sábado, 1 de enero de 2022

LOS TRES GITANOS CLAVARIOS DE CHAVES NOGALES

Se ha presentado al periodista y escritor Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944) como uno de los principales representantes de la tercera España, aquella que vio venir como el radicalismo y la sinrazón enfrentaban sin remedio a las otras dos en una guerra civil, que fue seguramente el mayor desastre de nuestra historia como nación. El compromiso con sus ideas le llevó a morir en el exilio, incomprendido por unos y por otros, aunque en épocas recientes se ha vuelto a poner en valor la obra de aquel reportero sevillano que, entre otras cosas, viajó a Rusia para conocer de primera mano su revolución, se atrevió a escribir la biografía de Juan Belmonte, o nos legó su personal e implacable testimonio de la guerra con "A Sangre y Fuego. Héroes, bestias y mártires de España".


Manuel Chaves Nogales

No vamos a dedicarnos aquí a elogiar el mérito literario de sus artículos o la lucidez de su pensamiento político, siempre alejado de los extremismos. Esto es sólo un sencillo blog sobre el pasado de la hermandad de los Gitanos, pero precisamente por eso, no podía faltar en él este clásico, esta introducción con la que el periodista comenzaba un amplio reportaje sobre la Semana Santa sevillana que publicó en el madrileño diario "Ahora" entre marzo y abril de 1935 (1). Describe en la misma los problemas a los que se enfrentaban en nuestra cofradía los "clavarios"  -los tres oficiales encargados de custodiar las tres llaves del arca en el que la hermandad guardaba todo su patrimonio- cada vez que tocaba abrirla para plantearse como hacer un año más la estación de penitencia.

Ese arcón de tres llaves existió, no es un recurso estilístico de Chaves Nogales. Su uso era algo común en todas las cofradías, y alguna aún lo conserva como una reliquia del pasado. Nuestras reglas fundacionales le dedicaban todo el capítulo 8, que se titulaba precisamente "Del Arca de tres llaues que hà de tener la hermandad", y establecían que dichas llaves debían estar en poder del alcalde más antiguo, el mayordomo y el secretario, "y hasta tanto que aia sitio propio de la hermandad deuerà estàr el Arca en casa de n^ro Maiordomo y Alcalde màs antiguo" (2).

Se conoce que después de la orden de extinción a finales del siglo XVIII, el incautado arcón fue a parar al domicilio del procurador D. Patricio de Puertas, y que durante la invasión francesa un oficial gabacho puso sus codiciosos ojos en él. Se sabe también como, con la reorganización de la hermandad, en las primeras décadas del siglo XIX, los cofrades fueron a buscarlo y a recuperar su contenido a la calle de la Cruz de la Parra (hoy Monsalves), donde tenía sus casas el referido procurador. Un inventario de 1818 nos hace incluso una pequeña descripción de como era: "un arca de a dos varas de pino con serraduras tres y igual número de llaves". No se tiene noticia de donde terminaron las vicisitudes de aquel viejo arcón, al que hoy sustituye una moderna y valiosa casa-hermandad. Pero dejemos que sea Manuel Chaves Nogales quien nos cuente que sucedía cada vez que aquellos tres gitanos clavarios lo abrían allá por los años de la república.




SEMANA SANTA EN SEVILLA. LAS COFRADÍAS Y LA REPÚBLICA.

Cuarenta y dos cofradías hay en Sevilla. Salir procesionalmente en la Semana Santa, con sus dos o tres pasos cuajados de flores y joyas cada uno, sus largas filas de penitentes quemando cera y sus bandas de música, cornetas y tambores, les cuesta un dineral. A la más pobrecita de las hermandades, a la más humilde, a la que se resigna a llevar su Cristo con unas docenas de cirios y a su Virgen con unos puñaditos de clavellinas no le sale la procesión por menos de mil duros. Esto es lo menos que se gasta la cofradía de la Estrella o la de los Gitanos, que son las más pobres. El Gran Poder o San Antonio Abad gastan diez veces más, veinte veces más. 

Este año el Ayuntamiento ha votado una consignación de setenta y cinco mil pesetas para subvencionar a las hermandades. Estas subvenciones, que se reparten entre todas, son más o menos cuantiosas según la antigüedad de la hermandad y según el recorrido de la procesión. Tocan, unas con otras, a dos mil pesetas. La Macarena cobra cuatro mil quinientas; San Juan de la Palma, tres mil setecientas cincuenta; en cambio, San Lorenzo y San Antonio Abad, que son cofradías de ricos, no cobran subvención o la regalan a las Casas de Beneficencia. A la de los Gitanos, que, como decimos, se gasta a lo menos mil duros, le da el Ayuntamiento mil setecientas cincuenta pesetas. ¿De dónde van a sacar los trece mil reales que les faltan estos pobres gitanitos? 

Todos los años, cuando se plantea el problema de salir en procesión, los tres clavarios de la Hermandad de los Gitanos se reúnen solemnemente, y con sus tres llaves distintas abren las tres cerraduras del arca donde se guarda el tesoro de la hermandad. ¡El tesoro! Los tres gitanos clavarios revuelven, cabeceando, el fondo de aquel arcón en el que tan aparatosamente se guardan la humilde saya de la Virgen, el apolillado faldón de la parihuela y las cuatro alhajillas de Nuestra Señora. Un tesoro que no llega a las mil pesetas. ¿Cómo va a salir decentemente la Virgen? ¡Si no tiene qué ponerse, la pobre! ¡Si es una vergüenza! 

Se reúne el cabildo y los tres gitanos clavarios exponen a sus cofrades la angustiosa situación. 

 —¡Y nos vamos a quedar sin salir! 

—¡Y no vamos a ser capaces de encontrar todo lo que se merece la Virgen de los gitanitos! 

Esta tragedia se plantea todos los años a los pobres gitanos imprevisores, y todos los años se hace el milagro de que en la madrugada del Viernes Santo la Virgen de las Angustias, a costa de las que han pasado sus cofrades, salga triunfalmente sin que le falte un detalle. Pidiendo la limosna de unas flores de azahar a los señoritos naranjeros, dejándole a deber la cera al cerero Carrasquilla, zurciendo y remendando las túnicas, colgándole al cuello a la Virgen toda la bisutería de las gitanillas devotas, la cofradía recorre esplendorosa las calles de Sevilla para orgullo de la gitanería. 

El mismo problema económico que se le plantea a la cofradía de los gitanos se les plantea en mayores o menores proporciones a otras muchas hermandades. ¿Cómo va a salir este año la Virgen de San Julián, a la que se le quemó —o le quemaron— la iglesia, dejándola sin un mal trapo que ponerse? Tendrá que pedir un manto prestado aquí y una corona allá. ¿Pues y la Virgen de la Estrella? Todas tienen sus apuros. Porque la verdad es que, aparte vanidades, el sacrificio y la abnegación de los cofrades, sus apuros económicos y su capacidad para contraer deudas que no pueden pagar son la única razón de ser de esta magnífica conmemoración de la Semana Santa que se hace en Sevilla. 

Como no es mi propósito servir la propaganda del Patronato Nacional de Turismo o de la Comisión Municipal de Festejos de Sevilla, me creo en el caso de ponerme a contar limpiamente, con sus grandezas y sus pequeñeces, sus secretillos y sus anécdotas pintorescas, cómo llega a producirse ese maravilloso espectáculo de la Semana Santa. Veamos la función entre bastidores. Queremos ser como esos sacristanes que, sin caer en irreverencia, andan con desenvoltura entre las imágenes sagradas, y las llevan y las traen sin demasiados miramientos, familiaridad obligada del oficio, que no excluye el debido e implícito respeto. ¿No somos siempre los periodistas un poco sacristanes de todos los cultos? 

Los cofrades sevillanos son gente de buen sentido y sabrán perdonarnos la desenvoltura.

***


La Dolorosa de José Merino que sustituyó aquel año a la de Montes de Oca, pasando por la Campana en 1935.


Continuaba el periodista nacido en la calle Dueñas haciendo un exhaustivo análisis de la situación de las cofradías sevillanas en todos sus aspectos, en el que se observa que manejaba datos de primera mano, pero cabe decir que quizás, en lo que se refiere a nuestra hermandad, Chaves Nogales, como buen sevillano, exageró un tanto. La hermandad en aquella época, aunque humilde, no era la "pobrecita" que el había conocido en su niñez y juventud. En concreto, en ese año en que se escribe el reportaje, se estrenó un flamante nuevo paso de José Sanjuán para el Señor de la Salud, se adquirió una nueva Dolorosa, que sólo procesionó aquella Semana Santa, porque al siguiente se vuelve a reponer a la primitiva, y además, el veinte de agosto de aquel 1935, el mayordomo Antonio Vega de los Reyes, uno de los tres "clavarios" en aquellas fechas, contrata con D. José Caro Márquez el bordado de un nuevo palio, que por las circunstancias que acaecieron no se llegó a estrenar hasta tres años después. Vivía pues un momento de cierta bonanza económica que sólo interrumpiría el alevoso incendio de San Román. Pero esa es otra historia que algún día habrá que contar.

1.- Diario Ahora, edición del 31 de marzo de 1935, página 24. El artículo completo y el resto de los que componen el reportaje, publicados del 2 al 6 de abril, están accesibles en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

2.- Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Sección III (Justicia), serie Hermandades, legajo 12: Reglas de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Madre de Dios de las Angustias

miércoles, 1 de diciembre de 2021

LOS RECIBOS DE DON FÉLIX

Recientemente adquirí en un anticuario tres documentos relacionados con el pago de cuotas del antiguo hermano Félix Pozo, los cuales llevaré para que formen parte del archivo de nuestra hermandad. Esta entrada la vamos a dedicar a ese antiguo hermano y contextualizaremos aquellos años.

Félix Pozo Carralero nació en Villacañas (Toledo) en 1889. A los doce años marchó a Madrid a trabajar, y ya cuando contaba con unos treinta se vino a Sevilla, donde se afincó, casándose con una sevillana y estableciendo un negocio de joyería y platería, primero en el 13 de la calle Velázquez, hasta que se traslada en 1930 al número 4 de O’Donnell, prácticamente en la plaza de la Campana.

Las primeras noticias suyas que tenemos relacionadas con nuestra hermandad son de 1938, cuando participa con cinco pesetas en la suscripción popular que organiza Maruja Queipo de Llano para rescatar a la corporación del desastre sufrido con el incendio sacrílego de San Román (1). Y es que muy probablemente don Félix fuera uno de los muchos comerciantes sevillanos que recibieron una carta solicitando esta colaboración con el sello del general alzado en armas estampado, que como ya contamos en el blog, había "distraído" a espaldas del militar su hija Maruja.

Recibo pago cuota hermano 30 de noviembre de 1939

Recibo pago cuota hermano 31 de marzo de 1940

Recibo pago cuota hermano julio de 1940


Por aquellos años la hermandad regresaba por Tetuán y O’Donnell (2), y hacía parada justo enfrente de su negocio, en el número siete, en la confitería de don Juan Alfonseca, antiguo hermano de la corporación, que convidaba a torrijas a todos los nazarenos, por lo que don Félix estaría familiarizado con aquella a veces demasiado bulliciosa cofradía. El caso es que el hombre, por una razón u otra, o porque no pertenecía por tradición familiar a ninguna otra cofradía sevillana, decidió hacerse hermano de los Gitanos.

En el libro de hermanos más antiguo que conserva la hermandad, diligenciado en abril de 1949 por el secretario José María de la Concha, y con el visto bueno del hermano mayor Francisco Antúnez, don Félix aparece con el número 149 de los "hermanos protectores", abonando la cuota de cinco pesetas. En aquellos años la cuota mensual era una cantidad voluntaria. La mayoría aportaba dos pesetas, así que el hecho de que nuestro platero pagara más del doble da buena cuenta de su generosidad.

En cuanto al estudio en sí de los recibos que hoy os traemos, llama primeramente la atención el membrete con el antiguo escudo de la hermandad: El corazón en llamas y atravesado por unas flechas de los agustinos bajo capelo obispal. En unos recibos, los dos primeros de color azul, no se especifica a título de que satisface una cuota, pero en el último de color rojo ya sí pone que como hermano. Firma los recibos un hombre que fue santo y seña de la hermandad y al que ya se nombró más de una vez por estas páginas, el secretario José Vega Niño, que parece que igualmente los ha rellenado con su distinguida caligrafía. Si a eso le añadimos que es muy probable que también los hubiera imprimido el firmante en la imprenta de don Francisco Vera donde trabajaba, y que se ve que fue la que hizo la tirada, podemos tener una idea de la entrega de Vega Niño a su cofradía de toda la vida, de la que fue hermano mayor, mayordomo, secretario... ¡Hasta las papeletas de sitio y las túnicas se repartían en su domicilio de la trianera calle Rocío! (3)

Para terminar, quisiera hacerte un encargo a ti que lees este blog y eres un hermano de los Gitanos enamorado de su cofradía. Cuando pasees por la calle O'Donnell número cuatro, verás que, aunque el negocio cambió de manos y ahora es una conocida franquicia dedicada a la moda, aún figura sobre el escaparate el rótulo "Joyería Félix Pozo Platería". Patrimonio quiso que así se conservase para que no se pierda la memoria de nuestro comercio tradicional. Si pasas por allí, ten un recuerdo para este hermano, que también puso su granito de arena para que tu hermandad sobreviviera.


Guías de España. La Semana Santa en Sevilla. Año publicación 1943. Fotógrafos: VALLMITJANA y D.G. del T.
 Archivo Miguel Velasco.


1. Hemeroteca ABC. Sevilla. 5 de febrero 1938. Página 28.

2. GÓMEZ TRIGO, José Julio. El recorrido histórico de las cofradías de Sevilla. “Los Gitanos”, página 352.

3. Hemeroteca ABC. Sevilla. 7 de abril de 1938. Página 16.

El Señor de la Salud, en la fotografía que ilustra esta entrada, va sobre el paso que fue  prestado por la hermandad de San Roque durante los años de 1938 a 1940, realizado por José Gil en 1929 (véase JIMÉNEZ SAMPEDRO, Rafael. Boletín de las Cofradías de Sevilla. número 501. Enero de 2001. "El paso del Señor de las Penas de San Roque, obra de José Gil",pp 35-36.) iluminado con los faroles que procedían del antiguo paso de Pasión.

lunes, 1 de noviembre de 2021

HOMENAJE A MARUJA EN CASA BATISTA

Las páginas de antigüedades en internet deparan a veces sorpresas que te hacen pensar si existen las casualidades o las causalidades. Hace un mes me encontré con la subasta de un pequeño programa de mano con el escudo antiguo de la hermandad y, mira por dónde, se trataba de un documento de 1942 en el que se relacionaban los actos que la junta de gobierno iba a celebrar para homenajear a María Queipo de Llano con ocasión de su nombramiento como Camarera de Honor Perpetua. Participé en la subasta y bueno... como fui el único que pujó, la gané por el precio de salida, así que no me salió demasiado cara. 

Hablo de casualidades porque ya os contamos por aquí como la hermandad ha recuperado recientemente, gracias a la generosidad de mi amiga Ana Quevedo, hija de Maruja, el bonito pergamino del pintor Guillermo Bonilla con dicho nombramiento (1). Aunque el acuerdo de junta honrándola con este título se fechaba en 20 de Mayo de 1941 en el propio pergamino, la firma del pintor aclaraba abajo que lo dibujó en 1942, y este programilla de los actos que he conseguido, y que llevaré a la hermandad para su archivo, nos termina de decir el día exacto de su entrega: el 22 de Febrero de 1942.


Portada y contraportada del programa, realizado por la imprenta de D. Francisco Vera.
El autógrafo me confirma Ana Quevedo que es la letra de su madre.



El homenaje comenzó aquel domingo de Febrero con la celebración en Santa Catalina de una solemne función con sermón del Rvdo. Padre Juan José Robredo Rodríguez, cura ecónomo de San Roque y San Benito, de quien se aclara que era hermano de nuestra corporación. A continuación se le haría entrega a Maruja del pergamino con su nombramiento, y seguidamente se cantaría una piadosa Salve. De este momento sí que existe una foto de Juan José Serrano, en la que se puede ver a Maruja con el pergamino de Bonilla en sus manos y rodeada de la mesa de gobierno. Aquella mañana terminaría con un almuerzo íntimo ofrecido por la junta en el restaurante Casa Batista, establecimiento sito en el número 11 de la plaza del Duque, donde antes estuvo el flamenco local de "La Vinícola" y muchos años después la "Cafetería América". Muy probablemente fuera allí donde Maruja estampó su nombre en la portada de esta octavilla, en una especie de autógrafo que le solicitara alguno de los asistentes.


José Vega Niño, Joaquín Serrano Filigrana, Alfonsa Domenech Vidal, María Queipo de Llano Martí, el padre Aurelio Martín Bogarín, coadjutor de Santa Catalina, Antonio Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana", José Román con el estandarte, Manuel Cira Benítez, Paco Antúnez y el escultor José Rodríguez Fernández-Andes. Foto J.J. Serrano. Febrero de 1942.

Pero quizás el detalle más curioso de este programa de mano está en sus páginas centrales, donde aparecen unos sencillos y entrañables versos dedicados "Al Cristo de la Salud y a la Virgen de las Angustias" en los que -aunque no vienen firmados- creo reconocer la gitana inspiración de José Vega Niño, que después de todo trabajaba como tipógrafo en el taller de D. Francisco Vera, donde se imprimió el programa.



No quisiéramos dejar de hacer referencia a la foto que ilustra el poema en huecograbado. No aparece el autor de la instantánea, pero creo que el cliché lo debió sacar la imprenta Vera de una sesión que realizó Juan José Serrano en Santa Catalina por aquellos años. Se trata de una de las primeras fotografías de la Santísima Virgen luciendo la corona atribuida a Seco Imberg que llevaran antes las dos Esperanzas de la madrugada del Viernes Santo (2). La histórica presea llegó a nuestra hermandad donada por la de la Macarena en 1941, gracias precisamente a la intervención de Maruja Queipo de Llano, por lo que colocar una foto de nuestra titular luciéndola en este programa era una forma más de honrar a la homenajeada. 

Nosotros, hoy día de Todos los Santos, vamos a terminar de recordar a nuestra antigua camarera y a aquella sufrida generación de hermanos, con otra foto de Juan José Serrano que creemos de esa misma sesión, por la mantilla que viste la Virgen y la disposición del tocado. Brille para todos nuestros difuntos hermanos la luz perpetua. La de la hermosa mirada de nuestra Virgencita.




1.- Véase en este blog MARUJA Y EL SELLO DEL GENERAL.
2.- Véase DOMINGUEZ ARJONA, Julio. La Sevilla que no vemos. Una Corona para Tres Reinas.


viernes, 1 de octubre de 2021

EL AÑO DEL SALVADOR

En la esperada y ansiada estación de la primavera no siempre nos augura esas magníficas noches y radiantes mañanas de Viernes Santo, como pudimos disfrutar de la última que nos regaló el Señor. En los últimos años sí que nos hemos visto envueltos en contratiempos en forma de lluvia como en 2018 o en 2013, acabando nuestra cofradía refugiada en la siempre hospitalaria iglesia de la Anunciación.

Tenemos que retroceder varias décadas atrás para hablar de otra situación similar, pero quedando refugiada en otro templo. Concretamente al año 1969. En los días previos a la salida habían acontecido algunas anécdotas: El palio se tuvo que montar al revés, con la bambalina con el escudo de Castilla de frontal, y la del escudo de los agustinos haciendo de trasera, debido al deterioro del bordado de este último. El Jueves Santo la hermandad recibió de hermano honorario al capitán general de la región Manuel Chamorro Martínez, con imposición de insignia de oro. Así también durante el acto de aquella mañana hizo presencia el cardenal arzobispo, José María Bueno Monreal 1.

El capitán general Manuel Chamorro Martínez con vara ante el palio de la Virgen de las Angustias 
tras prestar juramento como hermano de honor. Fotógrafo Valentín Monterroso. Archivo J.L. Dorado


Manolo Moreno recibiendo en San Román al Cardenal Bueno Monreal el Jueves Santo de 1969.
Fotógrafo Valentín Monterroso. Archivo J.L. Dorado

Ya haciendo crónica de aquella madrugada, sobre la 1:00 las lluvias intermitentes propiciaron la no salida de la Macarena2. Sí lo hicieron el resto de hermandades de la jornada, haciéndolo nuestra cofradía a las 3:00 de la mañana. Así se recogía en prensa3:

"A las tres de la madrugada, el barrio de San Román se había vestido de percal, peinado con tufos y teñido de color moreno, para presenciar la salida de la Hermandad de los Gitanos, con Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, cofradía que, cada año, aumenta en orden y devoción su cuerpo de nazarenos. El que los hermanos discurran de forma ejemplar no quita para que el pueblo, que venera a las imágenes y sabe de la prosapia cañí de la cofradía, haga salida como de la entrada un espectáculo en el que se mezcla el fervor con el entusiasmo, ante la contemplación de la serena belleza de la Virgen de las Angustias, Madre de Dios y de los gitanos, la imagen bonita para la que los "calés" tienen las mejores saetas, los mas puros requiebros y las frases más devotas. La lluvia impidió que ocurriera ese tradicional suceso que comienza con el terremoto de entusiasmo en la Plaza del Duque y va cobrando intensidad en la Campana y resto de la carrera oficial. La cofradía de los Gitanos, cuando entró por la calle Sierpes, optó por desviar su camino y dirigirse al templo parroquial del Divino Salvador, para dar albergue a sus imágenes. Más tarde, regresó al templo de San Román y, la mañana azul, permitió que el delirio de los gitanos y el gozo de los "payos" se fundieran para ofrecer estampas de gran colorido y devoción en nuestra Semana Santa. (...) A las cuatro y media, en la Campana, pidió permiso para pasar por la carrera oficial el Calvario, siguiéndole la de Triana y los Gitanos. Esta última se desvió por Cerrajería y Cuna con dirección al templo parroquial del Divino Salvador, donde estuvo refugiada una hora larga, regresando al templo de San Román sin hacer estación en la Santa Iglesia Catedral."

Nuestro Padre Jesús de la Salud protegido con plásticos por la lluvia.
Fotógrafo desconocido. Archivo J. L. Dorado.

En esta primera foto de la estación de penitencia vemos in situ el momento en que el agua sorprende a la cofradía. El Señor cubierto con un chubasquero y el paso con algunos plásticos van por el número 10 de la calle Cerrajería, entonces edificio en construcción, a fin de buscar refugio en el Salvador.

Nuestro Padre Jesús de la Salud subiendo por la calle Villegas tras salir del Salvador.
Foto de Justo Rodríguez Nieto. Archivo Juan Carlos Vázquez Alejo.

La segunda de las fotografías, nos muestra ya en la mañana del Viernes Santo y tras el fin de la lluvia, el paso de Nuestro Padre Jesús de la Salud aún en la plaza del Salvador encaminado hacia la calle Villegas, fotografiado desde el interior de las verjas del Colegial del Divino Salvador. En décadas pasadas, la cofradía a su itinerario de regreso a San Román tomaba el Salvador como camino de paso aunque en dirección contraria a como lo vemos en esta foto, continuando por calle Cuna4, donde tenían lugar las acostumbradas saetas de Pepe Valencia5.


María Santísima de las Angustias tras salir del Salvador.
Foto de Justo Rodríguez Nieto. Archivo Juan Carlos Vázquez Alejo.

Y en ésta última, observamos minutos más tarde el palio de María Santísima de las Angustias a pocos metros de haber bajado la "rampla" del Salvador, con la fachada de la iglesia de la Paz de la orden de San Juan de Dios al fondo. Por la luz de las dos últimas fotos, parece que a pesar de haber terminado la lluvia sigue estando nublado el cielo.

Y es que, ¡hasta estas cosas se echan de menos!
 

1. Hemeroteca ABC de Sevilla. Viernes 4 de abril de 1969. Edición de Andalucía. Página 43. "En el templo de San Román".

2. Hemeroteca ABC de Sevilla. Domingo 6 de abril de 1969. Edición de Andalucía. Página 75. 

3. Ibídem.

4Hemeroteca ABC de Sevilla. Jueves 3 de abril de 1969. Edición de Andalucía. Página 30. El recorrido de vuelta de la cofradía ese Viernes Santo era: Placentines, Francos, Villegas, Salvador, Cuna, Laraña, Encarnación, Imagen, San Pedro, Alhóndiga, Terceros, Sol, San Román.

5 . HOMENAJE A PEPE VALENCIA

miércoles, 8 de septiembre de 2021

EL TIEMPO DE LOS POETAS

Si el antiguo mayordomo de la hermandad José Lérida Vargas tenía una pasión que no fuera su cofradía, esa era la poesía. Escribía el hombre en sus ratos ociosos sus "saetas", versos libres, como el espíritu de su raza, que quizás no respetasen mucho las normas de la métrica o la sintaxis, pero que llegaban a los que los leían por su ternura, sencillez, y porque reflejaban todo lo que atesoraba su gran corazón. Algunos los llegó a publicar en libros, que después vendía a sus muchas amistades en el mundo de las hermandades, dedicando las ganancias que dieran a las Hermanitas de la Cruz. Otros los mecanografiaba, los fotocopiaba y los regalaba. Aún conservo en casa algunas de las fotocopias que me daba cuando iba a visitarlo.


José Lérida Vargas y el costalero Ricardo Gordillo Díaz "El Balilla"
retratados por Jesús Martín Cartaya a las puertas de San Román en 1988.

El caso es que el viejo mayordomo se vinculó a un conocido círculo literario de su época, la tertulia "Noches del Baratillo", creada en 1950 por los poetas Florencio Quintero Marín y Manuel Barrios Masero, círculo del que nuestro Joselito Lérida llegó a ser con el tiempo vicepresidente, y en el que conoció a lo más granado de la poesía popular sevillana de aquellos años: Antonio Rodríguez-Buzón, Florencio Quintero, Ramón Charlo... El ABC sevillano se hacía eco del interés de la hermandad por estas veladas literarias, y así en agosto de 1955 daba cuenta de la asistencia a una de ellas, para homenajear a Florencio Quintero, de "una numerosa comisión de la Cofradía de los Gitanos, a cuyo frente estaba el popular y simpático mayordomo don José Lérida Vargas" (1).

El documento que hoy traemos a estas páginas, adquirido a un anticuario, es fiel reflejo de estas amistades. Se trata de un saluda del mayordomo al poeta Ramón Charlo Rodríguez con motivo de la publicación del libro "Sevilla es Sueño" (2). Charlo, aparte de regalarle al Señor de la Salud una túnica singular de la que ya hemos hecho mención en estas páginas, confeccionada con una seda que perteneció a su tío, el canónigo y capellán real de la catedral D. Servando Charlo, tuvo el detalle de donar todos los ejemplares de la primera edición de este libro a la hermandad, para que esta los vendiera en la vieja secretaría que había tras la capilla de San Román. Se consiguió la entonces nada despreciable cantidad de 3156 pesetas (3).




Hoy, en el día de la Natividad de Nuestra Señora, el día en que Joselito Lérida soñó y consiguió durante su mandato que la Virgen de las Angustias procesionara por las calles de su barrio y visitara a las monjitas de Santa Paula, no podemos menos que terminar esta entrada del blog con un soneto que Charlo dedicó en aquel libro a la más bella flor de San Román inspirándose en el bíblico Cantar de los Cantares. Esa Rosa está hoy en los jardines del Valle, y allí iremos a admirarla, como cada ocho de septiembre.





1.- ABC de Sevilla, edición de 27 de agosto de 1955, página 14.
2.- CHARLO RÓDRIGUEZ, Ramón. Sevilla es Sueño. Gráficas Sevillanas. Sevilla. 1955.
3.- Libro de contaduría, de agosto de 1955 a marzo de 1977. Apunte contable de enero de 1958, página 34. Archivo de la Hermandad Sacramental de los Gitanos.


domingo, 1 de agosto de 2021

LA FOTOGRAFÍA ANTIGUA COMO GUÍA HISTÓRICA

Posiblemente sea la fotografía más conocida de la primitiva Virgen de las Angustias. Y a pesar de ello, se siguen comentando alrededor de ellas datos erróneos, fechas equívocas y pasando por alto algún detalle curioso. En este caso la vemos sin el fondo a eliminar de una de las capillas laterales de San Román.

La primera noticia que tenemos en nuestra hermandad acerca de este palio, es en el escrito del secretario Juan Vega al alcalde de Sevilla el 13 de febrero de 18911. Como ya sabemos, ese año se produjo la primera salida en Semana Santa desde San Román y por primera vez en la madrugada del Viernes Santo. A día de hoy no conocemos a ciencia cierta por qué la hermandad tardó tanto en salir desde su llegada en 18802.

Volviendo a lo que nos atañe a la fotografía. En esos primeros años de la década de los noventa del siglo XIX, la hermandad realizaba importantes estrenos; en 1892 para el Señor la portentosa túnica bordada sobre terciopelo morado3 de estilo romántico, en 1893 la saya bordada4 de la Virgen atribuida a Rodríguez Ojeda, en 1894 se le acometen reformas al paso del Señor con el tallado y dorado de la peana5, en 1896 la Virgen estrenaba una nueva saya bordada6. A pesar de estos estrenos, la hermandad seguía dependiendo de préstamos y cesiones. Varios pasos del Señor, el mismo de Isaura de la Virgen… estos hechos, con los hermanos haciendo esfuerzos, llegaban a costar en ocasiones que algún año no pudiese salir la cofradía, como en 18977. No todos los elementos con los que se procesionaba, pertenecían a la hermandad. Por ejemplo, el taller de Juan Manuel Rodríguez Ojeda aceptaba en ocasiones antiguos mantos, palios, etc. como parte del pago a la hora de entregarles uno nuevo a las hermandades. Y con ellos, utilizarlos a modo de cesiones y préstamos.

Pero no solamente pasos, también enseres.  Si nos fijamos en el San Juan, lleva una especie de doble mantolín. El de textura punteado no es precisamente un mantolín, sino la "Clámide de los Bodoques" de finales del XIX atribuida a Teresa del Castillo y que pertenece a la hermandad de el Valle. El diseño de esta clámide era de Antonio del Canto Torralba, contiene lentejuelas, tallos y medias ondas.


María Santísima de las Angustias acompaña de San Juan a finales del siglo XIX.
Foto Almela. Archivo Víctor Ramallo.

El Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas con la clámide de los bodoques. Foto web Hermandad del Valle.


La clámide de los "bodoques" en la exposición 'In Nomine Dei' de este año.


¿Cómo llegó esta clámide a parar al San Juan de nuestra hermandad? ¿Fue una cesión por parte de la Hermandad del Valle? ¿Por parte del Taller de Teresa del Castillo? Los documentos fotográficos siguen siendo una pieza imprescindible para conocer la historia de nuestra hermandad.


1. LOBO ALMAZÁN, JOSÉ MARÍA. Anuario Hermandad Sacramental de los Gitanos. (2011). Documento. Página 61.

2. Archivo General Arzobispado de Sevilla. Sección III (Justicia), serie Hermandades, legajo 11: Sevilla. 1880-1891. Traslación de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud de la Parroquia de San Nicolás a la de San Román de la misma.

3. Archivo Municipal de Sevilla. Colección Alfabética. Semana Santa. Expediente 2.Caja 631. Año 1892

4. Hemeroteca Municipal de Sevilla. La Andalucía. 11 de febrero de 1893. Página 3.

5. H.M.S. El Noticiero Sevillano. 22 de marzo de 1894. Página 2

6. H.M.S. El Noticiero Sevillano, ”Noticias Locales” 3 de abril de 1896. Página 1.

7.  A.M.S. Colección Alfabética. Semana Santa. Caja 632. Año 1897.  La hermandad no sale ante la precaria situación y las necesarias reformas que deben acomenter.





jueves, 1 de julio de 2021

EN EL UNO DE SAN ROMÁN

En su novela "Morir en Sevilla" (1), premiada por el Ateneo de la ciudad en 1986, el recordado periodista Nicolás Salas recreaba el convulso ambiente político y social sevillano en los primeros días del verano de 1936. En un capítulo de dicha obra, el autor imagina que el protagonista de la misma, el pintor sueco Torsten Jovinge, fallecido en extrañas circunstancias en los días del alzamiento militar, hace parada en la antigua y desaparecida taberna "El Uno de San Román", lo que sirve a don Nicolás para hacernos un pintoresco esbozo de la hermandad de la época. Todos los hermanos que nombra, como el resto de los personajes de la novela, son reales. A algunos ya los hemos citado más de una vez en estas páginas, y también algunas de las anécdotas que se cuentan han aparecido en nuestro blog reflejadas en los recortes de prensa originales que hemos comentado. Después de todo, la labor literaria del antiguo director del ABC sevillano estaba respaldada por un concienzudo trabajo de investigación en archivos y hemerotecas. Pero no adelantemos más y dejemos que sea la exquisita pluma de don Nicolás Salas la que nos traslade al caluroso mes de julio de aquel aciago año.

***

    -Aquella taberna de allí -dijo el doctor Ariza señalando para una de las cinco esquinas de la plaza- es la de Cuatro Ojos y tiene muy buen estilo. Pero esta noche vamos a ir a El Uno de San Román, esa que hace esquina con las calles del Sol y Matahacas para saludar a mis buenos amigos de la hermandad de los Gitanos, que hacen aquí su tertulia de los sábados.

    Nada más entrar en la taberna, les salió al paso un hombre de mediana edad, en mangas de camisa, que saludó al doctor Ariza con un «don Antonio, buenas noches», en un tono que expresaba cariño, admiración y respeto. El doctor Ariza le tendió la mano y luego se lo presentó a Jovinge:

    -Este señor es Francisco Gómez Rivero, el dueño de esta casa.

    Preguntó el doctor Ariza por sus amigos los gitanos y el dueño de la taberna le señaló la puerta de un reservado lateral, diciéndole:

    -Ahí los tiene usted como siempre discutiendo de cofradías, toros y cante.


La puerta cegada del antiguo reservado lateral de El Uno de San Román, que ocupaba lo que hoy es La Casa del Nazareno

    Una discreta llamada con los nudillos en la puerta del reservado y el doctor Ariza y Jovinge franquearon la entrada entre amables y jubilosas exclamaciones de los allí reunidos, que era un grupo de por lo menos veinte personas, todas ellas sentadas en sillas de tijeras y pequeñas banquetas alrededor de cuatro veladores unidos para formar una sola mesa, encima de la cual campeaba una gran cañera medio llena de cañas de fino. El cuarto, aunque era espacioso, ofrecía un ambiente de aire enrarecido por el humo de los cigarrillos. Una sola ventana daba a la calle, pero estaba cerrada, y la luz era tenue, pues sólo había una lámpara grande colgada del techo con dos bombillas.

    El doctor Ariza saludó muy efusivamente a Juan Antonio Lérida Bermúdez, que parecía el patriarca del grupo, todos ellos hermanos de la cofradía de los Gitanos. Y luego le presentó a Jovinge, lo que hizo en voz alta, para que lo escucharan todos los reunidos. Después de explicarles que era un pintor sueco enamorado de Sevilla y que llevaba poco más de un mes pintando el parque de María Luisa, los jardines del paseo de Catalina de Rivera y la catedral, además de viajar a los pueblos de la provincia, terminó con estas palabras amables:

    -Si queréis saber algo del parque de María Luisa preguntárselo a él, que sabe más que nosotros de aquello. Hasta conoce el nombre de los árboles.

    Jovinge era el centro de las miradas. Él y Ariza se sentaron junto a Juan Antonio Lérida Bermúdez, quien fue presentando a los reunidos:

    -Aquí están hoy con nosotros los hermanos Moreno Vega, gitanos de Triana; Antonio, Nicolás y José, muy unidos a la hermandad. Y los hijos de Antonio, Nicolás y Antonio Moreno Serrano. Estos de la derecha son Juan José y Santos Bermúdez Vargas, Juan Vargas Camacho, Manolo Camacho y Francisco Antúnez Garrido, que tiene un chiquillo que le da la mar de bien a la pelota; aquellos de enfrente son mis hijos, Francisco Javier y José Lérida y Vargas, y junto a ellos, a la izquierda, están Diego Vargas García, Javier Vargas Jiménez, Diego Serrano Vargas, Pepe Boccio y Antonio Heredia Lérida, Pichili. Fíjese usted bien en su cara -dijo a Jovinge- y dígame si no lo conoce.

    Jovinge hizo con la cabeza un ademán negativo.

    -¡Pues es nada menos que el rey san Fernando! -dijo exultante Juan Antonio Lérida. Y continuó-: Nuestro Pichili sirvió de modelo para la escultura de san Fernando que hizo don Joaquín Bilbao y que está en la plaza Nueva. Él trabaja de oficial en mi taller de forja.

    Luego siguió presentando al resto de los reunidos, diciendo:

   -Y estos de la izquierda son Joaquín Serrano, Manuel Lérida García, Sacramento Niño López, nuestro gran patriarca en la hermandad; su hijo Pedro y Miguel Niño Rodríguez, el Bengala, que canta como los ángeles.

    El doctor Ariza terció en la conversación para explicarle a Jovinge una curiosa anécdota de años atrás, cuando Joaquín Bilbao regaló una corona para el Cristo de la hermandad y la junta de gobierno le ofreció una copa de vino en la sacristía del templo. Entonces, en agradecimiento, José Antonio Lérida Bermúdez escribió la letra de una saeta, improvisada, entre copa y copa, que allí mismo le cantó al famoso escultor uno de los hermanos de la cofradía, precisamente Miguel Niño Rodríguez, el Bengala (2).

    Jovinge se interesó por la cañera, un tipo de reposavasos que nunca había visto, hasta llegar a Sevilla. Antonio Ariza Camacho le explicó que eran usadas en casi toda la Baja Andalucía y que eran de metal dorado o blanco con capacidad para cuatro, seis, ocho, doce, veinticuatro, cincuenta y cien cañas. «Aunque hay algunas, muy pocas, de doscientas cincuenta y hasta quinientas. Pero estas últimas están de adorno en los bares. Ya la de cien cañas está reservada a los grandes acontecimientos. Por ejemplo, dos toreros gitanos, Cagancho y Curro Puya, la han pedido aquí en esta taberna en Viernes Santo por la mañana, al entrar la cofradía. La cañera tiene su ritual. Se puede pedir varias veces que llenen la cañera de una docena y no una vez la de cincuenta. Otras veces se dice que pongan media cañera nada más. Depende siempre del ambiente, del tipo de reunión. Ahora el grupo que está con nosotros ha pedido media cañera de cincuenta, pero cuando se vayan animando, acabarán pidiéndola completa de una vez. En cuanto a la manera de servir el vino, casi siempre fino o manzanilla, es la siguiente: se colocan en la cañera las cañas vacías y luego se pasa la cañera por la canilla abierta del barril llenando una a una las cañas. Es un arte llenar las cañas sin cerrar la canilla y no derramar el vino.»

    Juan Antonio Lérida Bermúdez quería que Jovinge visitara la iglesia de San Román para enseñarle las imágenes de la cofradía, que ellos mantenían todo el año en sus altares, pues no temían nada de la gente del barrio.

­    -Mire usted -explicó Lérida Bermúdez a Jovinge-, aquí nos conocemos todos. Tendría que venir gente de fuera para hacernos daño.

    El doctor Ariza indicó a Jovinge que desde la quema de la capillita de San José y otros templos las hermandades y cofradías habían tomado precauciones para evitar daños irreparables a sus veneradas imágenes. «Muchos hermanos hacían guardia durante la noche en los templos, y en algunos casos, como sucede con la Macarena, la mantienen escondida en un lugar secreto, de donde la sacaron para celebrar los actos litúrgicos de Cuaresma y Semana Santa. Todo ello lo hacen con un sigilo ejemplar, pues nadie sabe donde está guardada la imagen. el lugar exacto sólo lo conocen tres personas, que antes se dejan despellejar vivas que decirlo. Son José Ruiz Ternero, Domingo de la Torre Rodríguez y Antonio Román Vila.» 

    -¿Pero es posible -preguntó Jovinge- que intentaran destruir tan famosa imagen y tan querida aquí?

    -Y tan posible. Una noche estuvo a punto de ser destruida, cuando un grupo de desalmados iba por la calle San Luis arriba dando gritos revolucionarios y contra la iglesia.  Menos mal que el sacristán, que era el estanquero de frente a San Gil, se enteró a tiempo de los propósitos de los incendiarios y se fue corriendo a la capilla, envolvió a la Virgen de la Macarena en unos lienzos con la ayuda de Victoria Sánchez Contreras, que era la limpiadora, y se la llevaron al domicilio de esta mujer, en la calle de los Escoberos, en una casa de vecindad. Allí estuvo tres días la Macarena, sobre la cama de Victoria, mientras ella dormía en el suelo, a su lado, de guardia. Y no sólo fue esta vez cuando la Macarena se salvó de ser destruida. En otras ocasiones estuvo escondida en los domicilios del prioste, Manuel Gamero Díaz, y del consiliario, Francisco Pareja Muñoz.

    Jovinge se mostraba inquieto e impresionado por estos informes. Su sensibilidad de artista no admitía que hubiera personas, nacidas en Sevilla, capaces de destruir el patrimonio común de todos los sevillanos. Era una situación nueva para él, verdaderamente difícil de comprender.

    Mientras tanto, la reunión iba animándose cada vez más. Alguien había traído pescado frito, roscas y rábanos. Del bar sirvieron unas fuentecillas de aceitunas gordales aliñadas. El doctor Ariza Camacho pidió a Miguel Niño Rodríguez, el Bengala, que cantara en honor de Jovinge aquella saeta que dedicaran al escultor Joaquín Bilbao.


La antigua efigie del Señor de la Salud en la plaza de San Román en 1934. En la esquina de Matahacas, el rótulo de El Uno.


    Juan Antonio Lérida Bermúdez pidió silencio. El Bengala apuró su caña de fino, mientras algunos del grupo suplían la falta de música de trompetas y tambores haciendo una imitación vocal. Se hizo silencio y el Bengala comenzó a cantar:

Quién te ha regalao esa corona
que a ti te había dado una fortuna, 
Pare mío de la Salú.
Que te había dao una fortuna.
Te la ha hecho don Joaquín Bilbao,
el rey de la escultura.

    El estilo de cante saetero era una novedad para Jovinge y quedó impresionado. Le explicaron que faltaba el ambiente de Semana Santa, el paso del Cristo o de la Virgen entrando en el templo, la plaza llena de gente del barrio, circunstancias inimitables. También le explicaron que desde los balcones de El Uno de San Román, el Viernes Santo por la mañana, le cantaban al Señor los más afamados cantaores y buenos aficionados. Por esos balcones habían pasado Vallejo, la Moreno, Niño Machaco, Manuel Torres, el Niño de Jerez, Antonio Mairena y otros de cartel. Incluso Joaquín Rodríguez Ortega, Cagancho, había cantado saetas una vez. Este matador de toros era de la hermandad de los Gitanos, así como los cuatro hermanos Vega de los Reyes, Curro Puya, Antonio, José y Rafael, este también torero con el apodo de Gitanillo de Triana.

    Jovinge se enteró por Lérida Bermúdez del gesto de la hermandad de los Gitanos en 1932, cuando decidieron no salir procesionalmente a cumplir estación en la catedral. El gobernador civil los presionó enviándoles un donativo, conocedor de la tradicional penuria de esta cofradía, pero la junta de gobierno decidió convertir el dinero recibido en un ramo de flores para la mujer del gobernador. Y al mismo tiempo, los hermanos con traje de calle, descalzos todos, fueron desde San Román a la catedral a las tres de la madrugada, que era su hora de salida el Viernes Santo, para cumplir su turno de vela ante el monumento al Santísimo (3).

    Cercanas ya las doce de la noche, Antonio Ariza y Jovinge dieron por terminada su experiencia gitana. Al cruzar por delante del mostrador, el doctor Ariza fue saludado por Calderón y los dos hermanos Arcas, conocidos cenetistas. Jovinge paseó su mirada por los carteles de toros de la última Feria abrileña y le llamó la atención una página de ABC del día 16 de febrero de 1936, enmarcada, que estaba colgada de una columna, junto al mostrador. Era un anuncio de González Byass, con este inexplicable texto para un sueco: «Votad al tío más grande de España. Al Tío Pepe de González Byass. Jerez.»


1.- SALAS, Nicolás (1986). "Morir en Sevilla". Editorial Planeta. Barcelona.

2.- Sobre el posado de varios hermanos para la estatua de San Fernando y la donación a la hermandad de Joaquín Bilbao véase en el blog "La Corona de Joaquín Bilbao".

3.- Sobre el turno de vela de 1932 véase en el blog "La visita del gobernador republicano".