viernes, 1 de marzo de 2019

EL HÁBITO DE NAZARENO EN LOS GITANOS

Durante los 265 años de historia de nuestra corporación y en los cuatro distintos siglos en los que ha procesionado, la estética ha ido cambiando y evolucionando. No siempre a mejor, claro está. Dentro de esos cambios, se encuentra el hábito del hermano nazareno.

Ya en nuestras reglas fundacionales de 1753, se hace mención al modo de salir la cofradía diciendo "a la procesión deberán de asistir los hermanos... con los vestidos que usan las demás Hermandades de esta ciudad... ".   Las hermanas irían "con sus mantos con mucha compostura y devozión". Al respecto señalaban la obligación de los fiscales de no permitir "que nuestras hermanas asistan con mantillas de color, sino que gasten mantos de Anascote o de Seda en las Fiestas que tubiere la Hermandad" (1).

En el libro de reglas de 1818, en su capítulo segundo se establece que en la estación de penitencia se vestirá túnica negra de holandilla, "debiendo abstenerse de algún otro trage de penitencia, en cumplimiento de la Real Orden de veinte de febrero del año de mil setecientos setenta y siete"(2). Se referían con esto a la prohibición de Carlos III de que concurrieran a la procesiones empalados o disciplinantes, aunque hubo momentos en que el rigor de la norma se extendió al uso del antifaz nazareno, que por aquella época denostaban tanto autoridades civiles como eclesiásticas.

Ya en los primeros años en la parroquia de San Román, en el escrito fechado en febrero de 1892 del hermano mayor Nicolás Moreno Camacho al Ayuntamiento de Sevilla. que sacamos a relucir en este blog hablando de la túnica bordada que se estrenó aquel año, entre otras cosas se menciona que los nazarenos visten túnicas moradas y negras (3). Dos años más tarde la prensa se hace eco de algunos detalles de nuestra cofradía. De lo que nos atañe esta entrada, diremos que precisan en cuanto al hábito, compuesto de túnica y antifaz morado, y capa negra (4). Es curioso como en los primeros grabados que el pintor e ilustrador Francisco Hohenleiter Castro dedica a nuestra cofradía, ya antes de sus conocidas láminas sobre nazarenos, su plumilla refleja esta tono oscuro de nuestras túnicas. Así se aprecia por ejemplo en el grabado que tenemos por cabecera del blog, que refleja la salida de Nuestro Padre Jesús de la Salud por la ojiva de San Román, o en otro que tituló "Gitano Nazareno" (5).





En fotos fechadas en 1918 vemos claramente que los hermanos llevan el hábito compuesto de túnica de cola blanca, cinturón de esparto y antifaz negro, la indumentaria que inmortalizó Hohenleiter en su célebre colección. 



En 1922 los hermanos llevan túnicas blancas con capa y antifaz morado (6). Debemos anotar este dato con cuidado, pués en muchas ocasiones el número de un año para otro en cuanto a la información de las cofradías era un "corta y pega". Aparte, debido a la pobreza de la hermandad, las túnicas se adquirían por ésta para prestarla a los hermanos, y ese cambio frecuente era debido a que se compraban las que alguna otra cofradía había desechado, ya por viejas. A decir verdad, en fotografías de 1921 se observan hermanos con antifaces morados y lo que parece ser una capa blanca. Y en 1922 como si los hermanos llevaran tanto capa como de cola y esparto. Hubo años en que nazarenos de Cristo y del palio llevaban distinto hábito, como era entonces harto frecuente, costumbre que incluso hoy conservan algunas hermandades

Imprenta y Librería de Eulogio de las Heras, Sierpes, 13.-Sevilla.

Hermanos posan ante el palio de la antigua Virgen de las Angustias a mediados
de los años veinte. Se aprecian los dos colores distintos del cortejo.
Archivo Sáinz de Vicuña.



En el año de la Exposición Iberoamericana en Sevilla, 1929, la hermandad estrena la que hasta hoy es nuestra actual túnica, adoptándose el modelo juanmanuelino de nazareno de capa, y así ha perdurado hasta nuestros días, aunque hubo dos momentos en que la cosa pudo cambiar. En 1942, cuando la hermandad es sancionada con una comisión gestora, a la autoridad eclesiástica no se le pasó por alto el detalle de que las reglas todavía vigentes de 1818 establecían que se usara la holandilla negra, y pretendió restablecer ese antiguo hábito, quizás pensando que el vestirlos de negro obligaría a una mayor seriedad a los nazarenos más revoltosos. El nacionalcatolicismo imperante quería desterrar de las cofradías cualquier atisbo de costumbrismo, y a alguna que otra hermandad le salió bastante caro el escarmiento. El caso es que el mismo decreto sancionador matizaba el asunto añadiendo que "en caso de imposibilidad pondrán en la actual un distintivo especial y visible que impida el que forme parte en su procesión otros nazarenos provenientes de otras cofradías de igual manera de vestir" (7). El otro momento de frustrado cambio, ya tratado en este blog, fue cuando, allá por los primeros años cincuenta del pasado siglo, se estudió usar el azul pavo como color de los antifaces de los nazarenos de la Virgen (ver aquí).


Hermanos nazarenos en los años treinta. Foto Juan José Serrano.
Fototeca Municipal de Sevilla.


En fin, nuestro hábito nazareno, que cumple esta próxima estación de penitencia sus noventa años, es ya parte de nuestro patrimonio y de nuestro sello de identidad ¡Ya queda menos, hermanos, para volverlo a vestir!



(1). Archivo General Arzobispado de Sevilla. Reglas Hermandad Santo Cristo de la Salud y Madre de Dios de las Angustias (Los Gitanos). Año de 1753. Capítulo 16. Del modo de salir la Cofradía luego que tenga las lizencias nezesarias.
(2). Archivo Hermandad Sacramental de los Gitanos. Reglas de 1818.
(3). Archivo Municipal de Sevilla. Colección Alfabética. Semana Santa. Expediente 2.Caja 631. Año 1892. 
(4). Hemeroteca Municipal de Sevilla. El Noticiero Sevillano. Jueves 22 de marzo de 1894. Página 2. "La Semana Santa. Las cofradías de la madrugada".
(5). Revista Blanco y Negro. Número del 19 de marzo de 1922. Página 9.
(6). B.N.E. La Semana Gráfica. Extraordinario de Primavera. Año 1922. Páginas 62 y 66.
(7). Decreto de la Vicaría General del Arzobispado de 16 de septiembre de 1942. Archivo de nuestra secretaría.

viernes, 1 de febrero de 2019

VIENE EL SEÑOR VESTIDO DE MAJESTAD

En memoria de José Manzano Jiménez

"Viene el Señor vestido de majestad, vestido y ceñido de poder". Me acordé de ese salmo cuando el pasado diciembre acompañábamos los restos mortales de nuestro hermano Pepe Manzano a los piés del Señor de la Salud y su bendita madre. El padre Dobado nos había emocionado a todos los presentes en el reponso contando como el día anterior, cuando iba a administrarle a Pepe los últimos sacramentos, su valiente esposa, María Jesús, le animaba en su agonía:

- ¡Pepe! ¡El Señor viene a verte! ¡Que viene el Señor!

Si siempre es dolorosa la pérdida de una vida humana, aún más lo es cuando se trata de una persona todavía joven y que tenía tanto amor todavía que dar a su familia y también a su hermandad, su gran pasión, como dijo nuestro Director Espiritual aquel día. Desde luego que Pepe Manzano trabajó mucho por nuestra cofradía desde el cargo de mayordomo, pero quizás su obra principal, la que muchos hermanos le agradecemos enormemente, la realizó desde fuera de una junta de gobierno. Fue él quien reunió y lideró a ese grupo de hermanos que quiso donar esa túnica bordada, recreación de la atribuida a Rodríguez Ojeda que tuvo la desaparecida efigie de Nuestro Padre Jesús de la Salud, así como la réplica de ese bello cíngulo con la rosa de pasión que la hermandad conserva como una reliquia del pasado. Sin la capacidad de organización de Pepe, sin su voluntad impetuosa, sin su personalidad arrolladora, sin su entrega sin medida, quizás no hubiera sido posible.


Pepe Manzano en el taller de bordados de Sucesores de Elena Caro firmando el contrato de la túnica bordada

Hoy queremos traer a estas páginas, en recuerdo de él,  un viejo documento fechado en 1892, el año en que se estrenaba aquella túnica que Pepe y ese grupo de hermanos se propusieron, más de un siglo después, recuperar de algún modo para el patrimonio de la hermandad. Se trata de un escrito dirigido a la alcaldía por el entonces hermano mayor, Nicolás Moreno Camacho, en el que traslada a la máxima autoridad municipal la intención de la cofradía de hacer ese año estación de penitencia, informándole del estreno de la túnica, comunicándole el itinerario y, sobre todo, solicitando la entonces tan necesaria subvención municipal (1). Dice así:





"Tengo el honor de contestar a su atenta comunicación fecha tres del actual en la que me manifiesta si la Hermandad que represento tiene o no acordada su salida. Le participo a V.E. que tiene acordada su salida el Viernes Santo de madrugada como lo verificó en el año anterior.
Las reformas que este año se han hecho la primera es la magnífica túnica de Jesús; la peana de la Virgen, algunas insignias y sus nazarenos visten túnicas moradas y negras.
Ruego a V.E. atienda muy especialmente en mi petición cual es que esta Hermandad es de pobres jornaleros que hijo de sus privaciones han podido a fuerzas de sacrificios confeccionar la túnica expresada y es la razón para suplicarle a V.E. que al hacer la asignación que estime conveniente o justa, teniéndose en cuenta que los gastos sólo de salida ascienden a cuatro mil quinientos o cinco mil reales puesto que se trata de una de las estaciones más largas y de tener un numeroso cuerpo de nazarenos.
Estación por donde ha de transitar = Peñuelas = Bustos Taveras = Castellar = Plaza del Almirante Espinosa = Feria = Correduría = Amor de Dios = Santa María de Gracia = Sierpes = San Francisco = Génovas = Alemanes = Placentines = Franco = Culebras = Salvador = Cuna = Universidad = Encarnación = Coliseo = Alcázares = San Pedro = Alhóndiga = Plaza de los Terceros = Sol =
Dios guarde a V.E. muchos años.
Sevilla 25 de Febrero de 1892
El Hermano Mayor
Nicolás Moreno

Exmo. Presidente de este Ayuntamiento"






Para aquellos antiguos gitanos, que sólo un año antes habían conseguido sacar la cofradía por primera vez desde San Román tras medio siglo sin poder hacerlo, la realización de aquella majestuosa prenda para el Señor fue todo un logro. Se ha contado incluso, no sabemos con cuanto fundamento, que las autoridades eclesiásticas no eran muy favorables a que la hermandad volviera a salir en ese 1892, tras la experiencia del año anterior, considerando que por su pobreza desentonaba con el resto de las cofradías de la jornada, pero con este estreno aquellos hermanos les convencieron de que tanto esfuerzo merecía tener su recompensa (2). Puede que aquel viejo paso, hecho para otro tiempo en el que los gustos eran distintos, no fuera gran cosa, pero la prensa de la época recogía como aquellos hermanos presumían de la túnica de su Cristo, calificándola como la mejor (3).

No quisiéramos terminar esta entrada del blog sin expresar un deseo, un ruego, que creemos extendido entre un numeroso grupo de hermanos. Pensamos que no hay mejor ocasión para que el Señor de la Salud luzca de nuevo esa prenda en la calle, en su salida procesional, que en la próxima madrugada del Viernes Santo, en homenaje y reconocimiento a nuestro querido Pepe Manzano, al que el Rey de Reyes, vestido con toda su majestad, vino a recoger recientemente para llevárselo a su gloria.




1.- Archivo Municipal de Sevilla. Colección Alfabética. Semana Santa. Expediente 2.Caja 631. Año 1892. 
2.- Así lo cuenta el periodista sevillano Francisco Coves Araisa en su artículo "Las Cofradías de Sevilla", aparecido en la revista madrileña Estampa en su edición de 5 de marzo de 1929,  página 10.
3.. H.M.S. El Noticiero Sevillano. 6/4/1898,  pág. 2.

martes, 1 de enero de 2019

¿QUÉ FUE DE AQUEL RODAJE?

Nuestro Padre Jesús de la Salud en San Román. Año 1934.
Foto Juan José Serrano. Archivo de la Fototeca Municipal de Sevilla.


De entre todas las fotografías que Juan José Serrano tomó a la antigua efigie de Nuestro Padre Jesús de la Salud hay unas que desde la primera vez que las vi me han intrigado especialmente. Se trata de una secuencia de fotos tomada frente a la vieja ojiva de San Román, con el Señor entrando en el templo, y que pertenecen a un amplio reportaje realizado por el fotoperiodista desde la salida de la cofradía de la Catedral a la entrada en nuestra antigua sede. Estas fotos se han fechado alguna vez erroneamente en 1928 (1), pero no nos cabe duda de que pertenecen a la lluviosa madrugá de 1934, y no es sólo por el hecho de que los nazarenos vistan ya nuestras actuales túnicas, estrenadas en 1929, de que aparezcan efectivos de la republicana Guardia de Asalto, o de que las paredes del templo estén llenas de carteles y pintadas que son muestras de la convulsa política de aquellos años. Un detalle más lo certifica: En la fachada de la antigua iglesia mudéjar, a la altura de donde mucho tiempo después estuvo el retablo cerámico del Señor de la Salud, figura inapropiadamente una cartelera del antiguo Coliseo España en la que se publicita la película "Honduras de Infierno", rimbombante nombre con el que se tradujo la producción americana de 1933 "Hell Below", que se exhibía en aquella lujosa sala cinematográfica sevillana en las fechas que nos ocupan (2).


Nuestro Padre Jesús de la Salud en San Román. Año 1934.
Foto Juan José Serrano. Archivo de la Fototeca Municipal de Sevilla.

Aquella semana santa de 1934 procesionaron únicamente trece cofradías, después de que en el 32 sólo saliera la Estrella y que en el 33 todas resolvieran quedarse en sus templos. En la madrugá sólo las tres de capa se decidieron a hacer estación. La inoportuna lluvia hizo que la Macarena se quedara en la Catedral a la espera de una mejoría en la tarde (3), pero nuestra hermandad le echó valor y regresó a su parroquia entre una multitud de sevillanos ávidos de cofradías. Juan José Serrano, que esperaba en la plaza de la Virgen de los Reyes, optó por venirse tras los Gitanos y dedicar a este completo reportaje sus contadas placas, pero mi interés y mi intriga por estas fotos suyas está en otro detalle que aparece en las últimas de la entrada al templo. A un lado de la plaza, a pesar de los esfuerzos que parece haber tomado Serrano para que no le estropearan su encuadre, aparece claramente el trípode de un "cameraman", como entonces se decía, subido a un pequeño vehículo, y delante de éste, encaramado como bien puede entre la multitud, otra persona que parece manejar un equipo de grabación de sonido ¡Aquella entrada de la cofradía se rodó! Deben de existir en algún archivo del mundo unos metros de cinta cinematográfica que reflejen lo que era una entrada de la Hermandad de Los Gitanos antes de la guerra. La cuestión es ¿dónde?


Nuestro Padre Jesús de la Salud en San Román. Año 1934.
Foto Juan José Serrano. Archivo de la Fototeca Municipal de Sevilla.

Se conoce que en aquella Semana Santa de 1934 andaban por Sevilla dos hombres de cine italianos: el cámara Arnaldo Ricotti y su ayudante de producción Arrigo Cinotti. De hecho se conserva una pequeña película de ellos para el Giornale Luce (L'Unione Cinematografica Educativa), noticiario cinematográfico equivalente italiano a nuestro antiguo No-Do, que titularon "Siviglia (Spagna) La solenne processione della Domenica delle Palme segna l'inizio della caratteristiche ceremonie Pasquali" (4). Además de la catedralicia Procesión de Palmas se recogen en ella momentos de la salida procesional de la Cena, San Benito y la Estrella aquel Domingo de Ramos de 1934 (ver aquí). ¿Pero dónde andará lo que seguramente estos mismos italianos rodaron días después en San Román? ¿Quién sabe? Lo mismo algún día el Instituto Luce nos sorprende sacando a la luz ya restaurados esos metros de celuloide que desde luego que para nuestra historia serían todo un testimonio.

1. GUEVARA PÉREZ, Enrique. "1928: De cuando la Hermandad de los Gitanos salió de día", en Boletín de la Cofradías de Sevilla, nº 656. Sevilla, octubre de 2013. Págs. 766-770.
2. Diario ABC de Sevilla, edición de 24 de marzo de 1934, pág. 20.
3. Diario ABC de Sevilla, edición de 31 de marzo de 1934, pág. 9.
4. ROLDÁN SALGUEIRO, Manuel Jesús. "Las imágenes inéditas de tres cofradías en el Domingo de Ramos de 1934". Pasión en Sevilla, 8 de febrero de 2016.

sábado, 1 de diciembre de 2018

HACE CIEN AÑOS

En la mayoría de las ocasiones el fechar una fotografía antigua con exactitud es algo complicado, pero muchas veces nos dan la clave detalles que nada que tienen que ver con las cofradías. Es lo que ocurre con  las dos fotos que traemos hoy al blog, con las que nos trasladamos a la mañana del Viernes Santo 29 de marzo de 1918, hace cien años, y en las que se nos presenta la entrada en una abarrotada Plaza de San Román de la antigua imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud, con aquella portentosa túnica bordada y sobre el paso estrenado en 1900.

En la fachada de la parroquia de San Román, bajo la torre, en la parte izquierda de la foto y cerca ya de la estrechez de la calle Enladrillada, podemos ver un cartel que anuncia "Exposición retrospectiva de arte concepcionista". Este evento se celebró en el Palacio Arzobispal de Sevilla entre septiembre de 1917 y mayo de 1918, con motivo del tercer centenario del voto concepcionista (1).

En la primer de las fotos, de Juan José Serrano, delante del paso del Señor vemos nazarenos con los antifaces negros levantados, todos ellos mirando, como parte del público, a lo alto. ¿Sería a causa de las muchas saetas que se cantaban en esa mañana?. Bajo la ojiva de la iglesia se atisba que el hábito está compuesto de túnica de cola blanca y esparto. Pero si miramos a la derecha y cerca de la pared, contemplamos un nazareno con el rostro cubierto, pero con un antifaz con cierto brillo como si de terciopelo se tratase. ¿Habría dos hábitos, o se trata más bien de un nazareno de otra de las cofradías de la jornada?.

Nuestro Padre Jesús de la Salud en San Román. Año 1918.
Foto Juan José Serrano. Archivo de la Fototeca Municipal de Sevilla.


Juan José Serrano Gómez realizó su primer trabajo en Sevilla en junio de 1917 para la revista La Exposición. Con esto se puede decir, que la foto que traemos hoy podría ser la primera que el fotoperiodista realizara a nuestra hermandad. En cualquier caso, le sirvió para publicarla en el diario madrileño La Nación el 1 de Abril de 1918. Debieron de hablarle muy bien sobre el ambiente que se concentraba en San Román tanto en la salida como en la entrada de la cofradía. Además, al fotógrafo debió gustarle, pues abundan fotos de la entrada de varios años posteriores. 

La segunda instantánea pertenece a Cecilio Sánchez del Pando. No sería la única ocasión en la que coincidieron ambos ilustres fotógrafos en la entrada de la cofradía en San Román. Ya dedicamos en este blog una entrada al respecto (véase Dos fotógrafos en una mañana de Viernes Santo). En la foto de Sánchez del Pando, que optó por situarse casi a pié de calle, en  Peñuelas, aparece el mismo cartel bajo la torre, y las convocatorias de cultos que están fijadas en la portada del templo son las mismas. De nuevo observamos el tipismo de aquella Sevilla previa a la Exposición Iberoaméricana, la profusión de sombreros de ala ancha, el ambiente popular de la ciudad rural, de pueblo grande. El detalle del chiquillo encaramado a una ventana para ver siquiera de lejos al Señor enternece especialmente.

Nuestro Padre Jesús de la Salud a escasos momentos de entrar. Año 1918.
Foto de Cecilio Sánchez del Pando. Archivo de Sáinz de Vicuña.


Con ambas fotos nos podemos llegar a imaginar un poquito como eran aquellas espléndidas mañanas de Viernes Santo, llenas de espontaneidad, devoción y arte, no obstante quizás conviniera ilustrarlas con algunos párrafos de un artículo sobre la hermandad que el escritor camero José Muñoz San-Román publicó en un semanario nacional  en 1923 (2), pero referidos a algunos años atrás:


"[...]De esta iglesia sale procesionalmente con sus imágenes en la madrugada del Viernes Santo. El espectáculo de esta salida es maravilloso. En la reducida plazoleta, que está rodeada de callecillas estrechas y casitas bajas, se ve agolpando público desde algunas horas antes de la procesión.

Entre la gente principal, títulos de Castilla, potentados venidos de todas partes del mundo y curiosos de todos los barrios, se apiña la gente gitana: los hombres que no salen de penitentes encapuchados, las mujeres con sus churumbeles a la cintura y la chavalería de a pie. Entre las claridades de la luna llena y la titilante luz de las estrellas, los ojos negros y profundos de los gitanos parecen luceros entre sombras de abismos.

Durante la espera todos son piropos y alabanzas y donaires en gracia a su Señor de la Salud, el Padre de los gitanos; como ellos, de cara broncínea, aunque llena de luminosidades. Y ya apareció Jesús, el gentío parece un mar que se desborda, y son locuras las demostraciones de júbilo que se le tributan, y como todo un concierto de cantares, las saetas que de todos los labios vuelan como golondrinas para revolotear alrededor del paso del maravilloso Nazareno.

Bien adelantada la mañana del viernes regresa a la parroquia, haciendo su entrada entre un ensordecedor clamoreo de plegarias, de gritos, de saetas. El oro de la túnica del Nazareno reluce como llamas. Los tambores redoblan sin cesar, y las agudas músicas de los clarines rasgan, más que cruzan, los aires.Cuando ya recogida la procesión se encaminan los gitanos nazarenos a sus pobres hogares, acompañados de sus familias, hay que verlos ir maltrechos, cansados, con el puro en la boca y las copillas de aguardiente encendiéndoles, más que el sol, los ojos profundos.

La Cofradía de los gitanos constituye uno de los espectáculos más típicos y singulares de cuantos pueden admirarse."
                                                                                                                                   



(1). Arte y cultura en la prensa: la pintura sevillana (1900-1936). De Inmaculada Concepción Rodríguez Aguilar. En la página 318, se dice que en ella se exhibieron representaciones concepcionistas de Martínez Montañés, Alonso Cano, Duque Cornejo, Murillo, Roelas, Zurbarán o Pedro Campaña entre otros.
(2). Revista Blanco y Negro. ABC. 25/3/1923. Páginas 35 y 36. J.San Román.

jueves, 1 de noviembre de 2018

MI EJEMPLAR HERMANO MAYOR

En este siempre triste mes de noviembre, el de nuestra novena a los fieles difuntos, y a sólo unas semanas del fallecimiento de D. Manuel Moreno Serrano (q.e.p.d.), estas páginas dedicadas a la historia de nuestra cofradía no podían dejar de hacerle un humilde homenaje. Manolo Moreno, como lo conocía toda Sevilla, que se nos ha ido con noventa y ocho años y mucha hermandad vivida, fue una persona trascendental en el devenir de nuestra corporación, de manera que ésta no se podría entender hoy en día, tal como es, sin tener en cuenta todo lo que él le aportó. Y no nos referimos sólo al aspecto patrimonial, con ser importantísimo todo cuanto se realizó bajo sus mandatos (1). Aquel hermano mayor de mi infancia -mi primer hermano mayor- era un hombre de singular personalidad, y supo encauzar el barco que timoneaba con mano firme, imprimiéndole incluso rasgos de su propio carácter. Hombre tenaz, valiente y luchador, aparentemente serio pero siempre cordial y cariñoso con todos, profundamente religioso pero sin beaterías, con don de gentes y grandísimo carisma, abrió nuevos horizontes a la hermandad que luego sus sucesores inevitablemente continuarían. 

Genio y figura hasta la sepultura, tengo en la memoria mientras escribo estas líneas una escena de la que fui testigo el pasado Viernes Santo, allá por Ponce de León. Marchaba Manolo en la mañana, con todos sus años a cuestas, andando al ladito del Señor. Su yerno Ángel de Paz trataba de llevárselo a las sillas de la entrada del santuario, para que descansara, y cuando pasaban a mi lado acerté a escuchar que Manolo le discutía quedamente:

- ¡No, no! ¡Con la Virgen! Vamos para atrás a estar un ratito más con la Virgen.- A ver quien era capaz de llevarle la contraria tratándose de su hermandad, de su misma vida.

Nos hemos pensado mucho que documento debía acompañar a esta entrada dedicada a Manolo Moreno, porque había mucho donde elegir. Tirando de hemeroteca, podíamos haber puesto aquí la semblanza de su persona que publicó en la edición sevillana de ABC su redactor y hermano de honor de la cofradía D. Benigno González García, precisamente el mismo día en que se le entregaba a Manolo Moreno la primera medalla de oro de la corporación, aquel Viernes Santo de 1970, el año de la Legión, pero ya veis que sólo le hemos tomado prestado en parte el título (2). Otro artículo que barajamos fue el publicado en el diario "Pueblo" por el recordado periodista y hermano Manuel Lorente Garfia (3). Cualquiera hubiera hecho más justicia a los méritos de D. Manuel que las pobres palabras que nosotros pudiéramos pergeñar en este blog, y sin embargo, nos vamos a conformar con publicar tres sencillos recibos con su firma que tengo en casa. A muchos no les dirán nada, pero son todo un ejemplo de los desvelos que este hombre se tomó por su hermandad. Aquella hermandad familiar en la que las cosas se hacían con tesón y constancia.

Recibo de la colecta realizada en una reunión de hermanos en "El Tremendo". Domingo de Resurrección de 1963.


Recibo de la colecta realizada en el bautizo del niño José Manuel Tejera Mallén. 8 de octubre de 1966.

Recibo de la colecta realizada en el Bar Alfonso. 24 de octubre de 1966

Con el bordado del manto azul pavo y la confección de la corona de oro de la Santísima Virgen, una de las obras más significativas de su época fueron las potencias del mismo metal que Seco Velasco labró para el Señor de la Salud, estrenadas en 1967. Para su realización se nombró una comisión integrada por el propio Manuel Moreno Serrano, José María de la Concha Meneses y José María Loreto Lázaro, se les entregó un talonario de recibos númerados, se les autorizó a abrir una cuenta aparte, y cualquier reunión de hermanos, cualquier acontecimiento en aquella gran familia, era la excusa para que se acordaran de que el Señor y la Virgen tenían que tener lo mejor, se hiciera una colecta al efecto, y allí que estaba Manolo y alguno de los "Josemarías" extendiendo el recibo correspondiente. Eso sí, tachando del impreso las palabras secretario y mayordomo, porque en su humildad, a pesar de ser el hermano mayor, ellos eran ahí sólo unos comisionados (4). Seguro que algún veterano hermano conserva algún recibo más de aquel talonario para las potencias, que se distinguen precisamente por este detalle de las tachaduras de los cargos,

Manuel Moreno y su señora, Antonia Medrano, ofreciéndole al Señor de la Salud un nazarenito al que apadrinaron el Sábado de Pasión de 1967. Ese año el Señor estuvo de Besamanos en el altar mayor de San Román desde el Viernes de Dolores, que se bendijeron las nuevas potencias de oro, hasta el Domingo de Ramos. 

En fin. Se nos ha marchado para siempre Manolo Moreno y con él se nos va casi todo lo que nos quedaba de aquella esforzada generación de hermanos, y ahora sí, para terminar, voy a hacer mías las palabras con las que Benigno González finalizaba aquella semblanza que mencionábamos antes, sólo que pensando en la entrada en el cielo de Manuel:

"... delante, dentro de la glosa grave de una túnica y capa emblemática, con prócer movimiento de gesto, o empaque de príncipe tarteso o vitola faraónica, vara en mano y recompensa sobre el corazón, irá a cumplir la estación de penitencia el mejor gitano del mundo, mi ejemplar hermano mayor".


1.- Manuel Moreno Serrano fue nombrado miembro de la comisión para la elaboración de unas nuevas reglas, en representación de los hermanos, en reunión de la gestora celebrada el 4 de julio de 1956. En el acta del cabildo general para la aprobación de dichas reglas, el 10 de febrero de 1957, ya aparece como gestor, sin especificarse cargo en el gobierno de la hermandad, y cinco días más tarde, en cabildo de oficiales, a propuesta del gestor mayordomo José Lérida Vargas, se le nombra por unanimidad gestor en funciones de hermano mayor, aunque el señor cura párroco, D. Jerónimo Feria Ramos, al que, como tal, le correspondía la presidencia de la comisión, la asume a partir de marzo de ese año. Después, en marzo de 1958, ya nombrado gestor por decreto de la autoridad eclesiástica, y con el sacerdote D. Ramón Ferreira Beltrán como presidente, pasa a ejercer el cargo de segundo mayordomo. Aprobadas finalmente las nuevas reglas por el palacio arzobispal, se producen las primeras elecciones democráticas en mucho tiempo el 15 de junio de ese año. Manuel Moreno se gana el voto de la mayoría de los hermanos que asisten, sacando a la hermandad de la gestora y encarrilando una sucesión de mandatos durante casi dos décadas hasta que, por una nueva normativa diocesana que pretendía acabar con una excesiva duración de los cargos en las cofradías, dimite en septiembre de 1976 y ya no vuelve a presentarse. 
2.- GONZÁLEZ GARCIA, Benigno. "Cuatro letras a mi ejemplar hermano mayor". Diario ABC de Sevilla, edición de 27 de marzo de 1970. Pág. 30. 
3.- LORENTE GARFIA, Manuel. "Manolo Moreno, un cofrade digno de un gran homenaje". Diario Pueblo. Sevilla, edición de 27 de abril de 1970. Pág. 47. 
4.- Acta nº 52 de cabildo de oficiales celebrado el 18 de junio de 1959.







lunes, 1 de octubre de 2018

UNA SALIDA AL ALBA

Hace unos cuantos meses atrás en una de las entradas del post mencionamos la particularidad de la Semana Santa de 1928. En el espléndido Boletín de las Cofradías de Sevilla del mes de octubre de 2013 número 656, dedicado en gran medida a la Hermandad de los Gitanos, escribieron sobre ésta salida, pero las fotos que acompañaban aquel reportaje no se correspondían con la mañana del Viernes Santo de 1928, sino de 1934. Aunque de esto último ya daremos una explicación en otro momento, vayamos con lo que nos atiende esta entrada.

Como ya leímos anteriormente en aquella entrada de este mismo blog, "Una reunión en la calle Castilla", la Junta de Gobierno estaba compuesta por los gitanos de Triana. El tratante de ganado Ramón Bermúdez era hermano mayor; Francisco Moreno Rufino, mayordomo, Juan Vega, veterano secretario. Se llevaron a cabo algunos estrenos, lo que la economía de la época permitía. Restauraron los candelabros del paso del Señor y estrenaron los guardabrisas. Y en el palio se reformaron los varales y la candelería. ´

La tarde del Jueves Santo y la madrugada del Viernes Santo estuvieron marcadas por la lluvia. Tanto es así, que durante la noche ninguna de las seis cofradías de la jornada pudieron salir. La hora prevista de salida de nuestra hermandad era a las 2:30, en Campana a las 4:30, Catedral a las 5:50 y entrada a las 10:00. Pero al amanecer en cuanto amainaron, las lluvias, salieron las cofradías de los Gitanos y la Macarena. Fue la nuestra la primera en hacerlo, poniendo la cruz de guía en la calle a las seis de la mañana. La Macarena lo hizo a las ocho, y la Esperanza de Triana pidió permiso para salir a las tres de la tarde, delante de la Carretería. Aquel día fue la última vez que los hermanos vistieron las túnicas de cola blanca y esparto, con antifaz negro en el Señor y morado en la Virgen. 

En la prensa se menciona un número importante de extranjeros entre el público. Como 'Miss Lith' y otros americanos, acompañados por un periodista del El Correo de Andalucía, que les quería mostrar lo que era aquella famosa noche en Sevilla. Y es que a pesar de la lluvia que caía durante la madrugada, por lo que se da a entender era más bien poca, aquellos turistas no querían irse a casa sin ver las cofradías. Así al alba, a pesar del cansancio: "Pero ... entusiasmo nacido, no sabemos en qué fondo freudiace de la subconsciencia, nos mueve a gritar: ¡Viva la Macarena! ¡Viva los Gitanos!"(1).

Lamentablemente la Hermandad no pudo realizar estación de penitencia a la Catedral y tuvo que rodearla porque a esas horas habían comenzado los Oficios del día. Más suerte tuvo la Macarena al salir más tarde (2).

Antiguo Señor de la Salud por la Plaza San Francisco.
Foto de Juan José Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla.

La foto que ponemos es una de las tres que realizó Juan José Serrano prácticamente en el mismo sitio aquella mañana. Nuestro Padre Jesús de la Salud va sobre el paso adquirido a la hermandad del Valle en agosto de 1898 (3), aunque algo reformado. De hecho en la petición de subvención al Ayuntamiento del año 1900, se nombraba el estreno del paso (4). Documento del que ya hablaremos más adelante.
Se aprecia la escasez de flores sobre un monte de corcho a simulación de piedra. En las esquinas del paso junto a los candelabros, se ven unas piñas piramidales de flores, que tantas veces se ven en las fotos de la antigua Imagen en años anteriores.

Podemos ver el brillo de los cuatro candelabros de guardabrisa de esquina en comparación con los que flanquean al Señor. Esos candelabros centrales, fueron sustituidos por otros que observamos en fotos de 1930, que iban más en consonancia con los de las esquinas. Si miramos el del lado izquierdo de la parte trasera, se aprecia que falta un guardabrisa, no parece que tuvieran un buen estreno.

El Señor lleva la magnífica túnica bordada estrenada en 1892, atribuida a Rodríguez Ojeda por similitudes del dibujo con la de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia de 1889 documentada de su factura. Fue esta la última constancia gráfica de que la llevara en la calle. Uno de las detalles de la foto a tener en cuenta, son las potencias que lleva el Señor. Hoy día esas potencias se encuentran en San Lorenzo, pertenecen a la hermandad de la Bofetá y suelen ser la que sacan en la estación de penitencia. Puede que sea un préstamo fruto de las relaciones que se entablaron entre ambas cofradías en el tiempo que coincidieron en San Román. La corona de espinas parece ser que es la que le labró Joaquín Bilbao en 1925. Si bien da la sensación de que ha sido rebajada, pareciendo menos gruesa.


Antigua Virgen de las Angustias por los palcos de la Plaza San Francisco.
Foto de Juan José Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla.

La Santísima Virgen va sobre el palio negro que perteneció a la hermandad de Monte-sión. Los hermanos entrevistados en la cuaresma comentan que los respiraderos, varales y candelería han sido reformados y plateados. Además estiman que el palio tendría unos nueve años. Este dato coincide bastante con lo que menciona Carrero Rodríguez del estreno en 1919 (5). Aquel palio había sufrido varias modificaciones y probablemente esa fecha fuese una de ellas, los hermanos más antiguos siempre hablaron de un palio burdeos. ¿Estaríamos hablando de un conjunto burdeos?. En la foto aún lleva la saya en 1893 sobre el terciopelo burdeos original y atribuida en alguna ocasión a Juan Manuel Rodríguez Ojeda. En las fotos de 1934 se ve que ha cambiado el soporte a tisú blanco. El manto al igual que el palio, fue estrenado prácticamente al mismo tiempo. Podríamos suponer que también provendría del taller de Rodríguez Ojeda. El antiguo palio metálico de Ysaura se sigue utilizando en esas fechas a modo de respiraderos. Las corbatas que hacen esquina son las mismas que lo adornaban en Monte-Sión en las fotos decimonónicas que conocemos. En la bambalina frontal se encuentra el escudo de la hermandad. Ocupando uno de sus óvalos, bajo capelo arzobispal, el corazón agustino, en recuerdo a los lazos de unión con los recoletos del Convento del Pópulo, que entre 1754 y 1837 acogieron a nuestra corporación, y que hoy sigue estando presente en el escudo actual. En el otro óvalo, el escudo de Castilla, y rematando ambos, quizás demasiado elevada, la Corona Real.


Como vemos, lo extemporáneo de la salida hizo que Serrano no tuviera muchos inconvenientes para desplazarse por unos palcos desiertos en el lado de la autoridades locales. Si la foto del Señor la había tomado frente al edificio de la Audiencia, a la altura de la esquina de la calle Francisco de Bruna, para tomar la del palio se adelantó, dejando atrás al fondo la calle Chicarreros. Algún paraguas abierto nos recuerda la inoportuna lluvia que obligó a la cofradía aquel año a salir al alba.



(1). H.M.S. El Correo de Andalucía. 7/4/1928. Página 1.
(2). Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional. El Imparcial. 7/4/1928. Página 8.
(3). Boletín de la Hermandad del Valle. Número 59 .Febrero 2014. Páginas 20 a 23. Evolución de los dos pasos de misterio desde 1804 hasta 1923. De Félix M. Hernández-C. Martín.
(4). A.H.M.S. Colección Alfabética. Semana Santa. Caja 633. Año 1900.
(5). Anales de las Cofradías Sevillanas. Juan Carrero Rodríguez. Edición de 1991. Página 434. 

sábado, 1 de septiembre de 2018

"MADRUGADA DE VIERNES SANTO DE 194..."

Allá por los años sesenta del pasado siglo, la edición sevillana del diario ABC publicaba en cuaresma una sección dedicada a temas cofrades, con el título "Oro y esparto", en la que se incluyeron artículos que son auténticas joyas históricas y literarias. La que hoy traemos aquí, publicada el día de San José de 1968, dedicada a nuestra hermandad, no lo es menos y se debió a la pluma de D. José Antonio Calderón Quijano, catedrático de Historia de América, Director de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos y en aquella época, aunque por su natural modestia firmara este artículo sólo con sus nombre y apellidos, Excelentísimo Rector Magnífico de la Universidad de Sevilla (1). Hace en ella Calderón Quijano un retrato de como había vivido dos décadas antes la experiencia única de salir de nazareno de nuestra cofradía, en su época más difícil, en aquellos años de la posguerra. Aunque el estudioso incluye en su descripción algunas escenas costumbristas, de las que no gustaban ni gustan mucho recordar en el seno de nuestra corporación, lo hace con un tacto exquisito, transportándonos a otro tiempo que hay que entender más que juzgar, y terminaba valorando todo lo que la hermandad había luchado para llegar a ser -ya en la época en que escribe esta semblanza- una de las mejores cofradías de Sevilla.




Isidro, Juan y yo salimos ese año en los Gitanos. El motivo no viene al caso, pero si quizás algo de lo que vimos en aquella cofradía. Cofradía de barrio tan propia en todos sus detalles, no salía entonces de San Román, sino de Santa Catalina. Tampoco llevaba sus imágenes de siempre. El fuego las había destruido con su templo, y sólo había dejado intacta la fe y el entusiasmo en sus hermanos y devotos. La cofradía salía en precario. Todo nuevo, pobre y apenas terminado. Sacar los pasos a la calle era el resultado de un gigantesco esfuerzo de la Junta de restauración. La casa del hermano mayor le había servido de sede. Una gran habitación baja se utilizaba por las noches como sala de juntas, pero durante el día servía también de taller de costura, depósito de cera, oficina de contratación, y otros infinitos menesteres que sólo los verdaderos cofrades conocen. Son aquéllos el nervio de una cofradía, y sin ellos no se pueden poner los pasos a la calle.

Llegó el Viernes de Dolores y sólo faltaba una semana para salir. A primera vista, todo estaba dispuesto y preparado. Faltaban, sin embargo, los infinitos detalles, cuya insignificancia estaba en razón directa de sus imprescindibilidad. Todavía recuerdo que esa tarde hubo quien dijo que no se había caído en la cuenta de las sotanas y capillas de los acólitos que llevaban los ciriales. No había que pensar en el terciopelo, ni en los bordados. Una pieza de tela blanca, escasa y a precio subido, resolvió lo primero. Los escudos bordados fueron sustituidos por unos impresos, a modo de sellos en tela. La sencillez absolutamente blanca, hacía más digna aquella inmaculada pobreza.

Llegó el momento de la salida, esperada con más expectación que nunca. El templo, abarrotado de devotos y nazarenos, a quienes acompañaban sus familiares -madre, hermanas, novias, hijos, hermanillos-, presentaba un aspecto único. 

Las cofradías de barrio son infinitamente más originales y características que las otras. Y entre ellas las de la madrugada. Hay hermanos -y esto ocurre desde mucho antes que la Semana Santa fuera anunciada y pregonada por la radio y la televisión- que se visten poco después del mediodía del Jueves Santo. La ropa, preparada cuidadosamente por madres o esposas, presenta ese día un aspecto de suma pulcritud. No vamos a insistir sobre el acontecimiento que para la familia, los chiquillos y las vecinas significa el vestirse de nazareno. A continuación viene la protocolaria visita a los compadres, que aguardan impacientes la ocasión para convidar al cofrade con aguardiente y torrijas. Y así, con ansia y emocionada expectación, se aguarda cada año la hora de dirigirse a la iglesia. Ya en esta viene la organización de la cofradía. Pero en los Gitanos, la organización fue sencilla, natural y sin resabios oficinescos. Nada de listas ni localizaciones prefijadas. La primera medida fue sacar a la calle la Cruz y los faroles. Luego se colocó un largo banco, perpendicular a la puerta, y el mayordomo dio la orden de salida. Los nazarenos dejaban el banco en medio, y de esta manera sencilla se formaba la doble fila (2).

En la calle, la cofradía tampoco era una más. A la derecha del atrio un grupo compacto, formado por todos los calés, presenciaba con silencioso respeto la salida de sus pasos. Aislados del resto de la gente, con personalísima dignidad, los descendientes de los faraones presentaban con extraordinario realismo sus genuinas características raciales. Rostros angulosos y aceitunados, cabellos negrísimos y brillantes, pañuelos anudados al cuello evocaban la fina y apropiada dicción lorqueña.

Lo primero de todo fue dirigirse a la plaza de San Román, donde tendría lugar un desagravio frente a la iglesia que, convertida en hoguera, lejos de acabar su devoción, había reavivado su fe. Allí, entre saetas, vibraba la población congregada y constituía un espontáneo y rotundo mentís al amañado plebiscito que veinte siglos antes condenara al Justo. Si en algo tiene cualidades únicas la Semana Santa sevillana es a su general manifestación de anhelo por la justicia. En la protesta, anualmente renovada, ante la mayor monstruosidad judicial que ha existido. Y el pueblo la siente, y la renueva con el mismo vigor del primer día, mostrando así una de las más excepcionales cualidades de su propia idiosincracia.

Desde San Román, y por el itinerario habitual bajamos por Bustos Tavera, la calle Feria, la Europa y Trajano hasta el Duque, donde comienza la carrera oficial (3).

Pasados ya tantos años conserva mi memoria vivas escenas en que se mezclan la devoción, la ilusión del nazareno y muchos otros detalles que son el exponente de toda una manera de ser.

Recuerdo un gitanillo, estampa viva de un apunte de Martínez de León, que fumaba un gran veguero, con alarde y ufanía, procurando eludir, no siempre con éxito, la presencia y la reconvención del celoso diputado de tramo.

Mantenía levantado su antifaz -pesa lo suyo el terciopelo durante cerca de once horas-, so pretexto de ver la hora en un gran reloj pendiente de una gruesa cadena de oro, que su padre le debió dar para que lo llevara durante la estación.

Al llegar al Duque los familiares y los amigos de los nazarenos abandonan la cofradía durante la carrera oficial, y no vuelven a acompañarla hasta después de pasar frente al balcón principal del Palacio Arzobispal y entrar en Matacanónigos.

Allí de nuevo, y progresivamente durante el regreso, se van incorporando y acompañan a las imágenes hasta la llegada al templo, pasando por la plaza de San Pedro y la calle Almirante Apodaca entre los efluvios de la radiante mañana, el humo de los puestos de calentito, los globos, las mesitas de dulces y sultanas y la feliz alegría del barrio que vive anualmente en esa su mejor mañana.

Distante aquella fecha. Cada año, en la madrugada única, y al pasar la cofradía por las Dueñas, me emociona el pensar lo que han conseguido la creciente fe, el espíritu y la perseverancia de una de nuestra mejores hermandades.

José Antonio CALDERON QUIJANO

María Stma. de las Angustias regresando a su barrio por el lado derecho de la plaza de Argüelles, hoy Cristo de Burgos.
  (Fototeca municipal, archivo Serrano)



1.- José Antonio Calderón Quijano (Puebla de los Ángeles, México, 1916 - Sevilla, 1995), dejando a un lado sus méritos profesionales, fue un hombre muy religioso y enamorado de la Semana Santa sevillana. Aparte de efímero nazareno de nuestra cofradía perteneció a las hermandades de Pasión y los Estudiantes.
2.- Ignoramos si aquella improvisada organización de la salida de la cofradía fue algo circunstancial. Lo cierto es que el más antiguo cuadrante que se conserva en el archivo de nuestra secretaría es de 1950.
3.- En aquellos años era frecuente que el recorrido de ida se hiciera por la Alameda, pasando por la plaza de la Europa, donde residía y tenía su imprenta D. Francisco Vera Mármol, gran benefactor y hermano mayor honorario de la corporación.