Hace ya bastante tiempo dedicábamos una entrada del blog a comentar la importancia que se le daba a la festividad de la natividad de Nuestra Señora en la hermandad de mediados del siglo pasado (1). Contábamos como, allá por agosto de 1955, fue feliz idea de un joven Juan Miguel Ortega Ezpeleta, entonces prioste de la corporación, celebrar en estas fechas un triduo a la Virgen que culminara con una solemne función y una salida de nuestra Bendita Titular por las calles de la feligresía, sobre andas procesionales y presidiendo un Santo Rosario. Planteó el asunto al cabildo de oficiales, viéndose por todos acertada la propuesta, y se decidió enviar oficio y convocatoria al señor vicario para obtener el permiso correspondiente (2)
En el siguiente cabildo, celebrado ya a comienzos de septiembre, se dió cuenta del oficio nº S.7669 de fecha 27 de agosto de 1955 remitido por la Secretaría de Cámara y Gobierno del Arzobispado, autorizando el triduo y la procesión. El domingo 11 de septiembre, día en el que por la la mañana se realizaba la función, y por la tarde la procesión, se inauguraba igualmente el retablo de azulejos dedicado a la Santísima Virgen de las Angustias en la fachada de San Román. El del Señor ya se había inaugurado en la cuaresma.
El documento que hoy traemos es de una año más tarde, una solicitud del entonces secretario, José María Loreto Lázaro, dirigida a D. Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas, marqués de Contadero, en esas fechas Alcalde de Sevilla. Dice así:
Excmo. Señor:
Celebrando esta hermandad en los días 6, 7 y 8 del próximo mes de Septiembre, solemne Triduo a su Titular la Santísima Virgen de las Angustias, con motivo de su fiesta Litúrgica, y conociendo esta Hermandad el amor que V. E. siente por la misma, le suplicamos nos conceda en calidad de depósito como en otras ocasiones los objetos citados al margen, los cuales serán devueltos en el mismo estado una vez utilizados.
No dudando vernos una vez más favorecidos por V.E. le anticipamos las gracias más expresivas.
Dios guarde a V.E. muchos años.
Sevilla, 21 de agosto de 1956.
POR LA JUNTA
EL SECRETARIO 1º
f/. José María Loreto Lázaro
Excmo. Sr. Alcalde-Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla.
MARGEN QUE SE CITA:
2 Reposteros para cubrir los laterales del presbiterio.
Banderas y gallardetes para la portada de la Iglesia.
Es curioso ver como, aunque por la falta de medios se tuvieran que pedir las cosas prestadas, se cuidaban hasta los pequeños detalles. Unos reposteros para exornar un presbiterio al que aún le faltaban sus pinturas murales, y unas banderas y gallardetes para decorar la plaza y que ésta mostrara el ambiente festivo por la conmemoración del nacimiento de la Virgen.
Hace de todo esto la friolera de 70 años, de modo que pocos hermanos deben de quedar que recuerden un mes de septiembre sin la Virgen montada en sus andas, salvo, claro está, en casos de fuerza mayor como en el año del covid. El triduo y la procesión se incluyeron en las reglas aprobadas en 1958, añadiéndose en éstas el detalle de que la procesión debía de hacer estación en el monasterio de las Jerónimas de Santa Paula, como efectivamente ya se había hecho en 1957 (3). Las andas fueron sustituidas por un pequeño pasito que se usaba en el Corpus de Triana y que se pedía prestado a su propietario, D. Alfonso Jaramillo González.
| La Virgen de las Angustias en 1957. Archivo fotográfico de Fernando Machuca.y Hdez. de Santaolalla. |
En los años sesenta, a la vista de lo costosa que resultaba esta salida, al tenerse que contratar a costaleros y a una banda de música, se decidió volver a usar las andas y que la procesión se realizara de forma más íntima por el interior del templo de San Román. Con las nuevas reglas de los años ochenta el triduo se limitó a una solemne función, pero desde luego que la pequeña procesión por las naves de la parroquia subsistió, y con la llegada al santuario, puesto que las naves laterales no daban opción a transitar por ellas, se decidió que nuestra titular saliera a la calle por una puerta y entrara por otra, discurriendo por el acerado de lo que se dijo que un día sería el atrio del santuario. La Virgen ni siquiera pisaba las calles aledañas, pero este "exceso" por lo visto le parece actualmente mal a alguna autoridad eclesiástica, y este pasado 8 de septiembre se ha prescindido de esta mala costumbre, así sin más explicaciones, sin anestesia. Nuestro agradecimiento al miembro de la curia que tan cuidadosamente vigila el cumplimiento de nuestras reglas, y por supuesto a los señores que desde el seno de la hermandad tienen la obligación de defender nuestras tradiciones. De las banderas y gallardetes, reflejando la alegría de un barrio el día de la natividad de Nuestra Señora, hemos pasado al "esto es lo que hay".
¡Los signos de los tiempos!
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Gracias por vuestras enseñanzas
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