miércoles, 8 de abril de 2020

HACE CIEN AÑOS, COMO HOY


En esta noche de hoy, tan especial para nosotros, en la que a todos nos gustaría estar junto a nuestros Sagrados Titulares, realizando la estación de penitencia o contemplándolos pasearse por las calles de la ciudad, queremos que estas páginas os acompañen en este mal rato que estamos pasando, así que vamos a remontarnos a 1920, y a rememorar lo sucedido justo hace cien años.

No fue tampoco la de aquel año una semana santa fácil. El país atravesaba lo que los historiadores han llamado el trienio bolchevique, un periodo convulso que no dejó de tener su reflejo en la semana santa. En la madrugada del viernes santo de 1919 se había producido un atentado a la salida de la catedral del paso de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Explosionó un artefacto que habían dejado allí alevosamente, hiriendo a un sacerdote, al que finalmente tuvieron que amputarle la pierna, pero lo peor fueron las carreras y el tumulto que el suceso ocasionó, que no debieron de ser muy diferentes a las que hemos conocido en épocas más recientes. No se conoce como afectó aquello de modo particular a nuestra cofradía, pues la prensa de entonces no lo reflejó, pero sí que nuestro cortejo tuvo que pasar por unos palcos desiertos, abandonados por las autoridades y el público, entre los que cundió el pánico.

Para la semana santa de 1920 hubo pues una especial preocupación por el orden público, ante los rumores de que pudieran repetirse situaciones parecidas, y la alarma entre los cofrades aumentó cuando se declararon una huelga de los panaderos de Alcalá, otra de ferroviarios, y hasta una de costaleros, así que no es de extrañar que el entonces hermano mayor, Nicolás Moreno Vega, reclamara al ayuntamiento para ese año una escolta especial: la de la Guardia Municipal.

En el archivo municipal se conservan los escritos dirigidos ese año por nuestra hermandad al consistorio. En el primero, fechado el 11 de marzo y firmado por el mismo Nicolás Moreno, la hermandad comunica su intención de hacer estación de penitencia "llevando el mismo itinerario que en años anteriores"1
 

Pero es un segundo escrito, enviado el mismo miércoles santo, el que queremos traer aquí. Dice así:



Archivo Histórico Municipal de Sevilla.



Excelentísimo Señor Alcalde Presidente del Excelentísimo Ayuntamiento de esta Capital


Excelentísimo Señor:
La Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, establecida en la Parroquia de San Román, solicita a V.S se sirva dar las órdenes oportunas para que fuerzas de esa Guardia Municipal custodien nuestros dos pasos en la estación que verificamos en la madrugada del Viernes Santo; siendo la salida a las dos y media de la madrugada.
Es gracia que espera merecen de V.S cuya vida guarde Dios muchos años.
Sevilla 31 de marzo de 1920.
Nicolás Moreno.


Al margen aparece la firma ilegible del funcionario que ordena se envíe para su trámite la solicitud a la comandancia, sita entonces en el nº 2 de Almirante Apodaca, en el edificio de los antiguos juzgados, precisamente donde hoy se conserva el documento. Al dorso, tras la palabra "cumplimentado", figura la firma accediendo a la petición del propio comandante de la Guardia Municipal D. Manuel Pedroso Rodríguez.


Fotografía tomada desde la calle Sol a Nuestro Padre Jesús de la Salud en San Román en una soleada mañana de Viernes Santo circa 1920. Fototeca Universidad de Sevilla.

Al final, aquella madrugada fue una madrugada más, y no hubo que lamentar incidentes. Las crónicas hablan de la afluencia de público y del alto precio que se cotizaron las sillas de la carrera oficial para presenciar el paso de las cofradías2. Una hermosa madrugada de Viernes Santo como la que volveremos a vivir, si el Señor y su bendita madre quieren, el año que viene y los siguientes. 

Quizás muchos de vosotros, en casa, pensáis como yo lo solos que deben estar nuestros titulares en estos momentos. En una situación normal estaría formándose la cofradía, y un revuelo de túnicas y capas blancas llenaría el santuario. Estarían como deben de estar siempre, rodeados de sus hermanos, pero puede que os consuele pensar que hay quien cuida de Ellos y de todos nosotros. Nuestra Policía Local, heredera de aquella Guardia Municipal, y entre la que tenemos a hermanos que lo están dando todo en estos días graves, sigue custodiándolos, hoy como hace cien años. Nuestro agradecimiento a ellos y nuestras oraciones para que El Señor de la Salud y la Virgen de las Angustias les acompañen y les libren de todo mal.


Foto que publicó en Twitter Emergencias Sevilla y que se ha hecho viral en estos días de confinamiento.





2. Hemeroteca Digital ABC. Madrid. 3 de abril de 1920. Página 9.


miércoles, 1 de abril de 2020

SOBRE LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PASO DE PALIO EN LOS GITANOS (III)

Para esta nueva entrega seguiremos el orden cronológico sobre el estreno y la evolución del paso de palio en nuestra hermandad. En la segunda década del siglo XX los hermanos acometieron unas importantes reformas y estrenos en la cofradía. En 19141 acordaron reformar el paso del Señor adquirido en 1899 a la Hermandad del Valle, y tan solo dos años después se "estrenaba" un nuevo palio. Nada menos que el que había cobijado a la Virgen del Rosario de Monte-sión durante gran parte del siglo XIX.

En la siguiente fotografía de Juan Barrera Gómez en 1916, en el interior de San Román, observamos que el dibujo y forma de las bambalinas es igual que en las últimas salidas de la Virgen del Rosario bajo el mismo. Incluso el escudo es aún el de Monte-sión. Como respiraderos encontramos de nuevo lo que era el antiguo palio de plata de roultz de Isaura, y justo debajo de estos, decorando los faldones, observamos lo que fueron las bambalinas del anterior palio estrenado en 19052.


Archivo Víctor José González Ramallo. Fotografía Juan Barrera Gómez. 1916.

Detrás del palio se puede apreciar un retablo sencillo en el que situaba, como intuimos en la foto, el Crucificado de las Angustias y bajo sus pies una imagen de la Virgen de los Dolores3

Por estos años llevan el gobierno de la cofradía los hermanos Nicolás, Antonio y José Moreno Vega, conocidos en Triana con el apodo de "los nicolases" por ser hijos de aquel Nicolás Moreno Camacho que consiguió la primera salida procesional desde San Román en 1891. Desde un cargo u otro, son ellos los que firman las solicitudes al ayuntamiento para conseguir la subvención. Estos escritos nos son de mucha utilidad a la hora de fechar los estrenos, pues en ellos se solían enumerar tales adquisiciones como justificación de la necesidad de la ayuda municipal por los cuantiosos gastos realizados, pero los de 1916 no nos dan demasiadas pistas. En un primer escrito, firmado a título de hermano mayor por Nicolás Moreno Vega4, se dice que se irá por las mismas calles que en años anteriores. El último escrito al ayuntamiento de Sevilla en el que se hablaba del recorrido es de 19145, siendo el siguiente: 
San Román, Peñuelas, Bustos Tavera, Santa Catalina, Almirante Apodaca, San Pedro, Imagen, Encarnación, Laraña, Orfila, Unión, Santa María de Gracia, Campana, Sierpes, Cánovas del Castillo a Catedral, Cardenal Lluch, Placentines Francos, Villegas, Salvador, Federico de Castro, Laraña, Encarnación, Imagen, San Pedro, Almirante Apodaca, Santa Catalina y Sol.

En un tercer y último escrito, se autoriza a recoger la subvención a Antonio Moreno Vega. El documento es firmado por Nicolás Moreno y el secretario José Moreno6.

Al año siguiente, en 1917, el hermano mayor Nicolás Moreno anuncia “grandes reformas”7 sin llegar a especificarlas. Es en 1918 cuando encontramos curiosamente que en un escrito firmando por el hermano mayor Nicolás Moreno y el secretario Antonio Moreno, se autoriza a Guillermo Carrasquilla Rodríguez para cobrar la subvención de 600 pesetas. Guillermo Rodríguez Carrasquilla era sobrino de Juan Manuel Rodríguez Ojeda y además trabajaba para él. Podríamos suponer a título de hipótesis que se trataría de un pago por las reformas acometidas sobre el palio del que hablamos.

A.H.M.S. Ferias y Festejos. Año 1918. Exp. 3. Semana Mayor. D/657.
“En el Cabildo General celebrado por esta Hermandad en el día de hoy ha autorizado a Don Guillermo Carrasquilla Rodríguez para que haga efectiva la subvención que tiene aún guardada ese Excelentísimo Ayuntamiento por la salida de esta Corporación en la presente Semana Santa de 1918.
Guarde a V.E muchos años.
Sevilla 11 de marzo de 1918.

El Hermano Mayor                                                                                                                                     El Secretario
Nicolás Moreno                                                                                                                                          Antonio Moreno

        Sevilla 13 de abril de 1918
        A la sección para sus efectos.”



Fotografía de Cecilio Sánchez del Pando c.a 1918

En esta segunda foto vemos estas reformas. Los bordados han sido pasados a nuevo terciopelo y las caídas de las bambalinas han sido ampliadas y enriquecidas en su parte inferior. El óvalo derecho del escudo central ha sido ya cambiado introduciendo el Corazón Agustino bajo capelo arzobispal. El mismo corazón agustino que encontramos también en el centro del respiradero del palio de plata de roultz. Por la disposición de la cera y su forma, podemos pensar que ésta no debe ser muy distante en el tiempo con respecto a la que comentamos de Barrera, siendo muy posible que sea cercana a la fecha de la reforma, en torno a 1918. 

En ambas fotos encontramos a la Virgen con su sello habitual: manto recogido, rosa de la pasión en la mano, fajín hebraico y la saya de terciopelo burdeos de finales del XIX.

Por tanto, podemos decir que este palio cobijó a la antigua Virgen de las Angustias desde 1916 hasta 1936. Incluso en 1937, que la actual Dolorosa salió bajo palio prestado por el Baratillo, las bambalinas de este se utilizaron a modo de respiraderos para decorar los faldones. Es en 1938 cuando es entregado al taller de los Sobrinos de José Caro como parte del pago del nuevo palio diseñado por Ignacio Gómez Millán.



1. VÁZQUEZ ALEJO, Juan Carlos. Boletín Hermandad Sacramental de los Gitanos,  número 45, enero 2019. "Historia". p 30.
2. VÁZQUEZ ALEJO, Juan Carlos. Boletín Hermandad Sacramental de los Gitanos, número 46, junio de 2019. "Sobre la evolución histórica del paso palio en Los Gitanos (I)". pp. 6 y 7.
3. HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Salvador. Anuario Hermandad Sacramental de los Gitanos de 2011. "La cofradía de los Gitanos durante la República y la Guerra Civil". Páginas 58 a 60.
4. (A)rchivo (H)istórico (M)unicipal de (S)evilla. Feria y Festejos. Año 1916. Semana Santa. Expediente 2.
5. A.H.M.S. Feria y Festejos. Año 1914. Semana Santa. Expediente 18. 
6. A.H.M.S. Feria y Festejos. Año 1916. Semana Mayor. Expediente 2.
7. A.H.M.S. Feria y Festejos. Año 1917. Semana Mayor. Expediente 3.

martes, 10 de marzo de 2020

Y EL TIO QUINI SACÓ A SU SEÑOR

Hace mucho, mucho tiempo, hubo un arzobispo en Sevilla -de cuyo nombre no consigo acordarme- que invitado a predicar en una función de la hermandad se le ocurrió preguntar dónde estaban los gitanos. No sé si fue aquel cardenal catalán que pensó que la hermandad no debía salir en la madrugada del Viernes Santo, porque su pobreza desentonaba con el resto de las hermandades de la jornada, y al que los gitanos convencieron haciéndole al Señor la más espectacular de las túnicas bordadas. O lo mismo fue el navarro que entendía que eso de cantar saetas por martinetes o siguiriyas gitanas era poco más o menos que una irreverencia y había que prohibirlas. En cualquier caso estoy seguro de que de Sevilla o de Andalucía no era, pues aquí tenemos ese sino. Perdonadme, pero hace de esto tanto tiempo que no he podido conseguir más datos.

Aquel día, en aquella función, más de uno se preguntaba: "¿Que dónde están los gitanos? ¿Y yo qué soy?¿Finlandés?". En esa lejana época, la hermandad había crecido mucho, quizás hasta demasiado, y es verdad que la corporación no era ya aquella comunidad de sangre, aquella hermandad étnica de antaño. En ella tenía entrada todo el que supiera querer al Señor de la Salud y a su bendita madre, la Virgen de las Angustias.




El caso es que tales palabras dolieron, como no podía ser menos. Aquel arzobispo tenía que haber hecho, antes de criticar a la hermandad, un examen de conciencia ¿Qué había hecho la Iglesia por los gitanos? ¿Se respetaba su cultura? ¿Se les dejaba ser iguales pero diferentes? Un grupo de gitanos pensó que había que darse a valer, que había que demostrar que ellos, a pesar de todo, seguían ahí, junto a la hermandad que fundaron sus mayores en tiempos duros de persecución, cuando eran los mismos sacerdotes -que tenían los registros de los bautizos- los que señalaban quien era castellano viejo y quien era de los nuevos, esa gente del bronce que merecía ir "a sacar piedras del agua".

Mira por donde que los señores habían pensado que aquel año debía de salir el Señor de la Salud a presidir un Via Crucis, y un tal Manuel Moreno, hijo de José el de la Sal, habló con el hermano mayor, gitano como él.

-Josemari, al Señor lo queremos portar los gitanos. Hacer ver que seguimos aquí. Es sólo una chicotá, no pedimos más.

Y el hermano mayor planteó tal inquietud a su junta, y decidieron que sí, que un grupo de callos reales sacarían del templo al Señor. ¿Qué templo? Tampoco estoy muy seguro si aquello sucedió en el Pópulo, en San Esteban, en San Nicolás, o en alguno de las muchas iglesias por las que pasó la hermandad en su errante caminar.

Había un gitano muy anciano, tío Quini le llamaban. De la familia de los Serrano. Seguramente descendiente de aquel Martín Serrano que reorganizó la hermandad en 1815, después de que las ilustradas autoridades hubieran querido extinguirla. Su padre, de nombre también Joaquín, hijo de un Serrano y una Filigrana, había sido precisamente hermano mayor posteriormente, en otra época aún más dura. Unos tiempos en los que la hermandad lo había perdido todo, incluso a sus Benditos Titulares, víctimas del odio y de la sin razón.

El tío Quini, con sus ochenta y cinco años, pensaba que su tiempo en la hermandad había pasado ya, que aquella era una cofradía muy distinta a la que él había conocido. Se conformaba con venir a ver a sus titulares cuando menos gente hubiera, y rezarles en la intimidad. La mayoría de las personas con las que él había convivido ya faltaban ¿Y quién lo conocía a él ya? ¿Quién sabía de las fatigas de su padre? 

Pero Manuel, el hijo del de la Sal, habló con el tío Joaquín Serrano, con los Antúnez, con los Moreno, con los Vega, los Jiménez, los Lérida, los Vargas, los García, los Rodríguez, los Peña, con todas esas familias que estaban allí desde el principio y a las que el Excmo. y Rvdmo. Arzobispo no creyó ver en aquella Solemne Función. Y se presentaron a las puertas del templo. Y sí, el tio Quini, con sus ochenta y cinco años, agarró la parihuela izquierda de las andas, junto a su gente, y sacó a la calle a su Señor de la Salud, a su Cristo: el de los Gitanos. Y quiso el Señor un lejano primer lunes de cuaresma pasearse por Sevilla en olor de multitudes como hacía mucho tiempo que no lo hacía, y en su semblante de bronce se le veía contento y orgulloso, porque los gitanos seguían con Él, y Él -como decía aquella saeta de Pepe Valencia- seguía muriendo por sus gitanos.

Aquellos hombres habían hecho historia de la hermandad.




domingo, 1 de marzo de 2020

JUNTO AL CANCEL DEL CIELO

 A Francisco Navarro Guerrero (q.e.p.d.). In memoriam.


Mañana será un día grande para la hermandad. El Señor de la Salud presidirá el Via Crucis del Consejo de Hermandades y Cofradías, y toda la ciudad se rendirá ante Él, lo que de seguro nos llenará de un sano orgullo a todos los hermanos. Echaremos sin embargo en falta las caras de los que ya marcharon a su morada celestial, y desde este pasado mes nos va a faltar una más, la de Francisco Navarro.

Paco se hizo hermano allá por mayo de 1961, con veinte años de edad. Él vivía en la Huerta de Santa Teresa, pero tenía su novia en la calle Doña Berenguela, en plena Puerta Osario, y cuando veía que ya se le hacía tarde en la parroquia, o no quería el hombre que lo entretuvieran en "El Uno de San Román" o en el "Remesal", decía:

- ¡Ya voy a estar yo en Doña Berenguela!

La frase originó el apodo con el que muchos lo conocían, "Berenguela", que hasta sonó, no se si por error, en la misa que por su eterno descanso la hermandad le ofreció hace una semana. En mi casa le llamábamos sin embargo "Navarrito", como lo hacía mi padre, que era una docena de años mayor que él, pero con el que pronto compartiría quehaceres en la cofradía, ya que, con sólo veinticinco, Paco fue elegido fiscal en una de las juntas de gobierno de Manolo Moreno (1).


ABC de Sevilla, 11 de octubre de 1966, pág. 53.


Navarrito era uno de los últimos reductos de aquella hermandad familiar que conocí en mi niñez, y desde que tengo uso de razón recuerdo haberlo visto por San Román, pues siempre fue de los hermanos asiduos, presto a echar una mano en lo que hiciera falta. Como era tan atento y tan amigo de sus amigos, lo recuerdo también en mi casa, en una ocasión que se ofreció para ayudar a mi padre en algún arreglo doméstico. Tan cariñoso siempre, mi hermano y yo pensamos que había venido a jugar con nosotros, y debimos de darle aún más faena.


Jura como hermano de honor el que fuera alcalde de Sevilla D. Juan Fernández y García del Busto el 4 de febrero de 1969. Al fondo, portando el estandarte, Francisco Navarro Guerrero. Él fue uno de los donantes de aquella insignia (2).

Aquel niño que fui yo, y aquel muchacho de veintitantos acabarían compartiendo junta muchos años después, a mediados de los noventa. Paco Navarro fue prioste segundo con Juan Miguel Ortega Ezpeleta, y yo un demasiado joven e inexperto secretario, pero alguna vez sí me escapé de la secretaría para ayudar a Luciano Conde y a él en la priostía, y se viene a mi memoria una anécdota que me ocurrió la única vez que ayudé a bajar al Señor del altar. Torpe de mí, me pillé los dedos con la peana, por miedo a soltarla antes de tiempo y que pudiera pasarle algo al Cristo, y Paco, viendo la uña amoratada, con la confianza del que te conoce de toda la vida, me consoló:

-Eso nos ha pasado a todos la primera vez. El novato siempre es el último en sacar la mano. Es mucha responsabilidad bajar al Señor.

Mi último madrugá de nazareno, después de tantos años en las filas del Señor de la Salud, decidí que colgaría mi túnica saliendo con la Virgen, y mira por donde, justo detrás mía, tuve toda la noche a un nazareno llamado Francisco Navarro Guerrero. La verdad es que me avergonzó pensar que aquel hombre siguiera al pie del cañón con setenta y tantos años y yo pensara que con cincuenta ya era mi hora de dejar el hábito, pero también ahí el veterano hermano tuvo sus palabras para mí:

-Bueno, no deberías retirarte, pero prepárate para disfrutar de un palio andando. Ahora vas a ver como anda tu Virgen y lo que te has perdido todos estos años -porque Navarrito, con todo lo que quería al Señor, moría con sus Angustias.

Con Ella estará ya, y mañana, cuando estemos en el santuario sé que al mirar para la puerta pequeña, echaré de menos la cara de Paco. El solía sentarse allí en las misas, junto a la portón que da a la tienda de recuerdos, como en San Román las escuchaba de joven en pié junto al cancel, fuera miembro de junta o no. No he conocido en la hermandad a nadie más sencillo, con menos afán de protagonismo y menos ganas de figurar. Pero mañana, cuando Angustias vea a su Hijo salir a las calles de Sevilla, se que alguien, junto al cancel del Cielo, tampoco se perderá un detalle y se sentirá tan orgulloso o más que nosotros: Mi querido Navarrito, que tanto bregó por su hermandad.





1.- Francisco Navarro fue elegido fiscal en cabildo general de elecciones para primeros cargos celebrado el 18 de julio de 1966, cuando se votaba con listas abiertas. Una vez la autoridad eclesiástica los aprobaba, se publicaba en prensa, de ahí la diferencia de fechas entre el cabildo y la nota de prensa de ABC.
2.- Véase en el blog "El estandarte de las monjitas trinitarias".






sábado, 1 de febrero de 2020

LOS PRIMEROS HERMANOS PROTECTORES

Publicamos en el blog en su día el primer folio de la reconstrucción de un antiguo listado de hermanos en 1948, que realicé con mi padre a partir de las hojillas de inscripción más antiguas que se conservan en la secretaría (1). Hoy vamos a traer a estas páginas lo referente a los entonces llamados "hermanos protectores".



En aquellos años se llevaban dos listas, una de hermanos propiamente dichos, los gitanos, y otra de hermanos protectores, que venían a ser lo que hasta entonces se habían conocido como devotos o bienhechores. 

Desde antes de la guerra la hermandad había contado a la hora de arreglar su siempre difícil economía con los pequeños comerciantes del barrio, o con personas que, aún siendo ajenas a la etnia gitana, demostraban una gran devoción a nuestros sagrados titulares. Se realizaban cuestaciones anuales para sufragar los gastos de los cultos más importantes o de la estación de penitencia, y esta participación se fue institucionalizando. Ese número de colaboradores se amplia y se hace aún más necesario cuando la corporación tiene que emprender una reconstrucción total, prácticamente desde cero, tras el incendio de San Román. Se crea así la figura del "hermano protector", como se especificaba en la propia hojilla de inscripción, con distinto listado y numeración.



Traemos como ejemplo las hojillas de inscripción de dos señalados protectores. La del número uno, D. Francisco Vera Mármol, impresor con establecimiento en la plaza de la Europa, que se encargaba de realizar para la hermandad de forma gratuita todo el trabajo de impresión de convocatorias, membretes, saludas y demás. Se le concedió el título de Hermano Mayor Honorario, distinción que también tuvo su hijo, Francisco Vera Álvarez, que aparece en la lista unos números más abajo, y que años después regalaría el retablo cerámico del Señor que adornaba la fachada de San Román.

El número dos lo ocupaba Enrique Navarro Gallegos, con domicilio en la calle Maravillas, gerente que fue del bazar "La Importadora", en la esquina de O'Donnell con la Campana. Tanto su hojilla como la de Vera, aparecen fechadas en septiembre de 1948, pero en el espacio dedicado a la firma del hermano que lo presenta se hace constar que eran hermanos antiguos.


Guillermo Cantalapiedra, Pepe Bocio y Enrique Navarro en la bendición del Señor. 1939. Foto J.J. Serrano.

Continúa el listado con el recordado José María de la Concha Meneses, que ya había conseguido salir de nazareno antes de la guerra, y al que pronto captarían para la secretaría. Juan Alfonseca Caro, propietario de la confitería "Nueva Paz" en la calle O'Donnell, y que algún año convidó a torrijas en su establecimiento a todo el cuerpo de nazarenos,  entonces no muy numeroso, lo que provocó que la cofradía tuviera que olvidarse de pasar más por Tetuán en su retorno. Guillermo Cantalapiedra García, que sería ejemplar mayordomo con Manolo Moreno en las décadas de los cincuenta y sesenta. Joaquín Cordero Bernal y José María Forcada Cabanellas, destacados miembros de las gestoras que se sucedían en la hermandad (2). El popular Francisco Camps Espinosa, gerente del Teatro San Fernando, que daba toda clase de facilidades en las funciones benéficas que en aquel suntuoso local de la calle Tetuán se realizaron para la hermandad. Los hermanos Ambrosio y Rafael Gutiérrez-Ravé Lacassaign, uno médico en "La Gota de Leche" y el otro afamado procurador de los tribunales. El soleano Francisco Ponce Redondo, vestidor de la Virgen en esa época, al que se le otorgaría el título de Prioste Honorario, que marcó toda una época en la vestimenta de nuestra Señora.

De todos estos hombres y del resto que no hemos nombrado o no aparecen en este primer folio se podría escribir una historia. De algunos incluso una novela. Me reservo desde luego dedicar una futura entrada del blog a mi querido José María de la Concha, con quien tuve el honor de compartir junta. Unos pasaron de forma efímera por la hermandad, pero otros formaron dinastías, y hoy ya tenemos en nuestros tramos de nazarenos a sus bisnietos.

Aquella distinción entre hermanos y hermanos protectores no duraría mucho. Ya en el libro de hermanos abierto en julio de 1954, las dos listas pasan a nombrarse como de "hermanos gitanos" y "hermanos castellanos", y finalmente, años después, se refundirían, constituyendo nuestra hermandad un ejemplo de convivencia e integración. De respeto también a nuestras tradiciones, de fidelidad a una historia. Eso es algo que debemos -no se olvide- a unos y a otros: A aquellos gitanos que supieron darle un sitio a quienes demostraron querer al Señor de la Salud y a la Virgen de las Angustias, y a estos castellanos, los de esta lista, que en una época en la que no era nada fácil ser gitano, quisieron estar ahí, codo con codo, compartiendo sus fatigas y sus ilusiones, y sobre todo, su amor por Ellos, los que guían nuestra existencia.


1.- Sobre la reconstrucción de ese listado, que realizamos entre mi padre y yo en 1992, cuando actualizaba las carpetas del activo y pasivo de hermanos de la secretaría, véase la entrada "Linaje de Cofrades".

2. Joaquín Cordero Bernal estuvo en todas las comisiones gestoras entre 1949 y 1958, y en este último año, aprobadas las nuevas reglas, es diputado mayor de Gobierno en la primera junta de Gobierno de Manolo Moreno. José María Forcada Cabanellas, apoderado del bazar "La Importadora", fue auxiliar en la comisión de cultos de 1948.

miércoles, 1 de enero de 2020

UN NAZARENITO MONTADO EN EL PASO


De entre las antiguas fotos del desaparecido Nazareno hay una por la que tengo una especial predilección. Se trata de una instantánea tomada a pié de paso por la calle Laraña, bajo los cables del tranvía, realizada por Higinio Capote Muñoz, y aunque había visto copias de baja resolución hasta coloreadas por la red, no hace mucho que conseguimos ver la original en blanco y negro, perteneciente al archivo de D. Víctor José González Ramallo, que nos aporta muchos más detalles.


Foto realizada por D. Higinio Capote Muñoz , cuyo negativo se conserva en su archivo, y de la que nos ha proporcionado copia en papel D. Víctor J. González Ramallo.

La escena, como hemos dicho, hay que situarla en la calle Laraña, al regreso de la cofradía. Es de los momentos de nuestro itinerario en que el sol nos da más de frente, y probablemente el fotógrafo pretendía aprovechar esta circunstancia para buscar una buena iluminación. A la derecha se puede apreciar parte de la fachada de la antigua universidad, y a la izquierda, el tejadillo de una casa en la esquina con Arguijo que quedó desalineada en el ensanche que se realizaba en la calle.


La calle Laraña antes del ensanche.

Los nazarenos que ocupan la presidencia, y que ya visten nuestro hábito penitencial estrenado en 1929, se levantan el antifaz para el fotógrafo (entonces no se retrataban las personas más que en contadas ocasiones durante su vida) y uno de ellos, en primer plano, descubre un pañuelo anudado a su cuello lleno de flamenquería. Entre su capa y la chaqueta del paisano con gorra que aparece a su lado figura, casi imperceptible, la marca de agua del fotógrafo, "H. Capote y Carrasco". Era la razón comercial del laboratorio que el autor tenía con su hijo y su yerno en la calle Federico Sánchez Bedoya (1).

El detalle sin embargo más costumbrista de la foto es el chiquillo al que han montado en el paso para que salga en el retrato, y que por la manera en que mira hacia abajo, más que hacia la cámara, no parece que esté muy convencido de que aquello de subirlo allí arriba haya sido una buena idea. No es desde luego algo que fuera demasiado excepcional. Hay fotos antiguas de nazarenitos subidos al paso de la Sentencia, e incluso al de la Mortaja, y nadie se escandaliza por ello. Las fotos antiguas hay que verlas metiéndonos en la mentalidad y las costumbres de la época, y no juzgándolas por lo que hoy consideremos o no apropiado ¿Quiénes somos para afearles que se levantaran los antifaces cuando un siglo antes, a sus abuelos, les prohibieron su uso las mismísimas autoridades?

Confieso que, como no podía identificar a los mayores -ni siquiera al del pañuelo, aunque se da un aire a Pepe Bocio- durante mucho tiempo estuve tras la pista de aquel niño ¿Quién sería? Dadas las fechas en que la foto tuvo que ser tomada, en 1929 o 1930 (2), debe de ser un hermano contemporáneo a Manolo Moreno, a Francisquito Vega, a José de la Ana. En aquellos años tendrían una edad aproximada a la de ese chiquillo, pero ya no están desgraciadamente con nosotros para consultarles.

Me dieron una pista que parecía bien encaminada: Podía ser Pedro Rodríguez García (3), dos décadas después consiliario en la gestora de Paco Antúnez, pero comentando la foto con su hijo, mi amigo Manuel Rodríguez Fernández, lo descartamos por las fechas, así que en esas estamos, y sin embargo, aunque no he conseguido identificar a nadie, no renuncio a poner esta hermosa fotografía en el blog con el permiso de Don Víctor.

¿Quién sería aquel nazarenito que tan cerca estuvo del Señor de la Salud en una luminosa mañana de viernes santo?





1.- GONZÁLEZ RAMALLO, VÍCTOR JOSÉ, "Los pasos de la Hiniesta en la iglesia de San Martín en la fotografía de Higinio Capote", en Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 649. Marzo, 2013. Pp. 225-229.

2.- Contando con que los nazarenos visten las túnicas estrenadas en 1929, y que ese paso y esos candelabros se usaron hasta 1934, descartamos 1932 y 1933, años en los que no salió la cofradía por motivos políticos, e igualmente 1934, pues en el amplio reportaje fotográfico que realizó Serrano ese año se ven los clásicos ramos de flores cónicos que se solían usar en la época colocados justo en la base delantera de los candelabros, que aquí se ve libre, y los han dispuesto en el lateral. Tengo mis dudas también sobre 1931, pues no me parece que la túnica que lleva el Señor sea la que le regaló Curro Puya y estrenó esa estación de penitencia.

3.- Pedro Rodríguez García aparece el libro-registro de hermanos de 1949 con el número 17, domiciliado en el 112 de Pagés del Corro, y se especifica en el mismo renglón que ocupaba en el momento de la confección del libro el cargo de consiliario. Como nació en 1918, en las fechas de la foto tendría que tener de once a doce años, según se tomara en 1929 o 1930.

domingo, 1 de diciembre de 2019

LAS FOTOS DEL INSTITUTO DE ARTE COURTAULD

En el londinense Courtauld Institute of Art, dentro de la colección del Sir William Martin Conway, se conservan un par de fotos atribuidas en el catálogo a un tal Robert Taylor, y fechadas erroneamente alrededor de 1950. En ellas aparece la antigua efigie del Señor de la Salud procesionando por la calle Laraña en los años treinta. En concreto, tienen que ser necesariamente de 1935. El Señor figura sobre el paso que le tallara José Sanjuán Navarro (1), que sólo se pudo utilizar en las estaciones de penitencia de 1935 y 1936, al arder con la parroquia de San Román, donde se almacenaba, en julio de este último funesto año.

En 1935 el itinerario de regreso fue por el Salvador y Cuna, y en 1936 por Tetuán, así que en ambas ocasiones pasó por Laraña, pero hay un detalle que me hizo ver Juan Carlos Vázquez y que despeja las dudas entre ambos años. Esos ramos cónicos que aparecen bajo los candelabros se utilizaron en el 35, como también frecuentemente en años anteriores con el antiguo paso que fue del Valle, pero no los vemos en las fotografías del 36 en que la cofradía regresa por Hernando Colón y Tetuán.




En la primera de ellas, aparece el paso transitando ante la fachada de la antigua universidad en una soleada mañana de viernes santo, ante un público que parece mirar hacia la portada de la Iglesia de la Anunciación ¿Se cantaba una saeta? ¿Se fijaban en un saludo protocolario entre hermandades? Por estas fechas aún residía en este templo la hermandad de los estudiantes, que allí se fundó, en las viejas aulas de aquel contiguo edificio.




En la segunda de las instantáneas se puede apreciar con bastante detalle el costado de la canastilla de aquellas perdidas andas, de las que se conservan contadas fotografías. Bajo los candelabros de guardabrisas, con la tulipas ya sucias por la cera de toda una madrugada, observamos los angelitos que remataban el bombo del canasto, así como los ramos de flores cónicos que decoraban las esquinas delanteras por los que hemos podido fecharlas. Cuentan que el paso tenía hasta un total de doce angelitos.

El Señor ha dejado atrás ya la portada de la Anunciación y pasa ante la tienda de tejidos "El Pabellón Universal", que regentaba D. Julián Gómez Muñoz en la esquina de la Encarnación con Laraña, donde hoy está el Café Algrano. Unas señoras enlutadas de viernes santo contemplan la procesión desde el balcón de arriba.

De estas andas se ha escrito equivocadamente que se estrenaron en 1931 (2). En el blog ya aclaramos que fue en 1934 cuando nuestro antiguo titular utilizó por última vez el paso que perteneció antes a la Coronación de Espinas de la hermandad del Valle, ya muy reformado (ver aquí). Es cierto que desde principios de la década de los treinta la hermandad estaba ilusionada en la adquisición de unas nuevas andas más dignas de tan excelsa talla como era el Cristo antiguo. Se organizó una suscripción popular para pagar las 18.000 pesetas en que José Sanjuán valoró su trabajo. El más ilusionado era el torero Francisco Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana", que avaló a la hermandad y contribuyó también generosamente (3). Probablemente fuera la infortunada cogida y muerte del diestro en Madrid, en 1931, la que retrasara el estreno.

En cualquier caso, y a pesar de lo poco que la hermandad pudo disfrutar de este bello paso, aquellas fotos viajarían hasta Somerset House, en las orilla del Támesis, sede del Courtauld Institute of Art. Bueno sería que estuvieran de vuelta en forma de unas copias en el archivo de la hermandad, porque la institución londinense no pone reparos en proporcionar reproducciones de sus negativos, y a un precio no demasiado exagerado.



1,- José Sanjuán Navarro (1890-1958), condiscípulo de Hohenleiter y Bacarisas, se formó  con el tallista José Gil. Dirigió los trabajos de realización del paso de Jesús de las Penas de San Roque, y ya independizado, realizó entre otros el paso del Desprecio de Herodes de la Amargura, que también fue destruido en el asalto al almacén de esta hermandad en 1936.

2- CARRERO RODRÍGUEZ, Juan. Anales de las Cofradías Sevillanas, pág. 482.

3.- SOLÍS PARADAS, Pedro. "La Semana Santa en la década de los veinte" en el diario ABC de Sevilla, edición de 18 de febrero de 1986. Pp. 98 y 99.