sábado, 1 de diciembre de 2018

HACE CIEN AÑOS

En la mayoría de las ocasiones el fechar una fotografía antigua con exactitud es algo complicado, pero muchas veces nos dan la clave detalles que nada que tienen que ver con las cofradías. Es lo que ocurre con  las dos fotos que traemos hoy al blog, con las que nos trasladamos a la mañana del Viernes Santo 29 de marzo de 1918, hace cien años, y en las que se nos presenta la entrada en una abarrotada Plaza de San Román de la antigua imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud, con aquella portentosa túnica bordada y sobre el paso estrenado en 1900.

En la fachada de la parroquia de San Román, bajo la torre, en la parte izquierda de la foto y cerca ya de la estrechez de la calle Enladrillada, podemos ver un cartel que anuncia "Exposición retrospectiva de arte concepcionista". Este evento se celebró en el Palacio Arzobispal de Sevilla entre septiembre de 1917 y mayo de 1918, con motivo del tercer centenario del voto concepcionista (1).

En la primer de las fotos, de Juan José Serrano, delante del paso del Señor vemos nazarenos con los antifaces negros levantados, todos ellos mirando, como parte del público, a lo alto. ¿Sería a causa de las muchas saetas que se cantaban en esa mañana?. Bajo la ojiva de la iglesia se atisba que el hábito está compuesto de túnica de cola blanca y esparto. Pero si miramos a la derecha y cerca de la pared, contemplamos un nazareno con el rostro cubierto, pero con un antifaz con cierto brillo como si de terciopelo se tratase. ¿Habría dos hábitos, o se trata más bien de un nazareno de otra de las cofradías de la jornada?.

Nuestro Padre Jesús de la Salud en San Román. Año 1918.
Foto Juan José Serrano. Archivo de la Fototeca Municipal de Sevilla.


Juan José Serrano Gómez realizó su primer trabajo en Sevilla en junio de 1917 para la revista La Exposición. Con esto se puede decir, que la foto que traemos hoy podría ser la primera que el fotoperiodista realizara a nuestra hermandad. En cualquier caso, le sirvió para publicarla en el diario madrileño La Nación el 1 de Abril de 1918. Debieron de hablarle muy bien sobre el ambiente que se concentraba en San Román tanto en la salida como en la entrada de la cofradía. Además, al fotógrafo debió gustarle, pues abundan fotos de la entrada de varios años posteriores. 

La segunda instantánea pertenece a Cecilio Sánchez del Pando. No sería la única ocasión en la que coincidieron ambos ilustres fotógrafos en la entrada de la cofradía en San Román. Ya dedicamos en este blog una entrada al respecto (véase Dos fotógrafos en una mañana de Viernes Santo). En la foto de Sánchez del Pando, que optó por situarse casi a pié de calle, en  Peñuelas, aparece el mismo cartel bajo la torre, y las convocatorias de cultos que están fijadas en la portada del templo son las mismas. De nuevo observamos el tipismo de aquella Sevilla previa a la Exposición Iberoaméricana, la profusión de sombreros de ala ancha, el ambiente popular de la ciudad rural, de pueblo grande. El detalle del chiquillo encaramado a una ventana para ver siquiera de lejos al Señor enternece especialmente.

Nuestro Padre Jesús de la Salud a escasos momentos de entrar. Año 1918.
Foto de Cecilio Sánchez del Pando. Archivo de Sáinz de Vicuña.


Con ambas fotos nos podemos llegar a imaginar un poquito como eran aquellas espléndidas mañanas de Viernes Santo, llenas de espontaneidad, devoción y arte, no obstante quizás conviniera ilustrarlas con algunos párrafos de un artículo sobre la hermandad que el escritor camero José Muñoz San-Román publicó en un semanario nacional  en 1923 (2), pero referidos a algunos años atrás:


"[...]De esta iglesia sale procesionalmente con sus imágenes en la madrugada del Viernes Santo. El espectáculo de esta salida es maravilloso. En la reducida plazoleta, que está rodeada de callecillas estrechas y casitas bajas, se ve agolpando público desde algunas horas antes de la procesión.

Entre la gente principal, títulos de Castilla, potentados venidos de todas partes del mundo y curiosos de todos los barrios, se apiña la gente gitana: los hombres que no salen de penitentes encapuchados, las mujeres con sus churumbeles a la cintura y la chavalería de a pie. Entre las claridades de la luna llena y la titilante luz de las estrellas, los ojos negros y profundos de los gitanos parecen luceros entre sombras de abismos.

Durante la espera todos son piropos y alabanzas y donaires en gracia a su Señor de la Salud, el Padre de los gitanos; como ellos, de cara broncínea, aunque llena de luminosidades. Y ya apareció Jesús, el gentío parece un mar que se desborda, y son locuras las demostraciones de júbilo que se le tributan, y como todo un concierto de cantares, las saetas que de todos los labios vuelan como golondrinas para revolotear alrededor del paso del maravilloso Nazareno.

Bien adelantada la mañana del viernes regresa a la parroquia, haciendo su entrada entre un ensordecedor clamoreo de plegarias, de gritos, de saetas. El oro de la túnica del Nazareno reluce como llamas. Los tambores redoblan sin cesar, y las agudas músicas de los clarines rasgan, más que cruzan, los aires.Cuando ya recogida la procesión se encaminan los gitanos nazarenos a sus pobres hogares, acompañados de sus familias, hay que verlos ir maltrechos, cansados, con el puro en la boca y las copillas de aguardiente encendiéndoles, más que el sol, los ojos profundos.

La Cofradía de los gitanos constituye uno de los espectáculos más típicos y singulares de cuantos pueden admirarse."
                                                                                                                                   



(1). Arte y cultura en la prensa: la pintura sevillana (1900-1936). De Inmaculada Concepción Rodríguez Aguilar. En la página 318, se dice que en ella se exhibieron representaciones concepcionistas de Martínez Montañés, Alonso Cano, Duque Cornejo, Murillo, Roelas, Zurbarán o Pedro Campaña entre otros.
(2). Revista Blanco y Negro. ABC. 25/3/1923. Páginas 35 y 36. J.San Román.

jueves, 1 de noviembre de 2018

MI EJEMPLAR HERMANO MAYOR

En este siempre triste mes de noviembre, el de nuestra novena a los fieles difuntos, y a sólo unas semanas del fallecimiento de D. Manuel Moreno Serrano (q.e.p.d.), estas páginas dedicadas a la historia de nuestra cofradía no podían dejar de hacerle un humilde homenaje. Manolo Moreno, como lo conocía toda Sevilla, que se nos ha ido con noventa y ocho años y mucha hermandad vivida, fue una persona trascendental en el devenir de nuestra corporación, de manera que ésta no se podría entender hoy en día, tal como es, sin tener en cuenta todo lo que él le aportó. Y no nos referimos sólo al aspecto patrimonial, con ser importantísimo todo cuanto se realizó bajo sus mandatos (1). Aquel hermano mayor de mi infancia -mi primer hermano mayor- era un hombre de singular personalidad, y supo encauzar el barco que timoneaba con mano firme, imprimiéndole incluso rasgos de su propio carácter. Hombre tenaz, valiente y luchador, aparentemente serio pero siempre cordial y cariñoso con todos, profundamente religioso pero sin beaterías, con don de gentes y grandísimo carisma, abrió nuevos horizontes a la hermandad que luego sus sucesores inevitablemente continuarían. 

Genio y figura hasta la sepultura, tengo en la memoria mientras escribo estas líneas una escena de la que fui testigo el pasado Viernes Santo, allá por Ponce de León. Marchaba Manolo en la mañana, con todos sus años a cuestas, andando al ladito del Señor. Su yerno Ángel de Paz trataba de llevárselo a las sillas de la entrada del santuario, para que descansara, y cuando pasaban a mi lado acerté a escuchar que Manolo le discutía quedamente:

- ¡No, no! ¡Con la Virgen! Vamos para atrás a estar un ratito más con la Virgen.- A ver quien era capaz de llevarle la contraria tratándose de su hermandad, de su misma vida.

Nos hemos pensado mucho que documento debía acompañar a esta entrada dedicada a Manolo Moreno, porque había mucho donde elegir. Tirando de hemeroteca, podíamos haber puesto aquí la semblanza de su persona que publicó en la edición sevillana de ABC su redactor y hermano de honor de la cofradía D. Benigno González García, precisamente el mismo día en que se le entregaba a Manolo Moreno la primera medalla de oro de la corporación, aquel Viernes Santo de 1970, el año de la Legión, pero ya veis que sólo le hemos tomado prestado en parte el título (2). Otro artículo que barajamos fue el publicado en el diario "Pueblo" por el recordado periodista y hermano Manuel Lorente Garfia (3). Cualquiera hubiera hecho más justicia a los méritos de D. Manuel que las pobres palabras que nosotros pudiéramos pergeñar en este blog, y sin embargo, nos vamos a conformar con publicar tres sencillos recibos con su firma que tengo en casa. A muchos no les dirán nada, pero son todo un ejemplo de los desvelos que este hombre se tomó por su hermandad. Aquella hermandad familiar en la que las cosas se hacían con tesón y constancia.

Recibo de la colecta realizada en una reunión de hermanos en "El Tremendo". Domingo de Resurrección de 1963.


Recibo de la colecta realizada en el bautizo del niño José Manuel Tejera Mallén. 8 de octubre de 1966.

Recibo de la colecta realizada en el Bar Alfonso. 24 de octubre de 1966

Con el bordado del manto azul pavo y la confección de la corona de oro de la Santísima Virgen, una de las obras más significativas de su época fueron las potencias del mismo metal que Seco Velasco labró para el Señor de la Salud, estrenadas en 1967. Para su realización se nombró una comisión integrada por el propio Manuel Moreno Serrano, José María de la Concha Meneses y José María Loreto Lázaro, se les entregó un talonario de recibos númerados, se les autorizó a abrir una cuenta aparte, y cualquier reunión de hermanos, cualquier acontecimiento en aquella gran familia, era la excusa para que se acordaran de que el Señor y la Virgen tenían que tener lo mejor, se hiciera una colecta al efecto, y allí que estaba Manolo y alguno de los "Josemarías" extendiendo el recibo correspondiente. Eso sí, tachando del impreso las palabras secretario y mayordomo, porque en su humildad, a pesar de ser el hermano mayor, ellos eran ahí sólo unos comisionados (4). Seguro que algún veterano hermano conserva algún recibo más de aquel talonario para las potencias, que se distinguen precisamente por este detalle de las tachaduras de los cargos,

Manuel Moreno y su señora, Antonia Medrano, ofreciéndole al Señor de la Salud un nazarenito al que apadrinaron el Sábado de Pasión de 1967. Ese año el Señor estuvo de Besamanos en el altar mayor de San Román desde el Viernes de Dolores, que se bendijeron las nuevas potencias de oro, hasta el Domingo de Ramos. 

En fin. Se nos ha marchado para siempre Manolo Moreno y con él se nos va casi todo lo que nos quedaba de aquella esforzada generación de hermanos, y ahora sí, para terminar, voy a hacer mías las palabras con las que Benigno González finalizaba aquella semblanza que mencionábamos antes, sólo que pensando en la entrada en el cielo de Manuel:

"... delante, dentro de la glosa grave de una túnica y capa emblemática, con prócer movimiento de gesto, o empaque de príncipe tarteso o vitola faraónica, vara en mano y recompensa sobre el corazón, irá a cumplir la estación de penitencia el mejor gitano del mundo, mi ejemplar hermano mayor".


1.- Manuel Moreno Serrano fue nombrado miembro de la comisión para la elaboración de unas nuevas reglas, en representación de los hermanos, en reunión de la gestora celebrada el 4 de julio de 1956. En el acta del cabildo general para la aprobación de dichas reglas, el 10 de febrero de 1957, ya aparece como gestor, sin especificarse cargo en el gobierno de la hermandad, y cinco días más tarde, en cabildo de oficiales, a propuesta del gestor mayordomo José Lérida Vargas, se le nombra por unanimidad gestor en funciones de hermano mayor, aunque el señor cura párroco, D. Jerónimo Feria Ramos, al que, como tal, le correspondía la presidencia de la comisión, la asume a partir de marzo de ese año. Después, en marzo de 1958, ya nombrado gestor por decreto de la autoridad eclesiástica, y con el sacerdote D. Ramón Ferreira Beltrán como presidente, pasa a ejercer el cargo de segundo mayordomo. Aprobadas finalmente las nuevas reglas por el palacio arzobispal, se producen las primeras elecciones democráticas en mucho tiempo el 15 de junio de ese año. Manuel Moreno se gana el voto de la mayoría de los hermanos que asisten, sacando a la hermandad de la gestora y encarrilando una sucesión de mandatos durante casi dos décadas hasta que, por una nueva normativa diocesana que pretendía acabar con una excesiva duración de los cargos en las cofradías, dimite en septiembre de 1976 y ya no vuelve a presentarse. 
2.- GONZÁLEZ GARCIA, Benigno. "Cuatro letras a mi ejemplar hermano mayor". Diario ABC de Sevilla, edición de 27 de marzo de 1970. Pág. 30. 
3.- LORENTE GARFIA, Manuel. "Manolo Moreno, un cofrade digno de un gran homenaje". Diario Pueblo. Sevilla, edición de 27 de abril de 1970. Pág. 47. 
4.- Acta nº 52 de cabildo de oficiales celebrado el 18 de junio de 1959.







lunes, 1 de octubre de 2018

UNA SALIDA AL ALBA

Hace unos cuantos meses atrás en una de las entradas del post mencionamos la particularidad de la Semana Santa de 1928. En el espléndido Boletín de las Cofradías de Sevilla del mes de octubre de 2013 número 656, dedicado en gran medida a la Hermandad de los Gitanos, escribieron sobre ésta salida, pero las fotos que acompañaban aquel reportaje no se correspondían con la mañana del Viernes Santo de 1928, sino de 1934. Aunque de esto último ya daremos una explicación en otro momento, vayamos con lo que nos atiende esta entrada.

Como ya leímos anteriormente en aquella entrada de este mismo blog, "Una reunión en la calle Castilla", la Junta de Gobierno estaba compuesta por los gitanos de Triana. El tratante de ganado Ramón Bermúdez era hermano mayor; Francisco Moreno Rufino, mayordomo, Juan Vega, veterano secretario. Se llevaron a cabo algunos estrenos, lo que la economía de la época permitía. Restauraron los candelabros del paso del Señor y estrenaron los guardabrisas. Y en el palio se reformaron los varales y la candelería. ´

La tarde del Jueves Santo y la madrugada del Viernes Santo estuvieron marcadas por la lluvia. Tanto es así, que durante la noche ninguna de las seis cofradías de la jornada pudieron salir. La hora prevista de salida de nuestra hermandad era a las 2:30, en Campana a las 4:30, Catedral a las 5:50 y entrada a las 10:00. Pero al amanecer en cuanto amainaron, las lluvias, salieron las cofradías de los Gitanos y la Macarena. Fue la nuestra la primera en hacerlo, poniendo la cruz de guía en la calle a las seis de la mañana. La Macarena lo hizo a las ocho, y la Esperanza de Triana pidió permiso para salir a las tres de la tarde, delante de la Carretería. Aquel día fue la última vez que los hermanos vistieron las túnicas de cola blanca y esparto, con antifaz negro en el Señor y morado en la Virgen. 

En la prensa se menciona un número importante de extranjeros entre el público. Como 'Miss Lith' y otros americanos, acompañados por un periodista del El Correo de Andalucía, que les quería mostrar lo que era aquella famosa noche en Sevilla. Y es que a pesar de la lluvia que caía durante la madrugada, por lo que se da a entender era más bien poca, aquellos turistas no querían irse a casa sin ver las cofradías. Así al alba, a pesar del cansancio: "Pero ... entusiasmo nacido, no sabemos en qué fondo freudiace de la subconsciencia, nos mueve a gritar: ¡Viva la Macarena! ¡Viva los Gitanos!"(1).

Lamentablemente la Hermandad no pudo realizar estación de penitencia a la Catedral y tuvo que rodearla porque a esas horas habían comenzado los Oficios del día. Más suerte tuvo la Macarena al salir más tarde (2).

Antiguo Señor de la Salud por la Plaza San Francisco.
Foto de Juan José Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla.

La foto que ponemos es una de las tres que realizó Juan José Serrano prácticamente en el mismo sitio aquella mañana. Nuestro Padre Jesús de la Salud va sobre el paso adquirido a la hermandad del Valle en agosto de 1898 (3), aunque algo reformado. De hecho en la petición de subvención al Ayuntamiento del año 1900, se nombraba el estreno del paso (4). Documento del que ya hablaremos más adelante.
Se aprecia la escasez de flores sobre un monte de corcho a simulación de piedra. En las esquinas del paso junto a los candelabros, se ven unas piñas piramidales de flores, que tantas veces se ven en las fotos de la antigua Imagen en años anteriores.

Podemos ver el brillo de los cuatro candelabros de guardabrisa de esquina en comparación con los que flanquean al Señor. Esos candelabros centrales, fueron sustituidos por otros que observamos en fotos de 1930, que iban más en consonancia con los de las esquinas. Si miramos el del lado izquierdo de la parte trasera, se aprecia que falta un guardabrisa, no parece que tuvieran un buen estreno.

El Señor lleva la magnífica túnica bordada estrenada en 1892, atribuida a Rodríguez Ojeda por similitudes del dibujo con la de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia de 1889 documentada de su factura. Fue esta la última constancia gráfica de que la llevara en la calle. Uno de las detalles de la foto a tener en cuenta, son las potencias que lleva el Señor. Hoy día esas potencias se encuentran en San Lorenzo, pertenecen a la hermandad de la Bofetá y suelen ser la que sacan en la estación de penitencia. Puede que sea un préstamo fruto de las relaciones que se entablaron entre ambas cofradías en el tiempo que coincidieron en San Román. La corona de espinas parece ser que es la que le labró Joaquín Bilbao en 1925. Si bien da la sensación de que ha sido rebajada, pareciendo menos gruesa.


Antigua Virgen de las Angustias por los palcos de la Plaza San Francisco.
Foto de Juan José Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla.

La Santísima Virgen va sobre el palio negro que perteneció a la hermandad de Monte-sión. Los hermanos entrevistados en la cuaresma comentan que los respiraderos, varales y candelería han sido reformados y plateados. Además estiman que el palio tendría unos nueve años. Este dato coincide bastante con lo que menciona Carrero Rodríguez del estreno en 1919 (5). Aquel palio había sufrido varias modificaciones y probablemente esa fecha fuese una de ellas, los hermanos más antiguos siempre hablaron de un palio burdeos. ¿Estaríamos hablando de un conjunto burdeos?. En la foto aún lleva la saya en 1893 sobre el terciopelo burdeos original y atribuida en alguna ocasión a Juan Manuel Rodríguez Ojeda. En las fotos de 1934 se ve que ha cambiado el soporte a tisú blanco. El manto al igual que el palio, fue estrenado prácticamente al mismo tiempo. Podríamos suponer que también provendría del taller de Rodríguez Ojeda. El antiguo palio metálico de Ysaura se sigue utilizando en esas fechas a modo de respiraderos. Las corbatas que hacen esquina son las mismas que lo adornaban en Monte-Sión en las fotos decimonónicas que conocemos. En la bambalina frontal se encuentra el escudo de la hermandad. Ocupando uno de sus óvalos, bajo capelo arzobispal, el corazón agustino, en recuerdo a los lazos de unión con los recoletos del Convento del Pópulo, que entre 1754 y 1837 acogieron a nuestra corporación, y que hoy sigue estando presente en el escudo actual. En el otro óvalo, el escudo de Castilla, y rematando ambos, quizás demasiado elevada, la Corona Real.


Como vemos, lo extemporáneo de la salida hizo que Serrano no tuviera muchos inconvenientes para desplazarse por unos palcos desiertos en el lado de la autoridades locales. Si la foto del Señor la había tomado frente al edificio de la Audiencia, a la altura de la esquina de la calle Francisco de Bruna, para tomar la del palio se adelantó, dejando atrás al fondo la calle Chicarreros. Algún paraguas abierto nos recuerda la inoportuna lluvia que obligó a la cofradía aquel año a salir al alba.



(1). H.M.S. El Correo de Andalucía. 7/4/1928. Página 1.
(2). Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional. El Imparcial. 7/4/1928. Página 8.
(3). Boletín de la Hermandad del Valle. Número 59 .Febrero 2014. Páginas 20 a 23. Evolución de los dos pasos de misterio desde 1804 hasta 1923. De Félix M. Hernández-C. Martín.
(4). A.H.M.S. Colección Alfabética. Semana Santa. Caja 633. Año 1900.
(5). Anales de las Cofradías Sevillanas. Juan Carrero Rodríguez. Edición de 1991. Página 434. 

sábado, 1 de septiembre de 2018

"MADRUGADA DE VIERNES SANTO DE 194..."

Allá por los años sesenta del pasado siglo, la edición sevillana del diario ABC publicaba en cuaresma una sección dedicada a temas cofrades, con el título "Oro y esparto", en la que se incluyeron artículos que son auténticas joyas históricas y literarias. La que hoy traemos aquí, publicada el día de San José de 1968, dedicada a nuestra hermandad, no lo es menos y se debió a la pluma de D. José Antonio Calderón Quijano, catedrático de Historia de América, Director de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos y en aquella época, aunque por su natural modestia firmara este artículo sólo con sus nombre y apellidos, Excelentísimo Rector Magnífico de la Universidad de Sevilla (1). Hace en ella Calderón Quijano un retrato de como había vivido dos décadas antes la experiencia única de salir de nazareno de nuestra cofradía, en su época más difícil, en aquellos años de la posguerra. Aunque el estudioso incluye en su descripción algunas escenas costumbristas, de las que no gustaban ni gustan mucho recordar en el seno de nuestra corporación, lo hace con un tacto exquisito, transportándonos a otro tiempo que hay que entender más que juzgar, y terminaba valorando todo lo que la hermandad había luchado para llegar a ser -ya en la época en que escribe esta semblanza- una de las mejores cofradías de Sevilla.




Isidro, Juan y yo salimos ese año en los Gitanos. El motivo no viene al caso, pero si quizás algo de lo que vimos en aquella cofradía. Cofradía de barrio tan propia en todos sus detalles, no salía entonces de San Román, sino de Santa Catalina. Tampoco llevaba sus imágenes de siempre. El fuego las había destruido con su templo, y sólo había dejado intacta la fe y el entusiasmo en sus hermanos y devotos. La cofradía salía en precario. Todo nuevo, pobre y apenas terminado. Sacar los pasos a la calle era el resultado de un gigantesco esfuerzo de la Junta de restauración. La casa del hermano mayor le había servido de sede. Una gran habitación baja se utilizaba por las noches como sala de juntas, pero durante el día servía también de taller de costura, depósito de cera, oficina de contratación, y otros infinitos menesteres que sólo los verdaderos cofrades conocen. Son aquéllos el nervio de una cofradía, y sin ellos no se pueden poner los pasos a la calle.

Llegó el Viernes de Dolores y sólo faltaba una semana para salir. A primera vista, todo estaba dispuesto y preparado. Faltaban, sin embargo, los infinitos detalles, cuya insignificancia estaba en razón directa de sus imprescindibilidad. Todavía recuerdo que esa tarde hubo quien dijo que no se había caído en la cuenta de las sotanas y capillas de los acólitos que llevaban los ciriales. No había que pensar en el terciopelo, ni en los bordados. Una pieza de tela blanca, escasa y a precio subido, resolvió lo primero. Los escudos bordados fueron sustituidos por unos impresos, a modo de sellos en tela. La sencillez absolutamente blanca, hacía más digna aquella inmaculada pobreza.

Llegó el momento de la salida, esperada con más expectación que nunca. El templo, abarrotado de devotos y nazarenos, a quienes acompañaban sus familiares -madre, hermanas, novias, hijos, hermanillos-, presentaba un aspecto único. 

Las cofradías de barrio son infinitamente más originales y características que las otras. Y entre ellas las de la madrugada. Hay hermanos -y esto ocurre desde mucho antes que la Semana Santa fuera anunciada y pregonada por la radio y la televisión- que se visten poco después del mediodía del Jueves Santo. La ropa, preparada cuidadosamente por madres o esposas, presenta ese día un aspecto de suma pulcritud. No vamos a insistir sobre el acontecimiento que para la familia, los chiquillos y las vecinas significa el vestirse de nazareno. A continuación viene la protocolaria visita a los compadres, que aguardan impacientes la ocasión para convidar al cofrade con aguardiente y torrijas. Y así, con ansia y emocionada expectación, se aguarda cada año la hora de dirigirse a la iglesia. Ya en esta viene la organización de la cofradía. Pero en los Gitanos, la organización fue sencilla, natural y sin resabios oficinescos. Nada de listas ni localizaciones prefijadas. La primera medida fue sacar a la calle la Cruz y los faroles. Luego se colocó un largo banco, perpendicular a la puerta, y el mayordomo dio la orden de salida. Los nazarenos dejaban el banco en medio, y de esta manera sencilla se formaba la doble fila (2).

En la calle, la cofradía tampoco era una más. A la derecha del atrio un grupo compacto, formado por todos los calés, presenciaba con silencioso respeto la salida de sus pasos. Aislados del resto de la gente, con personalísima dignidad, los descendientes de los faraones presentaban con extraordinario realismo sus genuinas características raciales. Rostros angulosos y aceitunados, cabellos negrísimos y brillantes, pañuelos anudados al cuello evocaban la fina y apropiada dicción lorqueña.

Lo primero de todo fue dirigirse a la plaza de San Román, donde tendría lugar un desagravio frente a la iglesia que, convertida en hoguera, lejos de acabar su devoción, había reavivado su fe. Allí, entre saetas, vibraba la población congregada y constituía un espontáneo y rotundo mentís al amañado plebiscito que veinte siglos antes condenara al Justo. Si en algo tiene cualidades únicas la Semana Santa sevillana es a su general manifestación de anhelo por la justicia. En la protesta, anualmente renovada, ante la mayor monstruosidad judicial que ha existido. Y el pueblo la siente, y la renueva con el mismo vigor del primer día, mostrando así una de las más excepcionales cualidades de su propia idiosincracia.

Desde San Román, y por el itinerario habitual bajamos por Bustos Tavera, la calle Feria, la Europa y Trajano hasta el Duque, donde comienza la carrera oficial (3).

Pasados ya tantos años conserva mi memoria vivas escenas en que se mezclan la devoción, la ilusión del nazareno y muchos otros detalles que son el exponente de toda una manera de ser.

Recuerdo un gitanillo, estampa viva de un apunte de Martínez de León, que fumaba un gran veguero, con alarde y ufanía, procurando eludir, no siempre con éxito, la presencia y la reconvención del celoso diputado de tramo.

Mantenía levantado su antifaz -pesa lo suyo el terciopelo durante cerca de once horas-, so pretexto de ver la hora en un gran reloj pendiente de una gruesa cadena de oro, que su padre le debió dar para que lo llevara durante la estación.

Al llegar al Duque los familiares y los amigos de los nazarenos abandonan la cofradía durante la carrera oficial, y no vuelven a acompañarla hasta después de pasar frente al balcón principal del Palacio Arzobispal y entrar en Matacanónigos.

Allí de nuevo, y progresivamente durante el regreso, se van incorporando y acompañan a las imágenes hasta la llegada al templo, pasando por la plaza de San Pedro y la calle Almirante Apodaca entre los efluvios de la radiante mañana, el humo de los puestos de calentito, los globos, las mesitas de dulces y sultanas y la feliz alegría del barrio que vive anualmente en esa su mejor mañana.

Distante aquella fecha. Cada año, en la madrugada única, y al pasar la cofradía por las Dueñas, me emociona el pensar lo que han conseguido la creciente fe, el espíritu y la perseverancia de una de nuestra mejores hermandades.

José Antonio CALDERON QUIJANO

María Stma. de las Angustias regresando a su barrio por el lado derecho de la plaza de Argüelles, hoy Cristo de Burgos.
  (Fototeca municipal, archivo Serrano)



1.- José Antonio Calderón Quijano (Puebla de los Ángeles, México, 1916 - Sevilla, 1995), dejando a un lado sus méritos profesionales, fue un hombre muy religioso y enamorado de la Semana Santa sevillana. Aparte de efímero nazareno de nuestra cofradía perteneció a las hermandades de Pasión y los Estudiantes.
2.- Ignoramos si aquella improvisada organización de la salida de la cofradía fue algo circunstancial. Lo cierto es que el más antiguo cuadrante que se conserva en el archivo de nuestra secretaría es de 1950.
3.- En aquellos años era frecuente que el recorrido de ida se hiciera por la Alameda, pasando por la plaza de la Europa, donde residía y tenía su imprenta D. Francisco Vera Mármol, gran benefactor y hermano mayor honorario de la corporación.





miércoles, 1 de agosto de 2018

"QUINTA ESENCIA DE LOS CAÑÍ..."


El mismo día que encontré la entrevista a aquella Junta de Gobierno de 1928 en la hemeroteca del Correo de Andalucía, di también con esta columna dedicada al antiguo Nuestro Padre Jesús de la Salud, desaparecido en julio de 1936.

Es un artículo publicado en la página cinco del Correo de Andalucía el 8 de abril de 1925, Miércoles Santo, en vísperas de nuestra jornada. Aquella hermandad de hace noventa y tres años era muy pobre y de ella sabemos algunas cosas. Por un escrito al Ayuntamiento de Sevilla se conoce que José Bocio Jiménez -más conocido como Pepe Bocio- era Teniente Hermano Mayor y que se recibía una subvención de 1545,56 pesetas (1). Y como no, tenemos testimonio que fue el año de varios estrenos de importancia: la túnica de tisú color hueso bordada por las hijas de Farfán Ramos, la corona de espinas de Joaquín Bilbao y un nuevo juego de candelabros de guardabrisa para el paso que se adquirió en agosto de 1898. 

Pero que sean las palabras de González Gamboa las que nos trasladen a aquel día y nos digan qué impresión le produjo aquella visita.


NUESTRO PADRE JESÚS DE LA SALUD

"¿Qué es lo que hace en estos días un sevillano, o un injerto en sevillano en las horas que están las cofradías en la calle?. Pues ya se sabe: andar de iglesia en iglesia, contemplando, inquiriendo y dándose al regalado gusto de contemplar los “pasos” en el templo, entre las sombras misteriosas de las naves mudéjares tibiamente iluminadas por los rayos de luz que, tamizados por los estrechos y altos ventanales, se posan discretamente en las tallas canastas, brillan en los bordados barrocos de los mantos espléndidos y acarician con dulces entonaciones las rosadas mejillas de las Dolorosas y las carnes amoratadas, lirios divinos, de los crucificados.

Llevado y atraído poderosamente en estos encantos, paso tras paso, fui la otra tarde a la iglesia de San Román. Mi propósito era ver de cerca la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud, de la que un amigo mío, el señor cura de dicha parroquia, se hacía lenguas, y de camino conocer a algunos de los nazarenos de su Cofradía, quinta esencia de los “cañí”, y una de las más fervorosas, en medio de la humildad (y quizás por lo mismo), de las que hacen estación de penitencia en Semana Santa.

Estaba la Sagrada Imagen colocada en su “`paso” y rodeada de algunos hermanos, que la contemplaban embebecidos, notando determinados pormenores relativos a la túnica (2, estrenada en este año, cuando llegó el que escribe estas líneas. Confieso que la impresión que me produjo al ver de cerca la maravillosa efigie fué de enorme asombro. Yo nunca la había contemplado tan bien, ni había podido admirar tan a mi gusto su hermosura verdaderamente divina. La postura es nombre y humildemente arrogante; encorvándose la espalda con tanta majestad, que da la sensación de que la carga de la cruz, con ser tan pesada, puesto que pesaba lo que nuestros pecados la lleva el Hombre-Dios con infinita facilidad, con toda la facilidad y gallardía que dan el amor con que se movió para ponerla sobre los hombros divinos; vuélvese el rostro un poco hacia la derecha, dulcemente doloroso, sufrido y amable, mirando triste como poniendo en los labios entreabiertos palabras de perdón y de piedad; las manos que sostienen uno de los brazos del santo madero tienen tal realidad que parece que hablan, y dicen tanto que aunque en el movimiento de sus dedos hermosísimos se ve que se esfuerzan por coger la cruz, también se nota en ellos que ellos están dispuestos a perdonar y a bendecir.

Yo no sé el tiempo que estuve contemplando la santa imagen; sólo recuerdo bien que la vi más que con los ojos del cuerpo, con los del alma, y que desde esa tarde aunque no la tengo delante, dentro de mi siento la amable visión de aquel rostro dulcísimo, de aquellos labios que prometen misericordia, de aquellas manos que hablan lenguaje de fortaleza y de piadosa absolución, de aquellas espaldas cargadas con el peso de los infinitos pecados del mundo.

Santamente orgullosos pueden estar los hermanos de Nuestro Padre Jesús de la Salud. Continúen, como hasta aquí, dedicando a Este sus piadosos entusiasmos, y muévales la hermosura divina de la sagrada efigie a ser cada día más fervorosos cristianos, para bien de sus almas y para ejemplo de otros cofrades, que podrán tener mejores medios de fortuna, pero no más arrestos ni más decisión en dar gloria a Dios en una de las más portentosas imágenes de Sevilla."

R. González Gamboa.



Nuestro Padre Jesús de la Salud en la mañana del Viernes Santo de 1925.
Foto de Juan José Serrano. Archivo Fototeca Municipal de Sevilla



(1). A.H.M.S. Ferias y Festejos, Año 1925, Expediente 3, D/669.
(2). La túnica a la que se refiere el periodista es la de tisú color hueso que diseña Francisco Farfán Ramos y confeccionan sus hijas Concepción, Rosario, Carmen y María Luisa Farfán García. En la entrada de abril de 2018 de este mismo blog se dan más detalles de la misma.

domingo, 1 de julio de 2018

EL RETABLO PERDIDO

En la sección histórica del Archivo de Protocolos Notariales se conservaba un documento de singular importancia para la historia de la hermandad. Y hablo en pasado porque me consta que nuestro hermano Juan Carlos Vázquez Alejo estuvo buscándolo donde ahora se supone que debería de estar, en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, con la intención de llevar una copia digital a la secretaría de la hermandad, pero los folios correspondientes del legajo habían desaparecido misteriosamente (1).

Afortunadamente existe una trascripción del mismo realizada en los años noventa por el estudioso D. Francisco de Paula Cuéllar Contreras, en un artículo que publicó en la revista especializada "Retablo", que es al que hemos tenido que recurrir para traer esta historia al blog (2).

El propio Juan Carlos Vázquez nos contó aquí en una reciente entrada como una de las condiciones que los agustinos recoletos del Pópulo impusieron a los hermanos fundadores para cederle una capilla de la iglesia conventual fue que costearan la realización de un retablo dorado. El 25 de enero de 1754, quince días después de que el Sr. Provisor del Arzobispado concediera a la hermandad licencia para pasar al Pópulo, y sólo un día después de que el Rector Provincial de Andalucía de los agustinos, Fray Pedro de San Joseph, firmara en Campillo de Altobuey la cesión de la capilla, los castellanos nuevos Sebastián Miguel de Varas, Manuel García Campar y Juan García, como alcaldes primero y segundo, y diputado más antiguo de la cofradía, contrataban con el maestro arquitecto de retablos Felipe Fernández del Castillo la ejecución de la obra, formalizándolo ante el escribano público Juan Montero de Espinosa y Colarte 

"Sépase como Yo D. Felipe del Castillo, maestro de arquitectura, vecino de esta ciudad, en la calle del Carmen, collación del Sr. San Miguel, otorgo en favor de la Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Salud, sita en el Convento de Ntra. Sra. del Pópulo, del Orden del Sr. S. Agustín, Religiosos descalzos, extramuros della, y de su Mayordomo, Alcaldes y hermanos de dicha Hermandad que al presente son y en adelante fueren, que me obligo, como principal, a hacer y ejecutar en el Altar de la Capilla que dicha Hermandad tiene el referido Convento, dentro de la Iglesia, a la mano derecha como se entra por la puerta principal, inmediata a la de Sra. Sta. Rita, que llaman de S. Guillermo, un Retablo, todo de madera de flandes, que llene todo el sitio del Altar de dicha Capilla desde el suelo hasta arriba, y respectivo al ancho, según el diseño que se ha hecho y se ha puesto presente ante el presente escribano público del número, para que lo rubrique de su mano. El que, con efecto yo el dicho escribano lo rubriqué; con su pié de Altar de la propia madera, liso. Y el dicho Retablo ha de tener las entrecalles de vuelta de esférica, y de talla, todo; en que no se comprende, ni es de mi cargo, ni obligación, las Imágenes que hayan de entrar y ocupar dicho Retablo, más que tan solamente lo que queda expresado. El cuál lo he de dejar puesto y acabado en fin de Junio que vendrá deste presente año de la fecha, por lo que me ha de dar y pagar dicha Hermandad, su Mayordomo y Alcaldes, dos mil y setecientos reales de vellón: los setecientos dellos que me dan y entregan de contado, para el avío de compra madera y otras cosas para ponerlo en ejecución; de cuya cantidad me doy por entregado a mi voluntad..."   "Y los otros dos mil reales restantes se me han de ir dando y entregando en esta forma: quinientos reales en cinco en cinco (sic) semanas, que comienzan a correr y contarse desde este dicho día de esta escritura en adelante, hasta que se concluyan, que son cuatro pagas, excepto la última, que ha de retener dicha Hermandad y Cofradía en su poder hasta tanto que se vea y reconozca dicho Retablo por personas inteligentes que nombrarán por mi cuenta, para que lo visite y declare si he cumplido con lo que queda estipulado, y está arreglado al dicho diseño que se tendrá presente para esta diligencia; y no encontrándose reparo alguno se me ha de entregar los dichos quinientos reales de la última paga; y no haciéndolo, se le ha de poder compeler y apremiar a ello a los bienes, Mayordomo, Alcaldes y hermanos de la citada Hermandad, en virtud de esta escritura y mi juramento y declaración..."  "Y a lo que dicho es me obligo, y a que así lo cumpliré doy por mi fiador a José Pérez, maestro dorador, vecino desta dicha ciudad, calle de la Correduría, collación de San Martín..."  "Y nos, Miguel de Baras y Miranda, Alcalde más antiguo de la dicha Hermandad y Cofradía de Ntro. P.  Jesús de la Salud y Ntra. Sra. de las Angustias, sita en dicho Convento de Ntra. Sra. del Pópulo; Manuel García Campar, Alcalde Segundo; y Juan García, Diputado más antiguo della, castellanos nuevos, que presente estamos y esta escritura visto, oído y entendido sus pactos y condiciones, como tales oficiales, por nos y en nombre de los demás hermanos y Hermandad..." "otorgamos que la aceptamos en todo y por todo, según y como en ella se contiene..."   

D. Francisco Cuéllar destacaba en su artículo como Felipe del Castillo fue uno de los más importantes arquitectos de retablos sevillanos de todo el siglo XVIII, al que se le deben joyas como el de la capilla sacramental de Santa Catalina, que realizó con la colaboración de su sobrino el escultor Benito de Hita y Castillo. Por cierto que Cuéllar terminaba su estudio con una conjetura. La posible atribución de nuestro antiguo Titular a este último escultor, cosa que no es nada desdeñable. Vemos en la escritura como el maestro arquitecto aclara que no es de su cargo ni obligación la hechura de las Imágenes que ha de contener, de las que parece que se habla como si aún no existiesen y tuvieran que realizarse ¿Se refiere a las imágenes accesorias del retablo? ¿Eran quizás también parte del mismo aquel San Judas Tadeo y aquel San Gregorio Magno que la hermandad llevó siempre consigo en su caminar errante y que perecieron en el incendio de San Román?

Por coincidencias de la historia, nuestros actuales Titulares estuvieron muchos años después, durante su estancia en Santa Catalina, ante otro retablo que el mismo maestro del Castillo labró para esta iglesia entre 1748 y 1753, pero de aquel retablo que realizó para la capilla del Pópulo no se conoce que fue de él ni a donde fue a parar, pues cuando la hermandad deja el convento desamortizado y se traslada a San Esteban tiene que colocar sus sagradas imágenes en uno muy viejo, procedente del también desamortizado convento de San Agustín, que había pasado a dicha parroquia (3).

Nuestros Sagrados Titulares fotografiados por Manuel Ferreiro en 1994 en la capilla sacramental de Santa Catalina, ante el retablo que el maestro Felipe Fernández del Castillo ejecutara entre 1748 y 1753 para dicho templo.

Ya vimos como una de las condiciones que pusieron los agustinos a la hermandad es que no podían llevarse nada de la capilla si decidían marcharse, pero al final, el expolio de la desamortización de Mendizánal les afectó tanto a ellos como a la corporación nazarena.

En fín, quizás algún día alguien descubra donde fue a parar aquel retablo tras aquel malbaratamiento de tanto patrimonio artístico como supuso la desamortización. Uno de tantos avatares por los que tuvo que pasar nuestra hermandad.

1. A.H.P.Se. Sección de Protocolos Notariales. Leg. 8212 .Sig 18466. Oficio 13 . Año 1754. Página 32.
2. CUÉLLAR CONTRERAS, Francisco de Paula, "El primer retablo que tuvo la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud (Gitanos) obra del maestro arquitecto Felipe Fernández del Castillo.1754". Revista Retablo. Número 5. Sevilla. 1991. Páginas 9 y 10.
3. Así lo aclara José de Campo y Tinoco, hermano mayor de la cofradía, en el escrito de solicitud de traslado de San Esteban a San Nicolás de 27 de septiembre de 1860. A.G.A.S.

viernes, 1 de junio de 2018

DEL ESPÍRITU SANTO AL PÓPULO

Probablemente sea ese momento histórico en que la corporación se ve obligada por primera vez a cambiar de sede, cruzando el Guadalquivir, uno de los que más lagunas y más puntos sin aclarar nos deja. Es sabido que cuando el señor Sebastián Miguel de Varas y Miranda pretende constituir una hermandad en el trianero convento del Espíritu Santo, no es su intención que ésta sea una más de las que procesionan por el viejo arrabal y guarda haciendo estación a la Real Parroquia de Santa Ana. Aquellos castellanos nuevos proponen en nuestras reglas fundacionales que la cofradía ha de cruzar cada Jueves Santo el puente de barcas y hacer estación a la Catedral, con lo cual se hubieran adelantado varias décadas a la Hermandad de la O, que fue la primera en decidirse a cruzar el puente allá por 1830. Es éste de los primeros capítulos que retoca el licenciado Campo Largo, fiscal general del arzobispado, en su escrito de censura de 20 de noviembre de 1753. La hermandad ha de ir a Santa Ana, como el resto de las de Triana, pero esta prevención va a quedar como papel mojado cuando, ya aprobadas las reglas, el prior del convento del Espíritu Santo dé un giro inesperado a los acontecimientos alegando que la nueva cofradía no cabe en su cenobio porque la hermandad del Santísimo Cristo de las Tres Caídas tiene intenciones de regresar a aquella su antigua sede.

Vista de Triana con la cofradía de la O cruzando el puente de barcas en un grabado del siglo XIX.


El trasfondo de lo que parece que fue sólo una excusa no lo conoceremos probablemente nunca. La hermandad de las Tres Caídas radicaba en aquella época en la misma Santa Ana, y ni siquiera volvió al Espíritu Santo cuando dos años después el terremoto de Lisboa causó graves daños a la fábrica de la Real Parroquia y se vio obligada a abandonarla, sino que se estableció en el convento Nuestra Señora de los Remedios.

Entre enero y junio de 1754 se realizan una serie de negociaciones entre la recién fundada corporación de los castellanos nuevos y los frailes del Pópulo, que no sólo estuvieron conformes en admitirlos en su cenobio, sino que decidieron ceder una capilla a la hermandad siempre que ésta cumpliera una serie de condiciones y capítulos. A tal efecto, el padre prior, Fray Agustín de San Joseph, quiso y consiguió recabar la autorización del rector provincial en Andalucía de la orden de los agustinos recoletos, Fray Pedro de San Joseph, en el convento de la villa de Campillo de Altobuey. La cesión y sus condiciones, refrendada con la firma del Prior y los catorce frailes, se plasmó en protocolo otorgado ante el escribano público Lorenzo de Andrade.

"...por la presente otorgamos que zedemos y damos a vso a la hermandad o Cofradía del Santísimo Xpto. de la Salud y Madre de Dios de las Angustias su Mayordomo, Alcaldes, Oficiales y hermanos que del presente son y fuesen en adelante Vna de las Capillas que este dicho nuestro convento tiene en su Yglesia y la misma en que del presente están adornando con retablo y otras cosas los oficiales y hermanos de la referida hermandad para que en ella pongan y coloquen luego que acaben de hacer y poner dicho retablo y dorarlo las Santtas Ymágenes hasiendo en ella todas sus fiestas y funciones selebrando sus cabildos y demás cosas que a dicha hermandad le pareciere para su perpetuidad (...) pero todo ello a de ser con el cargo y obligación de que los dichos Mayordomo Alcaldes oficiales y hermanos que aora son y fuesen en adelante an de quedar sujectos ligados y expresamente obligados â cumplir y guardar las condiciones y capítulos siguientes..." (1).

De este histórico documento publiqué en el último boletín de la hermandad un extracto en el que pretendía remarcar la relevancia que tuvo desde un principio para nuestra corporación el culto a Jesús Sacramentado, pero hay mucho más que estudiar en él (2). Básicamentelas condiciones que imponen los religiosos, aparte de la construcción de un retablo dorado a costa de la hermandad, del que hablaremos más extensamente otro día, y de que se hagan dos llaves de la referida capilla -quedando una a cargo siempre del padre prior- consisten en conseguir para la comunidad agustiniana la exclusividad de los servicios religiosos que la nueva corporación requiera. Así, las doce misas que la hermandad se obliga por regla a dar a sus hermanos difuntos se harán en el convento y por los frailes del mismo. Las dos fiestas dedicadas al Cristo y a la Virgen, con misa cantada y sermón, se debían de realizar igualmente en el Pópulo, y como ya destacamos "... en cada una de dichas dos fusiones â destar Manifiesto el Santísimo Sacramento". En la estación de penitencia se debe de contar también con los mismos religiosos, dándoseles la limosna o estipendio por la asistencia que las demás hermandades que están en conventos acostumbran a dar y pagar. Las pláticas de cada viernes de cuaresma que establecen las recién aprobadas reglas serán también para los agustinos, y para terminar una condición que tendrá su importancia en el futuro. Si por alguna razón la hermandad determinara dejar el Pópulo para ir a otro convento, iglesia o ermita, no podrá llevarse más que las sagradas imágenes, dejando en el convento todo lo demás con que adornen la capilla: Retablo, láminas, pinturas, relicarios, alfombras, colgaduras, frontales, candeleros, ramos de flores, lámparas y demás alhajas de plata.

Todas estos capítulos o condiciones fueron aceptados en aquel junio de 1754 por el propio fundador Sebastián Miguel de Varas, como alcalde más antiguo, Manuel García Campar como alcalde segundo, y Luis García como mayordomo, como hizo constar el escribano público.

La firma de Sebastián Miguel de Varas aceptando ante el escribano Lorenzo de Andrade las condiciones de la cesión de la capilla del Pópulo.

"Y del otorgamiento de los dichos Luis García; Sebastián Miguel de Varas y Manuel García Campar todos tres Mayordomo y Alcaldes actuales de la sittada hermandad ô cofradía del Santísimo Christo de la Salud y Madre de Dios de las Angustias sita en el convento de Nuestra Señora del Pópulo extramuros de esta dicha ciudad y venimos los contenidos de ella a quienes Yo el presente escribano público doy fe que conosco lo otorgaron por si y en nonbre de dicha hermandad y en fuerza del poder que tienen en veinte y sinco de Junio de mill settecientos cinquentta y quattro y de los dichos otorgantes lo firmó el dicho Sebastián Miguel de Varas, y por los contenidos Luis García y Manuel García Campar que dixeron no saver escrivir por ellos y a su ruego lo hizo un testigo en este registro que lo fueron Don Lázaro de Vargas y Machuca, Don Joachin Leal y Don Francisco Ximénez vecinos de esta dicha ciudad"




(1). A.H.P.SE. Sección Protocolos Notariales. Oficio 22. Año 1754. Sig. 15348.Fols 293-298 vtº.
(2).VÁZQUEZ ALEJO, Juan Carlos. Boletín Hermandad Sacramental de Los Gitanos. nº44 de mayo de 2018. "Raíces Sacramentales de la Hermandad de los Gitanos". Páginas 6 y 7.