sábado, 1 de diciembre de 2018

HACE CIEN AÑOS

En la mayoría de las ocasiones el fechar una fotografía antigua con exactitud es algo complicado, pero muchas veces nos dan la clave detalles que nada que tienen que ver con las cofradías. Es lo que ocurre con  las dos fotos que traemos hoy al blog, con las que nos trasladamos a la mañana del Viernes Santo 29 de marzo de 1918, hace cien años, y en las que se nos presenta la entrada en una abarrotada Plaza de San Román de la antigua imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud, con aquella portentosa túnica bordada y sobre el paso estrenado en 1900.

En la fachada de la parroquia de San Román, bajo la torre, en la parte izquierda de la foto y cerca ya de la estrechez de la calle Enladrillada, podemos ver un cartel que anuncia "Exposición retrospectiva de arte concepcionista". Este evento se celebró en el Palacio Arzobispal de Sevilla entre septiembre de 1917 y mayo de 1918, con motivo del tercer centenario del voto concepcionista (1).

En la primer de las fotos, de Juan José Serrano, delante del paso del Señor vemos nazarenos con los antifaces negros levantados, todos ellos mirando, como parte del público, a lo alto. ¿Sería a causa de las muchas saetas que se cantaban en esa mañana?. Bajo la ojiva de la iglesia se atisba que el hábito está compuesto de túnica de cola blanca y esparto. Pero si miramos a la derecha y cerca de la pared, contemplamos un nazareno con el rostro cubierto, pero con un antifaz con cierto brillo como si de terciopelo se tratase. ¿Habría dos hábitos, o se trata más bien de un nazareno de otra de las cofradías de la jornada?.

Nuestro Padre Jesús de la Salud en San Román. Año 1918.
Foto Juan José Serrano. Archivo de la Fototeca Municipal de Sevilla.


Juan José Serrano Gómez realizó su primer trabajo en Sevilla en junio de 1917 para la revista La Exposición. Con esto se puede decir, que la foto que traemos hoy podría ser la primera que el fotoperiodista realizara a nuestra hermandad. En cualquier caso, le sirvió para publicarla en el diario madrileño La Nación el 1 de Abril de 1918. Debieron de hablarle muy bien sobre el ambiente que se concentraba en San Román tanto en la salida como en la entrada de la cofradía. Además, al fotógrafo debió gustarle, pues abundan fotos de la entrada de varios años posteriores. 

La segunda instantánea pertenece a Cecilio Sánchez del Pando. No sería la única ocasión en la que coincidieron ambos ilustres fotógrafos en la entrada de la cofradía en San Román. Ya dedicamos en este blog una entrada al respecto (véase Dos fotógrafos en una mañana de Viernes Santo). En la foto de Sánchez del Pando, que optó por situarse casi a pié de calle, en  Peñuelas, aparece el mismo cartel bajo la torre, y las convocatorias de cultos que están fijadas en la portada del templo son las mismas. De nuevo observamos el tipismo de aquella Sevilla previa a la Exposición Iberoaméricana, la profusión de sombreros de ala ancha, el ambiente popular de la ciudad rural, de pueblo grande. El detalle del chiquillo encaramado a una ventana para ver siquiera de lejos al Señor enternece especialmente.

Nuestro Padre Jesús de la Salud a escasos momentos de entrar. Año 1918.
Foto de Cecilio Sánchez del Pando. Archivo de Sáinz de Vicuña.


Con ambas fotos nos podemos llegar a imaginar un poquito como eran aquellas espléndidas mañanas de Viernes Santo, llenas de espontaneidad, devoción y arte, no obstante quizás conviniera ilustrarlas con algunos párrafos de un artículo sobre la hermandad que el escritor camero José Muñoz San-Román publicó en un semanario nacional  en 1923 (2), pero referidos a algunos años atrás:


"[...]De esta iglesia sale procesionalmente con sus imágenes en la madrugada del Viernes Santo. El espectáculo de esta salida es maravilloso. En la reducida plazoleta, que está rodeada de callecillas estrechas y casitas bajas, se ve agolpando público desde algunas horas antes de la procesión.

Entre la gente principal, títulos de Castilla, potentados venidos de todas partes del mundo y curiosos de todos los barrios, se apiña la gente gitana: los hombres que no salen de penitentes encapuchados, las mujeres con sus churumbeles a la cintura y la chavalería de a pie. Entre las claridades de la luna llena y la titilante luz de las estrellas, los ojos negros y profundos de los gitanos parecen luceros entre sombras de abismos.

Durante la espera todos son piropos y alabanzas y donaires en gracia a su Señor de la Salud, el Padre de los gitanos; como ellos, de cara broncínea, aunque llena de luminosidades. Y ya apareció Jesús, el gentío parece un mar que se desborda, y son locuras las demostraciones de júbilo que se le tributan, y como todo un concierto de cantares, las saetas que de todos los labios vuelan como golondrinas para revolotear alrededor del paso del maravilloso Nazareno.

Bien adelantada la mañana del viernes regresa a la parroquia, haciendo su entrada entre un ensordecedor clamoreo de plegarias, de gritos, de saetas. El oro de la túnica del Nazareno reluce como llamas. Los tambores redoblan sin cesar, y las agudas músicas de los clarines rasgan, más que cruzan, los aires.Cuando ya recogida la procesión se encaminan los gitanos nazarenos a sus pobres hogares, acompañados de sus familias, hay que verlos ir maltrechos, cansados, con el puro en la boca y las copillas de aguardiente encendiéndoles, más que el sol, los ojos profundos.

La Cofradía de los gitanos constituye uno de los espectáculos más típicos y singulares de cuantos pueden admirarse."
                                                                                                                                   



(1). Arte y cultura en la prensa: la pintura sevillana (1900-1936). De Inmaculada Concepción Rodríguez Aguilar. En la página 318, se dice que en ella se exhibieron representaciones concepcionistas de Martínez Montañés, Alonso Cano, Duque Cornejo, Murillo, Roelas, Zurbarán o Pedro Campaña entre otros.
(2). Revista Blanco y Negro. ABC. 25/3/1923. Páginas 35 y 36. J.San Román.

1 comentario:

  1. Lástima que solo podamos disfrutar el primer día de mes de este estupendo blog y su contenido que no deja de sorprender. ¡Enhorabuena!

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