lunes, 1 de febrero de 2021

EL BRIGADA RAFAEL ABRIENDO LA COFRADÍA



La Banda Montada del Tercero Ligero de Artillería.

En la historiografía cofradiera resalta la figura casi mítica del célebre brigada Rafael, aquel músico militar cuyo virtuosismo al clarín hizo las delicias de nuestros bisabuelos, y que se hizo leyenda en la Semana Santa de las primeras décadas del siglo XX. Hoy no puede haber ya nadie con la edad para poder decir que escuchó en vivo y en directo al maestro, pero yo sí conocí a alguien: al tío José Lérida y Vargas que en paz descanse, al que tanto deben estas páginas. Él me llegó a contar que el brigada y su banda montada salieron un año delante de la cruz de guía de la Hermandad de los Gitanos.

Confieso que yo entonces dudé. Joselito Lérida nació en 1914, y en aquella época sería un chiquillo de unos diez años, edad en la que a veces los recuerdos nos confunden ¿No sería que lo vio en alguna otra cofradía y su ya anciana memoria lo situaba en su propia y querida hermandad de toda la vida? Pero no. Una vez más, como con la túnica de Farfán, como con la corona de espinas de Joaquín Bilbao, como con todas esas historias antiguas que él me relataba cuando iba a visitarlo a su casa, la hemeroteca le dio la razón.

El diario sevillano La Unión hacía el Sábado Santo de 1924 la siguiente crónica de la estación de penitencia de nuestra hermandad en la madrugada:


La de los Gitanos

Hemos prescindido del orden con que las cofradías hacen su estación, porque tanto valdría como reseñar de memoria, copiando el horario, referido a tiempo pasado.

Detrás de los dos pasos del Calvario vienen los de la Cofradía de la Esperanza de Triana. No hacemos de ellos mención por ahora, hasta "su momento", que es frente a la cárcel del Pópulo, ya amanecido.

En la plaza del Duque esperan su turno el Nazareno y la Virgen de San Román, cofradía pobrecita pero muy simpática del clásico barrio "astronómico" donde están las calles de la Luna y del Sol. Traen la Banda de Trompetas de Artillería. Cada cual demuestra su lujo como puede, y Los Gitanos, a falta de buenos bordados, se hacen bordar su estación con las filigranas del brigada y del cabo trompeteros, quienes no necesitan de las trompetas de la fama para ser célebres, porque por mérito de las suyas propias ya lo son.


Diario La Unión, 19 de abril de 1924
.

No mencionaba el periodista los nombres y apellidos de tales brigada y cabo trompeteros, ni hacía falta, porque en aquellas fechas toda la ciudad sabía que el clarín y la trompeta que arrastraban a chiquillos y mayores a ver a la Banda Montada del Tercero Ligero de Artillería abrir los cortejos penitenciales los tocaban el brigada Rafael Macías y su mano derecha, el cabo Carmona.

Rafael Macías Borras (1887-1934) nació en el Barrio de San Bernardo y con tan sólo catorce años ingresó en el ejército. Ya en 1917 era una figura famosa en la semana santa sevillana, como lo prueba el hecho de que en esas fechas se le regalara un clarín de plata a través de una suscripción popular que encabezó el mismo Alfonso XIII, así que en ese año de 1924 en que La Unión lo sitúa con los Gitanos, el brigada y su banda montada estaban en todo su apogeo. Se lo rifaban las hermandades, de modo que imaginamos el esfuerzo que tuvo que realizar la junta de gobierno, encabezada entonces por el hermano mayor Antonio Moreno Vega, para que el popularísimo militar saliera con nuestra cofradía.

No fue desde luego el único año en que la hermandad abrió su cortejo con una banda montada a caballo. Sabemos que en 1928 se pretendía traer a la Banda de la Caballería (véase "Una reunión en la calle Castilla"), aunque finalmente no se consiguió, pero en 1929 sí que se pudo contratar a la Banda de Clarines de Intendencia, que también montaba a caballo.

En 1934 tenemos el testimonio gráfico de una fotografía de Juan José Serrano, que Juan Carlos Vázquez adquirió a un coleccionista, en la que aparece la Escuadra de Batidores y Clarines de Caballería delante de nuestra cruz de guía por la plaza de Argüelles. Precisamente en febrero de ese mismo año había fallecido nuestro legendario brigada, según cuentan, de una enfermedad en sus pulmones provocada por los muchos esfuerzos a los que los sometió en su vida. Así, con su muerte se inició el declive de aquella sevillana costumbre. La mecanización del ejército, que aceleró la guerra civil, fue acabando con los caballos en los cuarteles, y consiguientemente en las cofradías, pero siempre quedará en la memoria de la ciudad aquel Brigada Rafael que con su clarín marcó toda una época de nuestra Semana Santa.

La Escuadra de Batidores y Clarines de Caballería delante de la cruz de guía de Los Gitanos en 1934 por la plaza de Arguelles. Foto de Juan José Serrano del archivo de Juan Carlos Vázquez Alejo.



CASTROVIEJO LÓPEZ, JOSÉ MANUEL. "De bandas y repertorios. La música procesional en Sevilla desde el siglo XIX". Editorial Samarcanda. Sevilla, 2015.
GONZÁLEZ GARCÍA, BENIGNO. "El Maestro Rafael. Recuerdo de aquel trompeta solista que daba armonía a la Semana Santa sevillana". Diario ABC de Sevilla, edición del 12 de abril de 1968. Pp. 15 y 16.

viernes, 1 de enero de 2021

MÁS SOBRE LAS POSTALES DE ARRIBAS

Al hilo de lo que Juan Carlos Vázquez escribía el mes pasado sobre la túnica del magistrado, y en particular sobre la postal que Ediciones Arribas comercializó aquellos años con el Señor de la Salud vistiéndola, he pensado traeros hoy otra conocida tarjeta, en esta ocasión de la Virgen, que la editorial zaragozana realizó por las mismas fechas, y que muy probablemente se tomó a la vez que la primera.


Tarjeta postal nº 256 de la colección SEVILLA.- SEMANA SANTA. Ediciones Arribas.


Ambas postales ya fueron analizadas por el recordado historiador e insigne cofrade Juan Martínez Alcalde en el Boletín de las Cofradías (1), pero hay algunos detalles de esta última de la que os hablo que habría que investigar. Con respecto a la autoría de la foto, habría que decir que la editorial trabajaba con fotógrafos locales que le vendían los negativos y le cedían los derechos, de manera que en dichas postales no solía aparecer el nombre del autor. Los negativos estarán por tanto en poder de los herederos de los fondos de Arribas, pero quizás en el archivo de algún fotógrafo sevillano se encuentren los de otras instantáneas desechadas que nos pudieran ayudar a identificarlo.


Reverso de la tarjeta postal, con indicación de que la hermandad está establecida ya
 en San Román
.


En cuanto a la fecha, no consta en el reverso el depósito legal, que sólo fue obligatorio para las postales a partir de 1957, pero sí que figura en la descripción que la hermandad ya está establecida en la parroquia de San Román, por lo que la foto habría que fecharla entre 1950, año del regreso a la que fue nuestra antigua sede, y 1955, año del estreno de los varales salomónicos. En la postal, como se ve, figuran aún los antiguos. Quizás se pudiera recortar aún más el margen de tiempo por delante, si consideramos que la foto se tomó a la misma vez que la de la postal del Señor, que estrenó la túnica con las aplicaciones de orillo en 1951, y por detrás, teniendo en cuenta que en 1954, cuando procesionan por última vez estos varales, fueron decorados envolviéndolos con guirnaldas para ocultar su mal estado.

Está ataviada la Virgen por el entonces vestidor, Francisco Ponce Redondo, con la saya y el fajín que se realizaron en 1944 con el traje de luces que vistió Francisco Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana" el día de su fatídica cogida, saya que actualmente está en proceso de restauración costeado por la familia Vega. El tocado y el pecherín me dice Juan Carlos Vázquez Alejo que parecen realizados con una conocida pieza de raso de seda, bordada a canutillo, perteneciente a la Esperanza de la Trinidad, probablemente prestada para esa madrugá (2). Sobre el manto -que puede que sea el carmesí sin bordados que le cosió Maria Luisa Jiménez Oliva, la señora del mayordomo José Lérida y Vargas- lleva la famosa mantilla de Peñaranda, y por encima de ésta se le ha colocado una pequeña toca de sobremanto con borlones que no conseguimos identificar con ninguna de las que ha tenido la Virgen de las Angustias, por lo que también pudiera ser cedida para la ocasión. Invito a algún hermano más experto en el ajuar de la Virgen que nos lea a que nos aclare algo en los comentarios.


Raso de seda bordado a canutillo con aplicaciones metálicas de la Hermandad de la Trinidad.


Nos puede llamar la atención las pocas alhajas que adornan a la Señora, pero esto no sería nada extraño. La foto parece hecha con la cofradía ya recogida, seguramente una tarde de Viernes Santo o incluso un Sábado Santo, y las joyas se solían retirar tal como terminaba la estación de penitencia para devolverlas a los hermanos, devotos y benefactores que las habían cedido. La corona finalmente es la de Flores, que perteneció antes a la Esperanza de Triana y a la Macarena.

Hay sin embargo un último y singular detalle que es el que me ha ayudado a fechar definitivamente la foto: ¿Os habéis fijado en el llamador? Un dragón oscuro o una gárgola, como de hierro, que desentona con el resto del plateado del paso. En una entrevista concedida en marzo de 1953 a la revista "Cruz de Guía" del diario Sevilla, la comisión gestora -más que seguramente el inefable Joselito Lérida- contestaba así a las preguntas del joven periodista Enrique Hernández-Luike sobre los estrenos que se iban a realizar la próxima Semana Santa:

- Este año, con motivo del segundo centenario, supongo que habrá buenos estrenos.

- Una toca -¡Vaya toca!- que nos ha regalado nuestra protectora la señora de Carrión (3) , que tiene a sus piés los corazones agradecidos de tós los gitanos. Ella es quien nos paga las flores todos los años. Además estrenamos ocho ciriales reconstruidos pero que han quedado como nuevos. Cuatro jarras circulares de cincuenta centímetros. Entrevarales con un angelito central sobre plata. Una saya confeccionada por Carrasquilla de un traje de Gitanillo de Triana. Ya tiene dos. La otra está hecha del traje que llevaba Curro Puya cuando lo cogió el toro.

Y, además, dos incensarios y navetas, también reconstruidos, pero mu bonitos, y er llamadó. El año pasado tuvimos que improvisá uno de hierro que arrancamos de la sacristía.

Así que ya sabemos de donde fue arrancado ese terrible dragón, que no sería más que la aldaba de una puerta de la sacristía, y que esta foto de la postal, y probablemente la del Señor con la túnica de magistrado en el interior de la iglesia, se tomaron en 1952.


1.- MARTÍNEZ ALCALDE, JUAN. Boletín de las Cofradías de Sevilla nº 601. Marzo de 2009, pág.213.
2.- Catálogo de la exposición "Esperanza de la Trinidad, la mirada romántica de Sevilla", Sevilla, 2019, pág.123
3.- María del Coral Moreno Sánchez, señora de D. Rafael Carrión, había sido nombrada camarera de honor de la Virgen en marzo de 1950.


martes, 1 de diciembre de 2020

LA TÚNICA DEL MAGISTRADO

Hoy queremos traer a estas páginas una pequeña galería fotográfica de una antigua túnica del Señor, esa a la que la guasa sevillana llamó "la túnica del magistrado", por el parecido que tenían los adornos de las mangas con las puñetas que usan en sus togas sus ilustres señorías. 

Allá por los primeros años de la década de los cincuenta del pasado siglo, la hermandad aún recuperaba poco a poco los enseres y el patrimonio que había perdido en la guerra. La humilde condición de la mayoría de sus hermanos dificultaba la tarea, y la corporación no podía permitirse los lujos de otras hermandades cuando aún se estaban pagando deudas, había que darles a los sagrados titulares una digna capilla en la recién reconstruida parroquia de San Román, y quedaba todavía tanto que renovar. Una forma de querer recuperar de alguna manera el esplendor brillante de décadas atrás y que lamentablemente había perdido en los sucesos del 36.

En el recuerdo de más de un hermano debía de estar aquella magnífica túnica bordada que tuvo el antiguo titular, perdida en la guerra, pero fue José Lérida y Vargas, que ocuparía aquellos años el cargo de mayordomo, a quien se le ocurrió hacerle al Señor una túnica de terciopelo adornada en las mangas y en los bajos con un encaje dorado. La ejecución de la prenda corrió a cargo de su señora esposa, María Luisa Jiménez Oliva, de quien se cuenta que, no disponiendo de un hilo del color adecuado, cosió estos encajes con su propio cabello rubio1



Foto Serrano. Archivo David Benítez.



Fue en la cuaresma de 1951 cuando se presentó dicha túnica, concurriendo la hermandad con ella a la exposición de estrenos que se organizaba en el salón Colón del Ayuntamiento. El diario ABC, en su edición sevillana, daba cuenta el 6 de marzo de los estrenos de cada cofradía, y con respecto a la nuestra especificaba: La de San Román (los Gitanos) .-Túnica de terciopelo con aplicaciones de orillo y cíngulo para el Señor. Cruz de guía tallada, con casquillos y ráfaga de metal plateado e "Inri" de plata.





Diario ABC, edición de Sevilla, 6 de marzo de 1951, pág. 12
.

No vistió mucho el Señor de la Salud esta túnica, pero hay dos circunstancias que propiciaron que fuera muy conocida. La imprenta de los Vera realizó un cliché con una foto de Serrano en la que aparece el Señor ataviado con ella y portando la antigua cruz sin cantoneras, y este cliché se siguió utilizando para las convocatorias de mano de los quinarios que se enviaban a los hermanos hasta bien entrados los años sesenta, incluso algunas podemos encontrarlas coloreadas. Por otra parte, la editorial zaragozana Ediciones Arribas, especializada en tarjetas postales, comercializó una en la que figuraba nuestro Titular vistiéndola sobre el antiguo paso, ya con la cruz con los casquillos2 . Se puede contemplar la curiosidad del exorno floral con monte de lirios y friso de claveles, con bastante posibilidad se puede fechar en 19523. Lo que nos lleva a diferenciar que la foto del Señor en la puerta de Palos es de otro año.




Convocatoria de mano para el quinario de 1967. Imprenta F. Vera. Archivo José Luis Dorado Mallén.




Nuestro Padre Jesús de la Salud a su salida de la Catedral a principios 
de los cincuenta. Foto Serrano. Archivo David Benítez.



Nuestro Padre Jesús de la Salud por Laraña.
Archivo José Luis Dorado Mallén.




Tarjeta postal de Ediciones Arribas (Zaragoz
a). Archivo propio.


La túnica ya no se conserva. Muy deteriorada por el paso del tiempo, salió en algún momento de los años ochenta de los armarios de la priostía, aunque para la exposición "Puntadas de la Memoria", que se celebró en el Círculo Mercantil en 2017 con motivo de la presentación de la nueva túnica bordada, se realizó una réplica que por supuesto el Señor no ha vestido.

No sería ésta la única prenda que María Luisa cosió para la cofradía. Joselito Lérida incluyó en la edición de su Primer Pregón de la Hermandad de los Gitanos unos inefables versos dedicados a la labor de "modista" de nuestros sagrados titulares de su señora esposa. Con estos versos, que por otra parte nos ofrecen algunas pistas que investigar, queremos despedir esta entrega del blog4 :

... y con su hacer de modista,
 para la Virgen, y el Señor,
y San Juan Evangelista.

Hasta el manto de su salida,
carmesí, púrpura, estrenó...
Favorecía su hermosura,
en su pena y su dolor
Angustias, de San Román,
Gitana y Madre de Dios.




1. Boletín LOS GITANOS nº 37 de Enero de 2003, pág. 9.
2. MARTÍNEZ ALCALDE, JUAN. Boletín de las Cofradías de Sevilla nº 601. Marzo de 2009, pág.213.
3. En las postales de Ediciones Arribas, se tomó otra a la María Santísima de las Angustias en el interior de San Román. En esa postal la Virgen no lleva aún la saya de Gitanillo estrenada en 1953. Diario SEVILLA. Edición de 9 de marzo de 1953.
4. LÉRIDA Y VARGAS, JOSÉ. Primer Pregón Hermandad de Los Gitanos. Imprenta Toribio. Sevilla, 1986.





domingo, 1 de noviembre de 2020

MARUJA Y EL SELLO DEL GENERAL


No hace mucho adquirí en una página de coleccionismo una vieja estampa de la Virgen de las Angustias. Lleva el pié de imprenta de D. Francisco Vera Mármol, hermano mayor honorario que fue de la corporación, con establecimiento en el número 5 de la plaza de la Europa. Aunque no aparece la fecha de su edición, yo la supongo de finales de los años treinta. Esa misma foto, con la Virgen vestida de hebrea, figura encabezando la convocatoria de los cultos cuaresmales de 1938.




En la imprenta de Francisco Vera trabajaba José Vega Niño, secretario y factótum de la hermandad en aquellos duros años, al que muy probablemente se deba la redacción del texto que aparece en el reverso. Lo que más llama la atención del mismo es la petición de ayuda al pueblo sevillano. Con un lenguaje bélico, propio de la época, se menciona la destrucción de las Imágenes, enseres y capilla por las "hordas marxistas", no olvidándose destacar la vinculación con la cofradía de la señorita María Queipo de Llano, la hija menor de Gonzalo Queipo de Llano y Sierra, el general protagonista del alzamiento militar en la ciudad, al que alguno llegó a llamar el Virrey de Andalucía.

Si su padre fue macareno, Maruja Queipo de Llano y Martí era de los Gitanos. Ella fue la madrina en la ceremonia de la bendición de la Santísima Virgen, el 14 de marzo de 1937, e igualmente la nombraron camarera honoraria. Se implicó a fondo en el resurgimiento de la hermandad, y a principios de 1938 abrió una suscripción popular para que se ayudara en lo posible a remediar la postración sufrida con el incendio de San Román (1). Maruja trató de convencer a don Gonzalo de que interviniera en la cuestación, lo que al militar no le pareció buena idea, pues pensaba que ya había pedido bastante dinero a los sevillanos con motivo de la guerra y para el rescate de la corona de oro de la Esperanza Macarena, así que nuestra Maruja, a escondidas del general, se hizo con el sello personal de éste, con el que firmaba los documentos oficiales, y con el mismo estampado en cartas que ella misma mecanografió, solicitó la colaboración de buena parte de la burguesía local en la referida suscripción. Su hija, mi amiga Ana Quevedo, cuenta esta anécdota en las memorias que escribió sobre su abuelo, y como su madre se llevó a media junta de gobierno al cortijo de Gambogaz para que le ayudaran en la tarea. No fueron sorprendidos in fraganti por el general de casualidad (2).


Guillermo Cantalapiedra, José Bocio, Enrique Navarro, María Queipo de Llano, Juan Peinado, Alfonsa Domenech, Baldomera Sánchez y Currito "El Saetero". Foto de J.J. Serrano en portada del ABC de Sevilla. 28 de marzo de 1939.

Maruja estuvo en mayo de ese año en el festival en el Teatro San Fernando que dio la actriz Carmen Díaz a beneficio de la hermandad, al que sí asistió su padre, y que fue todo un éxito. Ella había movido por detrás los hilos, y esta vez no podían ponerle pegas (3). Estuvo en la bendición de la nueva imagen del Señor de la Salud, y así aparece en la portada de la sevillana edición de ABC del 28 de marzo de 1939, junto a los donantes de la efigie, D. Juan Peinado y su esposa Dña. Alfonsa Domenech. Las notas de prensa de la época refieren su presencia en cada uno de los actos y cultos que la hermandad celebraba, y su ayuda fue constante. Incluso convenció a su señora madre para que le regalara a la Virgen su valioso traje de novia, a fin de que la sagrada imagen tuviera algo más en su entonces pobre ajuar.

En el verano de 1939, tras unas críticas en público al general Franco, D. Gonzalo Queipo de Llano cayó en desgracia, y el nuevo régimen lo envió al exilio en Roma, camuflando el asunto como una misión diplomática. Maruja fue la única de la familia que marchó con él. Allí se enamoraría del comandante Juliano Quevedo, asistente del general. Aunque el exilio duró solo un par de años y Queipo de Llano volvería a Sevilla con su hija para mantenerse en el ostracismo, ella, que nunca dio su brazo a torcer, no tardó en marcharse a Madrid para casarse con su amor, casi en secreto, a pesar de la oposición de su padre y del resto de la familia. La hermandad se había despedido de ella nombrándola "Camarera de Honor Perpetua". Sólo volvería a Gambogaz, ya con una pequeña hija, para estar con el general en sus últimos días. 


Maruja Queipo de Llano arreglando a la Virgen de las Angustias.


Tengo que contaros que gracias a aquella pequeña estampa con la que empezábamos, y a la lectura de su libro, he hecho amistad con Ana Quevedo, la hija de Maruja, una mujer encantadora donde las haya, que ha tenido el detalle de enviarme el nombramiento de su madre como camarera de honor perpetua, para que sea la hermandad quien lo conserve. El pergamino, aunque sencillo, está realizado por el artista sevillano Guillermo Bonilla García (4), que sólo unos años después diseñaría las antiguas andas del Señor. Viene firmado por José Vega Niño como secretario, Joaquín Serrano Filigrana como hermano mayor, y Antonio Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana" como mayordomo.


Nombramiento de Camarera de Honor Perpetua. Bonilla, 1942.


Quisiéramos terminar este recuerdo que hemos tenido para nuestra Maruja, que tanto bien hizo a la hermandad, con un fragmento de una poesía que, imitando el estilo de los hermanos Quintero, le escribió el mismo José Vega Niño "Joselete" en 1938. Un piropo que ella conservó con cariño durante toda su vida, que se extinguió en 2001. Que el Señor de la Salud y su bendita madre de las Angustias la tengan en su Gloria.

"...pero había güenas almas
que se han sabío rascar
y tenemos lo más grande
¡La hija der Generá!
¡Der Sarvaó de Seviya!
La morena más juncá,
más graciosa y más bonita
que te púas imaginá.
Maruja, nuestra madrina,
¡Dios bendiga a su papá!
Que por su Virgen bonita
está toita chalá.
Es tan buena esa muchacha,
tan pressiosa y tan cabá,
que si, ¡lo que Dios no quiera!
nos vorvieramo a queá
sin la Virgen e las Angustias
no había que desesperá, 
porque a ella la poníamo
en su mismo pedestá
y es seguro que tar cambio
nadie lo había de notá,
y seguro que la Virgen
no se había de enfadá..."


José Vega, gitano y secretario de la hermandad
4 de marzo de 1938




1. Diario ABC de Sevilla, edición de 5 de febrero de 1938, pag. 28. Aparece una primera lista de participantes en la suscripción.
2. QUEVEDO Y QUEIPO DE LLANO, ANA. "Queipo de Llano. Gloria e infortunio de un general". Editorial Planeta, 2001. Pp. 680-685
3. Véase la entrada del blog "Carmen Díaz y la Hermandad de los Gitanos"
4. El pintor Guillermo Bonilla García (1912-1988) había ya colaborado con Fernández-Andes en la policromía del Señor de la Salud, como posteriormente lo haría con Ortega Bru con el Cristo de la Misericordia de la hermandad del Baratillo y con el misterio de Santa Marta. También diseñó las andas de esta última hermandad, e ilustró los libros de reglas de las de San Isidoro y los Estudiantes. Fue igualmente un reconocido cartelista.




jueves, 1 de octubre de 2020

LA VISITA DEL GOBERNADOR REPUBLICANO


Mucho se ha escrito y de forma diversa sobre los años de la Segunda República en los que no salieron las cofradías: en 1932, con la conocida excepción de la Estrella, y en 1933. Mientras que para unos la decisión estuvo plenamente justificada por motivos de falta de seguridad ciudadana y por el anticlericalismo que mandaba en la política, para otros las hermandades se dejaron manipular por los elementos más conservadores, que las regían a través de la Federación de Hermandades y Asociaciones Piadosas de la Diócesis de Sevilla, constituida el 14 de febrero de 1932.

Es cierto que el nuevo régimen político no contaba aún con un mes de vida cuando ya se produjeron en varias ciudades graves incidentes que acabaron con el incendio intencionado de edificios religiosos. Aquel mayo de 1931 se había saldado en Sevilla con la capillita de San José arrasada por las llamas, y con el saqueo de los conventos de las Mínimas, el Buen Suceso, los Paules, Capuchinos y el Colegio de Villasís. La aparente pasividad de las autoridades locales alarmó a los católicos, y todavía se enrareció más el ambiente cuando se adoptaron una serie de medidas legislativas en orden a instaurar un laicismo militante, como la retirada de los crucifijos de las escuelas públicas, la prohibición del toque de campanas o la supresión de la ayuda estatal al culto y al clero.

En la cuaresma de 1932, ante el desorden social y temiendo atentados terroristas, comenzó en el seno de las hermandades y cofradías un debate acerca de la oportunidad de realizar o no ese año la estación de penitencia. El día 10 de febrero se celebró en un restaurante de la calle Albareda una reunión de hermanos mayores para estudiar el asunto, y aunque la postura mayoritaria fue contraria a las salidas procesionales, se dejó que el cabildo general de cada hermandad tomara la decisión final. 


Recorte de "El Noticiero Sevillano". 11 de Abril de 1932 (1)

Días después, la recién constituida Asamblea de la Federación de Hermandades, lo que hoy podría decirse el Consejo General de Cofradías, decidía que en esa Semana Santa se velara el Monumento de la Catedral la noche del Jueves Santo por todas las hermandades de Sevilla. Las hermandades asumieron el costo de la instalación del monumento, porque el ayuntamiento negó la subvención que hasta entonces daba al cabildo catedralicio para su montaje.

Parece ser que las autoridades locales deseaban las salidas de las procesiones, al menos para dar una sensación de normalidad. Se garantizó a las cofradías que ellas sí que cobrarían la subvención. Incluso la del año anterior, que había dejado pendiente de pago el ayuntamiento monárquico. El gobernador civil, D. Vicente Sol, trató de influir en la decisión de nuestra cofradía enviando un generoso donativo, conocedor de las sempiternas dificultades económicas de la hermandad.

Las cofradías fueron celebrando sus cabildos extraordinarios para decidir sí salir o no en procesión en la Semana Santa. En la nuestra, se acordó por unanimidad no salir. Además, se hacía mención del mismo modo que los días próximos a Semana Santa los pasos estarían expuestos en San Román para que los fieles pudieran visitarlos. Con el donativo de D. Vicente Sol se compró un hermoso ramo de flores que se envió a su señora esposa.

Como es sabido, esa Semana Santa sólo procesionó la Hermandad de la Estrella, el Jueves Santo, sufriendo una serie de altercados en su recorrido. Horas más tarde, llegada la madrugada, a nuestra hermandad le correspondía el horario de cuatro y media a cinco de la mañana del Viernes Santo en el turno de vela ante el monumento de la Catedral. Cada hermandad se citaba discretamente en la Puerta del Lagarto del Patio de los Naranjos, se organizaba en la Sala Sacramental del Sagrario, y desde allí, encabezada por la cruz de guía, hermanos de paisano con cirios, y el estandarte corporativo, pasaban ante las cuatro caras del monumento eucarístico, ante el que se realizaban los rezos durante media hora. Pero ¿Quién dijo que la Hermandad de los Gitanos no iba a hacer aquella madrugada pública demostración de fe por miedo? Mientras unos hermanos quedaron en el templo custodiando a nuestros sagrados titulares, otro grupo de hermanos, vestidos de paisano, pero en su mayoría descalzos, salió por las puertas de San Román con su cruz de guía y su estandarte, como si de un viernes santo más se tratara, y desde allí fue perfectamente formado por las calles de Sevilla hasta la catedral para honrar al Santísimo. El que fuera inolvidable vestidor del Señor, Francisco Vega Moreno, "Francisquito", que participó en esta insólita procesión con tan sólo trece años, la recordaba como uno de los momentos más emotivos que había vivido en la hermandad (2). Los cofrades a los que iban a relevar quedaron tan impresionados de tan valiente gesto que muchos de Pasión y el Gran Poder regresaron a sus sedes del mismo modo.

En cualquier caso, los temores que habían tenido aquel año muchos sevillanos no fueron infundados. No habían transcurrido dos semanas desde el Domingo de Resurrección cuando una mala noticia despertó a la ciudad. La Iglesia de San Julián había sido incendiada en la madrugada del 8 de abril por unos desalmados que echaron gasolina bajo su puerta. La Virgen de la Hiniesta, atribuida a Montañés, el Cristo de la Buena Muerte, la Hiniesta Gloriosa, habían perecido entre las llamas. 

Con estos antecedentes, en 1933 todas las cofradías decidieron no realizar la estación de penitencia, y se repitió el turno de vela. Nuestra hermandad volvió a montar sus pasos y al parecer se montó tal algarabía en la plaza de San Román que el nuevo gobernador civil, D. Joaquín García Labella, se personó en la misma, donde se le recibió con entusiasmo, invitándosele a pasar al interior de la parroquia. La prensa nos ofrece versiones contradictorias de esta visita según el sesgo político de cada periódico.

El madrileño y republicano diario "Ahora", del que fue subdirector Manuel Chaves Nogales, nos da la versión más pintoresca. El gobernador fue recibido en la iglesia de ¿San Ramón? con vivas al Cristo y a la República, se cantan infinidad de saetas e incluso dice que hubo un intento de sacar el paso, del que al final se desiste
.


Recorte del diario Ahora, edición del 15 de abril de 1933 (3).

Otro diario nacional, "El siglo futuro", de orientación carlista, no se queda atrás en cuanto al costumbrismo. Da a entender que el gobernador se presentó casi para resolver un problema de orden público en San Román, "el barrio de los gitanos". Los vivas aquí son a "la Sevilla católica". Se añade que hubo trompetas y tambores y se tocaron marchas procesionales, aunque nada se dice de que se intentara siquiera salir. Es el párroco quien abre las puertas del templo, y los gitanos se están hasta el amanecer cantando saetas y dando vivas.

 
Diario El Siglo Futuro, edición del 15 de abril de 1933 (4).

El que parece más ecuánime es el diario "El Sol", para el que la prestigiosa agencia de noticias Febus reporta lo siguiente:

"El gobernador civil acudió durante la madrugada a la plaza de San Román, donde se hallaban congregados todos los gitanos de Sevilla, para reverenciar a su Cristo. Los cofrades, al advertir la presencia de la primera autoridad gubernativa, le invitaron a pasar al interior de la iglesia, donde le hicieron un entusiasta recibimiento, alternándose los vivas a Cristo, a la Virgen de los gitanos y a la República. Algunos gitanos cantaron saetas" (5).

Lo que sí está claro es que, a pesar de lo convulso de aquellos tiempos, ninguno de los que estaban esa madrugada en el templo podía vislumbrar la terrible tragedia que se iba a vivir en España tres años más tarde. Ni aquellos antiguos hermanos podían imaginar que iban a perder las Sagradas Imágenes a las que vitoreaban, ni el pobre gobernador Joaquín García Labella intuir que sería fusilado en su Granada natal por sus ideas políticas.


1. Hemeroteca Municipal de Sevilla. El Noticiero Sevillano. 11 de abril de 1932. 
2. Boletín Informativo de la Hermandad de los Gitanos nº 16. Febrero de 1990. Pág. 14.
3. Hemeroteca D)igital de la B)iblioteca N)acional de España. Diario Ahora. 15 de abril de 1933. Página 8. 
4. H.D.B.N.E. El Siglo Futuro. Sábado 15 de abril de 1933, Página 2.
5. H.D.B.N.E. El Sol. 15 de abril de 1933. Página 6.

martes, 1 de septiembre de 2020

TÍPICOS TÓPICOS



El semanario madrileño Blanco y Negro publicaba el 15 de Septiembre de 1929 -año recordemos de la Exposición Iberoamericana de Sevilla- un relato corto del dramaturgo Pedro Pérez Fernández que tenía como protagonista a nuestra Hermandad de los Gitanos. El propio autor en el título lo calificaba como cuento anecdótico, por lo que sospechamos que el suceso que refiere nunca ocurrió, y que se trata de un bulo más entre todos cuantos se han achacado a nuestra cofradía (1).

Pérez Fernández, colaborador del más afamado escritor Pedro Muñoz Seca, fue con éste uno de los creadores de ese género teatral cómico llamado la astracanada, tan de moda en esa época, y en el que se perseguía la risa a costa de recursos fáciles, situaciones disparatadas y la subversión del lenguaje. El cuento que hoy traemos no es una excepción en la obra de este autor, y está repleto de tópicos, exageraciones y de un constante abuso de lo que se supone una recreación del modo de hablar popular de los sevillanos. Las caricaturas que ilustraban el cuento, realizadas por el dibujante malagueño Francisco Sancha Lengo "Sancha", tampoco ayudaban mucho a salir de los estereotipos. 

El tópico utilizado por el escritor es de los clásicos: la supuesta aversión de los gitanos a la Guardia Civil. El autor parodia -como ya vimos que hizo años antes Muñoz y Pabón- un cabildo de oficiales de la hermandad, haciendo sus chistes a costa de las penurias económicas de la corporación. Ante la imposibilidad de afrontar los gastos de una banda de música, una comisión de hermanos se decide a acudir a solicitar la mediación de D. Carlos de Borbón y Borbón, Infante de España, quien desde 1921 estaba destinado como Capitán General de la región militar. Al final, ante el estupor de los hermanos, el Infante consigue el acompañamiento de una muy particular banda de cornetas y tambores, la de la Guardia Civil. Pero no hagamos eso que los chavales llaman hoy un "spoiler" y pasemos a leer el sainetesco relato.


Cuento anecdótico.
UNA VISITA AL INFANTE

Bajo la clara luna del Parasceve desfilan por las calles de la Ciudad de la Gracia las Cofradías de madrugada. Es la primera la aristocrática del Silencio; van tras ella la devota, la magnífica del Gran Poder; la espléndida, la alegre de la Macarena; la grave, la solemne del Calvario; la radiante, la bulliciosa de la Esperanza de Triana, y, finalmente, la modestísima, la cenicienta: la de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Nuestra Señora de las Angustias, conocida vulgarmente por la de los gitanos.

Humilde y pobre es esta Hermandad, pero está formada por veinte o treinta gitanos leales que no dejarían de sacar sus pasos a la pública contemplación aunque se jundiera er firmamento mundo.

Y no es cosa de poco lo que le cuesta salir a una Cofradía:
Ponga usté la cera, que no la dan de barde ni está barata; ponga usté lo que hay que apoquiná a los costaleros, capatases, sancristanes, curas y monacillos; ponga usté las flores, que no van a di Nuestro Pare Jesú y su Santísima Madre, sin su güen ciento de claveles y lirios Él, y sus rosas y marnolias Ella; ponga usté, que hay que ponerlo también, porque tos son gastos, la tiza o la marnesia pa limpia los varales der palio y las insirnias; no se deje usté en er tintero dies o dose duros que se van sin sabe cómo, entre clavos, porpurina pa retoca los canastos y otras menuensias, y no quiero desirle na de la porra de pesetas que se llevan los músicos, porque, ¡eso no!, saca a Nuestro Pare Jesú sin música detrás pa que lo anime a El y nos anime a nosotros, eso ¡enjamá de los jamases! ¡Por si es con música y to y armando ruío, que se le encarga ar de los platillos que atise duro y con ange, y no nos hase caso la mita e la gente!
— ¡...!
—No, señó; en cuanti pasa, que pasa, la Esperansa de Triana, como ya es mu tarde, ¿sabe usté?, se alevanta to er mundo de las sillas, se quean los barcones vasíos, se van despoblando las calles y, cuando pasamos nosotros, no vemos más que espardas por tos laos.
¿...?
—Probes que semos, seño, y eso es peó que se hijo de guardia civí.  
—Pero ¿por qué le tienen ustedes tanto horror al benemérito Cuerpo?
—¡Calle usté, cristiano! ¿Nosotros?
—Yo creo que los guardias civiles...
—¿Vamo a no menta a los civiles? ¡Ea, pos vamo a no mentarlos, que eso tiene mucho arate!
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Se reunió el Cabildo de la Cofradía para aprobación de cuentas y discusión de proposiciones sobre los medios de arbitrar recursos.
S'ha menesté pagá la cera del año pasao.
—¿Y qué se hase con la del antipasao y la del anti-antipasao?
—Hombre, lo pasao, pasao. ¡No vamo a está hablando siempre de lo mismo! ¿Sé aprueba?.
—Aprobao.
—Pos entonses se le hase ar cerero un resibo en globo de la cera que semos en debe y que nos fíe la de este año. ¿Semos de fiá o no semos de fiá?
—Eso ni se pregunta. Aquí semos tos personas desentes.
—Compadre, arto er carro, que eso tiene que se por votasión, porque hay que hasé las cosas sujetándose ar reglamento. ¿Se aprueba que semos de fiá?
—¡Se aprueba!
—Aprobao.
—Pues entonces, presupuesto que hay un devoto que ha ofresío paga a los costaleros con más un piquíllo que se pué invertí en flores...
—Un voto de grasia pa er devoto.
—Se aprueba er voto pa er devoto; pero dejarme hablá. Como er devoto, que yo sé quién es, no va a cumplí, ni que desí tiene que tamién hay que dejá a debé este año las flores y los costaleros.
—Eso está en el orden.
—¿Se aprueba?
—¡Aprobao!
—Güeno; pos dejando a debé, como siempre, los gastos menúos, y pasando ar debe y ya se pagará lo de los capatases, los gastos de la parroquia y lo que ha costao er quinario, que por argo s'ha aprobao que semos de fia...
—¡Aprobao, aprobao!
—...Pues ya sólo farta er parné pa la música. Son tres mil reales, que hay que busca como sea.
—¿Y a quién le sacamos ese dinero?
—Ár que se deje. ¡To menos que sarga Nuestro Pare Jesú sin charanga. ¿Se aprueba?
—¡Aprobao!
—Pos no habiendo más asuntos de qué trata...
—Pido la palabra: ¡Viva Nuestro Padre Jesús de la Salú!
—¡Vivaaaaa... !
—Se levanta la sesión.

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No hay cosa como la de reunirse en cabirdo pa arreglá lo que sea. Ya veis qué pronto s'ha solusionao to.
—To menos lo de la música, porque los músicos no soplan ni pa apagá un misto si no se les lleva er dinero por delante.
—Eso lo vamos a sorventá tú y yo y éste: con tres que vayamos es bastante, porque mientras menos burtos más clariá.
—¿Y dónde vamos a dí?
—A ve al infante don Carlos.
—¡Cristiano!
—¡Menos aspavientos, compadre! El infante don Carlos ¿no es er capitán generá de Sevilla? ¿Pos sí él no tiene mando pa manda que a Nuestro Pare Jesú le toque ar fiao la banda de un regimiento, qué mando tiene?
—¿Y va a queré?
—Con palabritas de mieles se consigue to. Vamos andando.
—¡Ya estarnos allí!
—Oiga usté, señó comandante ayuante, premita Dio que pa esta feria lo veamos a usté vestío de brigadié, ¿querrá el infante don Carlos resibí a la Mesa de la Cofradía de los gitanos?
—Esperen un momento. Voy a ver...
—¡Nos resibe, hombre; nos resibe! ¡Si es asúcar cande este infante de España! No hay más que verlo con la simpatía que va a pie por las calles, metiéndose en toas las bullas y saluando a troche y moche, que debe gorvé a su casa con el braso tronchao.
—¿Pos dónde me deja usté a su mujé? ¿Ha visto usté en su vía una rea señora más llana, más fina v con más salero que ella?
—Pos to eso es lo que se ve, que lo que no se ve es toavía más grande. Aquí en palasio hay una donsella que es media parienta mía, y esa me ha dicho -¡cuidiao, que esto no sarga de aquí!- que en su vida partícula es donde hay que ve los sensillos que son los infantes, ¡Como que s'acuestan sin ponerse la corona ni na!

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—Pasen ustedes. El señor les aguarda.
—Con la venia.
—Beso la mano.
—Alabado sea er Santísimo Sacramento del Artá...
—Adelante, adelante, señores. ¿En qué puedo servirles?
—Nosotros semos...
—¡Ya, ya! Hermanos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Nuestra Señora de las Angustias. La de los gitanos.
—Cabalito. Pues aquí venimos, don Carlos de mi arma, a contarle a usté nuestra tribulasión.
—¿Qué es ello?
—Pos que no vamo a poé saca a Nuestro Pare Jesú este Viernes Santo. ¿Le parese a usté poco?
—Ah, no; eso tiene que arreglarse. ¿Cómo va a haber Semana Santa en Sevilla sin que salga la Cofradía de los gitanos?
—¡Ole ahí, y cómo chanela su ilustrísima!
—¡Viva usté mil años, don Carlos! ¿Qué don Carlos? ¡San don Carlos !
—Uno solo. Que hable uno solo.
—Yo mismito. Mire usté. Su Artesa; saca a Nuestro Pare Jesú poemos sacarlo, pero va a sé sin música, porque no hay parné; y como sacarlo sin música es lo mismo que no sacarlo, pos más vale que no lo saquemos.
—¿Y qué tengo yo que hacer?
—¡Lo que usté quiera! Con que Su Artesa Reá mueva un deíto, ya están toas las bandas de música de Sevilla tocándole de barde a Nuestro Pare Jesú. ¡Y cuánto se lo va a  agradesé! ¿Usté no ha reparao cómo se alegra su semblante divino cuando le van tocando las cornetas y los tambores? ¡Es otro!
—¡Por las espinas de su corona! ¡Haga usté un poé, don Carlos!
—Esperen. Telefonearé a los regimientos y veremos qué banda hay disponible.
—¡ Dios se lo pague !
—…..
—¿Regimiento de Granada…?
—…..
—¿Sale la banda de música el Viernes Santo de madrugada?
—…..
—¿En la Macarena ? Bien, bien.
—…..
—¿Regimiento de Soria... ?
—…..
—¿Tienen ustedes contratada la banda para la madrugada del Viernes Santo?
—…..
—¿En Triana ? Bien, bien.
—¡La Banda Munisipá, don Carlos; hable usté con el arcarde!
—No. Intentaremos antes... Creo que es el número 33042... Sí... Ya está.
—….. 
—Oigan, oigan. Aquí el infante. ¿Esa banda de cornetas tiene contrato para el Viernes Santo de madrugada?
—…..
—¿No? Pues oiga: dígale al coronel que queda a mis órdenes.
—¿Ya, don Carlos?
—¡Ya, hombre, ya! Todo tiene arreglo en este mundo. No es banda de música: es sólo de tambores y cornetas. Pero algo es algo.
—Sí, señor; sí, señor.
—Y, sobre todo, ¡para lo que les va a costar a ustedes...!
—¡Es usté un santo ! ¡Deje usté que le besemos la mano!
—No, gracias, gracias.
—Y diga usté: ¿de qué regimiento es?
—Pues va a acompañar a Nuestro Padre Jesús nada menos que la banda de cornetas y tambores de la Guardia civil.
—¿De la Guardia civil? No; déjelo usté. Que no se molesten. ¡Lo sacaremos sirbando!

PEDRO PÉREZ FERNÁNDEZ.


La pintoresca visión de Francisco Sancha de un cabildo de la hermandad con la que ilustraba
 en el semanario Blanco & Negro el cuento de Pedro Pérez Fernández. No faltaban ni las varitas de mimbre.


1.- Tan falsa fue la anécdota que se publicó pocos años después en el Heraldo de Madrid, en su edición de 25 de Octubre de 1933, pero en vez del Infante D. Carlos, esta vez el protagonista era D. Vicente Sol, gobernador civil de Sevilla en tiempos de la república.