtº


Cabe señalar que su padrino es su propio abuelo materno, Simón Isidro García, hermano fundador de la Hermandad y uno de los promotores de las milicias urbanas integradas por gitanos3. Por otro lado, como curiosidad, Juana Camacho era su tía, ya que estaba casada con Pedro García, hijo del mencionado Simón García. Puede afirmarse, por tanto, que Simón de Campos nació en un entorno fuertemente vinculado a la Hermandad de los Gitanos. El barrio de los Humeros fue un enclave importante de la gitanería sevillana y nuestra Hermandad, desde mediados del siglo XVIII hasta las primeras décadas del XIX, en el que las familias gitanas de los Campos, García, Camacho, Vargas y Lérida se encontraban conviviendo en este enclave tras abandonar el arrabal trianero.

Durante su juventud aparece en sucesivos padrones viviendo con sus padres y hermanos, como Pedro de Campos, María de Campos o Nicolasa de Campos. Finalmente, a la edad de veintitrés años, contrajo matrimonio con María Josefa Camacho4, perteneciente igualmente a una familia gitana vinculada con la Hermandad. Aquí la transcripción:

Desposorio de Simón de Campos con María Josefa Camacho

En martes primero día de enero de mil setecientos ochenta y dos, yo Don Fernando María Aldana, cura de la Iglesia de Señor San Vicente de Sevilla, precedidas las tres canónicas moniciones, confesados y sabiendo la doctrina cristiana, desposé y pasé por palabras de presente que hicieron verdadero y legítimo matrimonio, de Simón de Campos natural de esta ciudad, hijo de Gerónimo de Campos y de Juana García, justamente con María Josefa Camacho de esta misma ciudad, hija de Isidro Bernardo Camacho y de Bernarda María Alvarado, todos castellanos nuevos. Fueron testigos Pedro Ximénez, Diego Fernández y Pedro García de esta collación en los Humeros, de que doy fe.

(Rúbrica)

A.H.P.S.V.M. Caja 345. Desposorios y Velaciones. Libro 14 (1774-1800). Fol. 136 vtº


El término “castellanos nuevos” al que se les alude, y que otras tantas veces hemos visto en documentos eclesiásticos y civiles, era un término eufemístico y oficial para designar a los gitanos. En la Real Pragmática de 1783 se va un paso más allá y se prohíbe el término “gitanos”, siendo una de las causas argumentadas para la extinción de nuestra Hermandad, ya que ésta era conocida como de los Gitanos. Volviendo a nuestro protagonista, de este matrimonio nacieron, al menos, cuatro hijos: Diego Campos Camacho (1782), José Campos Camacho (1797), Manuel Campos Camacho (1798) y Juana Campos Camacho. En un próximo artículo nos detendremos en alguno de estos hijos, pues su descendencia dio lugar a varios hermanos mayores en el siglo XIX. En un documento5 fechado en 1818, tras la reorganización de la Hermandad, aparece Diego Campos Camacho participando en la recuperación de enseres que se encontraban en posesión de Patricio Puertas tras la extinción en 1783: “…cuyos efectos fueron entregados a dicho Juan Suárez Mayordomo de la Hermandad a presencia de los diputados que quedan citados y Conciliario y Censor habiendo concurrido en el acto de diligencia en presencia dicha entrega Diego de Campos y Alonso Lavado Secretario, y por el referido Conciliario al D Patricio de Puertas que faltaba el manto de la Virgen de terciopelo negro bordado por delante de oro,…”

Si bien a fecha de hoy no disponemos de un documento que referencie directamente a Simón de Campos como miembro de junta, el siguiente documento nos hace pensar en que pudo estar involucrado en la reorganización de la corporación. Mientras indagaba en la búsqueda de otros relacionados con la Hermandad y su fundador, encontré este documento que, aunque no se hace mención a nuestra Cofradía, considero que pudiera estar relacionado con estas motivaciones.

El documento tiene por nombre “Poder para litigar Simón de Campos y otros, a procuradores”6. Con fecha de 1787, en el contexto de encontrarse extinguida la Hermandad a causa de la Real Pragmática de Carlos III. El texto no nos ofrece mucha información, pues no especifica el motivo concreto del litigio y está cumplimentado siguiendo la fórmula notarial habitual. Lo más llamativo es quiénes son los que conceden ese poder. El listado es el siguiente: Simón de Campos, Pedro de Campos, Juan Nicolás de la Peña, Juan María de Mendoza, Ignacio Benjumea, Diego Cabrera, Andrés de los Santos, Francisco de la Peña Mosqueda, Antonio Mateo de la Peña, Blas Bonifacio de la Peña, Francisco Tinoco y Pedro de la Peña. Se trata de un grupo de trece gitanos de distintas familias, oficios y collaciones, que actúan de forma conjunta, por lo que resulta difícil encontrar otro nexo de unión entre todos ellos que no fuese la propia Hermandad de los Gitanos. El censo de gitanos realizado en 1785 ofrece los siguientes datos de ellos:

Simón (1758) y Pedro de Campos (1756) eran hermanos, hijos de Gerónimo de Campos y Juana García. Oficio del campo y palmero respectivamente, vivían en los Humeros. Cuartel 3º.

Juan Nicolás de la Peña (1744). Cuartel 4º

Juan María de Mendoza (1739) como vendedor de géneros por las casas. Cuartel 4º

Ignacio Benjumea (1740) esquilador. Cuartel 4º

Diego Cabreras y Vargas (1740) esquilador con licencia. Cuartel 2º

Andrés de los Santos (1730) esquilador. Cuartel 4º

Francisco de la Peña Mosqueda (1720) esquilador. Cuartel 4º

Antonio Mateo de la Peña (1724) vendedor de géneros por las casas. Cuartel 4º

Blas Bonifacio de la Peña (1738) esquilador. Cuartel 4º. En una partida de matrimonio de 1771 se dice que es de la collación de Santa Lucía. Posteriormente en un expediente matrimonial donde es testigo (1775), se menciona que se emplea en la fábrica de tabacos de San Román. Se casa en 1769 con María Josefa Heredia Navarro, hija del fundador Fernando Manuel Heredia7.

Francisco Tinoco (1725) esquilador y panadero. Cuartel 4º

Pedro de la Peña (1738). Cuartel 4º

Cristóbal de Vargas. Existían dos gitanos censados con el mismo nombre y apellido, nacidos en 1725-1726, uno por oficio jornalero y otro por herrero. Ambos vivían en el 3º cuartel.

Nota: la división de la ciudad en cuarteles respondía a la siguiente organización:

1º Cuartel: Universidad-Baratillo-Puerta la Carne

2º Cuartel: Puerta de la Carne-Alfalfa-Puerta Osario

3º Cuartel: Plaza del Duque-Puerta Osario-San Vicente

4º Cuartel: San Pedro-Puerta del Sol-Puerta Macarena.

5º Cuartel: Triana

Simón de Campos, con veintinueve años de edad, y siendo el más joven, encabeza el grupo en este poder, quizás por el predicamento que había tenido dentro de la comunidad gitana y en la hermandad su ya fallecido padre. El resto de edades rondaban mayoritariamente los cincuenta años o superándolas. De este listado dos aparecen en el cabildo que tuvo lugar en el Pópulo en 1754, Francisco de la Peña Mosqueda y Antonio Mateo de la Peña. Hijos y familiares de fundadores.

No procederemos a la transcripción íntegra del documento, pero sí de una parte significativa del mismo:

Poder para litigiar, Simón de Campos y otros a procuradores

Sépase como yo, Simón de Campos = Pedro de Campos= Juan Nicolás de la Peña= Juan María de Mendoza= Ignacio Benjumea= Diego Cabrera= Andrés de los Santos, Francisco de la Peña Mosqueda= Antonio de la Peña= Blas Bonifacio de la Peña, Francisco Tinoco, Pedro de la Peña todos mayores de edad de los veinte y cinco años vecinos de entra y extramuros de esta ciudad de Sevilla de un acuerdo y conformidad, cada uno por nuestro particular interés por nosotros mismos y en nombre y en voz de Cristóbal de Vargas de la propia.... y prestándonos caución con forma otorgamos nuestro poder cumplido y bastante en... Pedro Felipe Marchena, Fernando García... Manuel María Monje, Procuradores del número de la Real Audiencia de esta dicha ciudad y a cada uno por... generalmente para que nos defiendan en todos nuestros asuntos recursos instancias pretensiones por las causas o negocios civiles y criminales que tengamos y se nos ofrezcan con cualesquiera personas y sobre ello ... en los tribunales Audiencias, Juzgados, Señores Jueces y justicias competentes y presentar pedimentos ....... hacer informaciones .... requerimientos y.... contra... acusaciones y .... de Jueces, letrados y .... las causas y desistimientos de ellas, soliciten autos... citaciones declaraciones y reconocimientos de embargos y desembargos de bienes ... provisiones y despachos, ... autos y sentencias interlocutores de ... consiéntanlo favorable (…) =dicha la carta en… veinte y uno de mayo de mil setecientos ochenta y siete los otorgantes firmaron los otorgantes que supieron y por los que dijeron no saber … lo hizo… presentaron todos por su conocimiento que juraron según … ser los acontecidos como se han nombrado al licenciado Josef Martin, … Domingo abogado de la Real Audiencia de esta ciudad, y a don Pedro …E. de Cámara de dicha Audiencia de esta ciudad, y a Manuel Gigato Que vive en calle Bayona collación del Sagrario y lo fueron del otorgante con Francisco Galeón y Manuel García estos dos oficiales del oficio presente. Sevilla=

(Rúbricas)

Que Simón de Campos y Blas Bonifacio de la Peña firmasen no debe pasar desapercibido, pues indica que ambos sabían leer y escribir, algo poco habitual en la población de la época.

A.H.P.Se. Sec. Protocolos Notariales. Oficio 17. Signatura 11244. Año 1787. Libro 2º. Fol. 728 rº

A.H.P.Se. Sec. Protocolos Notariales. Oficio 17. Signatura 11244. Año 1787. Libro 2º. Fol. 728 vtº.



En las primeras décadas del siglo XIX aparece ya viudo, viviendo en la Plazuela de la Cruz Verde, hoy Plaza Blasco de Garay, con uno de sus hijos y junto con otro nombre conocido de la Hermandad:

Diego de Campos (casado)

María Moreno (casada)

María de Campos Moreno, hija (soltera)

Simón de Campos (viudo)

Juana de Campos (viuda)

María de Jesús Camacho (soltera)

Juan Vicente Camacho, hijo (soltero)

María del Carmen Camacho, hija (soltera)


A.H.P.S.V.M. Libros de Padrones.


Simón de Campos fallece a la edad de setenta y cinco años en 1834 en el mismo barrio que lo vio nacer, los Humeros8.

Simón de Campos. 22 reales, a la fábrica 5.

En once del mes de abril de mil ochocientos, treinta y cuatro falleció habiendo recibido los santos sacramentos Simón de Campo natural de Sevilla de setenta y cinco años, viudo de María Camacho que vivía en la casa número 35 de la Plaza de la Cruz Verde del Barrio de los Humeros y se enterró en el cementerio público con funeral de beneficio. Doy fe.

(Rúbrica)

 

A.H.P.S.V.M. Caja 334. Defunciones, Libro II (1823-1835). Fol. 184 vtº.

Si la generación de los fundadores había tenido que lidiar con una gran redada, los hijos de estos tuvieron que enfrentarse a una nueva pragmática sobre los gitanos, la de Carlos III, que a la postre significó la extinción de la hermandad, pues era tal el afán de integración de la norma que molestaba la menor cosa que recordara que existía lo distinto. Algunos han querido ver en esta ley un talante generoso, obviando que, entre otras cosas, se ordenaba que “a los que no hubiesen dejado el traje, lengua o modales, y a los que aparentando vestir y hablar como los demás vasallos, y aún elegir domicilio, continuaren saliendo por los caminos y despoblados, aunque sea con el pretexto de acudir a Mercados y ferias, se les perseguirá y prenderá por las Justicias... la sala, en vista de lo que resulte, y de estar verificada la contravención, mandará inmediatamente sin figura de juicio sellar en las espaldas a los contraventores con un pequeño hierro ardiente...”. Ya no había oficialmente ni gitanos ni castellanos nuevos, pero Simón de Campos y su generación quisieron seguir siéndolo.


1. VÁZQUEZ ALEJO, Juan Carlos. “La dinastía de los Campos en la Hermandad de los Gitanos (I): Gerónimo de Campos” Boletín Hermandad Sacramental de los Gitanos, número 59, de enero de 2026. Páginas 20-23. Véase LA DINASTÍA DE LOS DE CAMPOS EN LA HERMANDAD DE LOS GITANOS (I). GERÓNIMO DE CAMPOS.

2. Archivo Histórico Parroquia San Vicente Mártir de Sevilla. Caja 311. Libro de Bautismos 24 (1757-1770) Fol. 38 vtº.

3. VÁZQUEZ ALEJO, Juan Carlos. “Las milicias gitanas”. Boletín Hermandad Sacramental de los Gitanos, número 57, de enero de 2025. Páginas 24-26. Véase LAS MILICIAS GITANAS

4. Este enlace tuvo como respaldo un expediente matrimonial debido a que los contrayentes pertenecían a feligresías diferentes, él a San Vicente y ella a la de Triana. Como testigos aparecen de los padres de María Josefa Camacho, donde se indica que Isidro Bernardo Camacho se ejerce como recovero. El expediente se conserva en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

5. DORADO MALLÉN, José Luis. “Documentos de la Historia”. Boletín Hermandad Sacramental de los Gitanos, número 23, octubre 1993, página 14.

6. Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Sección Protocolos Notariales. Oficio 17. Signatura 11244. Año 1787. Libro 2º. Fol. 728 rº y vtº.

7. Dato aportado por José Luis Tirado Fernández. Fuente Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

8. Archivo Histórico Parroquia San Vicente Mártir de Sevilla. Caja 334. Defunciones, Libro II (1823-1835). Fol. 184 vtº.