lunes, 1 de octubre de 2018

UNA SALIDA AL ALBA

Hace unos cuantos meses atrás en una de las entradas del post mencionamos la particularidad de la Semana Santa de 1928. En el espléndido Boletín de las Cofradías de Sevilla del mes de octubre de 2013 número 656, dedicado en gran medida a la Hermandad de los Gitanos, escribieron sobre ésta salida, pero las fotos que acompañaban aquel reportaje no se correspondían con la mañana del Viernes Santo de 1928, sino de 1934. Aunque de esto último ya daremos una explicación en otro momento, vayamos con lo que nos atiende esta entrada.

Como ya leímos anteriormente en aquella entrada de este mismo blog, "Una reunión en la calle Castilla", la Junta de Gobierno estaba compuesta por los gitanos de Triana. El tratante de ganado Ramón Bermúdez era hermano mayor; Francisco Moreno Rufino, mayordomo, Juan Vega, veterano secretario. Se llevaron a cabo algunos estrenos, lo que la economía de la época permitía. Restauraron los candelabros del paso del Señor y estrenaron los guardabrisas. Y en el palio se reformaron los varales y la candelería. ´

La tarde del Jueves Santo y la madrugada del Viernes Santo estuvieron marcadas por la lluvia. Tanto es así, que durante la noche ninguna de las seis cofradías de la jornada pudieron salir. La hora prevista de salida de nuestra hermandad era a las 2:30, en Campana a las 4:30, Catedral a las 5:50 y entrada a las 10:00. Pero al amanecer en cuanto amainaron, las lluvias, salieron las cofradías de los Gitanos y la Macarena. Fue la nuestra la primera en hacerlo, poniendo la cruz de guía en la calle a las seis de la mañana. La Macarena lo hizo a las ocho, y la Esperanza de Triana pidió permiso para salir a las tres de la tarde, delante de la Carretería. Aquel día fue la última vez que los hermanos vistieron las túnicas de cola blanca y esparto, con antifaz negro en el Señor y morado en la Virgen. 

En la prensa se menciona un número importante de extranjeros entre el público. Como 'Miss Lith' y otros americanos, acompañados por un periodista del El Correo de Andalucía, que les quería mostrar lo que era aquella famosa noche en Sevilla. Y es que a pesar de la lluvia que caía durante la madrugada, por lo que se da a entender era más bien poca, aquellos turistas no querían irse a casa sin ver las cofradías. Así al alba, a pesar del cansancio: "Pero ... entusiasmo nacido, no sabemos en qué fondo freudiace de la subconsciencia, nos mueve a gritar: ¡Viva la Macarena! ¡Viva los Gitanos!"(1).

Lamentablemente la Hermandad no pudo realizar estación de penitencia a la Catedral y tuvo que rodearla porque a esas horas habían comenzado los Oficios del día. Más suerte tuvo la Macarena al salir más tarde (2).

Antiguo Señor de la Salud por la Plaza San Francisco.
Foto de Juan José Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla.

La foto que ponemos es una de las tres que realizó Juan José Serrano prácticamente en el mismo sitio aquella mañana. Nuestro Padre Jesús de la Salud va sobre el paso adquirido a la hermandad del Valle en agosto de 1898 (3), aunque algo reformado. De hecho en la petición de subvención al Ayuntamiento del año 1900, se nombraba el estreno del paso (4). Documento del que ya hablaremos más adelante.
Se aprecia la escasez de flores sobre un monte de corcho a simulación de piedra. En las esquinas del paso junto a los candelabros, se ven unas piñas piramidales de flores, que tantas veces se ven en las fotos de la antigua Imagen en años anteriores.

Podemos ver el brillo de los cuatro candelabros de guardabrisa de esquina en comparación con los que flanquean al Señor. Esos candelabros centrales, fueron sustituidos por otros que observamos en fotos de 1930, que iban más en consonancia con los de las esquinas. Si miramos el del lado izquierdo de la parte trasera, se aprecia que falta un guardabrisa, no parece que tuvieran un buen estreno.

El Señor lleva la magnífica túnica bordada estrenada en 1892, atribuida a Rodríguez Ojeda por similitudes del dibujo con la de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia de 1889 documentada de su factura. Fue esta la última constancia gráfica de que la llevara en la calle. Uno de las detalles de la foto a tener en cuenta, son las potencias que lleva el Señor. Hoy día esas potencias se encuentran en San Lorenzo, pertenecen a la hermandad de la Bofetá y suelen ser la que sacan en la estación de penitencia. Puede que sea un préstamo fruto de las relaciones que se entablaron entre ambas cofradías en el tiempo que coincidieron en San Román. La corona de espinas parece ser que es la que le labró Joaquín Bilbao en 1925. Si bien da la sensación de que ha sido rebajada, pareciendo menos gruesa.


Antigua Virgen de las Angustias por los palcos de la Plaza San Francisco.
Foto de Juan José Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla.

La Santísima Virgen va sobre el palio negro que perteneció a la hermandad de Monte-sión. Los hermanos entrevistados en la cuaresma comentan que los respiraderos, varales y candelería han sido reformados y plateados. Además estiman que el palio tendría unos nueve años. Este dato coincide bastante con lo que menciona Carrero Rodríguez del estreno en 1919 (5). Aquel palio había sufrido varias modificaciones y probablemente esa fecha fuese una de ellas, los hermanos más antiguos siempre hablaron de un palio burdeos. ¿Estaríamos hablando de un conjunto burdeos?. En la foto aún lleva la saya en 1893 sobre el terciopelo burdeos original y atribuida en alguna ocasión a Juan Manuel Rodríguez Ojeda. En las fotos de 1934 se ve que ha cambiado el soporte a tisú blanco. El manto al igual que el palio, fue estrenado prácticamente al mismo tiempo. Podríamos suponer que también provendría del taller de Rodríguez Ojeda. El antiguo palio metálico de Ysaura se sigue utilizando en esas fechas a modo de respiraderos. Las corbatas que hacen esquina son las mismas que lo adornaban en Monte-Sión en las fotos decimonónicas que conocemos. En la bambalina frontal se encuentra el escudo de la hermandad. Ocupando uno de sus óvalos, bajo capelo arzobispal, el corazón agustino, en recuerdo a los lazos de unión con los recoletos del Convento del Pópulo, que entre 1754 y 1837 acogieron a nuestra corporación, y que hoy sigue estando presente en el escudo actual. En el otro óvalo, el escudo de Castilla, y rematando ambos, quizás demasiado elevada, la Corona Real.


Como vemos, lo extemporáneo de la salida hizo que Serrano no tuviera muchos inconvenientes para desplazarse por unos palcos desiertos en el lado de la autoridades locales. Si la foto del Señor la había tomado frente al edificio de la Audiencia, a la altura de la esquina de la calle Francisco de Bruna, para tomar la del palio se adelantó, dejando atrás al fondo la calle Chicarreros. Algún paraguas abierto nos recuerda la inoportuna lluvia que obligó a la cofradía aquel año a salir al alba.



(1). H.M.S. El Correo de Andalucía. 7/4/1928. Página 1.
(2). Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional. El Imparcial. 7/4/1928. Página 8.
(3). Boletín de la Hermandad del Valle. Número 59 .Febrero 2014. Páginas 20 a 23. Evolución de los dos pasos de misterio desde 1804 hasta 1923. De Félix M. Hernández-C. Martín.
(4). A.H.M.S. Colección Alfabética. Semana Santa. Caja 633. Año 1900.
(5). Anales de las Cofradías Sevillanas. Juan Carrero Rodríguez. Edición de 1991. Página 434. 

sábado, 1 de septiembre de 2018

"MADRUGADA DE VIERNES SANTO DE 194..."

Allá por los años sesenta del pasado siglo, la edición sevillana del diario ABC publicaba en cuaresma una sección dedicada a temas cofrades, con el título "Oro y esparto", en la que se incluyeron artículos que son auténticas joyas históricas y literarias. La que hoy traemos aquí, publicada el día de San José de 1968, dedicada a nuestra hermandad, no lo es menos y se debió a la pluma de D. José Antonio Calderón Quijano, catedrático de Historia de América, Director de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos y en aquella época, aunque por su natural modestia firmara este artículo sólo con sus nombre y apellidos, Excelentísimo Rector Magnífico de la Universidad de Sevilla (1). Hace en ella Calderón Quijano un retrato de como había vivido dos décadas antes la experiencia única de salir de nazareno de nuestra cofradía, en su época más difícil, en aquellos años de la posguerra. Aunque el estudioso incluye en su descripción algunas escenas costumbristas, de las que no gustaban ni gustan mucho recordar en el seno de nuestra corporación, lo hace con un tacto exquisito, transportándonos a otro tiempo que hay que entender más que juzgar, y terminaba valorando todo lo que la hermandad había luchado para llegar a ser -ya en la época en que escribe esta semblanza- una de las mejores cofradías de Sevilla.




Isidro, Juan y yo salimos ese año en los Gitanos. El motivo no viene al caso, pero si quizás algo de lo que vimos en aquella cofradía. Cofradía de barrio tan propia en todos sus detalles, no salía entonces de San Román, sino de Santa Catalina. Tampoco llevaba sus imágenes de siempre. El fuego las había destruido con su templo, y sólo había dejado intacta la fe y el entusiasmo en sus hermanos y devotos. La cofradía salía en precario. Todo nuevo, pobre y apenas terminado. Sacar los pasos a la calle era el resultado de un gigantesco esfuerzo de la Junta de restauración. La casa del hermano mayor le había servido de sede. Una gran habitación baja se utilizaba por las noches como sala de juntas, pero durante el día servía también de taller de costura, depósito de cera, oficina de contratación, y otros infinitos menesteres que sólo los verdaderos cofrades conocen. Son aquéllos el nervio de una cofradía, y sin ellos no se pueden poner los pasos a la calle.

Llegó el Viernes de Dolores y sólo faltaba una semana para salir. A primera vista, todo estaba dispuesto y preparado. Faltaban, sin embargo, los infinitos detalles, cuya insignificancia estaba en razón directa de sus imprescindibilidad. Todavía recuerdo que esa tarde hubo quien dijo que no se había caído en la cuenta de las sotanas y capillas de los acólitos que llevaban los ciriales. No había que pensar en el terciopelo, ni en los bordados. Una pieza de tela blanca, escasa y a precio subido, resolvió lo primero. Los escudos bordados fueron sustituidos por unos impresos, a modo de sellos en tela. La sencillez absolutamente blanca, hacía más digna aquella inmaculada pobreza.

Llegó el momento de la salida, esperada con más expectación que nunca. El templo, abarrotado de devotos y nazarenos, a quienes acompañaban sus familiares -madre, hermanas, novias, hijos, hermanillos-, presentaba un aspecto único. 

Las cofradías de barrio son infinitamente más originales y características que las otras. Y entre ellas las de la madrugada. Hay hermanos -y esto ocurre desde mucho antes que la Semana Santa fuera anunciada y pregonada por la radio y la televisión- que se visten poco después del mediodía del Jueves Santo. La ropa, preparada cuidadosamente por madres o esposas, presenta ese día un aspecto de suma pulcritud. No vamos a insistir sobre el acontecimiento que para la familia, los chiquillos y las vecinas significa el vestirse de nazareno. A continuación viene la protocolaria visita a los compadres, que aguardan impacientes la ocasión para convidar al cofrade con aguardiente y torrijas. Y así, con ansia y emocionada expectación, se aguarda cada año la hora de dirigirse a la iglesia. Ya en esta viene la organización de la cofradía. Pero en los Gitanos, la organización fue sencilla, natural y sin resabios oficinescos. Nada de listas ni localizaciones prefijadas. La primera medida fue sacar a la calle la Cruz y los faroles. Luego se colocó un largo banco, perpendicular a la puerta, y el mayordomo dio la orden de salida. Los nazarenos dejaban el banco en medio, y de esta manera sencilla se formaba la doble fila (2).

En la calle, la cofradía tampoco era una más. A la derecha del atrio un grupo compacto, formado por todos los calés, presenciaba con silencioso respeto la salida de sus pasos. Aislados del resto de la gente, con personalísima dignidad, los descendientes de los faraones presentaban con extraordinario realismo sus genuinas características raciales. Rostros angulosos y aceitunados, cabellos negrísimos y brillantes, pañuelos anudados al cuello evocaban la fina y apropiada dicción lorqueña.

Lo primero de todo fue dirigirse a la plaza de San Román, donde tendría lugar un desagravio frente a la iglesia que, convertida en hoguera, lejos de acabar su devoción, había reavivado su fe. Allí, entre saetas, vibraba la población congregada y constituía un espontáneo y rotundo mentís al amañado plebiscito que veinte siglos antes condenara al Justo. Si en algo tiene cualidades únicas la Semana Santa sevillana es a su general manifestación de anhelo por la justicia. En la protesta, anualmente renovada, ante la mayor monstruosidad judicial que ha existido. Y el pueblo la siente, y la renueva con el mismo vigor del primer día, mostrando así una de las más excepcionales cualidades de su propia idiosincracia.

Desde San Román, y por el itinerario habitual bajamos por Bustos Tavera, la calle Feria, la Europa y Trajano hasta el Duque, donde comienza la carrera oficial (3).

Pasados ya tantos años conserva mi memoria vivas escenas en que se mezclan la devoción, la ilusión del nazareno y muchos otros detalles que son el exponente de toda una manera de ser.

Recuerdo un gitanillo, estampa viva de un apunte de Martínez de León, que fumaba un gran veguero, con alarde y ufanía, procurando eludir, no siempre con éxito, la presencia y la reconvención del celoso diputado de tramo.

Mantenía levantado su antifaz -pesa lo suyo el terciopelo durante cerca de once horas-, so pretexto de ver la hora en un gran reloj pendiente de una gruesa cadena de oro, que su padre le debió dar para que lo llevara durante la estación.

Al llegar al Duque los familiares y los amigos de los nazarenos abandonan la cofradía durante la carrera oficial, y no vuelven a acompañarla hasta después de pasar frente al balcón principal del Palacio Arzobispal y entrar en Matacanónigos.

Allí de nuevo, y progresivamente durante el regreso, se van incorporando y acompañan a las imágenes hasta la llegada al templo, pasando por la plaza de San Pedro y la calle Almirante Apodaca entre los efluvios de la radiante mañana, el humo de los puestos de calentito, los globos, las mesitas de dulces y sultanas y la feliz alegría del barrio que vive anualmente en esa su mejor mañana.

Distante aquella fecha. Cada año, en la madrugada única, y al pasar la cofradía por las Dueñas, me emociona el pensar lo que han conseguido la creciente fe, el espíritu y la perseverancia de una de nuestra mejores hermandades.

José Antonio CALDERON QUIJANO

María Stma. de las Angustias regresando a su barrio por el lado derecho de la plaza de Argüelles, hoy Cristo de Burgos.
  (Fototeca municipal, archivo Serrano)



1.- José Antonio Calderón Quijano (Puebla de los Ángeles, México, 1916 - Sevilla, 1995), dejando a un lado sus méritos profesionales, fue un hombre muy religioso y enamorado de la Semana Santa sevillana. Aparte de efímero nazareno de nuestra cofradía perteneció a las hermandades de Pasión y los Estudiantes.
2.- Ignoramos si aquella improvisada organización de la salida de la cofradía fue algo circunstancial. Lo cierto es que el más antiguo cuadrante que se conserva en el archivo de nuestra secretaría es de 1950.
3.- En aquellos años era frecuente que el recorrido de ida se hiciera por la Alameda, pasando por la plaza de la Europa, donde residía y tenía su imprenta D. Francisco Vera Mármol, gran benefactor y hermano mayor honorario de la corporación.





miércoles, 1 de agosto de 2018

"QUINTA ESENCIA DE LOS CAÑÍ..."


El mismo día que encontré la entrevista a aquella Junta de Gobierno de 1928 en la hemeroteca del Correo de Andalucía, di también con esta columna dedicada al antiguo Nuestro Padre Jesús de la Salud, desaparecido en julio de 1936.

Es un artículo publicado en la página cinco del Correo de Andalucía el 8 de abril de 1925, Miércoles Santo, en vísperas de nuestra jornada. Aquella hermandad de hace noventa y tres años era muy pobre y de ella sabemos algunas cosas. Por un escrito al Ayuntamiento de Sevilla se conoce que José Bocio Jiménez -más conocido como Pepe Bocio- era Teniente Hermano Mayor y que se recibía una subvención de 1545,56 pesetas (1). Y como no, tenemos testimonio que fue el año de varios estrenos de importancia: la túnica de tisú color hueso bordada por las hijas de Farfán Ramos, la corona de espinas de Joaquín Bilbao y un nuevo juego de candelabros de guardabrisa para el paso que se adquirió en agosto de 1898. 

Pero que sean las palabras de González Gamboa las que nos trasladen a aquel día y nos digan qué impresión le produjo aquella visita.


NUESTRO PADRE JESÚS DE LA SALUD

"¿Qué es lo que hace en estos días un sevillano, o un injerto en sevillano en las horas que están las cofradías en la calle?. Pues ya se sabe: andar de iglesia en iglesia, contemplando, inquiriendo y dándose al regalado gusto de contemplar los “pasos” en el templo, entre las sombras misteriosas de las naves mudéjares tibiamente iluminadas por los rayos de luz que, tamizados por los estrechos y altos ventanales, se posan discretamente en las tallas canastas, brillan en los bordados barrocos de los mantos espléndidos y acarician con dulces entonaciones las rosadas mejillas de las Dolorosas y las carnes amoratadas, lirios divinos, de los crucificados.

Llevado y atraído poderosamente en estos encantos, paso tras paso, fui la otra tarde a la iglesia de San Román. Mi propósito era ver de cerca la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud, de la que un amigo mío, el señor cura de dicha parroquia, se hacía lenguas, y de camino conocer a algunos de los nazarenos de su Cofradía, quinta esencia de los “cañí”, y una de las más fervorosas, en medio de la humildad (y quizás por lo mismo), de las que hacen estación de penitencia en Semana Santa.

Estaba la Sagrada Imagen colocada en su “`paso” y rodeada de algunos hermanos, que la contemplaban embebecidos, notando determinados pormenores relativos a la túnica (2) , estrenada en este año, cuando llegó el que escribe estas líneas. Confieso que la impresión que me produjo al ver de cerca la maravillosa efigie fué de enorme asombro. Yo nunca la había contemplado tan bien, ni había podido admirar tan a mi gusto su hermosura verdaderamente divina. La postura es nombre y humildemente arrogante; encorvándose la espalda con tanta majestad, que da la sensación de que la carga de la cruz, con ser tan pesada, puesto que pesaba lo que nuestros pecados la lleva el Hombre-Dios con infinita facilidad, con toda la facilidad y gallardía que dan el amor con que se movió para ponerla sobre los hombros divinos; vuélvese el rostro un poco hacia la derecha, dulcemente doloroso, sufrido y amable, mirando triste como poniendo en los labios entreabiertos palabras de perdón y de piedad; las manos que sostienen uno de los brazos del santo madero tienen tal realidad que parece que hablan, y dicen tanto que aunque en el movimiento de sus dedos hermosísimos se ve que se esfuerzan por coger la cruz, también se nota en ellos que ellos están dispuestos a perdonar y a bendecir.

Yo no sé el tiempo que estuve contemplando la santa imagen; sólo recuerdo bien que la vi más que con los ojos del cuerpo, con los del alma, y que desde esa tarde aunque no la tengo delante, dentro de mi siento la amable visión de aquel rostro dulcísimo, de aquellos labios que prometen misericordia, de aquellas manos que hablan lenguaje de fortaleza y de piadosa absolución, de aquellas espaldas cargadas con el peso de los infinitos pecados del mundo.

Santamente orgullosos pueden estar los hermanos de Nuestro Padre Jesús de la Salud. Continúen, como hasta aquí, dedicando a Este sus piadosos entusiasmos, y muévales la hermosura divina de la sagrada efigie a ser cada día más fervorosos cristianos, para bien de sus almas y para ejemplo de otros cofrades, que podrán tener mejores medios de fortuna, pero no más arrestos ni más decisión en dar gloria a Dios en una de las más portentosas imágenes de Sevilla."

R. González Gamboa.



Nuestro Padre Jesús de la Salud en la mañana del Viernes Santo de 1925.
Foto de Juan José Serrano. Archivo Fototeca Municipal de Sevilla



(1). A.H.M.S. Ferias y Festejos, Año 1925, Expediente 3, D/669.
(2). La túnica a la que se refiere el periodista es la de tisú color hueso que diseña Francisco Farfán Ramos y confeccionan sus hijas Concepción, Rosario, Carmen y María Luisa Farfán García. En la entrada de abril de 2018 de este mismo blog se dan más detalles de la misma.

domingo, 1 de julio de 2018

EL RETABLO PERDIDO

En la sección histórica del Archivo de Protocolos Notariales se conservaba un documento de singular importancia para la historia de la hermandad. Y hablo en pasado porque me consta que nuestro hermano Juan Carlos Vázquez Alejo estuvo buscándolo donde ahora se supone que debería de estar, en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, con la intención de llevar una copia digital a la secretaría de la hermandad, pero los folios correspondientes del legajo habían desaparecido misteriosamente (1).

Afortunadamente existe una trascripción del mismo realizada en los años noventa por el estudioso D. Francisco de Paula Cuéllar Contreras, en un artículo que publicó en la revista especializada "Retablo", que es al que hemos tenido que recurrir para traer esta historia al blog (2).

El propio Juan Carlos Vázquez nos contó aquí en una reciente entrada como una de las condiciones que los agustinos recoletos del Pópulo impusieron a los hermanos fundadores para cederle una capilla de la iglesia conventual fue que costearan la realización de un retablo dorado. El 25 de enero de 1754, quince días después de que el Sr. Provisor del Arzobispado concediera a la hermandad licencia para pasar al Pópulo, y sólo un día después de que el Rector Provincial de Andalucía de los agustinos, Fray Pedro de San Joseph, firmara en Campillo de Altobuey la cesión de la capilla, los castellanos nuevos Sebastián Miguel de Varas, Manuel García Campar y Juan García, como alcaldes primero y segundo, y diputado más antiguo de la cofradía, contrataban con el maestro arquitecto de retablos Felipe Fernández del Castillo la ejecución de la obra, formalizándolo ante el escribano público Juan Montero de Espinosa y Colarte 

"Sépase como Yo D. Felipe del Castillo, maestro de arquitectura, vecino de esta ciudad, en la calle del Carmen, collación del Sr. San Miguel, otorgo en favor de la Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Salud, sita en el Convento de Ntra. Sra. del Pópulo, del Orden del Sr. S. Agustín, Religiosos descalzos, extramuros della, y de su Mayordomo, Alcaldes y hermanos de dicha Hermandad que al presente son y en adelante fueren, que me obligo, como principal, a hacer y ejecutar en el Altar de la Capilla que dicha Hermandad tiene el referido Convento, dentro de la Iglesia, a la mano derecha como se entra por la puerta principal, inmediata a la de Sra. Sta. Rita, que llaman de S. Guillermo, un Retablo, todo de madera de flandes, que llene todo el sitio del Altar de dicha Capilla desde el suelo hasta arriba, y respectivo al ancho, según el diseño que se ha hecho y se ha puesto presente ante el presente escribano público del número, para que lo rubrique de su mano. El que, con efecto yo el dicho escribano lo rubriqué; con su pié de Altar de la propia madera, liso. Y el dicho Retablo ha de tener las entrecalles de vuelta de esférica, y de talla, todo; en que no se comprende, ni es de mi cargo, ni obligación, las Imágenes que hayan de entrar y ocupar dicho Retablo, más que tan solamente lo que queda expresado. El cuál lo he de dejar puesto y acabado en fin de Junio que vendrá deste presente año de la fecha, por lo que me ha de dar y pagar dicha Hermandad, su Mayordomo y Alcaldes, dos mil y setecientos reales de vellón: los setecientos dellos que me dan y entregan de contado, para el avío de compra madera y otras cosas para ponerlo en ejecución; de cuya cantidad me doy por entregado a mi voluntad..."   "Y los otros dos mil reales restantes se me han de ir dando y entregando en esta forma: quinientos reales en cinco en cinco (sic) semanas, que comienzan a correr y contarse desde este dicho día de esta escritura en adelante, hasta que se concluyan, que son cuatro pagas, excepto la última, que ha de retener dicha Hermandad y Cofradía en su poder hasta tanto que se vea y reconozca dicho Retablo por personas inteligentes que nombrarán por mi cuenta, para que lo visite y declare si he cumplido con lo que queda estipulado, y está arreglado al dicho diseño que se tendrá presente para esta diligencia; y no encontrándose reparo alguno se me ha de entregar los dichos quinientos reales de la última paga; y no haciéndolo, se le ha de poder compeler y apremiar a ello a los bienes, Mayordomo, Alcaldes y hermanos de la citada Hermandad, en virtud de esta escritura y mi juramento y declaración..."  "Y a lo que dicho es me obligo, y a que así lo cumpliré doy por mi fiador a José Pérez, maestro dorador, vecino desta dicha ciudad, calle de la Correduría, collación de San Martín..."  "Y nos, Miguel de Baras y Miranda, Alcalde más antiguo de la dicha Hermandad y Cofradía de Ntro. P.  Jesús de la Salud y Ntra. Sra. de las Angustias, sita en dicho Convento de Ntra. Sra. del Pópulo; Manuel García Campar, Alcalde Segundo; y Juan García, Diputado más antiguo della, castellanos nuevos, que presente estamos y esta escritura visto, oído y entendido sus pactos y condiciones, como tales oficiales, por nos y en nombre de los demás hermanos y Hermandad..." "otorgamos que la aceptamos en todo y por todo, según y como en ella se contiene..."   

D. Francisco Cuéllar destacaba en su artículo como Felipe del Castillo fue uno de los más importantes arquitectos de retablos sevillanos de todo el siglo XVIII, al que se le deben joyas como el de la capilla sacramental de Santa Catalina, que realizó con la colaboración de su sobrino el escultor Benito de Hita y Castillo. Por cierto que Cuéllar terminaba su estudio con una conjetura. La posible atribución de nuestro antiguo Titular a este último escultor, cosa que no es nada desdeñable. Vemos en la escritura como el maestro arquitecto aclara que no es de su cargo ni obligación la hechura de las Imágenes que ha de contener, de las que parece que se habla como si aún no existiesen y tuvieran que realizarse ¿Se refiere a las imágenes accesorias del retablo? ¿Eran quizás también parte del mismo aquel San Judas Tadeo y aquel San Gregorio Magno que la hermandad llevó siempre consigo en su caminar errante y que perecieron en el incendio de San Román?

Por coincidencias de la historia, nuestros actuales Titulares estuvieron muchos años después, durante su estancia en Santa Catalina, ante otro retablo que el mismo maestro del Castillo labró para esta iglesia entre 1748 y 1753, pero de aquel retablo que realizó para la capilla del Pópulo no se conoce que fue de él ni a donde fue a parar, pues cuando la hermandad deja el convento desamortizado y se traslada a San Esteban tiene que colocar sus sagradas imágenes en uno muy viejo, procedente del también desamortizado convento de San Agustín, que había pasado a dicha parroquia (3).

Nuestros Sagrados Titulares fotografiados por Manuel Ferreiro en 1994 en la capilla sacramental de Santa Catalina, ante el retablo que el maestro Felipe Fernández del Castillo ejecutara entre 1748 y 1753 para dicho templo.

Ya vimos como una de las condiciones que pusieron los agustinos a la hermandad es que no podían llevarse nada de la capilla si decidían marcharse, pero al final, el expolio de la desamortización de Mendizánal les afectó tanto a ellos como a la corporación nazarena.

En fín, quizás algún día alguien descubra donde fue a parar aquel retablo tras aquel malbaratamiento de tanto patrimonio artístico como supuso la desamortización. Uno de tantos avatares por los que tuvo que pasar nuestra hermandad.

1. A.H.P.Se. Sección de Protocolos Notariales. Leg. 8212 .Sig 18466. Oficio 13 . Año 1754. Página 32.
2. CUÉLLAR CONTRERAS, Francisco de Paula, "El primer retablo que tuvo la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud (Gitanos) obra del maestro arquitecto Felipe Fernández del Castillo.1754". Revista Retablo. Número 5. Sevilla. 1991. Páginas 9 y 10.
3. Así lo aclara José de Campo y Tinoco, hermano mayor de la cofradía, en el escrito de solicitud de traslado de San Esteban a San Nicolás de 27 de septiembre de 1860. A.G.A.S.

viernes, 1 de junio de 2018

DEL ESPÍRITU SANTO AL PÓPULO

Probablemente sea ese momento histórico en que la corporación se ve obligada por primera vez a cambiar de sede, cruzando el Guadalquivir, uno de los que más lagunas y más puntos sin aclarar nos deja. Es sabido que cuando el señor Sebastián Miguel de Varas y Miranda pretende constituir una hermandad en el trianero convento del Espíritu Santo, no es su intención que ésta sea una más de las que procesionan por el viejo arrabal y guarda haciendo estación a la Real Parroquia de Santa Ana. Aquellos castellanos nuevos proponen en nuestras reglas fundacionales que la cofradía ha de cruzar cada Jueves Santo el puente de barcas y hacer estación a la Catedral, con lo cual se hubieran adelantado varias décadas a la Hermandad de la O, que fue la primera en decidirse a cruzar el puente allá por 1830. Es éste de los primeros capítulos que retoca el licenciado Campo Largo, fiscal general del arzobispado, en su escrito de censura de 20 de noviembre de 1753. La hermandad ha de ir a Santa Ana, como el resto de las de Triana, pero esta prevención va a quedar como papel mojado cuando, ya aprobadas las reglas, el prior del convento del Espíritu Santo dé un giro inesperado a los acontecimientos alegando que la nueva cofradía no cabe en su cenobio porque la hermandad del Santísimo Cristo de las Tres Caídas tiene intenciones de regresar a aquella su antigua sede.

Vista de Triana con la cofradía de la O cruzando el puente de barcas en un grabado del siglo XIX.


El trasfondo de lo que parece que fue sólo una excusa no lo conoceremos probablemente nunca. La hermandad de las Tres Caídas radicaba en aquella época en la misma Santa Ana, y ni siquiera volvió al Espíritu Santo cuando dos años después el terremoto de Lisboa causó graves daños a la fábrica de la Real Parroquia y se vio obligada a abandonarla, sino que se estableció en el convento Nuestra Señora de los Remedios.

Entre enero y junio de 1754 se realizan una serie de negociaciones entre la recién fundada corporación de los castellanos nuevos y los frailes del Pópulo, que no sólo estuvieron conformes en admitirlos en su cenobio, sino que decidieron ceder una capilla a la hermandad siempre que ésta cumpliera una serie de condiciones y capítulos. A tal efecto, el padre prior, Fray Agustín de San Joseph, quiso y consiguió recabar la autorización del rector provincial en Andalucía de la orden de los agustinos recoletos, Fray Pedro de San Joseph, en el convento de la villa de Campillo de Altobuey. La cesión y sus condiciones, refrendada con la firma del Prior y los catorce frailes, se plasmó en protocolo otorgado ante el escribano público Lorenzo de Andrade.

"...por la presente otorgamos que zedemos y damos a vso a la hermandad o Cofradía del Santísimo Xpto. de la Salud y Madre de Dios de las Angustias su Mayordomo, Alcaldes, Oficiales y hermanos que del presente son y fuesen en adelante Vna de las Capillas que este dicho nuestro convento tiene en su Yglesia y la misma en que del presente están adornando con retablo y otras cosas los oficiales y hermanos de la referida hermandad para que en ella pongan y coloquen luego que acaben de hacer y poner dicho retablo y dorarlo las Santtas Ymágenes hasiendo en ella todas sus fiestas y funciones selebrando sus cabildos y demás cosas que a dicha hermandad le pareciere para su perpetuidad (...) pero todo ello a de ser con el cargo y obligación de que los dichos Mayordomo Alcaldes oficiales y hermanos que aora son y fuesen en adelante an de quedar sujectos ligados y expresamente obligados â cumplir y guardar las condiciones y capítulos siguientes..." (1).

De este histórico documento publiqué en el último boletín de la hermandad un extracto en el que pretendía remarcar la relevancia que tuvo desde un principio para nuestra corporación el culto a Jesús Sacramentado, pero hay mucho más que estudiar en él (2). Básicamente, las condiciones que imponen los religiosos, aparte de la construcción de un retablo dorado a costa de la hermandad, del que hablaremos más extensamente otro día, y de que se hagan dos llaves de la referida capilla -quedando una a cargo siempre del padre prior- consisten en conseguir para la comunidad agustiniana la exclusividad de los servicios religiosos que la nueva corporación requiera. Así, las doce misas que la hermandad se obliga por regla a dar a sus hermanos difuntos se harán en el convento y por los frailes del mismo. Las dos fiestas dedicadas al Cristo y a la Virgen, con misa cantada y sermón, se debían de realizar igualmente en el Pópulo, y como ya destacamos "... en cada una de dichas dos fusiones â destar Manifiesto el Santísimo Sacramento". En la estación de penitencia se debe de contar también con los mismos religiosos, dándoseles la limosna o estipendio por la asistencia que las demás hermandades que están en conventos acostumbran a dar y pagar. Las pláticas de cada viernes de cuaresma que establecen las recién aprobadas reglas serán también para los agustinos, y para terminar una condición que tendrá su importancia en el futuro. Si por alguna razón la hermandad determinara dejar el Pópulo para ir a otro convento, iglesia o ermita, no podrá llevarse más que las sagradas imágenes, dejando en el convento todo lo demás con que adornen la capilla: Retablo, láminas, pinturas, relicarios, alfombras, colgaduras, frontales, candeleros, ramos de flores, lámparas y demás alhajas de plata.

Todas estos capítulos o condiciones fueron aceptados en aquel junio de 1754 por el propio fundador Sebastián Miguel de Varas, como alcalde más antiguo, Manuel García Campar como alcalde segundo, y Luis García como mayordomo, como hizo constar el escribano público.

La firma de Sebastián Miguel de Varas aceptando ante el escribano Lorenzo de Andrade las condiciones de la cesión de la capilla del Pópulo.

"Y del otorgamiento de los dichos Luis García; Sebastián Miguel de Varas y Manuel García Campar todos tres Mayordomo y Alcaldes actuales de la sittada hermandad ô cofradía del Santísimo Christo de la Salud y Madre de Dios de las Angustias sita en el convento de Nuestra Señora del Pópulo extramuros de esta dicha ciudad y venimos los contenidos de ella a quienes Yo el presente escribano público doy fe que conosco lo otorgaron por si y en nonbre de dicha hermandad y en fuerza del poder que tienen en veinte y sinco de Junio de mill settecientos cinquentta y quattro y de los dichos otorgantes lo firmó el dicho Sebastián Miguel de Varas, y por los contenidos Luis García y Manuel García Campar que dixeron no saver escrivir por ellos y a su ruego lo hizo un testigo en este registro que lo fueron Don Lázaro de Vargas y Machuca, Don Joachin Leal y Don Francisco Ximénez vecinos de esta dicha ciudad"




(1). A.H.P.SE. Sección Protocolos Notariales. Oficio 22. Año 1754. Sig. 15348.Fols 293-298 vtº.
(2).VÁZQUEZ ALEJO, Juan Carlos. Boletín Hermandad Sacramental de Los Gitanos. nº44 de mayo de 2018. "Raíces Sacramentales de la Hermandad de los Gitanos". Páginas 6 y 7.

martes, 1 de mayo de 2018

LA CORONA DE ESPINAS DE JOAQUÍN BILBAO

Contábamos el mes pasado como en la madrugada del Viernes Santo de 1925, además de aquella túnica de tisú que le regalara la familia Farfán, la antigua imagen del Señor de la Salud estrenó una nueva corona de espinas, tallada y donada por el escultor sevillano D. Joaquín Bilbao. Prometimos entonces traer aquella corona a estas páginas, porque su historia viene envuelta en curiosos detalles que ayudan a entender mejor la hermandad de esa época

La prensa sevillana estuvo atenta al estreno, y en su edición del 31 de marzo de 1925 el diario El Liberal informaba de una singular "Coronación del Cristo de los Gitanos" efectuada días antes en San Román, en concreto el día 28 (1).

El Liberal, edición de 31 de Marzo de 1925.


La Coronación del Cristo de los Gitanos
En la tarde del sábado tuvo lugar en la iglesia de San Román la solemne ceremonia de la coronación de Nuestro Padre Jesús de la Salud, conocido vulgarmente por el de los gitanos.
La corona, que es de cedro, ha sido tallada y regalada por el ilustre artista señor Bilbao (don Joaquín).
Dicho artista acudió al acto, invitado por la Hermandad.
También concurrieron muchos cofrades y fieles.
Terminado el acto, se cantaron ante Nuestro Padre Jesús varias "saetas", y en la sacristía fue obsequiado el señor Bilbao con un bien servido "lunch", cantándose también "saetas" en gran número.
La fiesta fue muy agradable.

El  antiguo Señor de la Salud retratado ante una de las puertas de San Román con la corona de espinas de Joaquín Bilbao.

Joaquín Bilbao Martínez (1864-1934), hermano del conocido pintor Gonzalo, se había labrado ya en esa época un nombre en el mundo de las bellas artes. Dentro de la imaginería religiosa son conocidas sus intervenciones en la hermandad del Valle, donde restauró a los sagrados titulares y realizó el romano y los sayones del paso de la Coronación, pero sobre todo destaca el imponente Jesús del Dolor que gubiara para la hermandad de las Cigarreras, todo un tratado de anatomía y probablemente su obra cumbre, que sin embargo, por su gran tamaño, no fue aceptado por la Sevilla cofrade de entonces. Para la catedral sevillana intervino en el mausoleo del Cardenal Spínola, en el retablo del Cristo de Maracaibo o en la puerta de la Concepción, pero quizás lo más conocido de su obra es la estatua ecuestre de San Fernando que preside nuestra Plaza Nueva desde 1924, un año antes de esta peculiar "coronación" de nuestro antiguo Titular. Es ahí donde comienza la intrahistoria de nuestra entrada de hoy.


Joaquín Bilbao, como muchos escultores y pintores, se sirvió en más de una ocasión de modelos gitanos, especialmente herreros. El duro trabajo de la fragua marcaba la musculatura y hacía a estos hombres ideales para el posado. Ya para su Cristo de las Cigarreras, en 1916, había utilizado como modelo a Antonio Leira Heredia "Pichili" (2), machacador en la fragua de los Lérida de la calle Sol, pero es en los primeros años veinte, cuando se está terminando el monumento a San Fernando, para el que "Pichili" posa haciendo del Santo Rey, cuando se inicia esta relación con la hermandad. Aquella Sevilla previa a la Exposición estaba cambiando mucho. Poco a poco dejaba de ser la ciudad rural que siempre fue. Eso y la llegada de la mecanización hacía decaer el antiguo oficio de la herrería, así que a "Pichili" no le pareció mal dedicarse profesionalmente a estos menesteres, que ocuparon la mayor parte de su prolongada vida. Pero además, por su mediación y aunque esporádicamente, otros hermanos, como Juan Antonio Lérida Bermúdez o Miguel Niño Rodríguez "El Bengala", también frecuentaron los estudios de los artistas. Así posan igualmente para Enrique Pérez Comendador, discípulo de Bilbao, y para alguno más de los escultores que intervinienen en aquel monumento. Pocos sevillanos que pasan junto a la estatua del Rey conquistador de la ciudad conocen que tras la figura de éste y entre las de Alfonso X, Garcí Pérez de Vargas, el almirante Bonifaz y Don Remondo, que flanquean su pedestal, se esconde aquel grupo de hermanos de la Hermandad de los Gitanos. De un modo u otro, fueron ellos los que convencieron al escultor para que tallara y regalara esa corona al Señor de la Salud de la que hoy tratamos.

Joselito Lérida, que estuvo de chiquillo en aquella imposición de la nueva corona de espinas -no en vano su padre Juan Antonio Lérida fue como hemos dicho uno de los modelos- recordaba perfectamente aquel entrañable acto, e incluso me llegó referir la letra de una de las saetas que cantó Miguel Niño Rodríguez "El Bengala" (3).

"Quién te ha regalao esa corona, a Tí te ha dao una fortuna,
Pare mío de la Salud,a Tí te había dao una fortuna.
La ha hecho Joaquín Bilbao, el Rey de las esculturas".

Aquella gruesa corona, hecha a imitación de la de Jesús del Gran Poder, se usó hasta al menos 1928. Ya en los años treinta se ve en las fotos al antiguo Señor de la Salud con una más finita, en consonancia con las que había llevado antes. Suponemos que, ya en desuso, se perdería en San Román como tantas cosas en los sucesos de aquel funesto 1936.



1.- Como ya anotamos en la entrada sobre la túnica de Farfán, el diario El Liberal, en la página 4 de su edición del 25 de Marzo de 1925, daba noticias de la donación de la corona de espinas por D. Joaquín Bilbao, refiriendo que aquella misma tarde iba a serle entregada a la hermandad. No sabemos que motivos lo impidieron, porque días después, en la edición del 31 del mismo mes, se aclara que la entrega se realizó finalmente el 28 de Marzo.
2.- Sobre Antonio "Pichili" es interesantísimo el artículo que el pintor Juan Antonio Huguet Pretel publicó en el nº 58 del Boletín de las Cigarreras, en Febrero de 2014. Huguet no nos aclara sus apellidos. Era tan conocido por su sobrenombre que  hay discrepancias en torno a estos. Para el recientemente fallecido periodista Nicolás Salas, en su novela "Morir en Sevilla", editada por Planeta en 1986, eran Heredia Lérida. El escultor Enrique Pérez Comendador lo recordaba como Antonio Heredia (ABC de Sevilla, 24/6/1971 pág.15). Manuel Ferrand como Antonio Leiva (ABC de Sevilla, 26/3/1977 pág. 45). Nosotros hemos optado por poner el nombre y apellidos con los que aparece en la esquela que la Escuela Superior de Bellas Artes publicó a su muerte, Antonio Leira Heredia (ABC, 30/3/1977 pág. 53).
3.- Nicolás Salas relata la anécdota de la confección de esta corona en "Morir en Sevilla", incluyendo la letra de aquella saeta del Bengala. Me consta que D. Nicolás (q.e.p.d.) aparte de manejar una profunda investigación en la hemeroteca, entrevistó sobre el particular a José Lérida y Vargas, de ahí el protagonismo del padre del tío José en el pasaje que dedica a la hermandad.


domingo, 1 de abril de 2018

UN TROCITO DE TISÚ




Guardo en casa, como uno de mis más preciados tesoros, una vieja fotografía que realizó Serrano a la antigua efigie del Señor de la Salud. Se la regaló a mi padre José Lérida y Vargas, y de hecho en el reverso del pequeño cuadro aparece mecanografiada una dedicatoria con una de las inefables poesías que escribía el anciano ex-mayordomo. Mi padre, conocedor de como me gustaban estas antiguedades, me la cedió a mí, y ya lleva sus buenos años colgada en mi dormitorio. Hace poco, nuestro hermano Juan Carlos Vázquez, tan interesado como yo en la historia de la hermandad, me pasó un recorte de prensa que había localizado en la Hemeroteca Municipal y que hablaba precisamente del estreno de la túnica que viste en esta foto el Cristo. Me ha parecido interesante traeros hoy a estas páginas aquella nota que publicó el diario sevillano La Unión en su edición del 3 de abril de 1925. La verdad es que la historia de aquella túnica ya la he referido en algún foro de cofrades y algún grupo de facebook, tal como me la contó a mí el tio Joselito Lérida, pero quizás conveniera volverla a traer aquí y recopilar las fotos que se conservan de ella. Quien sabe... Quizás algún día una junta de gobierno o un grupo de hermanos se decidan a recuperarla realizando una reproducción, como ha ocurrido recientemente con la que bordó Rodríguez Ojeda en 1892. De ésta de la que hablamos quizás se conserve incluso el negativo de una foto tomada antes de que la vistiera el Señor, con la prenda extendida, y donde se puede apreciar mejor el detalle del dibujo. Esta instantánea, realizada por el afamado fotoperiodista Ángel Gómez "Gelán", es precisamente la que ilustraba en huecograbado aquella nota de prensa de la Unión que comentamos.


Diario La Unión en su edición de 3 de abril de 1925. Foto Gelán.


Aquella singular túnica de tisú color hueso fue diseñada por Francisco Farfán Ramos (1869-1935), carpintero y autodidacta investigador histórico conocido en la Sevilla de la época como "Maese Farfán", y aunque como decía La Unión, la donación la hizo anónimamente "una familia devota", parece ser que esta familia que la regaló no fue otra que la suya. Muy vinculado a la hermandad del Calvario, para la que realizó su obra más conocida, el paso del Santísimo Cristo, fueron también importantes sus aportaciones al bordado mediante la técnica llamada de aplicación o recorte, destacando en este aspecto los faldones que realizó para el mismo paso del Cristo del Calvario, la reproducción que hizo del antiguo pendón de la ciudad para la Exposición Iberoamericana, o el palio de los años treinta de la Virgen de la O. Farfán diseñaba y bordaban sus hijas: Concepción, Rosario, Carmen y María Luisa Farfán García. 

Francisco Farfán tenía su domicilio y taller allá por los años veinte del pasado siglo en el número 14 de la calle Matahacas, en ese señorial edificio en el que después también establecerían su taller de orfebrería los Seco. Fue seguramente esta vecindad con la hermandad de los Gitanos la que impulsó a la familia a confeccionar y regalarle al Señor aquella túnica con dibujos mudéjares que parece inspirada en la persa que Rodríguez Ojeda bordó también sobre tisú para el Gran Poder en 1908. En las siguientes fotos tomadas al Señor de la Salud en el interior del templo podemos observar los bordados de aplicación entre el brillo metálico del tisú de oro.




Aquella madrugá de 1925 estrenaba también nuestra antigua imágen una nueva corona de espinas tallada por el escultor Joaquín Bilbao, de la que otro día hablaremos, y que es la que lleva puesta el Señor de la Salud en todas las fotos conocidas en las que aparece vistiendo esta túnica (1). La verdad es que Serrano se explayó aquel Viernes Santo con la cofradía y la fotografió varias veces en los alrededores de la Encarnación y San Pedro. En la instancia al ayuntamiento comunicando la salida procesional de aquel año, que firma el entonces teniente de hermano mayor José Bocio, se indica que la cofradía realizará su recorrido tradicional, por lo que entendemos que en aquellos años veinte era más que frecuente que se retornara dándole la vuelta al mercado de la Encarnación por su lado norte, para llegar por la entonces estrecha calle Imagen a la plaza de San Pedro (2). Obsérvese que las instantáneas pertenecen al mismo día por la disposición de los cirios de los nazarenos que no han completado la estación, que se han colocado sobre el paso. No se llevaba entonces eso del carro detrás. La secuencia comienza a la altura de la barbería de D. Antonio Magariño, que ocupaba el número tres de la Encarnación, continúa en la esquina con Regina, pasa ya al lado este de la plaza, donde estaba el despacho de aceites de D. Joaquín Narbona, y termina con el paso desembocando desde Imagen a la plaza de San Pedro.



Pero volviendo a la historia de aquella túnica, me contaba José Lérida que no se perdió como tantas cosas en 1936. Al parecer, como había ocurrido años antes con la persa del Gran Poder, la prenda no tuvo mucha aceptación, y si en San Lorenzo resolvieron el asunto pasando los bordados del tisú original a terciopelo, en nuestro caso fueron más radicales, y fue devuelta a sus donantes excusándose en que le quedaba grande al Señor. La hermandad comenzaba a sumarse así a la moda de vestir a los Nazarenos con túnicas lisas.

Muchos años después, allá por los ochenta, cada vez que nuestra corporación invitaba a algún acto a la del Calvario venía siempre en representación de ésta el mismo miembro de junta, un cofrade sencillo y discreto que se llamaba Antonio de la Oliva Farfán, nieto del Maese Farfán protagonista de nuestra historia. El entonces hermano mayor, Antonio Moreno Bermúdez que en paz descanse, llegó a trabar amistad con aquel hombre con quien compartía además devociones, pues no en vano Antonio Moreno era también hermano del Calvario. Un buen día el nieto de Farfán le regaló un pequeño retal del tisú, ya ajado por el tiempo, perteneciente a aquella túnica que su abuelo, su madre y sus tías le regalaron a nuestro Titular. Hace poco pregunté por aquel trocito de tisú, que su padre conservó en vida como una reliquia, a nuestro querido Pepe Moreno Vega. Mi intención era hacerle una foto para que completara este texto, pero Pepe me contó que él mismo lo donó a la  hermandad con motivo de su 250 aniversario, con la idea de que se colocara en un cuadro del Señor vistiendo aquella prenda. Seguro que en la nueva casa de hermandad habrá un rincón para ese cuadro y ese pedacito de tisú, en recuerdo de aquel carpintero que quizo regalarle al Señor de la Salud una túnica bordada.


1.- El diario El Liberal, en la página 4 de su edición del 25 de Marzo de 1925, daba noticias de la donación de la corona de espinas por D. Joaquín Bilbao, refiriendo que aquella misma tarde iba a serle entregada a la hermandad. Días después, en la edición del día 31 del mismo mes, se aclara que la entrega se realizó finalmente el 28 de Marzo. La noticia que da sobre la donación de la túnica el diario La Unión aparece el mismo Viernes de Dolores, ya en los prolegómenos de la Semana Santa.
2.- A.H.M. Sección Festejos. 1925.