domingo, 1 de abril de 2018

UN TROCITO DE TISÚ




Guardo en casa, como uno de mis más preciados tesoros, una vieja fotografía que realizó Serrano a la antigua efigie del Señor de la Salud. Se la regaló a mi padre José Lérida y Vargas, y de hecho en el reverso del pequeño cuadro aparece mecanografiada una dedicatoria con una de las inefables poesías que escribía el anciano ex-mayordomo. Mi padre, conocedor de como me gustaban estas antiguedades, me la cedió a mí, y ya lleva sus buenos años colgada en mi dormitorio. Hace poco, nuestro hermano Juan Carlos Vázquez, tan interesado como yo en la historia de la hermandad, me pasó un recorte de prensa que había localizado en la Hemeroteca Municipal y que hablaba precisamente del estreno de la túnica que viste en esta foto el Cristo. Me ha parecido interesante traeros hoy a estas páginas aquella nota que publicó el diario sevillano La Unión en su edición del 3 de abril de 1925. La verdad es que la historia de aquella túnica ya la he referido en algún foro de cofrades y algún grupo de facebook, tal como me la contó a mí el tio Joselito Lérida, pero quizás conveniera volverla a traer aquí y recopilar las fotos que se conservan de ella. Quien sabe... Quizás algún día una junta de gobierno o un grupo de hermanos se decidan a recuperarla realizando una reproducción, como ha ocurrido recientemente con la que bordó Rodríguez Ojeda en 1892. De ésta de la que hablamos quizás se conserve incluso el negativo de una foto tomada antes de que la vistiera el Señor, con la prenda extendida, y donde se puede apreciar mejor el detalle del dibujo. Esta instantánea, realizada por el afamado fotoperiodista Ángel Gómez "Gelán", es precisamente la que ilustraba en huecograbado aquella nota de prensa de la Unión que comentamos.


Diario La Unión en su edición de 3 de abril de 1925. Foto Gelán.


Aquella singular túnica de tisú color hueso fue diseñada por Francisco Farfán Ramos (1869-1935), carpintero y autodidacta investigador histórico conocido en la Sevilla de la época como "Maese Farfán", y aunque como decía La Unión, la donación la hizo anónimamente "una familia devota", parece ser que esta familia que la regaló no fue otra que la suya. Muy vinculado a la hermandad del Calvario, para la que realizó su obra más conocida, el paso del Santísimo Cristo, fueron también importantes sus aportaciones al bordado mediante la técnica llamada de aplicación o recorte, destacando en este aspecto los faldones que realizó para el mismo paso del Cristo del Calvario, la reproducción que hizo del antiguo pendón de la ciudad para la Exposición Iberoamericana, o el palio de los años treinta de la Virgen de la O. Farfán diseñaba y bordaban sus hijas: Concepción, Rosario, Carmen y María Luisa Farfán García. 

Francisco Farfán tenía su domicilio y taller allá por los años veinte del pasado siglo en el número 14 de la calle Matahacas, en ese señorial edificio en el que después también establecerían su taller de orfebrería los Seco. Fue seguramente esta vecindad con la hermandad de los Gitanos la que impulsó a la familia a confeccionar y regalarle al Señor aquella túnica con dibujos mudéjares que parece inspirada en la persa que Rodríguez Ojeda bordó también sobre tisú para el Gran Poder en 1908. En las siguientes fotos tomadas al Señor de la Salud en el interior del templo podemos observar los bordados de aplicación entre el brillo metálico del tisú de oro.




Aquella madrugá de 1925 estrenaba también nuestra antigua imágen una nueva corona de espinas tallada por el escultor Joaquín Bilbao, de la que otro día hablaremos, y que es la que lleva puesta el Señor de la Salud en todas las fotos conocidas en las que aparece vistiendo esta túnica (1). La verdad es que Serrano se explayó aquel Viernes Santo con la cofradía y la fotografió varias veces en los alrededores de la Encarnación y San Pedro. En la instancia al ayuntamiento comunicando la salida procesional de aquel año, que firma el entonces teniente de hermano mayor José Bocio, se indica que la cofradía realizará su recorrido tradicional, por lo que entendemos que en aquellos años veinte era más que frecuente que se retornara dándole la vuelta al mercado de la Encarnación por su lado norte, para llegar por la entonces estrecha calle Imagen a la plaza de San Pedro (2). Obsérvese que las instantáneas pertenecen al mismo día por la disposición de los cirios de los nazarenos que no han completado la estación, que se han colocado sobre el paso. No se llevaba entonces eso del carro detrás. La secuencia comienza a la altura de la barbería de D. Antonio Magariño, que ocupaba el número tres de la Encarnación, continúa en la esquina con Regina, pasa ya al lado este de la plaza, donde estaba el despacho de aceites de D. Joaquín Narbona, y termina con el paso desembocando desde Imagen a la plaza de San Pedro.



Pero volviendo a la historia de aquella túnica, me contaba José Lérida que no se perdió como tantas cosas en 1936. Al parecer, como había ocurrido años antes con la persa del Gran Poder, la prenda no tuvo mucha aceptación, y si en San Lorenzo resolvieron el asunto pasando los bordados del tisú original a terciopelo, en nuestro caso fueron más radicales, y fue devuelta a sus donantes excusándose en que le quedaba grande al Señor. La hermandad comenzaba a sumarse así a la moda de vestir a los Nazarenos con túnicas lisas.

Muchos años después, allá por los ochenta, cada vez que nuestra corporación invitaba a algún acto a la del Calvario venía siempre en representación de ésta el mismo miembro de junta, un cofrade sencillo y discreto que se llamaba Antonio de la Oliva Farfán, nieto del Maese Farfán protagonista de nuestra historia. El entonces hermano mayor, Antonio Moreno Bermúdez que en paz descanse, llegó a trabar amistad con aquel hombre con quien compartía además devociones, pues no en vano Antonio Moreno era también hermano del Calvario. Un buen día el nieto de Farfán le regaló un pequeño retal del tisú, ya ajado por el tiempo, perteneciente a aquella túnica que su abuelo, su madre y sus tías le regalaron a nuestro Titular. Hace poco pregunté por aquel trocito de tisú, que su padre conservó en vida como una reliquia, a nuestro querido Pepe Moreno Vega. Mi intención era hacerle una foto para que completara este texto, pero Pepe me contó que él mismo lo donó a la  hermandad con motivo de su 250 aniversario, con la idea de que se colocara en un cuadro del Señor vistiendo aquella prenda. Seguro que en la nueva casa de hermandad habrá un rincón para ese cuadro y ese pedacito de tisú, en recuerdo de aquel carpintero que quizo regalarle al Señor de la Salud una túnica bordada.


1.- El diario El Liberal, en la página 4 de su edición del 25 de Marzo de 1925, daba noticias de la donación de la corona de espinas por D. Joaquín Bilbao, refiriendo que aquella misma tarde iba a serle entregada a la hermandad. Días después, en la edición del día 31 del mismo mes, se aclara que la entrega se realizó finalmente el 28 de Marzo. La noticia que da sobre la donación de la túnica el diario La Unión aparece el mismo Viernes de Dolores, ya en los prolegómenos de la Semana Santa.
2.- A.H.M. Sección Festejos. 1925.

jueves, 1 de marzo de 2018

DOS SALIDAS PROCESIONALES EN UN VIERNES SANTO

1898, año de la guerra de Cuba, marcó un antes y un después en la historia contemporánea del país tanto política como social y culturalmente. Es poco después de la Semana Santa de ese año cuando Estados Unidos declara la guerra a España. Quizás el ambiente previo a ello, propició la celebración del Santo Entierro Grande.
Nuestra hermandad se encontraba en unos niveles de pobreza muy altos, tanto es así que en 1894 y 1895 no pudo salir en Semana Santa debido a no disponer de los recursos económicos suficientes como para poder realizar la estación de penitencia.

Hasta la fecha se habían celebrado cuatro Santo Entierro Grande. El de 1850, 1854, 1874 y 1890. Los dos primeros ideados y propulsados por los Duques de Montpesier. Sin embargo, el de 1898 es el primer y único Santo Entierro Grande en el que ha participado Los Gitanos, al menos hasta la fecha. 

En 1898 Nicolás Moreno Camacho, que como Hermano Mayor había conseguido sacar a la cofradía por primera vez desde San Román siete años antes, seguía ejerciendo dicho cargo. En los siguientes escritos al Ayuntamiento de Sevilla redactados por él, podemos leer cómo eran esas solicitudes para la subvención de la salida procesional de la cofradía. Para esa Semana Santa recibió dos: una de 650 pesetas para la habitual de la madrugada del Viernes Santo y otra de 250 pesetas para la de el Santo Entierro Grande.

   
Escrito del 1 de marzo.
Primera parte. A.H.M.Sevilla
Escrito del 1 de marzo.
Segunda Parte. A.H.M.Sevilla

Documento del 1 de marzo: "En contestación a su atento oficio, fecha 25 del corriente, debo comunicar a V.S. que la cofradía del Santísimo Cristo de la Salud y Nuestra Señora de las Angustias, establecida en la Iglesia Parroquial de San Román, conforme con la subvención asignada de seiscientas cincuenta pesetas, hará estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo a la hora que le asigne convenientemente.
Dios guarde a V.S muchos años.
Sevilla 1 de marzo de 1898.
El hermano mayor Nicolás Moreno."



Escrito del 16 de marzo.
A.H.M.Sevilla

Documento del 16 de marzo: "Enterado del oficio que me remite V.S. tengo el honor de contestar conforme con lo que en el me comunica. Dios guarde a V.S muchos años.
Sevilla 16 de marzo de 1898.
El hermano mayor Nicolás Moreno."


Como es sabido, no había procesiones en el Sábado Santo siendo el primero en esta jornada en 1956. Por tanto, la hermandad del Santo Entierro efectuaba su salida en la tarde del Viernes Santo. Con todo esto llama aún más la curiosidad ya que nuestra hermandad salió en la madrugada del Viernes Santo y pocas horas después, participó en la magna procesión de el Santo Entierro en el mismo 9 de abril de 1898.

A las tres de la noche tenía prevista la primera de las salidas de esta jornada, correspondiente a la estación de penitencia que se venía dando en esta jornada desde 1891 aunque con la cierta irregularidad mencionada antes. Los antiguos hermanos vestían túnicas negras y moradas de mantos (1). La Santísima Virgen iba acompañada de San Juan, en los artículos de prensa se dice que no se llevaron a cabo estrenos y se destaca la calidad artística de las antiguas Imágenes Titulares, con las atribuciones propias de la época a Duque Cornejo (2). Además se hacen elogios a la túnica bordada que llevaba el Nazareno de la Salud, siendo la estrenada en 1892: “La túnica que el Señor lleva puesta es la más rica entre todas las de su clase, y de aquí el orgullo con que los jitanos dicen que la túnica de su Señor es que hace el número uno(3).

El itinerario de aquella noche fue este. Entre paréntesis, el nombre actual de aquellas calles: "Peñuelas, Bustos Tavera, plaza de los Terceros, Gerona, Alcázares  (actual Santa Ángela de la Cruz), Coliseo (actual Alcázares), Encarnación, Universidad (actual Laraña), Orfila, Unión (actual Lasso de la Vega), Santa María de Gracia (cuando el palquillo estaba aún en Cerrajería las cofradías de esta parte de la ciudad accedían a Sierpes por Santa María de Gracia, pasando ante el famoso Salón Novedades), Campana, Sierpes, plaza de la Constitución (actual de San Francisco) Cánovas del Castillo (actual Avda. de la Constitución), Alemanes, Placentines, Francos, Villegas, plaza del Salvador, Alcuceros (actual calle Córdoba), plaza del Pan, Confiterías (actual calle Huelva), Peladero (actual Pérez Galdós) Corona (Pérez Galdós actual desde Alonso el sabio a Ortiz de Zuñiga), Ortiz de Zuñiga, Argüelles (plaza del Cristo de Burgos), Almirante Apodaca, plaza de los Terceros, Sol y San Román." (4)

Nuestro Padre Jesús de la Salud a finales del siglo XIX.

Ya en la tarde-noche del Viernes Santo dio lugar el inicio de la magna procesión. Comenzaba a las siete de la tarde, abriendo el cortejo el paso del Triunfo de la Cruz sobre la Muerte; seguido de la Sagrada Cena, el Prendimiento de Cristo, Oración en el Huerto, Desprecio de Herodes, Sentencia de Cristo, Coronación de Espinas, Columna y Azotes, Santo Cristo de la Salud con la Cruz al Hombro (así nombra la prensa a nuestro Titular), Santo Cristo del Calvario, Quinta Angustia, Santo Sepulcro y el Duelo.

El punto de partida de todos los pasos sería desde la iglesia de San Miguelaunque realmente hace referencia a la actual de San Gregorio, a la que pasa la parroquia tras la desaparición de la iglesia de San Miguel en 1868 (5). Lo más probable es que de allí salieran los pasos de la hermandad del Santo Entierro y el resto se fueran incorporando desde la Plaza del Duque.

El cortejo en sí constó de lo siguiente: "Abrirá paso un piquete de la guardia civil y de la fuerza municipal, seguido de una sección vélites de romanos a caballo. Formará a continuación un numeroso cuerpo de nazarenos. Seguirán las cruces parroquiales, coro de ángeles y arcángeles, doce sibilas, la Mujer Verónica, y a ésta el Santo Sepulcro en el que descansa el Cuerpo de Nuestro Divino Redentor, magnífica obra de Montañés. Ocho eclesiásticos con sobrepellices y estolas, y otros tantos con casullas negras; palio de respeto, cuyas varas son llevadas por señores sacerdotes, y una escolta de romanos con vistosos y apropiados trajes." (6)

El recorrido que realizó la magna procesión fue el siguiente: "Alfonso XII, Campana, Sierpes, plaza de la Constitución (plaza de San Francisco), Cánovas del Castillo (actual Avda. de la Constitución), Alemanes, Placentines, Francos, Villegas, plaza del Salvador, Cuna, Orfila, Unión (actual Lasso de la Vega), plaza del Duque de la Victoria y Alfonso XII." (7)

Los pasos no llegaron a entrar en la Catedral debido a que el 1 de agosto de 1888 se produjo el hundimiento del cimborrio, encontrándose en ese momento en labores de restauración que durarían hasta 1900. Entre 1889 y 1898 no se realizó la estación de penitencia en el interior de las naves catedralicias, optando por un recorrido distinto, como hemos leído antes. En 1890, "la comisión del cabildo se había colocado junto a la Puerta del Perdón con una gran cortina de terciopelo rojo y galones de oro sirviendo de dosel; figuraba una mesa de altar y sobre ella una gran cruz de madera con velo morado alumbrada por seis candeleros plateados(8). Esta alternativa se usaría hasta 1898.

Las sillas y el bullicio de la Semana Santa en la calle Alemanes en 1898.

En el 2013 estuvimos cerca de algo parecido al Santo Entierro Grande con el fallido Vía-crucis Extraordinario con motivo del año de la Fe. Quién sabe si algún día volveremos a ver uno con la configuración y número de cofradías del actual Sábado Santo.


(1). Solicitud para hacer Estación de Penitencia escrito por Nicolás Moreno Camacho al Ayuntamiento de Sevilla en 1893.
(2)H.M.S  El Porvenir. 8/4/1898. Página 1
(3). H.M.S El Noticiero Sevillano 6/4/1898. Página 2.
(4). Ibídem
(5). Anales de las Cofradías Sevillanas, Juan Carrero Rodríguez. Página 525.
(6). H.M.S. El Porvenir. 8/4/1898. Página 1
(7). H.M.S. El Noticiero Sevillano. 7/4/1898. Página 2.
(8). El recorrido histórico de las Cofradías de Sevilla. José Julio Gómez Trigo. Página 62.

jueves, 1 de febrero de 2018

SEMBLANZA DE PACO ANTÚNEZ

Traemos este mes a estas páginas un oficio fechado en Diciembre de 1950 y firmado por el cura párroco de San Román D. Abraham Pérez Herrero en el que se comunica al entonces Hermano Mayor, Francisco Antúnez Garrido, un decreto de la Vicaría aprobando la composición de la nueva comisión gestora que debía dirigir los destinos de la cofradía, recién regresada ese año a su sede tras la reconstrucción del templo.


Oficio comunicando el nombramiento de nueva gestora. Archivo de la Secretaría de la Hdad. (1)


El documento, conservado en el archivo de nuestra secretaría, contiene una lista de nombres de abnegados hermanos que hicieron historia en  nuestra corporación: Joselito Lérida, Diego de Concepción, Don José Manzano Pérez, José María de la Concha, Nicolás Moreno, Manuel el Mellizo... cualquiera de ellos pudiera servirnos en estas páginas como ejemplo de devoción y entrega a nuestros Sagrados Titulares, pero lo hemos elegido hoy para tratar la figura de un Hermano Mayor que marcó toda una época, Francisco Antúnez Garrido, más conocido en aquella hermandad familiar de entonces por Paco Antúnez.

Nacido en 1890, en Sanlúcar de Barrameda, en el seno de una familia gitana de ascendencia sanluqueña y jerezana -su madre, María Garrido Vega, se bautizó en la pila de Santiago de la ciudad de los gitanos-, Paco Antúnez llegó a Sevilla a muy temprana edad. Con sólo once años vive con su madre, ya viuda, en el número 6 de la calle Delgado, en las cercanías de la Alameda de Hércules, barrio entonces lleno de flamenquería. Su mismo primo, Rafael Ramos Antúnez "El Niño Gloria", y sus primas Luisa y Manuela, "Las Pompis", llegados de Jerez, forjaban allí su carrera como cantaores. No sabemos como Paco tuvo su primer contacto con la hermandad, pero a mi me gusta imaginar a aquel chiquillo asombrado viendo pasar a la cofradía de los suyos por la Alameda o la calle Amor de Dios, como alguna vez hizo antes de la guerra, y prendarse ante la imponente imagen del desaparecido Señor de la Salud, o ante aquella Virgencita a la que Manuel Torres le cantaba aquello de "Eres chiquita y bonita, eres como un Dios te salve".

Paco se hizo un hombre en el mercado de la calle Feria, del que fue tablajero, y a pesar de las estrecheces de la época no le debieron de ir mal las cosas. En aquellos tiempos las cuotas de la hermandad eran voluntarias, y cada uno se obligaba a aportar lo que buenamente podía, pero mientras la mayoría pagaba dos pesetas al mes, él decidió que debía poner diez. Se casó con Felisa Espada Ferro y se fue a vivir a la calle Jabugo, en la Huerta del Fontanal, donde montaron una pescadería y crecieron sus cuatro hijos: María, Eduarda, Francisco y Juan.


Hojilla de inscripción de Paco Antúnez. Archivo de la Secretaría de la Hdad. (2)


Después llegó la guerra, y con ella el incendio de San Román y la destrucción de aquello que él amaba. Harían falta hombres como él para hacer resucitar de sus cenizas aquella desolada hermandad, y no sería nuestro protagonista quien diera un paso atrás. Ya en 1942 lo encontramos formando parte de la comisión gestora. Unos años después, en el 49, es nombrado Hermano Mayor de una corporación agobiada por las deudas y de la que nadie quiere hacerse cargo. Quizás para premiar sus muchos desvelos quiso el Señor concederle el honor de vivir en ese puesto de máxima responsabilidad el retorno de la hermandad a su reconstruida parroquia de San Román, en aquella luminosa y alegre mañana del  Año Nuevo de 1950. Y es que aparte de todo, aquel buenazo tenía un carisma y una simpatía natural inigualables, algo en lo que coincidían todos los que le conocieron. Si era un hombre popular en la hermandad, en la ciudad no lo era menos, sobre todo a raíz de los éxitos deportivos de su hijo, Francisco Antúnez Espada, futbolista primero del Real Betis, y después del Sevilla F.C., que protagonizaría el llamado "caso Antúnez", del que se hizo eco hasta Radio Moscú. Jugó incluso con la selección española, y aquella  humilde hermandad, siempre tan necesitada, llegó a rifar un balón que el futbolista se trajo de un partido internacional contra Francia, a fin de conseguir fondos para habilitar la capilla del remozado templo (3).


Paco Antúnez en 1956 delante del paso de la Virgen de las Angustias, con Francisco Vargas Vargas a su derecha, y a su izquierda Manuel Ortega Ezpeleta, de paisano, y un jovencísimo José Vargas Ramírez.


Pero volviendo a nuestro protagonista, a Paco Antúnez, los viejos hermanos contaban y no paraban sus mil y una ocurrencias. Quizás la más sonada fue como se metió en el bolsillo al hombre más adusto y severo de aquella Sevilla de la postguerra. Nada más y nada menos que al Cardenal Segura. Como ya contamos en estas páginas, estaba la hermandad castigada y obligada a realizar su itinerario de regreso por la plaza de la Alfalfa. No era deseo de la junta de gobierno volver por la calle Tetuán como antaño, sino hacerlo por Cuna, pero claro, estaba aquel decreto. Paco Antúnez decidió pedir una audiencia al Cardenal y allí que se plantó en el palacio arzobispal para explicarle sus razones:

-Mire usted, Eminencia Reverendísima, resulta que después de todos los retrasos que sufrimos, salimos de la catedral, tiramos por Placentines y Francos, y ya cuando llegamos a Villegas, con todos los nazarenos reventados y los costaleros molidos, en vez de bajar por el Salvador, para que los viejecitos de San Juan de Dios puedan ver al Señor y a la Virgen, resulta que tenemos que subir la cuestecita esa del Rosario para llegar a la Alfalfa. Y digo yo... ¿Nosotros vamos a comprar pajaritos ni ná?-. Entonces la plaza de la Alfalfa era cada domingo mercadillo de compra y venta de canarios, jilgueros y otras aves exóticas.

Por supuesto que el Cardenal no tuvo más remedio que darle la razón y aceptar su propuesta. Años después D. Pedro Segura y Sáez concedería a la hermandad el título de Fervorosa, y la corporación le correspondió nombrándolo "Gitano de Honor" (4).

Paco Antúnez con Vicente Valencia, Emilio "El Mogro", José Expósito Heredia "El Loqui" y el tío de este.


Pasado su mandato como Hermano Mayor, continuó sirviendo a la cofradía en distintas juntas como Consiliario, hasta su muerte en octubre de 1961. En un cabildo general celebrado el 25 de Julio de 1962, se le otorga a perpetuidad el número uno en la nómina de la hermandad, que ocupaba ya por antiguedad en el momento de su óbito. Su hijo el futbolista, en esa época ya entrenador del Recreativo de Huelva, regaló ese mismo año a la Virgen una preciosa saya que aún conserva, en homenaje a su padre. Su otro hijo, Juan Antúnez Espada, del que puedo decir con orgullo que fué quien me llevó a la pila del bautismo, se volcaría con la hermandad, formando en diferentes juntas y muriendo en el cargo de Mayordomo. Su nieto Paco, al que también el Señor tenga en su Gloria, y que casualmente tenía sus mismos dos apellidos, fue Consiliario 1º en el primer mandato de nuestro querido Pepe Moreno, y Contador en el segundo.

Y es que como le contesto a su otro nieto, a mi "hermanino" Juani Antúnez, cuando me dice que este año quiere cortarse la coleta y dejar de salir de nazareno, eso de que se nombre la cofradía antes de salir y falte el apellido Antúnez... ¡Eso es que no puede ser!
 
El Señor de la Salud en 1962, con luto en los respiraderos por la muerte de Paco Antúnez.


1.- Aunque no se ha conservado el nombramiento de la Comisión Gestora anterior a esta, consta que Antúnez era ya Hermano Mayor en abril de 1949, y como tal firma con su visto bueno el libro-registro de hermanos abierto en esas fechas y diligenciado como Secretario por José Mª de la Concha Meneses.
2.- Al reorganizarse la secretaría en estos años, y no constando la fecha de inscripción de los hermanos más antiguos por la pérdida de los libros anteriores a la guerra, se deja en las hojillas estos datos en blanco, o bien se hace constar "es hermano antiguo". Cuentan que había un libro medio quemado que se utilizó para determinar el orden.
3.- Véase en el blog de temática sevillista "La Palangana Mecánica"  "Antúnez y la capilla de los Gitanos"
4.- Al Cardenal Segura se le concede el título de "Gitano de Honor". Su sucesor, José Mª Bueno Monreal sí fué "Hermano Mayor Honorario".



lunes, 1 de enero de 2018

UNA REUNIÓN EN LA CALLE CASTILLA

Tras un tiempo, me dispongo a escribir la primera entrada en el blog de nuestro hermano José Luis Dorado. 
Junto con él, comparto el anhelo por descubrir y saber más de la historia de nuestra Hermandad de los Gitanos. Y no podía estrenarme de otra forma que dejando por aquí una singular entrevista realizada a la Junta de Gobierno a finales de la década de 1920, en concreto la de 1928. 
La hallé recientemente en la hemeroteca de El Correo de Andalucía. Desde aquí agradezco el trato y la amabilidad por parte del mencionado periódico a la hora de permitirme acceder a su hemeroteca. 

Dicho artículo fue publicado ocupando la contraportada de la edición de El Correo de Andalucía del miércoles 14 de marzo de 1928, durante la cuaresma de aquella particular Semana Santa de la que ya hablaremos otro día. 
Sin querer adelantar nada más, transcribo al completo la entrevista:


COFRADÍAS

La Hermandad de los Gitanos, de San Román

Vega, el tío de Gitanillo, secretario 15 años de la cofradía, nos dice…

UNA REUNIÓN DE COFRADES “VERDÁ”LAS REFORMAS DE ESTE AÑO. 
LAS BANDAS Y EL DESFILE. LOS DEVOTOS DEL SEÑOR. LA FUNCIÓN SOLEMNE. PONIENDO LOS “PASOS”. LAS SAETAS SENTÍAS. ¡“NÁ” DE RETRATOS!.


Las cuatro de la tarde del domingo.
En el café.
Un amigo cofrade nos dice:

­­- ¿Quiere usted hacer una cosa típica de Cofradías?

- ¡Cómo no!

Y a los pocos minutos nos hallamos en el nervio de Triana, en la calle Castilla.

La mesa está ocupada por un grupo de “incondicionales de la Hermandad de los Gitanos, de San Román (Santísimo Cristo de la Salud y María Santísima de las Angustias).
Todos viven por Triana. La mayor parte “por er lao allá de Pagé der Corro”, por la castiza y pintoresca Cava.
Son- y ellos se enorgullecen de decirlos- “cañís fetén”, de los legítimos, de “los güenos” ... ¡Buena gente, amable y acogedora por demás!
Don Andrés Espinosa, obeso y popular administrador, procurador y cofrade trianero, hace las “presentaciones” de rigor (él y yo somos los únicos “extranjeros” en la reunión de los “morenos”).

-Aquí el señor que escribe en EL CORREO, muy entusiasta de las Cofradías quisiera hablar de vuestra Hermandad y de sus reformas este año….; mis amigos de antiguo, don Juan Vega, tío de Gitanillo de Triana, que tiene su fragua de clavos y peroles en la Cava; don Ramón Bermúdez, vendedor  y tratante, actual hermano mayor; don Francisco Moreno Rufino, mayordomo accidental; don Nicolás Moreno y don Antonio Moreno, “principales” de la Cofradía (1) ; don José y don Manuel Bermúdez, entusiastas hasta el hueso del Cristo de la Salud; don José Caballero (2), conciliario, que no quiere hacer esta tarde “manifestaciones; don Manuel Vega, otro gran “capillita”…

Luego poco a poco, van llegando a la tertulia otros simpáticos y activos cofrades que vienen ahora de los toros, de la Pañoleta, de sus tratos; de ver caballos y rucios que se pelan “a lo garzón” … A alguno tal vez le asome por el borde superior de su faja ancha y “lustrosa” la punta de la tijera decapiladora…
El padre de Gitanillo también es de los cabales.
Cagancho y Gitanillo, los dos buenos toreros de bronce, también son de la Hermandad. Ya han ofrecido salir este año y hasta hacer alguna cosa buena “para que la Hermandad pueda salir con más lujo”, que la Virgen y el Señor se lo merecen todo…

Nos lanzamos a preguntar. Al principio “están una mijita metíos en sí”, pero luego se animan, sin recelos, ayudándonos todos con generosidad a la área informativa.


-¿…?

- Aquí se pué desí que tóo semos gitanos. Semos unos siento. Hay otras personas que son de Sevilla, de San Román… Pero casi tóo somos de aquí, de Triana, donde nos hemos criao como nuestros padres, como nuestros abuelos y bisabuelos, que tamién eran mu entusiasta del Cristo y le pedían a Él las cosas difisiles, ¡Las cosas de la Audiensia!...

-¿…?

-Es una Hermandá desde luego probe, pero mu quería. Aquí tóos los que hasen clavos, sartenes, peroles, canastas, puyas, ganchos (de ahí viene el mar nombre de “Cagancho”: de tío Antonio, abuelo de Cagancho, que vendía ganchos de pasas: ca-gancho… dos reale), quieren mucho al Cristo de la Salú… Yo tengo en mi casa ala cabesera un retrato y mi compare tiene otro….
(Un simpático muchacho, muy vivo, va por un retrato del Señor, que viene al rato tras las protestas consiguientes de su ama “que no quiere dejarlo salir”. (“¡Er Señó no sale de la casa!”) Y sólo lo deja cuando ve “que no es na má pa vista”)

-¿…?

- La función la tenemos este año como siempre- dice el mayordomo- el Viernes de Dolores. Es de tres padres, y nosotros se lo dejamos todo al padre cura, de San Román, para que él la prepare a su gusto. Don Antonio (el párroco) lo hace todo muy bien (3).

-¿…?

-Necesitamos personas que nos ayuden- dice el hermano mayor; - nosotros aceptamos cosas de todo el mundo, aunque no sean “de los nuestros”.

-¿…?

-Este año hemos restaurado los candelabros, y estrenamos los guardabrisas de “paso” del Señor. 
Los respiraderos, los varales y la candelería del “paso” de la Virgen salen completamente reformados y plateados. El palio tendrá unos nueve años y el manto unos ocho. Quisiéramos arreglarlos y hacer otras mejoras. 
¡Ojalá tuviéramos dinero para todo lo que quisiéramos!... Diga usted a las buenas personas, a las que quieren a las Cofradías, que se acuerden de nosotros, que somos muy pobrecitos… Pero que todavía no nos hemos quedado ningún año sin salir. A última hora, si no hay dinero, nos metemos por los comercios y siempre se coge. Y si no basta esto se vende algo de la casa…

¿…?

-Queremos llevar la caballería delante, abriendo marcha; un teniente amigo nuestro lo está gestionando; veremos si puede ser. Si no llevaremos en su lugar la banda de cornetas de San Juan. Con el Señor irá (detrás) la estupenda banda de Ingenieros (4) , y con la Virgen, la de música de Valencina (5), que toca muy bien.

-¿…?

-Nuestra hora oficial de salida son las dos y media de la madrugada del Viernes, y la de paso por la Plaza, las cuatro. Pero siempre pasamos mucho más tarde. Demasiado tarde… ¡Si “andaran” las de delante!... Así estaríamos también más temprano, a las seis, a las siete y no a las nueve, a las diez, como ahora.


Todos intervienen ahora afablemente en la conversación pasado “el reparillo”. Don Andrés echa de cuando en cuando el capote, y surgen comentarios, consejos y opiniones de amigos.
Vega, el buen Vega, moreno cetrino y bronceado, mueve con ademán pausado, majestuoso y lento su diestra sarmentosa de viejo patriarca del trabajo de las fraguas. Con emoción, casi con lágrimas, nos habla de su hijo Joaquinito- segundo secretario de la Hermandad- que murió en la flor de su vida. 
Desde que se fue Joaquín el complaciente y afable anciano está que no sabe lo que se hace; vencido, como si le hubieran echado una gran losa encima del corazón. Luego, al rato, nos habla de su sobrino, de Gitanillo de Triana, orgullo de la casa de los Puyas. Pero el torero está ahora en Sevilla, conduciendo “automóviles, en lugá de llevá un buen caballo” ….

Nos despedimos de esta buena gente trianera y prometemos volver. Hasta otro día.
Ahora empieza el trabajo de colocar los “pasos” (las parihuelas están siempre en San Román). Son días de inquietud y de lucha, de ilusión renovada…

¡Adiós, amigo, hasta el Viernes por la mañana en San Pedro, que no faltaremos para ver vuestra cofradía hacia el templo!
Y que haya también este año, como todos, saetas y oraciones- que son cosas que el pueblo confunde- peticiones y súplicas. Cosas de verdad, del corazón, que salgan de allá adentro.
Saetas y oraciones sentidas, emocionadas, con la voz llena de lágrimas. 
Como esas que en la sublime y transparente madrugada del Viernes, cuando las sombras cárdenas van huyendo y la aurora tiñe de rosa la vida, he oído cantar muchas veces a alguna devota hermana vuestra, con la emoción gitana en los labios y mucha fe en el corazón.
Mientras vosotros llorábais conmovidos ante la hermosa efigie del Señor de la Salud.

“Pare de los Gitanos buenos” …

Con el sombrero en la mano, como despedida y recuerdo, decimos que vamos a hacer un retrato de la reunión. Bermúdez entonces se yergue y dice: “Usté perdone, pero no pués sé, aquí no se retrata naide”
-“Hombre, ¿por qué no?”- “Amigo, porque no. Yo tengo mis razones. ¡Si sabré yo!... Además que es superstisión. Que como me retrate, me va a pasá algo malo. ¡Palabra! Yo no entro por los progresos…”

MAESE PEDRO.



Fotografía del Señor de la Salud que acompañaba la entrevista.
Quizás el retrato que enseñan al periodista.

(1). Los "principales" de la cofradía son los hermanos Antonio y Nicolás Moreno Vega. Hijos de Nicolás Moreno Camacho que sacó a la hermandad en 1891 por primera vez desde San Román.
(2). El entonces consiliario José Caballero, ocupó anteriormente el puesto de Hermano Mayor en 1922. (H.M.S. La Unión. 15 de abril de 1922. Página 2).
(3). El párroco al que refieren es Don Antonio Ruíz de Vargas y Muñoz, sobrino del canónigo y escritor Muñoz y Pabón. D. Antonio fue fundador y Hermano Mayor de la Bofetá.
(4). Se trata de la Banda de Cornetas y Tambores de Ingenieros, formada por militares que tocó tras Nuestro Padre Jesús de la Salud en diversas ocasiones: 1927-1928, 1931, 1934, 1939-1940.
(5). La Banda Municipal de Valencina de la Concepción tocó solamente detrás de la antigua Virgen de las Angustias en los años 1927 y 1928.


viernes, 1 de diciembre de 2017

SÓLO SALUD, PADRE MÍO

 Dedicado con mis oraciones a Carolina, una joven que 
necesita en estos momentos de la Salud que Tú repartes.

Hará cuestión de unos meses estuve por primera vez en mi vida, junto al joven hermano Juan Carlos Vázquez, en la Fototeca Municipal. Ya sé que alguien como yo, aficionado a indagar en las cosas antiguas de la hermandad debería de haberla visitado mucho antes, pero bueno... confieso que uno guarda sus supersticiones. Tiene la Hemeroteca y Fototeca Municipal su entrada abierta en la esquina de la calle Almirante Apodaca con Alhóndiga, justo bajo ese reloj de los antiguos juzgados que marca las horas del viejo barrio de Santa Catalina, y ese reloj y yo tenemos nuestras diferencias. 

En aquel edificio de los antiguos juzgados echó buena parte de su vida mi padre que en paz descanse, pues allí trabajó como funcionario de justicia hasta que los mandaron al Prado de San Sebastián, y tengo como un lejano recuerdo infantil llegar allí a buscarlo con mi madre, a la salida de su jornada laboral. Si no se hallaba ya en el trabajo, tampoco era muy difícil encontrarlo. Sólo había que subir por los Terceros y por la vieja calle Sol hasta San Román. Andaba por su hermandad, a la que dedicó igualmente buena parte de sus esfuerzos cotidianos.

El caso es que ese reloj y yo no somos buenos amigos por una historia familiar. Una vez -no se la fecha exacta, años cincuenta o sesenta del pasado siglo- se rompieron las cuerdas que sujetaban su contrapeso, y éste atravesó las plantas del edificio como un misil, dándose la circunstancia de que mi padre se salvó de que le cayera encima de puro milagro. Unos minutos antes había estado el hombre apoyado en la mesa de un compañero, despachando algo con éste. Cuando volvía a la suya escuchó el estruendo, se volvió, y entre la polvareda encontró un agujero en el mismo lugar donde él había estado. Quedó mi padre tan impresionado que al día siguiente tomó unas fotos del enorme boquete y del contrapeso destrozado en la planta baja, fotos que aún andan por casa y que estoy por regalar a la Fototeca.

Pero en fin, dejando ya esta disgresión, Juan Carlos Vázquez Alejo, el más curioso lector de este blog, y al que ando convenciendo para que participe en él aportando también alguna de sus indagaciones, me invitó a hacer una visita juntos a la Fototeca, a ver las fotos del archivo Serrano dedicadas a nuestra cofradía, y allí que nos plantamos una mañana, desafiando yo al temible reloj. Solicitamos copia digital de algunas de ellas, las menos conocidas, y precisamente hoy os voy a traer a estas páginas una que yo al menos desconocía totalmente y que me llamó muchísimo la atención. Es una foto que Juan José Serrano tomó al Señor de la Salud entrando en la plaza de la Campana a principios de los años cuarenta.


El Señor de la Salud en la plaza de la Campana. Foto de Juan José Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla

El paisaje urbano está hoy muy cambiado, especialmente al fondo, donde se ve una plaza del Duque en la que aún no había entrado la piqueta. Sí que se conserva gracias a Dios el edificio regionalista de José Gómez Millán que hace esquina entre ambas plazas, en cuyo bajo, donde hoy está el Banco Popular, vemos un establecimiento de la casa Kodak, y justo al lado la sombrerería de Padilla Crespo, con su famoso slogan "artículo español, jornal para los nuestros", al que el periodista Antonio Burgos dedicó un recuadro. El hecho de que la foto esté hecha con la claridad del día tampoco es de extrañar. En aquella época se pasaba dos veces por la plaza de la Campana. Una a la ida, llegando desde el Duque, y otra más tarde a la vuelta, regresando desde Tetuán y O'Donnell (1).

Se observa al Señor con la cruz desnuda, sin cantoneras, sobre aquel humilde paso que estrenó en 1941 y que la guasa sevillana bautizó como "La cómoda". No era nuevo el mote. Idéntico apodo lo utilizaron para unas andas que el mismo carpintero que realizó estas, D. Manuel Casana, construyó un par de años antes para la Borriquita, pero en nuestro caso el sarcasmo era especialmente doloroso. El Señor de la Salud venía procesionando desde su hechura en 1938 en el paso de Nuestro Padre Jesús de las Penas, de la Hermandad de San Roque, que había perdido como nosotros a sus sagrados titulares en la guerra, pero que conservó su paso por hallarse fuera de la parroquia, en un almacén. La cofradía de la Puerta de Carmona, quizás recordando como en sus primeras salidas procesionales a principios del siglo XX recibió el apoyo de la nuestra, que les había prestado el paso (2), tuvo a bien hacer esta cesión durante unos años, pero ya en 1941 era hora de que la Hermandad de los Gitanos buscara la forma de hacerse con unas andas en propiedad ¿Pero cómo? La pobreza de la hermandad en esos "años del hambre", tras la guerra, era extrema, y los pocos recursos económicos que se conseguían estaban ya comprometidos para el pago del nuevo palio de la Virgen, que se había contratado antes del alevoso incendio del 36, en el que se perdió prácticamente todo.

Dos buenos "bienhechores", como entonces se llamaba a las personas que no eran de etnia gitana pero estaban vinculadas a nuestra corporación, vinieron a resolver esta situación. Uno el propio Manuel Casana Gómez, que aportó gratuitamente la mano de obra de su talleres de carpintería de las calles Castellar y Santo Domingo. El otro, Manuel Cira Benítez, industrial de la calle Bustos Tavera, que costeó los materiales (3). En un tiempo record, poco más de quince días, se construyó este paso en madera de haya, charolada muy oscura, para imitar a la caoba, y con unas líneas rectas que sólo rompían unos sencillos junquillos y algún que otro aplique. Todo rematado por unos humildes faroles de fuste salomónico. De candelabros, que es lo que había utilizado la cofradía toda la vida de Dios, mejor olvidarse. No había para más.

Contaba el escritor y periodista Manuel Barrios que allí en la Campana, por aquella época, cantó José Torres Garzón, "Pepe Pinto", la que el propio artista consideraba la mejor saeta de su vida. Pepe Pinto y su señora, Pastora Pavón "La Niña de los Peines", tenían un conocido establecimiento sólo a unos metros por delante de donde aparece el Señor de la Salud en la fotografía de Serrano. En una entrevista realizada por Barrios al cantaor, éste explicaba lo sucedido (4):

"Habíamos cantado Pastora y yo toda la madrugada. Las claras del día y, ya de recogida, en la plaza del Duque, vimos venir al Señor de los Gitanos. Venía tan pobre aquel año que, sin poderlo remediar, me puse frente a Él y le dije:

Pobre, no tienes bienes ninguno.
Yo, de corazón te pío,
Tú que tanto podé tienes,
sólo salú, Pare mío,
pa verte el año que viene"

La verdad es que viendo esta vieja estampa, con toda la pobreza que refleja y a la que la hermandad supo sobreponerse, uno no tiene más remedio que exclamar como el cantaor ¡Qué poder tienes y que grande eres Padre mío!  



1. Es precisamente a partir de un desordenado regreso por Tetuán en la semana santa de 1942, en pleno auge del nacionalcatolicismo, cuando se castiga a la cofradía con el nombramiento de una gestora, se le impone una multa de mil pesetas -importante cantidad que significaba más o menos lo que se cobraba por la subvención municipal- y se le obliga a dejar de regresar por esta calle en años sucesivos. Decreto del Vicario General del Arzobispado de 16 de septiembre de 1942.
2. Nuestra hermandad prestó a la de San Roque el paso que había adquirido poco antes a la del Valle. Sobre él procesionó Nuestro Padre Jesús de las Penas entre 1902 y 1912.
3. Recuerdo que de Manuel Casana se conservaba en la secretaría de la hermandad su hojilla de inscripción como "hermano protector", y aparece en el listado de estos en el libro de 1949. De Manuel Cira Benítez, que murió en 1948, poco se conserva.
4. BARRIOS GUTIERREZ, Manuel. "Ese difícil mundo del flamenco". Publicaciones de la Universidad de Sevilla. 1972. Pag.52.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA ÚLTIMA MADRUGÁ DE CURRO PUYA

El diario madrileño "El Sol" publicaba el Sábado Santo 4 de abril de 1931 una nota fechada en la tarde del día anterior, y firmada por la agencia de noticias "Febus", en la que se hacía una crónica de la entrada de las cofradías de la madrugá sevillana de aquel año. Decía así:


Diario "El Sol" (número del 4 de abril de 1931. Hemeroteca de la Biblioteca Nacional)

Francisco Vega de los Reyes, "Curro Puya" de apodo familiar y el primero de los "Gitanillos de Triana" en los carteles taurinos, tenía motivos para estar especialmente satisfecho aquel Viernes Santo de 1931. Había tomado la alternativa sólo cuatro años antes y su carrera como matador de toros era fulgurante. La hondura nunca vista de su toreo con el capote lo había encumbrado como una figura imprescindible. En Triana, la antigua rivalidad de la afición sevillana entre los partidarios de Joselito el Gallo y los de Belmonte parecía ahora resucitar entre sus seguidores y los de otro genio gitano nacido también en el viejo arrabal, Joaquín Rodríguez Ortega "Cagancho". Ambos toreros eran hermanos de nuestra corporación por tradición familiar, y aquella madrugá de 1931, como vemos en este recorte de prensa, los dos coincidieron en la presidencia de la cofradía. Curro le había regalado al Señor una túnica lisa de valioso terciopelo que lució en aquella estación. Joaquín seguro que también aportó lo suyo para que todo saliera como el Señor y la Virgen merecían. Para esa época la hermandad se había embarcado ya en el proyecto de realizar un nuevo paso de Cristo que el propio Francisco Vega había avalado personalmente y en el que también echó sus buenos dineros.

Eran otros tiempos en los que la estación de penitencia terminaba en la plaza de San Román en un ambiente de sana celebración. Otro año, con más o menos dificultades, se había conseguido sacar la cofradía a la calle, y con la satisfacción del deber cumplido se improvisaba una fiesta en "El Uno de San Román" en la que sí, había también su cante. La antigua taberna, recientemente desaparecida, tenía entonces una gigantesca cañera de vino que sólo se usaba este día grande, y los dos toreros la llenaban con rumbo para invitar a su gente. Cuentan que hasta Cagancho se arrancó y cantó una saeta (1).

Poco podía imaginar Curro Puya aquella mañana de Viernes Santo que prácticamente dos meses después, el 31 de mayo, un toro llamado Fandanguero le cornearía en la plaza de Madrid fatalmente. Gitanillo no murió hasta la víspera del día de la Virgen de los Reyes, en agosto, y en su capilla ardiente, en la madrileña clínica del Doctor Crespo, se colocó un estandarte para que lo velara, el de su Hermandad de Los Gitanos, que quiso tener ese detalle con él. Años después, en 1944, su afligida madre entregó el traje de luces que había vestido aquella tarde de su cogida, y con él se confeccionó una saya para la Santísima Virgen de las Angustias (2).


La Virgen de las Angustias vistiendo la saya de Curro Puya en su traslado de Santa Catalina a San Román en la mañana del día de año nuevo de 1950. En la manigueta izquierda José Vega de los Reyes, hermano del diestro y Hermano Mayor de la cofradía entre 1954 y 1956.

Para terminar con este recuerdo del malogrado torero haremos nuestras las palabras que el Padre Cué escribiría en su libro "Dios y los Toros":

"¡Qué triste estás, y qué bonita estás, Angustias de los gitanos, en Sevilla, cuando te visten la saya blanca y oro que fue traje de luces de Curro Puya, «Gitanillo de Triana», y que te regaló su madre angustiada por la muerte trágica del hijo!

Y quedas toda envuelta, Angustias, blanca y oro, en el exquisito homenaje de sus verónicas lentas, gitanas, melancólicas..." (3)
Reportaje sobre la cogida y muerte de Gitanillo de Triana en el semanario "Nuevo Mundo" (4)



1. SALAS, Nicolás. "Morir en Sevilla". Editorial Planeta. Barcelona 1986. Págs. 47 a 51. 
2. Diario ABC de Sevilla. Edición de 1 de junio de 1944.
3. CUÉ ROMANO, Ramón. Dios y los toros. Imprenta Roel, La Coruña. 1967
4. Semanario Nuevo Mundo. Edición de 22 de agosto de 1931.