sábado, 1 de febrero de 2020

LOS PRIMEROS HERMANOS PROTECTORES

Publicamos en el blog en su día el primer folio de la reconstrucción de un antiguo listado de hermanos en 1948, que realicé con mi padre a partir de las hojillas de inscripción más antiguas que se conservan en la secretaría (1). Hoy vamos a traer a estas páginas lo referente a los entonces llamados "hermanos protectores".



En aquellos años se llevaban dos listas, una de hermanos propiamente dichos, los gitanos, y otra de hermanos protectores, que venían a ser lo que hasta entonces se habían conocido como devotos o bienhechores. 

Desde antes de la guerra la hermandad había contado a la hora de arreglar su siempre difícil economía con los pequeños comerciantes del barrio, o con personas que, aún siendo ajenas a la etnia gitana, demostraban una gran devoción a nuestros sagrados titulares. Se realizaban cuestaciones anuales para sufragar los gastos de los cultos más importantes o de la estación de penitencia, y esta participación se fue institucionalizando. Ese número de colaboradores se amplia y se hace aún más necesario cuando la corporación tiene que emprender una reconstrucción total, prácticamente desde cero, tras el incendio de San Román. Se crea así la figura del "hermano protector", como se especificaba en la propia hojilla de inscripción, con distinto listado y numeración.



Traemos como ejemplo las hojillas de inscripción de dos señalados protectores. La del número uno, D. Francisco Vera Mármol, impresor con establecimiento en la plaza de la Europa, que se encargaba de realizar para la hermandad de forma gratuita todo el trabajo de impresión de convocatorias, membretes, saludas y demás. Se le concedió el título de Hermano Mayor Honorario, distinción que también tuvo su hijo, Francisco Vera Álvarez, que aparece en la lista unos números más abajo, y que años después regalaría el retablo cerámico del Señor que adornaba la fachada de San Román.

El número dos lo ocupaba Enrique Navarro Gallegos, con domicilio en la calle Maravillas, gerente que fue del bazar "La Importadora", en la esquina de O'Donnell con la Campana. Tanto su hojilla como la de Vera, aparecen fechadas en septiembre de 1948, pero en el espacio dedicado a la firma del hermano que lo presenta se hace constar que eran hermanos antiguos.


Guillermo Cantalapiedra, Pepe Bocio y Enrique Navarro en la bendición del Señor. 1939. Foto J.J. Serrano.

Continúa el listado con el recordado José María de la Concha Meneses, que ya había conseguido salir de nazareno antes de la guerra, y al que pronto captarían para la secretaría. Juan Alfonseca Caro, propietario de la confitería "Nueva Paz" en la calle O'Donnell, y que algún año convidó a torrijas en su establecimiento a todo el cuerpo de nazarenos,  entonces no muy numeroso, lo que provocó que la cofradía tuviera que olvidarse de pasar más por Tetuán en su retorno. Guillermo Cantalapiedra García, que sería ejemplar mayordomo con Manolo Moreno en las décadas de los cincuenta y sesenta. Joaquín Cordero Bernal y José María Forcada Cabanellas, destacados miembros de las gestoras que se sucedían en la hermandad (2). El popular Francisco Camps Espinosa, gerente del Teatro San Fernando, que daba toda clase de facilidades en las funciones benéficas que en aquel suntuoso local de la calle Tetuán se realizaron para la hermandad. Los hermanos Ambrosio y Rafael Gutiérrez-Ravé Lacassaign, uno médico en "La Gota de Leche" y el otro afamado procurador de los tribunales. El soleano Francisco Ponce Redondo, vestidor de la Virgen en esa época, al que se le otorgaría el título de Prioste Honorario, que marcó toda una época en la vestimenta de nuestra Señora.

De todos estos hombres y del resto que no hemos nombrado o no aparecen en este primer folio se podría escribir una historia. De algunos incluso una novela. Me reservo desde luego dedicar una futura entrada del blog a mi querido José María de la Concha, con quien tuve el honor de compartir junta. Unos pasaron de forma efímera por la hermandad, pero otros formaron dinastías, y hoy ya tenemos en nuestros tramos de nazarenos a sus bisnietos.

Aquella distinción entre hermanos y hermanos protectores no duraría mucho. Ya en el libro de hermanos abierto en julio de 1954, las dos listas pasan a nombrarse como de "hermanos gitanos" y "hermanos castellanos", y finalmente, años después, se refundirían, constituyendo nuestra hermandad un ejemplo de convivencia e integración. De respeto también a nuestras tradiciones, de fidelidad a una historia. Eso es algo que debemos -no se olvide- a unos y a otros: A aquellos gitanos que supieron darle un sitio a quienes demostraron querer al Señor de la Salud y a la Virgen de las Angustias, y a estos castellanos, los de esta lista, que en una época en la que no era nada fácil ser gitano, quisieron estar ahí, codo con codo, compartiendo sus fatigas y sus ilusiones, y sobre todo, su amor por Ellos, los que guían nuestra existencia.


1.- Sobre la reconstrucción de ese listado, que realizamos entre mi padre y yo en 1992, cuando actualizaba las carpetas del activo y pasivo de hermanos de la secretaría, véase la entrada "Linaje de Cofrades".

2. Joaquín Cordero Bernal estuvo en todas las comisiones gestoras entre 1949 y 1958, y en este último año, aprobadas las nuevas reglas, es diputado mayor de Gobierno en la primera junta de Gobierno de Manolo Moreno. José María Forcada Cabanellas, apoderado del bazar "La Importadora", fue auxiliar en la comisión de cultos de 1948.