miércoles, 1 de marzo de 2017

EL DESAPARECIDO MANTO VERDE

Hace unos meses, recordando a Manolito Bermúdez, mencionamos el manto verde que un grupo de hermanos regaló a nuestra Bendita Titular allá por 1962. He encontrado en el archivo de mi padre unas cuentas que se enviaron a cada uno de los donantes y que nos aclaran como fue realizada la prenda.

Era intención de los donantes que la Virgen tuviera un manto de camarín que completara su entonces escaso ajuar, y se pensó que debía de ser verde, color que la liturgia reserva al tiempo ordinario. A tal efecto se compró el terciopelo en los almacenes Ferbu de la calle Cuna, al precio de 1.770 pesetas. Los forros se adquirieron en los Almacenes Ciudad de Sevilla de la calle Álvarez Quintero, por 420 pesetas, y también dos comercios sevillanos tan tradicionales como Cordonería Alba y Casa Rodríguez, de la calle Francos, tuvieron su parte en la obra, vendiendo el material de bordado a 725 y 1.572 pesetas respectivamente.

Para el diseño se contó con la colaboración del imaginero José Paz Vélez, que cuantificó su dibujo del bordado en  500 pesetas, que no quiso cobrar, y algo similar ocurrió con  Dolores Pérez Tascones, "Lolita la Bordadora", como era conocida en el seno de las cofradías, que tampoco quiso tomar las 2.500 pesetas en que se valoró su trabajo, y sólo aceptó las 199,50 pesetas que se había gastado en los "avíos".

En cuanto a la confección del manto en sí, en los papeles aparece el nombre del entonces prioste y vestidor de la Virgen, Juan Miguel Ortega Ezpeleta, años después hermano mayor, que donó el importe de los trabajos de costura: 400 pesetas. De su trabajo y del de su madre, pués aquella venerable gitana que se llamó María Ezpeleta Moreno, que parió a dos hermanos mayores de nuestra hermandad, también echó sus horitas con la aguja y el hilo.

El manto se estrenó el 30 de Diciembre de 1962, en el Triduo que entonces se celebraba previo al Besamanos del dia de año nuevo, y que ese año se realizó excepcionalmente en el altar mayor de San Román y además duró dos días.

Besamanos en San Román de María Santísima de las Angustias el 1 de Enero de 1963.
Nuestra Señora con el Evangelista presidiendo el retablo de la capilla en San Román. 1982.
Quinario de 1992


Lamentablemente este manto no se conservó como tenía que haber quedado, como reliquia de otros tiempos, y primero se quiso enriquecer en los años noventa, añadiéndosele unos bordados de Fernández y Enríquez, y después se desbarató a principios de este siglo para aprovechar parte de su guardilla en uno nuevo de color azul cobalto. Precisamente el que la Virgen está usando estos días. Posteriormente Ortega Ezpeleta, en un nuevo mandato, trató de arreglar el desaguisado encargando al taller de Brenes otro manto verde con grandes bordados que ya nada tenía que ver con éste del que hablamos.

De todos modos, muchos recordaremos siempre a la Virgen vestida así en nuestra infancia, con aquel humilde manto que le regalaron aquellos devotos hermanos, en su mayoría ya fallecidos.






miércoles, 1 de febrero de 2017

HOMENAJE A PEPE VALENCIA

José García González (1909-1981) fue un inimitable saetero que marcó toda una época de la cofradía. Gandinguero en el mercado de la Encarnación, tomó como suyo principal el segundo apellido de su padre, Vicente García Valencia, de modo que era conocido en dicha plaza y por todos los aficionados sevillanos al cante como "Pepe Valencia". Su señora madre, Salud González Mato, "Mamá Salud" como se le llamaba en la hermandad, era toda una institución en el seno de la corporación, y no era poco frecuente que al recogerse la cofradía junta de gobierno y todos los más allegados acabaran en su domicilio de la calle Gerona (1).

Entre los viejos papeles de mi padre guardo un folio mecanografiado, que probablemente escribiría con vistas al boletín de la hermandad, en el que se dedicaba a realizar una semblanza del saetero. Que yo recuerde estas líneas no llegaron a publicarse nunca, así que me ha parecido interesante incluirlas en el blog.  Dicen así:


Recuerdos también que conservo del saetero son una invitación a un banquete de honor que se le ofreció pasada la semana santa de 1965, a él y al entonces capataz Salvador Dorado Vázquez "El Penitente", así como una foto del mismo ágape en el restaurante La Pastora. 



Restaurante la Pastora. 4 de abril de 1965. Sentado en primer plano Manuel Lérida García "El Mellizo", de pié a su lado mi padre, en sus primeros años como secretario, atrás José Moreno Serrano, entonces teniente de hermano mayor, y junto a él, el párroco D. Crescencio Moreno. Presiden la mesa Pepe Valencia y Salvador Dorado, y al fondo aparece también incorporado Vicente Valencia.

La hermandad quiso tributarle otro homenaje más años después de su fallecimiento. Con motivo de la coronación canónica de nuestra Bendita Titular, y a su paso por la calle Cuna en el rosario de la aurora con el que se trasladó a la Catedral, al alba de aquel 23 de octubre de 1988, se descubrió un azulejo con la letra de su más famosa saeta a la Virgen, justo en aquella esquina con Cerrajería en la que Pepe Valencia tantas veces le cantó.




Para terminar, os dejo dos saetas de Pepe Valencia dedicadas a nuestros titulares






 


1. En los libros de actas se recoje una curiosa mención a Mamá Salud. En Cabildo General celebrado el 18 de julio de 1967, en el apartado de ruegos y preguntas, el hermano Manuel Bermúdez Vargas, aquel "Manolito Bermúdez" del que ya hablamos en estas páginas, cuestiona a la junta porqué la cofradía pasa en su procesionar hacia la catedral por la calle Gerona, en vez de ir directamente desde la calle Peñuelas a Doña María Coronel, y el hermano mayor contesta que «se hace en atención a doña Salud González Mato, persona ya anciana, bienhechora de nuestra hermandad y madre de nuestro hermano don Vicente García González y de "Pepe Valencia", por cuyo lugar seguirá pasando mientras Dios le conceda la vida».

lunes, 2 de enero de 2017

¿FUE MANOLO CARACOL HERMANO MAYOR DE LOS GITANOS?

Era yo un chiquillo en edad escolar cuando leí aquel libro que andaba por casa, "Historia de las Cofradías Sevillanas", de Pedro Liaño Gómez, en el que tratando de la historia de nuestra corporación, aparece el dato que hoy vamos a discutir. Dice así:

La Virgen y su Hermandad recibieron siempre la ofrenda de los más insignes prohombres y personalidades que la admiran y quieren y todo hacia Ella son manifestaciones de esa devoción. Posee la Celestial Señora una saya confeccionada con el traje de bodas de la esposa del General Queipo de Llano y sobre la misma, pasado, el bordado en oro del traje de luces del que fue su Hermano Mayor Gitanillo de Triana famosísimo matador de toros conocido también por "Curro Puya", siendo miembros notables de esta Hermandad don Manuel Ortega Jiménez, que también fue Hermano Mayor, conocido por "Manolo Caracol" (1)

Nombrar a Caracol en casa era hablar del ídolo de mi padre, que desde niño había seguido su carrera con la mayor de las admiraciones. Tenía todos sus discos, guardaba las entradas y libretos de las muchas veces que había ido a ver sus espectáculos en el desaparecido Teatro San Fernando, y si se canturreaba algo, que era muy aficionado, lo hacía imitando a su artista favorito. Recuerdo cómo le pregunté por lo que acababa de leer. Había de momento un error que saltaba a primera vista. Manolo Caracol tenía como segundo apellido Juárez, no Jiménez ¿pero qué había de verdad en lo que se decía de que había sido hermano mayor? Mi padre ni me confirmó ni me lo desmintió. Él no fue hermano hasta 1958, pero sí me dijo que había escuchado algo sobre el particular y le habían contado que eso no era así, que Caracol no llegó a ocupar tal cargo. Por otra parte, él mismo había indagado y no constaba siquiera que hubiera sido hermano. No aparecía en los libros que entonces él mismo custodiaba en calidad de secretario (2).

Años después le hice la misma pregunta a José Lérida y Vargas, infatigable mayordomo de la cofradía en aquellos primeros años de la década de los cincuenta del pasado siglo, y me informó de algo más. Joselito Lérida -toda la hermandad y media Sevilla lo conocían por el cariñoso diminutivo- me había regalado agradecido una fotocopia de una entrevista que le hizo Enrique Hernández-Luike para la sección cofradiera del diario "Sevilla" (3). Yo era entoces un veinteañero, y él octogenario, pero me gustaba visitarlo en su domicilio para que me contara historias antiguas de la hermandad, y a veces incluso le hacía de lazarillo cuando el hombre salía a vender a amigos y conocidos los libros de poemas que escribía, y cuyos beneficios dedicaba a ayudar a las Hermanitas de la Cruz. El caso es que en aquel número de "Sevilla", fechado en marzo del 53, cuando la cofradía conmemoraba su segundo centenario, volvía a aparecer el dato en cuestión. Figuraba la composición de la comisión gestora que gobernaba entonces la hermandad, y de nuevo Manuel Ortega Juárez en el cargo de hermano mayor. Desde luego que interrogué sobre el particular al tío José y me contó como, con ocasión del recibimiento como hermana de su hija Luisa, Caracol se había ofrecido a ayudar a costear un nuevo retablo para las imágenes en la capilla que ocupaban de la recién restaurada parroquia de San Román. No era la primera vez que el artista colaboraba económicamente con la hermandad. También había ayudado unos años antes, junto a su entonces pareja artística, Lola Flores, a saldar las deudas contraídas con motivo de la adquisición del nuevo paso para el Señor de la Salud realizado en los talleres de Pérez Calvo, dedicando al efecto dos funciones de su espectáculo "Zambra 1946" (4) .


Luisa Ortega jurando las reglas de la Hermandad de los Gitanos en 1952. Atrás su padre con vara.

Los hermanos que entonces llevaban el gobierno de la hermandad pensaron que la mejor manera de comprometerlo en el asunto del retablo era haciéndolo formar parte de la gestora, y efectivamente fue nombrado gestor por la autoridad eclesiástica en febrero de 1953. Y no solo él, también su hijo Enrique y su yerno Arturo Pavón entraron en aquella junta gestora, pero el cantaor, por sus obligaciones profesionales, y porque ya vivía más en Madrid que en Sevilla, apareció lo justito por San Román, teniéndolo que suplir la mayoría de las veces su antecesor en el cargo, el recordado Paco Antúnez, que era a la sazón teniente de hermano mayor. Y en cuanto a los dineros prometidos... contaba el tío José que aportó, pero no lo que esperaban. Al año siguiente se tuvo que reorganizar la gestora, entrando a formar parte de ella como hermano mayor José Vega de los Reyes, otro de los "Gitanillos de Triana".



Hace poco, encontré y compré en una página de coleccionismo una vieja convocatoria de mano de los cultos de 1953, editada -como prácticamente toda la documentación de la hermandad de la época- en la imprenta de D. Francisco Vera Mármol, hermano mayor honorario de la corporación, y ahí está de nuevo el nombre del genio de la calle Lumbreras (5). Aquí os dejo esta convocatoria para terminar de ilustrar esta entrada sobre el gran Manolo Caracol y su relación con la Hermandad de los Gitanos, y que cada cual saque sus conclusiones.





Notas
  1. "Historia de las Cofradías Sevillanas", de Pedro Liaño Gómez, editado en nuestra ciudad 1964 por la imprenta Garrido, páginas 230 y 231.
  2. Ni aparece en el libro de hermanos de 1954, con diligencia de apertura fechada el 27 de julio de ese año, firmada por el secretario José Mª Loreto Lázaro y con el visto bueno del hermano mayor José Vega de los Reyes, ni en el que en 1987 recuperó para la hermandad el historiador Juan de Dios Ruiz Sambruno, diligenciado en abril de 1949 por el secretario José Mª De la Concha Meneses, con el visto bueno del hermano mayor Francisco Antúnez Garrido. Tampoco se encuentra su hojilla de inscripción. 
  3. Diario SEVILLA. Edición de 9 de marzo de 1953.
  4. Diario ABC de Sevilla. Edición del 14 de mayo de 1946. Página 26.
  5. En el archivo de nuestra secretaría se conserva una copia de esta convocatoria de mano. Es exactamente igual, sólo que sin ningún nombre de hermano o bienhechor rellenando el renglón del destinatario. La que yo he adquirido en "Todocolección" a Javier de la Torre León se envió a Angel Márquez Vera, que tampoco aparece en los libros de hermanos, pero como quiera que lleva adjunto un petitorio de limosna para contribuir con los cultos y a la estación de penitencia, puede que fuera algun comerciante al que se le solicitaba ayuda.

viernes, 2 de diciembre de 2016

LAS SAETAS DE MANOLITO BERMÚDEZ

Quiero traer a estas páginas la evocación de un hermano que hace mucho que nos dejó, casi medio siglo, pero que, a pesar de su paso fugaz por la vida, dejó una profunda huella de cariñoso recuerdo en todos los que le trataron. Nuestra corporación siempre fue pródiga en esta clase de cofrades, humildes y sencillos, pero con un corazón que no les cabía en el pecho, y uno de ellos fue Manuel Bermúdez Vargas, "Manolito Bermúdez" para los que le conocieron.



Manuel nació en el número 73 de la calle Sol, en el seno de una familia gitana de la Puerta Osario con honda tradición en la hermandad. Su abuelo, José Bermúdez Reyes, herrero de la calle Conde Negro, fue mayordomo y uno de los firmantes de la solicitud para que la cofradía realizara su primera salida procesional desde la parroquia de San Román en 1891. Los hijos de aquel hombre de fragua, Santos y Juan José, formaron parte de la gestora que tomó las riendas de la Hermandad en 1942 y aparecen en el libro de 1949, ya afincados en la calle Sol, con los números uno y dos de la nómina. Para el joven Manolito, con esta herencia a sus espaldas, la hermandad era algo fundamental en la vida, algo para vivir los 365 dias del año. Cuentan que no faltaba a unos cultos, ni a las tertulias en "El Uno de San Román", en el "Remesal", o en "La Playa" de la calle Enladrillada, en aquellos tiempos en que no teníamos casa de hermandad y había que reunirse en tabernas o en casas particulares, pero en los que la convivencia entre hermanos era mucho más intensa. No llegó a ser miembro de junta, por su juventud y temprano fallecimiento, pero estaba en todas aquellos encuentros en las que se hacían números para ver como se conseguían las pesetas para hacer un manto para la Virgen, unos faldones para el paso del Señor, o un nuevo enser que mejorara el entonces pobre patrimonio de la hermandad.

María Stma. de las Angustias en Diciembre de 1962, vestida con el manto verde
  de camarín que le donó un grupo de hermanos, entre ellos Manuel Bermúdez Vargas.


Supongo que sería en una de aquellas tertulias cuando Manuel escribió de su puño y letra aquellos versos en forma de saetas y se los regaló a mi padre con una cariñosa dedicatoria. Lo mismo fue para que mi padre, tan aficionado, las cantara en alguna ocasión. La prematura y repentina muerte de Bermúdez en 1970, en la flor de la vida, que conmocionó a aquella hermandad tan familiar, hizo quizás que su destinatario le diera aún más valor a aquellos sencillos poemas que le había regalado aquel malogrado hermano y amigo, y que los guardara entre sus muchos papeles como oro en paño. No tendrán probablemente un gran valor literario o histórico, pero para él tenían el significado de la amistad sincera, y eran además ejemplo de una devoción incondicional a Nuestro Padre Jesús de la Salud y a su bendita madre María Santísima de las Angustias. Aqui os dejo esas saetas de Manuel Bermúdez Vargas, al que el Señor seguro que tendrá en su gloria, en esa eterna y feliz madrugada que nos prometió.





Angustias que pobre es tu manto
Tú que vienes llorosa
Pa mí que te quiero tanto
siendo Tú la más hermosa
que sale en el viernes santo 

Por excelencia y Generala
de los Gitanos eres flor
eres Reina y Soberana
eres la Madre de Dios
Estrella de la mañana

Toito er mundo ha confesao
que tú eres la más bonita
la del color bronceao
Gitana pura y bendita
por to tus cuatro costao

Bajo palio transparente
vas luciendo tu hermosura
mecedla, por Dios, mecedla
que esa Gitana es tan pura
que me da emoción el verla

Mare mía de las Angustias
¿Quién es tu hermano mayor
que te saca tan bonita
que te saca tan bonita
y reluces como el Sol? 

Angustias y doble Angustias
llevas en tu cara porque eres
la madrecita de mi Dios
la Gitanita más guapa
del tronco de Faraón.

Que no se roce un varal
que no se mueva una flor
Esa es la Madre de Dios
Ten cuidao capataz
la Reina de San Román

Aprieta el paso María
si a tu hijo quieres ver
tres horas quedan pal día
y no llega al amanecer

Madre mía de las Angustias
extiende tu mano santa
y échale la bendición
a to aquel que sea gitano
y tenga en ti devoción






miércoles, 2 de noviembre de 2016

UN MAYORDOMO EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

En el periódico madrileño "La Unión", en su edición del 11 de septiembre de 1885, se informa sobre el avance por el país de un último brote de cólera, esa epidemia que marcó el siglo XIX, y al tratar lo acontecido sobre el particular en nuestra ciudad aparece la siguiente reseña:

"Sevilla, de ordinario muy piadosa, levanta grandemente en las presentes circunstancias su temple religioso. En casi todas las Iglesias se celebran rogativas implorando la divina clemencia. Ayer salieron procesiones del Salvador, Santa Marina y San Román. Esta última parroquia sacó al Señor del Perdón, cuya Hermandad la forman gitanos y de la que es mayordomo el célebre torero Chicorro. Asistieron todos los de esta raza, habitantes en la ciudad y barrio de Triana. Gran recogimiento y espíritu de compunción en los concurrentes". (1)



La nota de prensa nos deja pocas dudas. Una hermandad formada por gitanos y establecida en la sevillana parroquia de San Román sólo ha existido una, aunque el error del periodista al titular al Señor de la Salud como el Cristo del Perdón pudiera estar a la altura de aquellos otros que alguna vez nos han escrito sobre "La Macarena de Triana".

Lo que sí me llamó poderosamente la atención fue la mención a Chicorro como mayordomo de la corporación. El matador de toros José Lara Jiménez "Chicorro" nació en Algeciras en 1839, aunque cuando sólo tenía un año de edad su familia se trasladó a Jerez, en cuyo matadero se aficionó al arte de Cúchares, al que finalmente dedicó su vida. Se estableció en Sevilla alrededor de 1866, y se da la circunstancia de que fue el primer torero en recibir el trofeo de una oreja en la plaza de Madrid. ¿Pero cómo llegó este gitano algecireño por muy matador de toros que fuese a la mayordomía de nuestra cofradía?

José Lara Jiménez "Chicorro" fotografiado por Emilio Beauchy en su estudio de la calle Sierpes (2)

Investigando en los censos de nuestra ciudad lo encontramos en el de 1894, donde figura con domicilio en la feligresía de San Román, en el número 16 de la calle Gallos, y el dato clave que nos lo aclara todo es el nombre de su cónyuge: Dolores de Campos Vargas. De nuevo una Campos, esa familia que fue celosa guardiana de nuestra corporación en aquellos años. 



La noticia de "La Unión" introduce pués un nuevo dato en la historia de la Hermandad que sería interesante seguir investigando. Establecida la cofradía desde noviembre de 1880 en San Román, precisamente a instancias de su entonces Hermano Mayor Juan José de Campos, no pudo realizar desde allí su primera estación de penitencia hasta 1891, pero sí que realizó esa procesión de rogativas por el cese del cólera en 1885, con José Lara "Chicorro" como activo promotor.

Para terminar añadiremos que una hija de "Chicorro" casó con un hijo de Don Manuel Rodríguez "Cagancho", patriarca de la famosa dinastía de cantaores y toreros. Fruto de aquel matrimonio fue José Rodríguez Lara "Tragapanes", protagonista muchos años después de otra emotiva historia de nuestra hermandad que otro día contaremos.

Notas

  1. La nota de prensa aparece en la página 2 del nº 1111 del diario La Unión, editado en Madrid el 11 de septiembre de 1885, pero conforme aclara el periódico, se trata de una carta remitida desde Sevilla el 9 del mismo mes, con lo que la procesión de rogativas se celebró el 8 de septiembre, fecha de la Natividad de Nuestra Señora.
  2. Tanto el número del diario La Unión como la foto realizada por Beauchy a Chicorro pertenecen a los fondos digitalizados de la Biblioteca Nacional.

jueves, 6 de octubre de 2016

AQUEL DOCE DE OCTUBRE




Hace poco, contemplando un puñado de fotografías de la procesión extraordinaria del Señor de la Salud con motivo del centenario del establecimiento de la cofradía en San Román, recordé que entre los muchos papeles de mi padre había unas anotaciones al respecto, una especie de borrador en el que esbozaba una serie de datos para desarrollar posteriormente de forma más detallada. Quizás eran unos apuntes para aquellas memorias sobre sus años en la hermandad que proyectaba escribir cuando dejara de ocupar cargos en juntas de gobierno, pero que nunca consiguió redactar. Después de todo murió al pié del cañón, en el cargo de mayordomo, después de haber sido durante casi tres décadas secretario de la corporación.

La verdad es que leyendo esas anotaciones inconclusas he vuelto a revivir aquel día desde otra perspectiva. Yo era entonces un chaval de dieciséis años que acompañó a su Cristo sumergido en aquella marea humana. Sin cirio, porque sólo hubo cincuenta cirios para los hermanos más antiguos, pero a pesar de la libertad con que pude moverme aquel día arriba y abajo con mis primos, muchos fueron los detalles que se me escaparon, o lo mismo es que mi memoria comienza ya a flaquear.

Para culminar las celebraciones del centenario en San Román, que había comenzado cuando se cumplía efectivamente la efeméride, en noviembre de 1980, con la colocación de un azulejo conmemorativo junto a la puerta de nuestra capilla, ya entrados en 1981 y con una recién estrenada junta de gobierno se comenzó a considerar la oportunidad o no de realizar una procesión hasta la parroquia de San Nicolás, idea que se desechó para sustituirla finalmente por una hasta la Santa Iglesia Catedral, para celebrar allí misa pontifical en acción de gracias. Pensando también que en noviembre había más posibilidades de lluvia, se adelantó a octubre, al lunes día 12, festividad de la Virgen del Pilar.

Apuntan las anotaciones como se dio la oportunidad a los jóvenes hermanos de integrarse en la cuadrilla de profesionales que tenía que sacar al Señor, con lo que, dejando aparte mudás y desarmás, aquella salida procesional fue el antecedente más serio de la posterior creación de las cuadrillas de hermanos costaleros de nuestra corporación.





El paso se puso en la calle a las tres de la tarde. No cuenta mi padre en esas notas ni en las actas oficiales, y es algo que siempre me ha intrigado, porque iba el Señor sin potencias, la única vez que yo sepa en todas sus salidas procesionales. Desde un balcón de la calle Peñuelas Jesús Martín Cartaya tomó una foto histórica, en la que se ve a nuestro Titular saliendo del templo entre una abigarrada multitud, y delante del paso capataces de leyenda: El Kiki, Luque, Manolo Santiago junto a la manigueta. A la derecha se observa a un chaval portando el banderín de la Banda de Cornetas y Tambores Virgen de las Angustias, a cuyo cargo estuvo el acompañamiento musical. El Señor aparece con la postura más inclinada y la zancada más abierta que le puso en su primera restauración Álvarez Duarte. Fue la última vez que procesionó así. Un mes antes se había celebrado un cabildo general extraordinario en el que se había acordado una nueva restauración que le devolviera su postura original.




Hace en sus apuntes mi padre hincapié en el calor de ese día, que califica de "agobiante", y como la muchedumbre de sevillanos que se agolpaba por Peñuelas y Bustos Tavera para ver pasar al Señor de la Salud impedía el cumplimiento de los horarios previstos, comenzando sólo a recuperarse tiempo en las anchuras de las calles Imagen, Laraña y Martín Villa. Al llegar a la plaza de San Francisco se encontraron como, a pesar del oficio remitido, el Ayuntamiento no había retirado los macetones que impedían el paso, cosa que solventaron los propios hermanos.



La comitiva entró a la hora acordada a la Catedral por la Puerta de San Miguel, situándose el paso en el trascoro, donde celebraría el pontifical Su Eminencia Reverendísima el Cardenal D. José María Bueno Monreal, auxiliado por el Director Espiritual de la Hermandad y Párroco de San Román D. José Mª Ballesteros Bornes, y el Delegado Episcopal ante el Consejo de Cofradías D. Camilo Olivares Gutiérrez.
 



Terminado el acto, a las ocho de la tarde, asomaba el Señor de la Salud por la Puerta de los Palos, con repique de campanas de la Giralda, "ante una Plaza de la Virgen de los Reyes totalmente abarrotada de público, más incluso que la mañana del Viernes Santo". Momentos antes, Joselón Ortega había tomado otra foto histórica. El mayordomo Joaquín Ponce Díaz ha cedido su vara a Guillermo Cantalapiedra, viejo ex-mayordomo que tanto luchara por la hermandad en tiempos más duros, y que a pesar de sus muchos años no ha querido faltar al acto.





Lamentan las notas la ausencia de la autoridades locales en el andén del Ayuntamiento. "Hoy los políticos sólo se acercan al pueblo y sus tradiciones en época de elecciones". Calle Tetuán, viejo itinerario de la cofradía, y al llegar a la Campana "como en la mañana del Viernes Santo, el Señor da la vuelta de forma solemne... el público aplaude a rabiar".

Como se había previsto en un cabildo de oficiales celebrado justo el día anterior con carácter de urgencia, al llegar a la Encarnación, en la esquina de la juguetería de Cuervas, el paso rodea el solar del derribado mercado por su lado norte. Se trata de dar tiempo para que pase la Hermandad de la Virgen del Pilar de la parroquia de San Pedro que está también ese día en la calle, porque hay que tirar por Alcázares en dirección a la calle Feria. Ese mismo cabildo extraordinario del día anterior había decidido que el Señor de la Salud no podía faltarle a un hermano gravemente enfermo que lo esperaba con ansiedad, D. Manuel Carrera Anglada. 

En San Juan de la Palma una representación de la Hermandad de la Amargura espera con estandarte, varas y un ramo de flores. "La puerta del templo totalmente abierta y el altar mayor como un ascua de luz, resaltando en el centro la bellísima imagen de Nuestra Señora de la Amargura". En Sevilla ya es un secreto a voces a donde se encamina el Cristo de los Gitanos, "y andando, andando, llegamos a la Plaza de Montensión..."

En un balcón de la antigua Plaza de los Carros, casi sin poder moverse por sus padecimientos, un hombre aguarda al Señor de la Salud. Sabe que pronto estará con Él, pero quiere su consuelo antes de morir. Y allí está el Señor, plantado en la plaza, sobre el paso que D. Manuel le ha regalado hace sólo un par de años, y con la cruz de todos nuestros sufrimientos a cuestas. Algunos miembros de la junta suben a saludar y confortar al hermano enfermo, y con ellos Manuel Mairena. En la plaza se ha hecho un silencio que sólo rompe el metal de la garganta del cantaor, que borda en esa noche de octubre una saeta alusiva al momento:

"Pare mío de la Salud
Que grande es ser de ti
Que grande es poder amarte
Y que grande es poder vivir
Pa tenerte yo que cantarte
Aunque me tenga que morir
Pare mío de la Salud
Que grande es ser de ti,
Que grande es poder cantarte"



"Silencio, llantos, aplausos". Parece que mi padre se quedó sin palabras para describir lo que se vivió en aquella plaza. Yo, que estuve allí siendo sólo un adolescente, aún tengo menos. La procesión toma por Almirante Espinosa. Otra fotografía nos muestra al Señor pasando por allí. En el balcón de una vieja casa hoy derribada, dos ancianas al cuidado de dos Hermanitas de la Cruz contemplan al Rey de Reyes. También para ellas Él ha pasado, como pasa para todos.




Calle Castellar, Plaza de San Marcos, Socorro, y a las dos menos diez de la mañana el Señor entra en San Román. El paso se coloca en el centro del templo, delante del altar mayor, y D. Rafael Valero Montes, coadjutor, dirige el rezo de un padrenuestro en acción de gracias y por los hermanos difuntos.

Así fue aquel doce de octubre que quedó para siempre en el recuerdo de quienes lo vivimos. D. Manuel Carrera falleció al mes siguiente, y se presentaría ante San Pedro con la mejor de las credenciales: El Señor de la Salud había ido a visitarle.







jueves, 1 de septiembre de 2016

LA PROCESIÓN DEL DÍA DE LA NATIVIDAD EN LOS AÑOS CINCUENTA

Llega septiembre y, un año más, la Hermandad se reúne a los pies de nuestra Bendita Madre el día que la Iglesia conmemora su natividad, en una solemne función que es para los más jóvenes hermanos feliz ocasión de reencuentro y para los que somos más viejos casi un ejercicio de nostalgia. Es en estos días grandes cuando más se echa de menos a los que ya faltan.

Aprovechando las fechas he pensado traer al blog un artículo que se públicó en el Boletín de la Cofradías en 1963, el año en que la Virgen dejó de procesionar por las calles del barrio como culminación al triduo que entonces se le dedicaba en este mes.

Fue en 1955(*), a propuesta del entonces joven prioste Juan Miguel Ortega Ezpeleta, cuando se acuerda celebrar en estas fechas un triduo a la Santísima Virgen de las Angustias que finalizara en una procesión en andas con rezo del Santo Rosario, pero lo que iba a ser una sencilla salida se acabó convirtiendo en una procesión de gloria en toda regla, con costaleros y banda de música incluida. Unos años tocó la de Educación y Descanso, que después se convertiría en la de la Cruz Roja, e incluso una vez se contrató a la Banda del Maestro Tejera. Por lo que se deduce de la lectura de los libros de contaduría no se reparaba en gastos: se colocaban banderas y gallardetes por las calles del barrio e incluso en 1955 aparece anotada una partida para cohetería. Paso y manto vinieron en 1958 desde Triana, según figura en la factura de un porte realizado. El manto era el de Madre de Dios del Rosario, patrona de capataces y costaleros. El pasito lo cedía D. Manuel Jaramillo García, hermano de la Sacramental de Santa Ana, por lo que es probable que fuera uno de los que se utilizaban en el Corpus Chico del viejo arrabal y guarda. Se utilizaban para iluminarlo los candelabros de guardabrisa del antiguo paso del Señor. El itinerario era Plaza de San Román, Enladrillada, Santa Paula, Plaza de Santa Isabel, Plaza de San Marcos, Bustos Tavera, Peñuelas, de nuevo San Román, Matahacas, Osario, Jáuregui, Plaza Ponce de León, Los Terceros y Sol.

Cuando en 1958 la autoridad eclesiástica aprobó las nuevas reglas, tanto triduo como procesión pasaron al articulo séptimo del capítulo II, que decía: "En el mes de Septiembre y para solemnizar la festividad de la Natividad de la Santísima Virgen María, día éste dedicado a Nuestra Amantísima Titular, la Santísima Virgen de las Angustias, se celebrará en su honor un Triduo que terminará con Misa de Comunión General y Función Solemne, así como un Santo Rosario público por las calles de la feligresía, con acompañamiento de la Santísima Virgen, haciéndose estación en el Monasterio de las Madres Jerónimas sito en Santa Paula, como es ya tradicional".


Así, con estación obligatoria ante el monasterio de Santa Paula, se efectuó esta veraniega salida procesional hasta 1963, año que se acordó no realizarla por obras en la parroquia. El artículo que hoy traemos, publicado en el Boletín de las Cofradías con la firma anónima de "Un devoto", decía así:


Pero a pesar de lo que pronosticaba el artículo, en los años siguientes el Santo Rosario por las calles de la feligresía se sustituyó por una sencilla procesión en andas por las naves del templo, y después, cuando se aprobaron las reglas en vigor, se cambió también el triduo por una función. Con la llegada a nuestro Santuario, y puesto que la estructura de éste hacía imposible una procesión por el interior, la Virgen de las Angustias volvía a pisar la calle cada ocho de septiembre, pero ni siquiera en 2012, que se trasladó a San Román para solemnizar el 75 aniversario de su hechura, las monjitas de clausura de Santa Paula volvieron a tener la oportunidad de verla.


* Acta nº 18 de la reunión de la Junta Gestora celebrada el 26 de agosto de 1955, con asistencia de los gestores José María Loreto Lázaro, José Lérida Vargas, Joaquín Cordero Bernal, José Periáñez Rembado, Juan Miguel Ortega Ezpeleta, Guillermo Cantalapiedra García, Javier Lérida Vargas, Francisco Antúnez Garrido, José Manzano Pérez, José Manzano Camacho, Manuel Lérida García y José García González.