domingo, 1 de agosto de 2021

LA FOTOGRAFÍA ANTIGUA COMO GUÍA HISTÓRICA

Posiblemente sea la fotografía más conocida de la primitiva Virgen de las Angustias. Y a pesar de ello, se siguen comentando alrededor de ellas datos erróneos, fechas equívocas y pasando por alto algún detalle curioso. En este caso la vemos sin el fondo a eliminar de una de las capillas laterales de San Román.

La primera noticia que tenemos en nuestra hermandad acerca de este palio, es en el escrito del secretario Juan Vega al alcalde de Sevilla el 13 de febrero de 18911. Como ya sabemos, ese año se produjo la primera salida en Semana Santa desde San Román y por primera vez en la madrugada del Viernes Santo. A día de hoy no conocemos a ciencia cierta por qué la hermandad tardó tanto en salir desde su llegada en 18802.

Volviendo a lo que nos atañe a la fotografía. En esos primeros años de la década de los noventa del siglo XIX, la hermandad realizaba importantes estrenos; en 1892 para el Señor la portentosa túnica bordada sobre terciopelo morado3 de estilo romántico, en 1893 la saya bordada4 de la Virgen atribuida a Rodríguez Ojeda, en 1894 se le acometen reformas al paso del Señor con el tallado y dorado de la peana5, en 1896 la Virgen estrenaba una nueva saya bordada6. A pesar de estos estrenos, la hermandad seguía dependiendo de préstamos y cesiones. Varios pasos del Señor, el mismo de Isaura de la Virgen… estos hechos, con los hermanos haciendo esfuerzos, llegaban a costar en ocasiones que algún año no pudiese salir la cofradía, como en 18977. No todos los elementos con los que se procesionaba, pertenecían a la hermandad. Por ejemplo, el taller de Juan Manuel Rodríguez Ojeda aceptaba en ocasiones antiguos mantos, palios, etc. como parte del pago a la hora de entregarles uno nuevo a las hermandades. Y con ellos, utilizarlos a modo de cesiones y préstamos.

Pero no solamente pasos, también enseres.  Si nos fijamos en el San Juan, lleva una especie de doble mantolín. El de textura punteado no es precisamente un mantolín, sino la "Clámide de los Bodoques" de finales del XIX atribuida a Teresa del Castillo y que pertenece a la hermandad de el Valle. El diseño de esta clámide era de Antonio del Canto Torralba, contiene lentejuelas, tallos y medias ondas.


María Santísima de las Angustias acompaña de San Juan a finales del siglo XIX.
Foto Almela. Archivo Víctor Ramallo.

El Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas con la clámide de los bodoques. Foto web Hermandad del Valle.


La clámide de los "bodoques" en la exposición 'In Nomine Dei' de este año.


¿Cómo llegó esta clámide a parar al San Juan de nuestra hermandad? ¿Fue una cesión por parte de la Hermandad del Valle? ¿Por parte del Taller de Teresa del Castillo? Los documentos fotográficos siguen siendo una pieza imprescindible para conocer la historia de nuestra hermandad.


1. LOBO ALMAZÁN, JOSÉ MARÍA. Anuario Hermandad Sacramental de los Gitanos. (2011). Documento. Página 61.

2. Archivo General Arzobispado de Sevilla. Sección III (Justicia), serie Hermandades, legajo 11: Sevilla. 1880-1891. Traslación de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud de la Parroquia de San Nicolás a la de San Román de la misma.

3. Archivo Municipal de Sevilla. Colección Alfabética. Semana Santa. Expediente 2.Caja 631. Año 1892

4. Hemeroteca Municipal de Sevilla. La Andalucía. 11 de febrero de 1893. Página 3.

5. H.M.S. El Noticiero Sevillano. 22 de marzo de 1894. Página 2

6. H.M.S. El Noticiero Sevillano, ”Noticias Locales” 3 de abril de 1896. Página 1.

7.  A.M.S. Colección Alfabética. Semana Santa. Caja 632. Año 1897.  La hermandad no sale ante la precaria situación y las necesarias reformas que deben acomenter.





jueves, 1 de julio de 2021

EN EL UNO DE SAN ROMÁN

En su novela "Morir en Sevilla" (1), premiada por el Ateneo de la ciudad en 1986, el recordado periodista Nicolás Salas recreaba el convulso ambiente político y social sevillano en los primeros días del verano de 1936. En un capítulo de dicha obra, el autor imagina que el protagonista de la misma, el pintor sueco Torsten Jovinge, fallecido en extrañas circunstancias en los días del alzamiento militar, hace parada en la antigua y desaparecida taberna "El Uno de San Román", lo que sirve a don Nicolás para hacernos un pintoresco esbozo de la hermandad de la época. Todos los hermanos que nombra, como el resto de los personajes de la novela, son reales. A algunos ya los hemos citado más de una vez en estas páginas, y también algunas de las anécdotas que se cuentan han aparecido en nuestro blog reflejadas en los recortes de prensa originales que hemos comentado. Después de todo, la labor literaria del antiguo director del ABC sevillano estaba respaldada por un concienzudo trabajo de investigación en archivos y hemerotecas. Pero no adelantemos más y dejemos que sea la exquisita pluma de don Nicolás Salas la que nos traslade al caluroso mes de julio de aquel aciago año.

***

    -Aquella taberna de allí -dijo el doctor Ariza señalando para una de las cinco esquinas de la plaza- es la de Cuatro Ojos y tiene muy buen estilo. Pero esta noche vamos a ir a El Uno de San Román, esa que hace esquina con las calles del Sol y Matahacas para saludar a mis buenos amigos de la hermandad de los Gitanos, que hacen aquí su tertulia de los sábados.

    Nada más entrar en la taberna, les salió al paso un hombre de mediana edad, en mangas de camisa, que saludó al doctor Ariza con un «don Antonio, buenas noches», en un tono que expresaba cariño, admiración y respeto. El doctor Ariza le tendió la mano y luego se lo presentó a Jovinge:

    -Este señor es Francisco Gómez Rivero, el dueño de esta casa.

    Preguntó el doctor Ariza por sus amigos los gitanos y el dueño de la taberna le señaló la puerta de un reservado lateral, diciéndole:

    -Ahí los tiene usted como siempre discutiendo de cofradías, toros y cante.


La puerta cegada del antiguo reservado lateral de El Uno de San Román, que ocupaba lo que hoy es La Casa del Nazareno

    Una discreta llamada con los nudillos en la puerta del reservado y el doctor Ariza y Jovinge franquearon la entrada entre amables y jubilosas exclamaciones de los allí reunidos, que era un grupo de por lo menos veinte personas, todas ellas sentadas en sillas de tijeras y pequeñas banquetas alrededor de cuatro veladores unidos para formar una sola mesa, encima de la cual campeaba una gran cañera medio llena de cañas de fino. El cuarto, aunque era espacioso, ofrecía un ambiente de aire enrarecido por el humo de los cigarrillos. Una sola ventana daba a la calle, pero estaba cerrada, y la luz era tenue, pues sólo había una lámpara grande colgada del techo con dos bombillas.

    El doctor Ariza saludó muy efusivamente a Juan Antonio Lérida Bermúdez, que parecía el patriarca del grupo, todos ellos hermanos de la cofradía de los Gitanos. Y luego le presentó a Jovinge, lo que hizo en voz alta, para que lo escucharan todos los reunidos. Después de explicarles que era un pintor sueco enamorado de Sevilla y que llevaba poco más de un mes pintando el parque de María Luisa, los jardines del paseo de Catalina de Rivera y la catedral, además de viajar a los pueblos de la provincia, terminó con estas palabras amables:

    -Si queréis saber algo del parque de María Luisa preguntárselo a él, que sabe más que nosotros de aquello. Hasta conoce el nombre de los árboles.

    Jovinge era el centro de las miradas. Él y Ariza se sentaron junto a Juan Antonio Lérida Bermúdez, quien fue presentando a los reunidos:

    -Aquí están hoy con nosotros los hermanos Moreno Vega, gitanos de Triana; Antonio, Nicolás y José, muy unidos a la hermandad. Y los hijos de Antonio, Nicolás y Antonio Moreno Serrano. Estos de la derecha son Juan José y Santos Bermúdez Vargas, Juan Vargas Camacho, Manolo Camacho y Francisco Antúnez Garrido, que tiene un chiquillo que le da la mar de bien a la pelota; aquellos de enfrente son mis hijos, Francisco Javier y José Lérida y Vargas, y junto a ellos, a la izquierda, están Diego Vargas García, Javier Vargas Jiménez, Diego Serrano Vargas, Pepe Boccio y Antonio Heredia Lérida, Pichili. Fíjese usted bien en su cara -dijo a Jovinge- y dígame si no lo conoce.

    Jovinge hizo con la cabeza un ademán negativo.

    -¡Pues es nada menos que el rey san Fernando! -dijo exultante Juan Antonio Lérida. Y continuó-: Nuestro Pichili sirvió de modelo para la escultura de san Fernando que hizo don Joaquín Bilbao y que está en la plaza Nueva. Él trabaja de oficial en mi taller de forja.

    Luego siguió presentando al resto de los reunidos, diciendo:

   -Y estos de la izquierda son Joaquín Serrano, Manuel Lérida García, Sacramento Niño López, nuestro gran patriarca en la hermandad; su hijo Pedro y Miguel Niño Rodríguez, el Bengala, que canta como los ángeles.

    El doctor Ariza terció en la conversación para explicarle a Jovinge una curiosa anécdota de años atrás, cuando Joaquín Bilbao regaló una corona para el Cristo de la hermandad y la junta de gobierno le ofreció una copa de vino en la sacristía del templo. Entonces, en agradecimiento, José Antonio Lérida Bermúdez escribió la letra de una saeta, improvisada, entre copa y copa, que allí mismo le cantó al famoso escultor uno de los hermanos de la cofradía, precisamente Miguel Niño Rodríguez, el Bengala (2).

    Jovinge se interesó por la cañera, un tipo de reposavasos que nunca había visto, hasta llegar a Sevilla. Antonio Ariza Camacho le explicó que eran usadas en casi toda la Baja Andalucía y que eran de metal dorado o blanco con capacidad para cuatro, seis, ocho, doce, veinticuatro, cincuenta y cien cañas. «Aunque hay algunas, muy pocas, de doscientas cincuenta y hasta quinientas. Pero estas últimas están de adorno en los bares. Ya la de cien cañas está reservada a los grandes acontecimientos. Por ejemplo, dos toreros gitanos, Cagancho y Curro Puya, la han pedido aquí en esta taberna en Viernes Santo por la mañana, al entrar la cofradía. La cañera tiene su ritual. Se puede pedir varias veces que llenen la cañera de una docena y no una vez la de cincuenta. Otras veces se dice que pongan media cañera nada más. Depende siempre del ambiente, del tipo de reunión. Ahora el grupo que está con nosotros ha pedido media cañera de cincuenta, pero cuando se vayan animando, acabarán pidiéndola completa de una vez. En cuanto a la manera de servir el vino, casi siempre fino o manzanilla, es la siguiente: se colocan en la cañera las cañas vacías y luego se pasa la cañera por la canilla abierta del barril llenando una a una las cañas. Es un arte llenar las cañas sin cerrar la canilla y no derramar el vino.»

    Juan Antonio Lérida Bermúdez quería que Jovinge visitara la iglesia de San Román para enseñarle las imágenes de la cofradía, que ellos mantenían todo el año en sus altares, pues no temían nada de la gente del barrio.

­    -Mire usted -explicó Lérida Bermúdez a Jovinge-, aquí nos conocemos todos. Tendría que venir gente de fuera para hacernos daño.

    El doctor Ariza indicó a Jovinge que desde la quema de la capillita de San José y otros templos las hermandades y cofradías habían tomado precauciones para evitar daños irreparables a sus veneradas imágenes. «Muchos hermanos hacían guardia durante la noche en los templos, y en algunos casos, como sucede con la Macarena, la mantienen escondida en un lugar secreto, de donde la sacaron para celebrar los actos litúrgicos de Cuaresma y Semana Santa. Todo ello lo hacen con un sigilo ejemplar, pues nadie sabe donde está guardada la imagen. el lugar exacto sólo lo conocen tres personas, que antes se dejan despellejar vivas que decirlo. Son José Ruiz Ternero, Domingo de la Torre Rodríguez y Antonio Román Vila.» 

    -¿Pero es posible -preguntó Jovinge- que intentaran destruir tan famosa imagen y tan querida aquí?

    -Y tan posible. Una noche estuvo a punto de ser destruida, cuando un grupo de desalmados iba por la calle San Luis arriba dando gritos revolucionarios y contra la iglesia.  Menos mal que el sacristán, que era el estanquero de frente a San Gil, se enteró a tiempo de los propósitos de los incendiarios y se fue corriendo a la capilla, envolvió a la Virgen de la Macarena en unos lienzos con la ayuda de Victoria Sánchez Contreras, que era la limpiadora, y se la llevaron al domicilio de esta mujer, en la calle de los Escoberos, en una casa de vecindad. Allí estuvo tres días la Macarena, sobre la cama de Victoria, mientras ella dormía en el suelo, a su lado, de guardia. Y no sólo fue esta vez cuando la Macarena se salvó de ser destruida. En otras ocasiones estuvo escondida en los domicilios del prioste, Manuel Gamero Díaz, y del consiliario, Francisco Pareja Muñoz.

    Jovinge se mostraba inquieto e impresionado por estos informes. Su sensibilidad de artista no admitía que hubiera personas, nacidas en Sevilla, capaces de destruir el patrimonio común de todos los sevillanos. Era una situación nueva para él, verdaderamente difícil de comprender.

    Mientras tanto, la reunión iba animándose cada vez más. Alguien había traído pescado frito, roscas y rábanos. Del bar sirvieron unas fuentecillas de aceitunas gordales aliñadas. El doctor Ariza Camacho pidió a Miguel Niño Rodríguez, el Bengala, que cantara en honor de Jovinge aquella saeta que dedicaran al escultor Joaquín Bilbao.


La antigua efigie del Señor de la Salud en la plaza de San Román en 1934. En la esquina de Matahacas, el rótulo de El Uno.


    Juan Antonio Lérida Bermúdez pidió silencio. El Bengala apuró su caña de fino, mientras algunos del grupo suplían la falta de música de trompetas y tambores haciendo una imitación vocal. Se hizo silencio y el Bengala comenzó a cantar:

Quién te ha regalao esa corona
que a ti te había dado una fortuna, 
Pare mío de la Salú.
Que te había dao una fortuna.
Te la ha hecho don Joaquín Bilbao,
el rey de la escultura.

    El estilo de cante saetero era una novedad para Jovinge y quedó impresionado. Le explicaron que faltaba el ambiente de Semana Santa, el paso del Cristo o de la Virgen entrando en el templo, la plaza llena de gente del barrio, circunstancias inimitables. También le explicaron que desde los balcones de El Uno de San Román, el Viernes Santo por la mañana, le cantaban al Señor los más afamados cantaores y buenos aficionados. Por esos balcones habían pasado Vallejo, la Moreno, Niño Machaco, Manuel Torres, el Niño de Jerez, Antonio Mairena y otros de cartel. Incluso Joaquín Rodríguez Ortega, Cagancho, había cantado saetas una vez. Este matador de toros era de la hermandad de los Gitanos, así como los cuatro hermanos Vega de los Reyes, Curro Puya, Antonio, José y Rafael, este también torero con el apodo de Gitanillo de Triana.

    Jovinge se enteró por Lérida Bermúdez del gesto de la hermandad de los Gitanos en 1932, cuando decidieron no salir procesionalmente a cumplir estación en la catedral. El gobernador civil los presionó enviándoles un donativo, conocedor de la tradicional penuria de esta cofradía, pero la junta de gobierno decidió convertir el dinero recibido en un ramo de flores para la mujer del gobernador. Y al mismo tiempo, los hermanos con traje de calle, descalzos todos, fueron desde San Román a la catedral a las tres de la madrugada, que era su hora de salida el Viernes Santo, para cumplir su turno de vela ante el monumento al Santísimo (3).

    Cercanas ya las doce de la noche, Antonio Ariza y Jovinge dieron por terminada su experiencia gitana. Al cruzar por delante del mostrador, el doctor Ariza fue saludado por Calderón y los dos hermanos Arcas, conocidos cenetistas. Jovinge paseó su mirada por los carteles de toros de la última Feria abrileña y le llamó la atención una página de ABC del día 16 de febrero de 1936, enmarcada, que estaba colgada de una columna, junto al mostrador. Era un anuncio de González Byass, con este inexplicable texto para un sueco: «Votad al tío más grande de España. Al Tío Pepe de González Byass. Jerez.»


1.- SALAS, Nicolás (1986). "Morir en Sevilla". Editorial Planeta. Barcelona.

2.- Sobre el posado de varios hermanos para la estatua de San Fernando y la donación a la hermandad de Joaquín Bilbao véase en el blog "La Corona de Joaquín Bilbao".

3.- Sobre el turno de vela de 1932 véase en el blog "La visita del gobernador republicano".

martes, 1 de junio de 2021

TREINTA GITANILLOS DE COMUNIÓN

A raíz de la feliz restauración de la saya de la Virgen que se realizó en los años cuarenta con el traje de luces del célebre Curro Puya, precisamente aquel con el que el genial torero recibió la cornada fatal que le costó la vida, hemos pensado traer a estas páginas una crónica del acto en el que se estrenó dicha prenda.

La Santísima Virgen la luciría en la calle por primera vez en la Semana Santa de 1945, pero el verdadero estreno fue en un acto mucho más íntimo, en la comunión de treinta pequeños hermanos. La edición sevillana del diario ABC anunciaba unos días antes la fiesta eucarística que se había de celebrar el 4 de junio de 1944.


ABC edición de Andalucía, 1 de junio de 1944. Pág. 18.


La fiesta eucarística de la Hermandad de los Gitanos

Patrocinada por el laureado general don Gonzalo Queipo de Llano y en la que han puesto todos sus amores los hermanos de esta fervorosa Hermandad, amigos y bienhechores tendrá lugar el día 4 del corriente, en la iglesia de Santa Catalina, Al religioso acto han prometido asistir nuestras primeras autoridades.
En tan memorable fecha lucirá la Santísima Virgen de las Angustias, cedida amorosamente por la señora madre del infortunado diestro, una saya bordada con el traje de luces que llevara Gitanillo de Triana la tarde fatal de su muerte.
La misa será a gran orquesta cantada por los coros de niños de los hermanos de la Doctrina Cristiana y el reverendo señor doctor don Andrés Avelino Esteban, pronunciará la exhortación eucarística, finalizando tan hermoso acontecimiento con una piadosa Salve.
Terminado tan solemne acto, los treinta gitanillos comulgantes, serán obsequiados con un espléndido desayuno por un hermano de la Hermandad.


La edición de "La Hoja del Lunes" del día siguiente al acto, recogía en portada una foto del general Queipo de Llano firmando en el convite posterior la estampa-recordatorio de uno de los niños comulgantes, y ya, a toro pasado, nos hace en las paginas interiores una crónica más detallada.


Portada de la Hoja del Lunes, 5 de junio de 1944. Hemeroteca Municipal de Sevilla.







EN EL TEMPLO DE SANTA CATALINA

Con asistencia del teniente general Queipo de Llano se celebró una solemne función eucarística organizada por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud.
Primera Comunión de numerosos niños hermanos de la Cofradía.

En la mañana de ayer tuvo lugar en la iglesia de Santa Catalina una gran función eucarística con asistencia del hermano de honor el glorioso teniente general laureado excelentísimo señor don Gonzalo Queipo de Llano y Sierra.
En el altar mayor fué colocada en su trono la hermosísima imagen de María Santísima de las Angustias, rodeada de gran profusión de luces y flores blancas. La imagen de la Santísima Virgen lucía unas sayas bordadas con el traje de luces que llevara Gitanillo de Triana la tarde fatal de su muerte, cedido amorosamente por la señora madre del infortunado diestro.
La misa cantada fué oficiada por el doctor don Andrés Avelino Esteban, asistido de los señores don Antonio Lazo y don Pedro Colón.
La orquesta interpretó la misa de Santa Teres
ita, cantada admirablemente por el coro de niños de los Hermanos de la Doctrina Cristiana.
Durante la misa recibieron por primera vez el Pan de los Ángeles treinta niños, hijos de los hermanos más pobres de la Hermandad, a los que se ha costeado sus galas de este día.
La presidencia de la Hermandad la ostentaba el teniente general Queipo de Llano, que tenía a su derecha al gobernador militar de la plaza, general Martín Prat y a su izquierda al coronel auditor señor Bohórquez.
También le acompañaban en la presidencia el gestor administrativo de la Hermandad reverendo padre don Aurelio Martín; hermano mayor, don José Vega Niño, y el secretario, don Diego Vara, e infinidad de hermanos de la citada Cofradía.
La iglesia se encontraba completamente llena de fieles, que escucharon la hermosa función religiosa.
Terminada la santa misa, los niños, acompañados de los hermanos principales de la Hermandad y del laureado general Queipo 
de Llano, fueron obsequiados con un espléndido desayuno.


Como vemos en la reseña periodística, ocupaba la presidencia de la gestora con la que se había castigado a la hermandad dos años antes el Rvdo. Padre D. Aurelio Martín Bogarín (1), mientras que hacía las funciones de hermano mayor José Vega Niño, del que ya hablamos en estas páginas comentando la historia del sello del general (véase "Maruja y el sello del General"). En el cargo de secretario estaba Diego Vargas García "Diego de Concepción", al que el periodista cambia el apellido por Vara. Bueno... Diego no era desde luego descendiente de Sebastián Miguel de Varas, pero sí que lo era de los del Campo, sobrino-nieto de José de Campo Tinoco, el hermano mayor que trajo a la hermandad de San Nicolás a San Román, y por tanto de aquel Gerónimo Del Campo que estuvo entre los fundadores..

Queipo de Llano, regresado del exilio,  y que apenas salía del cortijo de Gambogaz por el ostracismo al que le condenaron sus críticas al régimen franquista, aparece en la foto de Gelán vestido de paisano, y es curioso que se le califique de hermano de honor, cargo que nunca tuvo. El general fue hermano mayor honorario de  la Macarena. En el libro de hermanos más antiguo que conserva la hermandad, de 1949 (2), aparece su hija Maruja encabezando el listado de hermanos y hermanas honorarias, pero no figura él. Mi amiga Ana me aclara que por las fechas su madre, Maruja, estuvo gravemente enferma y seguramente no pudo asistir -como vemos no se le nombra en los recortes- y no sería de extrañar que convenciera al general para que asistiera.

Me pregunto quiénes serían aquellos treinta chiquillos gitanos que hicieron su primera comunión aquel día. Puede que alguno quede vivo. El periodista dice que eran hijos de los hermanos más pobres de la hermandad, así que, en plenos años del hambre, agradecerían que los vistieran de marineros, como se solía hacer en aquella época, y sobre todo aquel desayuno con que los convidaron. Hoy nuestra cofradía cuida también de sus más pequeños hermanos que van a hacer la primera comunión, y hay un grupo de catequesis dirigido especialmente a ellos, pero afortunadamente no hay la miseria de aquellos años, y quiera el Señor que no volvamos a vivirla.

Una anciana desolada por la muerte de su hijo torero que regala el traje de luces que vistió su última tarde en los ruedos. Unos niños hambrientos a los que convidan en su primera comunión, pero que seguramente volverían al día siguiente a la dureza de sus vidas. En fin, estas reseñas son todo un reflejo de una triste época por la que atravesó España, y por supuesto la hermandad, y hemos querido traerla a estas páginas como lo que son, un trocito de nuestra historia, nos guste más o nos guste menos, porque no debemos olvidar de donde venimos.


Así lucía nuestra Titular el pasado Jueves Santo reestrenando la saya de Gitanillo tras su restauración.


1.- El Decreto del Vicario General del Arzobispado de 16 de septiembre de 1942, conservado en nuestra secretaría, nombraba director de la Junta Gestora al cura párroco de San Román D. Abraham Pérez Herrero, que debió de delegar el cargo en el coadjutor de Santa Catalina D. Aurelio Martín Bogarín.

2. Libro-Registro de hermanos diligenciado en abril de 1949 por el secretario José Mª De la Concha Meneses, con el visto bueno del hermano mayor Francisco Antúnez Garrido. Archivo de la secretaría de la hermandad.



sábado, 1 de mayo de 2021

UN FOTÓGRAFO GIENNENSE EN LA ENTRADA DE LOS GITANOS DE 1927

La Semana Santa en Sevilla, principalmente desde la creación del Santo Entierro Grande propulsado por los Duques de Montpensier en 18501, ha sido un reclamo para el turismo nacional e internacional. Nuestra cofradía no iba a ser menos2 y de ello se hacía la prensa eco desde principios del siglo pasado de lo fantásticas que eran la entrada de los Gitanos en San Román3.

El año pasado me comentaron la existencia de unas fotografías estereoscópicas tomadas con una cámara de verascope, h.1910 de dos objetivos del conocido fotógrafo Antonio Linares Arcos4 realizadas en una visita a Sevilla durante algunos días de la Semana Santa de 1927, que se encontraban en el Instituto de Estudios Giennense de la Diputación de Jaén, por mediación de su heredero.

En las fotografías apreciamos una abarrotada plaza de San Román bañada por una esplendorosa luz de la mañana del Viernes Santo. El Señor, como habitualmente observamos en numerosas instantáneas de la época, luce la túnica bordada de 1892, con la corona de espinas labrada por Joaquín Bilbao en 19255 y con unas potencias que son de una gran similitud a las que conserva la hermandad de la Bofetá realizadas por Manuel Seco Imberg en 19266.

La antigua Virgen de las Angustias, sobre el palio estrenado en 19167, con una nutrida candelería, manto recogido y toca de sobremanto. Se adivina un cierto brillo y la presencia de joyas en el pecherín de la Virgen.


Instituto de Estudios Giennense. Diputación de Jaén. Archivo Familia Linares. Fotografía Antonio Linares Arcos. Signatura FOT-DIG-1366

Instituto de Estudios Giennense. Diputación de Jaén. Archivo Familia Linares. Fotografía Antonio Linares Arcos. Signatura FOT-DIG-1359

Instituto de Estudios Giennense. Diputación de Jaén. Archivo Familia Linares. Fotografía Antonio Linares Arcos. Signatura FOT-DIG-1281

Instituto de Estudios Giennense. Diputación de Jaén. Archivo Familia Linares. Fotografía Antonio Linares Arcos. Signatura FOT-DIG-1286


Respecto al hermano firmante como Secretario, José Antonio Moreno, no hemos podido precisar de quién se trata, más que aventurarnos a la posibilidad de que perteneciera a la familia de los “Nicolases” y que un año después también ocupaba el cargo de Secretario8. Como se lee en el escrito, la hermandad accedería a carrera oficial por Campana entrando por la Plaza del Duque y no por Cerrajería – Cuna9, ni por Santa María de Gracia10.

A.M.S. Colección Alfabética. Ferias y Festejos. Año 1927. Expediente 9. D/674

La cofradía pondría la cruz de guía a las 3:30 de la madrugada, debiendo llegar a la Campana a las 5:30, saliendo de la Catedral a las 7:10 y entrando a San Román a las diez de la mañana11. Para hacernos una idea del recorrido que realizó de ida, habría que remontarse a un escrito de 1924, ya que en años posteriores no se mencionan modificaciones al respeto: Peñuelas, Bustos Tavera, Gerona, Alcázares, Coliseo, Plaza de la Encarnación, Universidad, Orfila, Unión, Plaza del Duque12.

Aquella madrugada y mañana del Viernes Santo trascurrió con normalidad acompañando también por el buen tiempo y unas temperaturas magníficas dándose lugar a la cita numeroso público y extranjeros13.

El acompañamiento musical de Nuestro Padre Jesús de la Salud era la Banda de cornetas y tambores de Ingenieros14 y el de María Santísima de las Angustias la Banda Municipal de Valencina de la Concepción15. Esto es un dato bastante significativo, pues que sepamos este es el primer año en que tras ambos pasos hay bandas de música, síntoma de la buena salud económica que gozaba la hermandad en aquel momento16.

Desde estas líneas, agradecer el esfuerzo y la amabilidad por la cesión de las fotografías al heredero de la Familia Linares, Don Rufino Linares Gálvez.

 


1. MESTRE NAVAS, Pablo Alberto. Historia de la Real Hermandad del Santo Entierro de Sevilla: Del Colegio de San Laureano al de San Gregorio de los Ingleses. Sevilla, 2010, p. 342.

2. Hemeroteca Municipal de Sevilla. El Porvenir. “Cofradías”. 26 de marzo de 1891, p.2. En los días previos a las precesiones de Semana Santa, se destaca que “diariamente se ve visitando la parroquia de San Román por gran número de personas, especialmente extranjeros, …” con el fin de “admirar la hermosa efigie”.

3. SAN ROMÁN, J. Revista Blanco y Negro. ABC. 25 de marzo de 1923, pp. 23-25.

4. LARA LÓPEZ, Emilio Luis. Revista Contraluz nº 10 Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico (ACACYR). Jaén. “La familia Linares: una saga de fotógrafos de la provincia de Jaén”. 2015, pp. 63-68.

5. Para saber más sobre esta corona de espinas visitar LA CORONA DE ESPINAS DE JOAQUÍN BILBAO

6.Recordemos que la Hermandad de la Bofetá se funda en San Román en 1919 y permanece en dicha sede hasta 1924 cuando se trasladada a San Antonio de Padua donde en fotos de dicho acontecimiento Nuestro Padre Jesús ante Anás ya lucía las mencionadas potencias. No es de extrañar que entre ambas corporaciones surgiera un vínculo y se prestaran determinados enseres. Estas potencias las volvió a portar Nuestro Padre Jesús de la Salud en 1928 en la mañana del Viernes Santo.

7. VÁZQUEZ ALEJO, Juan Carlos. Hermandad Sacramental de los Gitanos. Cuaresma 2020. “Sobre la evolución histórica del Paso de Palio en los Gitanos (II)”. pp 152-155.

8. Archivo Municipal de Sevilla. Colección Alfabética. Ferias y Festejos. Año 1928. Expediente 3. D/676

9. GÓMEZ TRIGO, José Julio. El recorrido histórico de las cofradías de Sevilla. “Los Gitanos”, página 351

10. A.M.S. Colección Alfabética. Semana Santa. Expediente 2. Caja 631. Año 1892.

11. H.M.S. El Correo de Andalucía. “Las del Viernes Santo de Madrugada”. 14 de abril de 1927. Página 2.

12. A.M.S. Colección Alfabética. Ferias y Festejos. Año 1924. Expediente 1. D/667.

13. H.M.S. La Unión. “Con un esplendor inusitado desfilaron las Cofradías del Jueves y Viernes Santo”. 16 abril de 1924. Página 1.

14. CASTROVIEJO LÓPEZ, José Manuel. De Bandas y Repertorios. La música procesional en Sevilla desde el siglo XIX. Sevilla, 2016, pp 78-79

15. Ibídem.

16. A.M.S. Colección Alfabética. Ferias y Festejos. Año 1927. Expediente 9. D/674. Nuestra hermandad percibió ese año como subvención por parte del Ayuntamiento de Sevilla 1904’18 pesetas, un incremento significativo respecto al año anterior.

jueves, 1 de abril de 2021

LA SEMANA SANTA DE 1921

Otro año más que nos quedamos sin salir por esta maldita pandemia, y como hicimos en la pasada "madrugá" en este blog1, vamos a tratar de consolarnos rememorando lo que sucedía hace justamente un siglo.

Para ponernos en contexto, la hermandad por aquel entonces estaba gobernada por los gitanos de Triana. Así figura en los escritos dirigidos al Ayuntamiento de Sevilla en la fecha, donde se firman por parte de Nicolás Moreno como hermano mayor y Nicolás Moreno como mayordomo. Como en las firmas no figuran los segundos apellidos, no podemos saber si un cargo lo ocupaba el padre, Nicolás Moreno Camacho, y el otro su hijo, Nicolás Moreno Vega, aunque tampoco sería de extrañar que ambos los firmara la misma persona. En aquella época el cargo realmente más importante de las hermandades era el de mayordomo, que solía confundirse con la figura del hermano mayor.

Previamente en la Semana Santa, representantes de la hermandad de la Esperanza de Triana, el señor Galiano y el del Calvario, el señor Jerónimo Gil, del que ya hablaremos en otra ocasión, presentaron sus quejas a la presidencia solicitando que las hermandades de el Silencio y el Gran Poder, especialmente la primera, fueran puntuales a la hora de salir y transitar por las calles de la Campana y Sierpes2. Un problema el de los retrasos y contratiempos que fundamentalmente acababa pagando nuestra hermandad, al ser la última por pasar por carrera oficial en la madrugada del Viernes Santo. A pesar de estas advertencias, luego no se produjeron multas a corporaciones de la madrugada por retrasos. Cabe destacar que la nuestra era la menor de las subvenciones concedidas de la jornada, siendo de 975 pesetas por contra de las 1.000 para el resto3.

En la presidencia de los palcos de la plaza San Francisco, como representación de la ciudad al paso de las cofradías estaría el teniente alcalde don José Casado Muñoz y además, los señores concejales José Ojeda Rodríguez, Fernando Soto, Maximino Hortal y José Villullas. 

El horario de salida de San Román era a las 2:00 de la madrugada y en carrera oficial el siguiente: 4:15, entrada en Campana; 5:00, en plaza de la Constitución (San Francisco); 5:30, en la puerta de San Miguel; y 5:50, salida de la Catedral4. Contrasta de sobremanera en comparación con el pernicioso horario que disponemos para transitar hoy día.

En los escritos al Ayuntamiento de Sevilla se informaba que la hermandad iría por el recorrido acostumbrado, que no era otro que el siguiente: San Román, Peñuelas, Bustos Tavera, Santa Catalina, Almirante Apodaca, San Pedro, Imagen, Encarnación, Laraña, Orfila, Unión, Santa María de Gracia, Campana, Sierpes, Cánovas del Castillo a Catedral, Cardenal Lluch, Placentines Francos, Villegas, Salvador, Federico de Castro, Laraña, Encarnación, Imagen, San Pedro, Almirante Apodaca, Santa Catalina y Sol.

En el otro escrito, como costumbre, se pedía el acompañamiento de los pasos por la Guardia Civil.

De la mañana del Viernes Santo de 1921 son las tres fotografías de Serrano que ilustran hoy nuestro blog. Dos de ellas, la primera y la última, las sacamos en una visita a la Fototeca Municipal de Sevilla, mientras que la segunda es una conocida postal que se editó y circuló en las fechas, y de la que conseguí adquirir un ejemplar a un coleccionista. Hay varios detalles a comentar.

Nuestro Padre Jesús de la Salud en la mañana del Viernes Santo de 1921. Fototeca Municipal de Sevilla. Archivo Serrano.

El primero de ellos, si nos fijamos en la puerta cerrada de la parroquia de San Román, es que están apoyadas sobre ellas las tres únicas insignias que acompañaban al cortejo del Señor: la Cruz de guía, de aspecto claro o dorado diferente a la que vemos en años posteriores, el Senatus y la bandera del Señor.

Una apreciación va por el exorno floral, especialmente el de los candelabros de guardabrisas de las cuatro esquinas del paso, con flores y guirlandas que entrelazan desde la base hasta los brazos del mismo, para terminar con una piña cónica en el centro del candelabro. El monte del paso, luce un corcho a modo de camino del Calvario con algunas flores de estilo silvestre de manera punteada y salteada.


Nuestro Padre Jesús de la Salud a las puertas de San Román en 1921. Tarjeta postal Serrano. Archivo Juan Carlos Vázquez Alejo


En la segunda instantánea, la de la postal, con el paso vuelto ya hacia las casas fronteras a la ojiva de San Román, las puertas del templo siguen cerradas y un grupo de nazarenos se aglomera entre ellas y la trasera del paso, y podemos ver como visten el antiguo hábito nazareno que retratara Hohenleiter:  antifaz negro, túnica de sotana blanca y cinturón de esparto 5. No era un hábito que fuese uniforme, otros hermanos vestían de antifaz morado. Era más usual ver a éstos últimos en los tramos del Señor, siendo los de antifaz negro dejados para la Virgen. La realidad es que en numerosas fotos vemos el cortejo mezclado. Aquí podemos ver a un nazareno con antifaz morado en la esquina delantera del paso, y a otros dos, más alejados, justo debajo de la convocatoria de cultos que aparece fijada en la portada, que por cierto me ayudó a fechar las fotos. 


Nuestro Padre Jesús de la Salud en la mañana del Viernes Santo de 1921. Fototeca Municipal de Sevilla. Archivo Serrano.


En la tercera foto, el paso del Señor está mirando para las calles Sol y Matahacas, y las puertas ya están abiertas. En el interior de la parroquia se adivina el canasto de un paso. Este no es otro que el del antiguo misterio de la Bofetá, fundada en 1919 con la ayuda del párroco y que saliese desde esta sede hasta 1924. El paso en cuestión es el que adquirió a la hermandad de la Cena en 19216. Existen fotos de la salida de la Virgen del Dulce Nombre desde San Román en 1921, y en ellas podemos apreciar la misma convocatoria de cultos de la que antes hablamos fijada en la portada.

Cronológicamente, esta con el Señor mirando para El Uno de San Román, sería la última de las fotos. No habría que descartar que se encontrara en esta posición el paso en deferencia a Francisco Gómez Rivero, propietario de la taberna, que como muchos industriales del barrio ayudaba económicamente a la salida procesional, pero podríamos esbozar otra teoría. Es más que probable que estuviera vuelto hacia allí esperando la llegada del paso de la Virgen por calle Sol. Ahí se realizaba la ceremonia de la "humillación" o las "humillaciones", el encuentro entre el Señor y la Virgen, que escenificaba el que la tradición cuenta que ocurrió en la calle de la Amargura. Esta costumbre, que dejó de realizarse en Sevilla por considerarse folklórica y porque ocasionaba retrasos, aparece recogida hasta en antiguas reglas de la "madre y maestra", la hermandad del Silencio, pero nuestra hermandad fue una de las últimas en dejar de practicarla, ya que continuaba realizándola ocasionalmente hasta la década de los cincuenta del pasado siglo. Hoy esta bonita tradición sólo se conserva en algunos pueblos.

En fin, estampas de la Semana Santa de hace un siglo que no volverán a repetirse exactamente igual. Este año, esta noche, ni siquiera podremos verlos a Él y a Ella por las calles de Sevilla, pero tendremos otra vez luminosas mañanas de Viernes Santo como aquella que hoy hemos querido rememorar. Ya queda menos.

2. Archivo Municipal de Sevilla. Colección Alfabética. Ferias y Festejos. Año 1921. Expediente 4. D/662
3. Ibídem.
4. Ibídem.
6. CARRERO RODRÍGUEZ, Juan. Anales de las Cofradías Sevillanas. Sevilla. Edición 1991. pág. 195.

lunes, 1 de marzo de 2021

UN FRAILE CAPUCHINO Y SU DIVINA PASTORA

En el frontal de los respiraderos del paso de la Virgen de las Angustias encontramos una imagen de la Santísima Trinidad coronando a la Divina Pastora. A nadie extraña que esta advocación, tan genuinamente sevillana, aparezca en un lugar tan destacado de la orfebrería de nuestro palio, pero quizás no todo el mundo conozca los motivos.

En la década de los cincuenta del pasado siglo tuvo su importancia en el devenir de nuestra hermandad un fraile capuchino que era todo un personaje en la ciudad. Nos referimos a Fray Juan Bautista de Ardales, nacido Manuel Zurita Carvajal en dicha localidad malagueña en 1884, y fallecido en Sevilla en 1960.

Fray Juan Bautista de Ardales retratado por Enrique Orce en 1941.
Al fondo su gran devoción, la Divina Pastora.


Fray Juan de Ardales comienza su colaboración con la hermandad en 1954, cuando la corporación, con su infatigable gestor mayordomo José Lerida y Vargas al frente, se haya inmersa en la tarea de realizar un retablo que cobije a nuestros titulares en su capilla de San Román. Se encomendó al religioso capuchino la dirección artística de estos trabajos, y es a través suya como el diseño de la obra se acaba encargando a un joven imaginero ayamontino que por esas fechas trata de abrirse camino como discípulo del ya consagrado Sebastián Santos Rojas. Nos referimos a José Vázquez Sánchez, cuyos méritos el de Ardales debía conocer ya bien, por sus constantes visitas al taller de Santos, de quien era director espiritual y con el que mantenía una gran amistad. Los precios de Santos Rojas eran desorbitados para la economía de la hermandad, y además, por las fechas se hallaba centrado en la hechura del Señor de la Cena. Quizás por esto nuestro fraile aconsejó optar por el discípulo.


Boceto del retablo para la capilla dibujado por José Vázquez Sánchez en 1954.

José Vázquez Sánchez proyecta un retablo de tres calles y un único cuerpo, en cuya predela, a los pies del Señor de la Salud figurará el sagrario. El coronamiento, con colgaduras en forma de guirnaldas, se remata con  el escudo de la corporación, con la custodia en el centro, aludiendo al carácter sacramental que de antiguo había ostentado la hermandad (1), y escoltando el escudo dos angelitos con atributos pasionistas. Uno con la caña de hisopo y la esponja del vinagre, y el otro con una escalera.

Claro que para que el retablo de tres calles estuviera completo era necesario realizar la imagen de un San Juan Evangelista que acompañara al Señor y a la Virgen, y que sustituyera al que la hermandad perdió en julio de 1936. Hasta entonces se había recurrido en el montaje de los quinarios al San Juan de la hermandad de la Exaltación. Con la intención de dotar de rasgos gitanos al discípulo amado, Vázquez toma como modelo a un sobrino del propio Joselito Lérida que por esas fechas tenía diecisiete años, la edad que tradicionalmente se le ha supuesto al evangelista durante la pasión (2). La imagen se bendijo por el mismo Fray Juan de Ardales el 23 de Enero de 1955, apadrinando el acto la hermandad de la Cena. En cuanto al retablo, de cuya talla se encargaría José Oliva Castilla, tardaría algo más en llegar, bendiciéndose el Domingo de Pasión 27 de marzo del mismo año (3).


Recorte de "La Hoja del Lunes", edición del 24 de enero de 1955, página 10.


La hermandad seguiría contando con el asesoramiento del religioso para futuros proyectos, y así le dieron también la dirección artística de los nuevos respiraderos para el paso de la Virgen, cuyo frontal se estrenaría en 1957. Curiosamente, el diseño de esta nueva obra se encargó también a otro discípulo aventajado de Sebastián Santos, ya independizado por estas fechas: Francisco Buiza Fernández. Además del diseño, Buiza modeló las figuras que aparecerían en las distintas capillas de los respiraderos. Los trabajos de orfebrería y fundición corrieron a cargo de José Jiménez Jiménez y Julio Martínez Ruiz.


Fray Juan de Ardales y Sebastián Santos Rojas en el taller del escultor, junto a una Divina Pastora realizada para Antequera.


Tenía Fray Juan de Ardales un piadoso fervor por la Divina Pastora de las Almas, advocación que surge de la aparición mariana que tuvo el también capuchino Fray Isidoro de Sevilla. Buena parte de su vida la dedicó a fomentar su devoción, fue el principal artífice de su coronación en 1922, e incluso adquirió a lo largo de los años una colección de objetos artísticos pastoreños que hoy se conservan y podemos contemplar en un pequeño museo que tienen los capuchinos en su convento de la ronda. Cuando el religioso asume pues la dirección de los trabajos en nuestros respiraderos, no pudo evitar sugerir a la hermandad que fuera la Divina Pastora, coronada por la Santísima Trinidad, la iconografía que apareciera en su frontal. A punto estuvo de no ser finalmente así, porque cuando ya José Lerida deja la gestión de la mayordomía, y se terminan los laterales de los respiraderos, hubo un intento de reformar el frontal a fin de colocarle la Virgen de los Reyes que se había hecho para uno de ellos, cosa que afortunadamente desaconsejo el orfebre (4). Toda la iconografía de aquellos antiguos respiraderos se respetó cuando se hicieron los actuales de plata en el 2009. El escultor y hermano de nuestra cofradía Fernando Aguado realizó las nuevas miniaturas y en la capilla del frontal colocó a la Divina Pastora coronada por la Trinidad, aunque con la cara de las Angustias, aludiendo así también a la coronación canónica de nuestra Titular.


Detalle del frontal de los respiraderos con la Divina Pastora realizada por Fernando Aguado.



Para concluir, lo que el pastoreño Fray Juan de Ardales no llegó nunca a prever, y seguramente le habría gustado, es que mucho años después de su muerte, cuando nuestra corporación inauguró su actual santuario, la hermandad de la Divina Pastora de Cantillana, de la que era capataz nuestro querido Alberto Gallardo, regalaría un cuadro de su titular realizado por el pintor y prioste de la misma José Antonio Rodríguez Hidalgo, que hoy podemos ver en una de las capillas laterales, tras la imagen de Sor Angela de la Cruz.


1.- La hermandad por entonces aún no había conseguido que se le reconociera el título de sacramental, aunque ya bullía esa idea que se ve realizada dos años más tarde.
2.- Que el modelo del evangelista fue un sobrino de José Lérida Vargas es algo que siempre se comentó en la hermandad y que el propio tío José me confirmó en las conversaciones que mantuve con él, pero nunca he averiguado cual de sus sobrinos fue. Recuerdo que el boceto en barro de la cabeza del evangelista, regalado al viejo mayordomo por el escultor, presidía la salita de su domicilio cuando yo lo visitaba. 
3.- "La Hoja del Lunes", edición de 28 de marzo de 1955.
4.- Acta nº 47 de cabildo de oficiales celebrado el 17 de noviembre de 1958.

lunes, 1 de febrero de 2021

EL BRIGADA RAFAEL ABRIENDO LA COFRADÍA



La Banda Montada del Tercero Ligero de Artillería.

En la historiografía cofradiera resalta la figura casi mítica del célebre brigada Rafael, aquel músico militar cuyo virtuosismo al clarín hizo las delicias de nuestros bisabuelos, y que se hizo leyenda en la Semana Santa de las primeras décadas del siglo XX. Hoy no puede haber ya nadie con la edad para poder decir que escuchó en vivo y en directo al maestro, pero yo sí conocí a alguien: al tío José Lérida y Vargas que en paz descanse, al que tanto deben estas páginas. Él me llegó a contar que el brigada y su banda montada salieron un año delante de la cruz de guía de la Hermandad de los Gitanos.

Confieso que yo entonces dudé. Joselito Lérida nació en 1914, y en aquella época sería un chiquillo de unos diez años, edad en la que a veces los recuerdos nos confunden ¿No sería que lo vio en alguna otra cofradía y su ya anciana memoria lo situaba en su propia y querida hermandad de toda la vida? Pero no. Una vez más, como con la túnica de Farfán, como con la corona de espinas de Joaquín Bilbao, como con todas esas historias antiguas que él me relataba cuando iba a visitarlo a su casa, la hemeroteca le dio la razón.

El diario sevillano La Unión hacía el Sábado Santo de 1924 la siguiente crónica de la estación de penitencia de nuestra hermandad en la madrugada:


La de los Gitanos

Hemos prescindido del orden con que las cofradías hacen su estación, porque tanto valdría como reseñar de memoria, copiando el horario, referido a tiempo pasado.

Detrás de los dos pasos del Calvario vienen los de la Cofradía de la Esperanza de Triana. No hacemos de ellos mención por ahora, hasta "su momento", que es frente a la cárcel del Pópulo, ya amanecido.

En la plaza del Duque esperan su turno el Nazareno y la Virgen de San Román, cofradía pobrecita pero muy simpática del clásico barrio "astronómico" donde están las calles de la Luna y del Sol. Traen la Banda de Trompetas de Artillería. Cada cual demuestra su lujo como puede, y Los Gitanos, a falta de buenos bordados, se hacen bordar su estación con las filigranas del brigada y del cabo trompeteros, quienes no necesitan de las trompetas de la fama para ser célebres, porque por mérito de las suyas propias ya lo son.


Diario La Unión, 19 de abril de 1924
.

No mencionaba el periodista los nombres y apellidos de tales brigada y cabo trompeteros, ni hacía falta, porque en aquellas fechas toda la ciudad sabía que el clarín y la trompeta que arrastraban a chiquillos y mayores a ver a la Banda Montada del Tercero Ligero de Artillería abrir los cortejos penitenciales los tocaban el brigada Rafael Macías y su mano derecha, el cabo Carmona.

Rafael Macías Borras (1887-1934) nació en el Barrio de San Bernardo y con tan sólo catorce años ingresó en el ejército. Ya en 1917 era una figura famosa en la semana santa sevillana, como lo prueba el hecho de que en esas fechas se le regalara un clarín de plata a través de una suscripción popular que encabezó el mismo Alfonso XIII, así que en ese año de 1924 en que La Unión lo sitúa con los Gitanos, el brigada y su banda montada estaban en todo su apogeo. Se lo rifaban las hermandades, de modo que imaginamos el esfuerzo que tuvo que realizar la junta de gobierno, encabezada entonces por el hermano mayor Antonio Moreno Vega, para que el popularísimo militar saliera con nuestra cofradía.

No fue desde luego el único año en que la hermandad abrió su cortejo con una banda montada a caballo. Sabemos que en 1928 se pretendía traer a la Banda de la Caballería (véase "Una reunión en la calle Castilla"), aunque finalmente no se consiguió, pero en 1929 sí que se pudo contratar a la Banda de Clarines de Intendencia, que también montaba a caballo.

En 1934 tenemos el testimonio gráfico de una fotografía de Juan José Serrano, que Juan Carlos Vázquez adquirió a un coleccionista, en la que aparece la Escuadra de Batidores y Clarines de Caballería delante de nuestra cruz de guía por la plaza de Argüelles. Precisamente en febrero de ese mismo año había fallecido nuestro legendario brigada, según cuentan, de una enfermedad en sus pulmones provocada por los muchos esfuerzos a los que los sometió en su vida. Así, con su muerte se inició el declive de aquella sevillana costumbre. La mecanización del ejército, que aceleró la guerra civil, fue acabando con los caballos en los cuarteles, y consiguientemente en las cofradías, pero siempre quedará en la memoria de la ciudad aquel Brigada Rafael que con su clarín marcó toda una época de nuestra Semana Santa.

La Escuadra de Batidores y Clarines de Caballería delante de la cruz de guía de Los Gitanos en 1934 por la plaza de Arguelles. Foto de Juan José Serrano del archivo de Juan Carlos Vázquez Alejo.



CASTROVIEJO LÓPEZ, JOSÉ MANUEL. "De bandas y repertorios. La música procesional en Sevilla desde el siglo XIX". Editorial Samarcanda. Sevilla, 2015.
GONZÁLEZ GARCÍA, BENIGNO. "El Maestro Rafael. Recuerdo de aquel trompeta solista que daba armonía a la Semana Santa sevillana". Diario ABC de Sevilla, edición del 12 de abril de 1968. Pp. 15 y 16.