martes, 10 de marzo de 2020

Y EL TIO QUINI SACÓ A SU SEÑOR

Hace mucho, mucho tiempo, hubo un arzobispo en Sevilla -de cuyo nombre no consigo acordarme- que invitado a predicar en una función de la hermandad se le ocurrió preguntar dónde estaban los gitanos. No sé si fue aquel cardenal catalán que pensó que la hermandad no debía salir en la madrugada del Viernes Santo, porque su pobreza desentonaba con el resto de las hermandades de la jornada, y al que los gitanos convencieron haciéndole al Señor la más espectacular de las túnicas bordadas. O lo mismo fue el navarro que entendía que eso de cantar saetas por martinetes o siguiriyas gitanas era poco más o menos que una irreverencia y había que prohibirlas. En cualquier caso estoy seguro de que de Sevilla o de Andalucía no era, pues aquí tenemos ese sino. Perdonadme, pero hace de esto tanto tiempo que no he podido conseguir más datos.

Aquel día, en aquella función, más de uno se preguntaba: "¿Que dónde están los gitanos? ¿Y yo qué soy?¿Finlandés?". En esa lejana época, la hermandad había crecido mucho, quizás hasta demasiado, y es verdad que la corporación no era ya aquella comunidad de sangre, aquella hermandad étnica de antaño. En ella tenía entrada todo el que supiera querer al Señor de la Salud y a su bendita madre, la Virgen de las Angustias.




El caso es que tales palabras dolieron, como no podía ser menos. Aquel arzobispo tenía que haber hecho, antes de criticar a la hermandad, un examen de conciencia ¿Qué había hecho la Iglesia por los gitanos? ¿Se respetaba su cultura? ¿Se les dejaba ser iguales pero diferentes? Un grupo de gitanos pensó que había que darse a valer, que había que demostrar que ellos, a pesar de todo, seguían ahí, junto a la hermandad que fundaron sus mayores en tiempos duros de persecución, cuando eran los mismos sacerdotes -que tenían los registros de los bautizos- los que señalaban quien era castellano viejo y quien era de los nuevos, esa gente del bronce que merecía ir "a sacar piedras del agua".

Mira por donde que los señores habían pensado que aquel año debía de salir el Señor de la Salud a presidir un Via Crucis, y un tal Manuel Moreno, hijo de José el de la Sal, habló con el hermano mayor, gitano como él.

-Josemari, al Señor lo queremos portar los gitanos. Hacer ver que seguimos aquí. Es sólo una chicotá, no pedimos más.

Y el hermano mayor planteó tal inquietud a su junta, y decidieron que sí, que un grupo de callos reales sacarían del templo al Señor. ¿Qué templo? Tampoco estoy muy seguro si aquello sucedió en el Pópulo, en San Esteban, en San Nicolás, o en alguno de las muchas iglesias por las que pasó la hermandad en su errante caminar.

Había un gitano muy anciano, tío Quini le llamaban. De la familia de los Serrano. Seguramente descendiente de aquel Martín Serrano que reorganizó la hermandad en 1815, después de que las ilustradas autoridades hubieran querido extinguirla. Su padre, de nombre también Joaquín, hijo de un Serrano y una Filigrana, había sido precisamente hermano mayor posteriormente, en otra época aún más dura. Unos tiempos en los que la hermandad lo había perdido todo, incluso a sus Benditos Titulares, víctimas del odio y de la sin razón.

El tío Quini, con sus ochenta y cinco años, pensaba que su tiempo en la hermandad había pasado ya, que aquella era una cofradía muy distinta a la que él había conocido. Se conformaba con venir a ver a sus titulares cuando menos gente hubiera, y rezarles en la intimidad. La mayoría de las personas con las que él había convivido ya faltaban ¿Y quién lo conocía a él ya? ¿Quién sabía de las fatigas de su padre? 

Pero Manuel, el hijo del de la Sal, habló con el tío Joaquín Serrano, con los Antúnez, con los Moreno, con los Vega, los Jiménez, los Lérida, los Vargas, los García, los Rodríguez, los Peña, con todas esas familias que estaban allí desde el principio y a las que el Excmo. y Rvdmo. Arzobispo no creyó ver en aquella Solemne Función. Y se presentaron a las puertas del templo. Y sí, el tio Quini, con sus ochenta y cinco años, agarró la parihuela izquierda de las andas, junto a su gente, y sacó a la calle a su Señor de la Salud, a su Cristo: el de los Gitanos. Y quiso el Señor un lejano primer lunes de cuaresma pasearse por Sevilla en olor de multitudes como hacía mucho tiempo que no lo hacía, y en su semblante de bronce se le veía contento y orgulloso, porque los gitanos seguían con Él, y Él -como decía aquella saeta de Pepe Valencia- seguía muriendo por sus gitanos.

Aquellos hombres habían hecho historia de la hermandad.




domingo, 1 de marzo de 2020

JUNTO AL CANCEL DEL CIELO

 A Francisco Navarro Guerrero (q.e.p.d.). In memoriam.


Mañana será un día grande para la hermandad. El Señor de la Salud presidirá el Via Crucis del Consejo de Hermandades y Cofradías, y toda la ciudad se rendirá ante Él, lo que de seguro nos llenará de un sano orgullo a todos los hermanos. Echaremos sin embargo en falta las caras de los que ya marcharon a su morada celestial, y desde este pasado mes nos va a faltar una más, la de Francisco Navarro.

Paco se hizo hermano allá por mayo de 1961, con veinte años de edad. Él vivía en la Huerta de Santa Teresa, pero tenía su novia en la calle Doña Berenguela, en plena Puerta Osario, y cuando veía que ya se le hacía tarde en la parroquia, o no quería el hombre que lo entretuvieran en "El Uno de San Román" o en el "Remesal", decía:

- ¡Ya voy a estar yo en Doña Berenguela!

La frase originó el apodo con el que muchos lo conocían, "Berenguela", que hasta sonó, no se si por error, en la misa que por su eterno descanso la hermandad le ofreció hace una semana. En mi casa le llamábamos sin embargo "Navarrito", como lo hacía mi padre, que era una docena de años mayor que él, pero con el que pronto compartiría quehaceres en la cofradía, ya que, con sólo veinticinco, Paco fue elegido fiscal en una de las juntas de gobierno de Manolo Moreno (1).


ABC de Sevilla, 11 de octubre de 1966, pág. 53.


Navarrito era uno de los últimos reductos de aquella hermandad familiar que conocí en mi niñez, y desde que tengo uso de razón recuerdo haberlo visto por San Román, pues siempre fue de los hermanos asiduos, presto a echar una mano en lo que hiciera falta. Como era tan atento y tan amigo de sus amigos, lo recuerdo también en mi casa, en una ocasión que se ofreció para ayudar a mi padre en algún arreglo doméstico. Tan cariñoso siempre, mi hermano y yo pensamos que había venido a jugar con nosotros, y debimos de darle aún más faena.


Jura como hermano de honor el que fuera alcalde de Sevilla D. Juan Fernández y García del Busto el 4 de febrero de 1969. Al fondo, portando el estandarte, Francisco Navarro Guerrero. Él fue uno de los donantes de aquella insignia (2).

Aquel niño que fui yo, y aquel muchacho de veintitantos acabarían compartiendo junta muchos años después, a mediados de los noventa. Paco Navarro fue prioste segundo con Juan Miguel Ortega Ezpeleta, y yo un demasiado joven e inexperto secretario, pero alguna vez sí me escapé de la secretaría para ayudar a Luciano Conde y a él en la priostía, y se viene a mi memoria una anécdota que me ocurrió la única vez que ayudé a bajar al Señor del altar. Torpe de mí, me pillé los dedos con la peana, por miedo a soltarla antes de tiempo y que pudiera pasarle algo al Cristo, y Paco, viendo la uña amoratada, con la confianza del que te conoce de toda la vida, me consoló:

-Eso nos ha pasado a todos la primera vez. El novato siempre es el último en sacar la mano. Es mucha responsabilidad bajar al Señor.

Mi último madrugá de nazareno, después de tantos años en las filas del Señor de la Salud, decidí que colgaría mi túnica saliendo con la Virgen, y mira por donde, justo detrás mía, tuve toda la noche a un nazareno llamado Francisco Navarro Guerrero. La verdad es que me avergonzó pensar que aquel hombre siguiera al pie del cañón con setenta y tantos años y yo pensara que con cincuenta ya era mi hora de dejar el hábito, pero también ahí el veterano hermano tuvo sus palabras para mí:

-Bueno, no deberías retirarte, pero prepárate para disfrutar de un palio andando. Ahora vas a ver como anda tu Virgen y lo que te has perdido todos estos años -porque Navarrito, con todo lo que quería al Señor, moría con sus Angustias.

Con Ella estará ya, y mañana, cuando estemos en el santuario sé que al mirar para la puerta pequeña, echaré de menos la cara de Paco. El solía sentarse allí en las misas, junto a la portón que da a la tienda de recuerdos, como en San Román las escuchaba de joven en pié junto al cancel, fuera miembro de junta o no. No he conocido en la hermandad a nadie más sencillo, con menos afán de protagonismo y menos ganas de figurar. Pero mañana, cuando Angustias vea a su Hijo salir a las calles de Sevilla, se que alguien, junto al cancel del Cielo, tampoco se perderá un detalle y se sentirá tan orgulloso o más que nosotros: Mi querido Navarrito, que tanto bregó por su hermandad.





1.- Francisco Navarro fue elegido fiscal en cabildo general de elecciones para primeros cargos celebrado el 18 de julio de 1966, cuando se votaba con listas abiertas. Una vez la autoridad eclesiástica los aprobaba, se publicaba en prensa, de ahí la diferencia de fechas entre el cabildo y la nota de prensa de ABC.
2.- Véase en el blog "El estandarte de las monjitas trinitarias".






sábado, 1 de febrero de 2020

LOS PRIMEROS HERMANOS PROTECTORES

Publicamos en el blog en su día el primer folio de la reconstrucción de un antiguo listado de hermanos en 1948, que realicé con mi padre a partir de las hojillas de inscripción más antiguas que se conservan en la secretaría (1). Hoy vamos a traer a estas páginas lo referente a los entonces llamados "hermanos protectores".



En aquellos años se llevaban dos listas, una de hermanos propiamente dichos, los gitanos, y otra de hermanos protectores, que venían a ser lo que hasta entonces se habían conocido como devotos o bienhechores. 

Desde antes de la guerra la hermandad había contado a la hora de arreglar su siempre difícil economía con los pequeños comerciantes del barrio, o con personas que, aún siendo ajenas a la etnia gitana, demostraban una gran devoción a nuestros sagrados titulares. Se realizaban cuestaciones anuales para sufragar los gastos de los cultos más importantes o de la estación de penitencia, y esta participación se fue institucionalizando. Ese número de colaboradores se amplia y se hace aún más necesario cuando la corporación tiene que emprender una reconstrucción total, prácticamente desde cero, tras el incendio de San Román. Se crea así la figura del "hermano protector", como se especificaba en la propia hojilla de inscripción, con distinto listado y numeración.



Traemos como ejemplo las hojillas de inscripción de dos señalados protectores. La del número uno, D. Francisco Vera Mármol, impresor con establecimiento en la plaza de la Europa, que se encargaba de realizar para la hermandad de forma gratuita todo el trabajo de impresión de convocatorias, membretes, saludas y demás. Se le concedió el título de Hermano Mayor Honorario, distinción que también tuvo su hijo, Francisco Vera Álvarez, que aparece en la lista unos números más abajo, y que años después regalaría el retablo cerámico del Señor que adornaba la fachada de San Román.

El número dos lo ocupaba Enrique Navarro Gallegos, con domicilio en la calle Maravillas, gerente que fue del bazar "La Importadora", en la esquina de O'Donnell con la Campana. Tanto su hojilla como la de Vera, aparecen fechadas en septiembre de 1948, pero en el espacio dedicado a la firma del hermano que lo presenta se hace constar que eran hermanos antiguos.


Guillermo Cantalapiedra, Pepe Bocio y Enrique Navarro en la bendición del Señor. 1939. Foto J.J. Serrano.

Continúa el listado con el recordado José María de la Concha Meneses, que ya había conseguido salir de nazareno antes de la guerra, y al que pronto captarían para la secretaría. Juan Alfonseca Caro, propietario de la confitería "Nueva Paz" en la calle O'Donnell, y que algún año convidó a torrijas en su establecimiento a todo el cuerpo de nazarenos,  entonces no muy numeroso, lo que provocó que la cofradía tuviera que olvidarse de pasar más por Tetuán en su retorno. Guillermo Cantalapiedra García, que sería ejemplar mayordomo con Manolo Moreno en las décadas de los cincuenta y sesenta. Joaquín Cordero Bernal y José María Forcada Cabanellas, destacados miembros de las gestoras que se sucedían en la hermandad (2). El popular Francisco Camps Espinosa, gerente del Teatro San Fernando, que daba toda clase de facilidades en las funciones benéficas que en aquel suntuoso local de la calle Tetuán se realizaron para la hermandad. Los hermanos Ambrosio y Rafael Gutiérrez-Ravé Lacassaign, uno médico en "La Gota de Leche" y el otro afamado procurador de los tribunales. El soleano Francisco Ponce Redondo, vestidor de la Virgen en esa época, al que se le otorgaría el título de Prioste Honorario, que marcó toda una época en la vestimenta de nuestra Señora.

De todos estos hombres y del resto que no hemos nombrado o no aparecen en este primer folio se podría escribir una historia. De algunos incluso una novela. Me reservo desde luego dedicar una futura entrada del blog a mi querido José María de la Concha, con quien tuve el honor de compartir junta. Unos pasaron de forma efímera por la hermandad, pero otros formaron dinastías, y hoy ya tenemos en nuestros tramos de nazarenos a sus bisnietos.

Aquella distinción entre hermanos y hermanos protectores no duraría mucho. Ya en el libro de hermanos abierto en julio de 1954, las dos listas pasan a nombrarse como de "hermanos gitanos" y "hermanos castellanos", y finalmente, años después, se refundirían, constituyendo nuestra hermandad un ejemplo de convivencia e integración. De respeto también a nuestras tradiciones, de fidelidad a una historia. Eso es algo que debemos -no se olvide- a unos y a otros: A aquellos gitanos que supieron darle un sitio a quienes demostraron querer al Señor de la Salud y a la Virgen de las Angustias, y a estos castellanos, los de esta lista, que en una época en la que no era nada fácil ser gitano, quisieron estar ahí, codo con codo, compartiendo sus fatigas y sus ilusiones, y sobre todo, su amor por Ellos, los que guían nuestra existencia.


1.- Sobre la reconstrucción de ese listado, que realizamos entre mi padre y yo en 1992, cuando actualizaba las carpetas del activo y pasivo de hermanos de la secretaría, véase la entrada "Linaje de Cofrades".

2. Joaquín Cordero Bernal estuvo en todas las comisiones gestoras entre 1949 y 1958, y en este último año, aprobadas las nuevas reglas, es diputado mayor de Gobierno en la primera junta de Gobierno de Manolo Moreno. José María Forcada Cabanellas, apoderado del bazar "La Importadora", fue auxiliar en la comisión de cultos de 1948.

miércoles, 1 de enero de 2020

UN NAZARENITO MONTADO EN EL PASO


De entre las antiguas fotos del desaparecido Nazareno hay una por la que tengo una especial predilección. Se trata de una instantánea tomada a pié de paso por la calle Laraña, bajo los cables del tranvía, realizada por Higinio Capote Muñoz, y aunque había visto copias de baja resolución hasta coloreadas por la red, no hace mucho que conseguimos ver la original en blanco y negro, perteneciente al archivo de D. Víctor José González Ramallo, que nos aporta muchos más detalles.


Foto realizada por D. Higinio Capote Muñoz , cuyo negativo se conserva en su archivo, y de la que nos ha proporcionado copia en papel D. Víctor J. González Ramallo.

La escena, como hemos dicho, hay que situarla en la calle Laraña, al regreso de la cofradía. Es de los momentos de nuestro itinerario en que el sol nos da más de frente, y probablemente el fotógrafo pretendía aprovechar esta circunstancia para buscar una buena iluminación. A la derecha se puede apreciar parte de la fachada de la antigua universidad, y a la izquierda, el tejadillo de una casa en la esquina con Arguijo que quedó desalineada en el ensanche que se realizaba en la calle.


La calle Laraña antes del ensanche.

Los nazarenos que ocupan la presidencia, y que ya visten nuestro hábito penitencial estrenado en 1929, se levantan el antifaz para el fotógrafo (entonces no se retrataban las personas más que en contadas ocasiones durante su vida) y uno de ellos, en primer plano, descubre un pañuelo anudado a su cuello lleno de flamenquería. Entre su capa y la chaqueta del paisano con gorra que aparece a su lado figura, casi imperceptible, la marca de agua del fotógrafo, "H. Capote y Carrasco". Era la razón comercial del laboratorio que el autor tenía con su hijo y su yerno en la calle Federico Sánchez Bedoya (1).

El detalle sin embargo más costumbrista de la foto es el chiquillo al que han montado en el paso para que salga en el retrato, y que por la manera en que mira hacia abajo, más que hacia la cámara, no parece que esté muy convencido de que aquello de subirlo allí arriba haya sido una buena idea. No es desde luego algo que fuera demasiado excepcional. Hay fotos antiguas de nazarenitos subidos al paso de la Sentencia, e incluso al de la Mortaja, y nadie se escandaliza por ello. Las fotos antiguas hay que verlas metiéndonos en la mentalidad y las costumbres de la época, y no juzgándolas por lo que hoy consideremos o no apropiado ¿Quiénes somos para afearles que se levantaran los antifaces cuando un siglo antes, a sus abuelos, les prohibieron su uso las mismísimas autoridades?

Confieso que, como no podía identificar a los mayores -ni siquiera al del pañuelo, aunque se da un aire a Pepe Bocio- durante mucho tiempo estuve tras la pista de aquel niño ¿Quién sería? Dadas las fechas en que la foto tuvo que ser tomada, en 1929 o 1930 (2), debe de ser un hermano contemporáneo a Manolo Moreno, a Francisquito Vega, a José de la Ana. En aquellos años tendrían una edad aproximada a la de ese chiquillo, pero ya no están desgraciadamente con nosotros para consultarles.

Me dieron una pista que parecía bien encaminada: Podía ser Pedro Rodríguez García (3), dos décadas después consiliario en la gestora de Paco Antúnez, pero comentando la foto con su hijo, mi amigo Manuel Rodríguez Fernández, lo descartamos por las fechas, así que en esas estamos, y sin embargo, aunque no he conseguido identificar a nadie, no renuncio a poner esta hermosa fotografía en el blog con el permiso de Don Víctor.

¿Quién sería aquel nazarenito que tan cerca estuvo del Señor de la Salud en una luminosa mañana de viernes santo?





1.- GONZÁLEZ RAMALLO, VÍCTOR JOSÉ, "Los pasos de la Hiniesta en la iglesia de San Martín en la fotografía de Higinio Capote", en Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 649. Marzo, 2013. Pp. 225-229.

2.- Contando con que los nazarenos visten las túnicas estrenadas en 1929, y que ese paso y esos candelabros se usaron hasta 1934, descartamos 1932 y 1933, años en los que no salió la cofradía por motivos políticos, e igualmente 1934, pues en el amplio reportaje fotográfico que realizó Serrano ese año se ven los clásicos ramos de flores cónicos que se solían usar en la época colocados justo en la base delantera de los candelabros, que aquí se ve libre, y los han dispuesto en el lateral. Tengo mis dudas también sobre 1931, pues no me parece que la túnica que lleva el Señor sea la que le regaló Curro Puya y estrenó esa estación de penitencia.

3.- Pedro Rodríguez García aparece el libro-registro de hermanos de 1949 con el número 17, domiciliado en el 112 de Pagés del Corro, y se especifica en el mismo renglón que ocupaba en el momento de la confección del libro el cargo de consiliario. Como nació en 1918, en las fechas de la foto tendría que tener de once a doce años, según se tomara en 1929 o 1930.

domingo, 1 de diciembre de 2019

LAS FOTOS DEL INSTITUTO DE ARTE COURTAULD

En el londinense Courtauld Institute of Art, dentro de la colección del Sir William Martin Conway, se conservan un par de fotos atribuidas en el catálogo a un tal Robert Taylor, y fechadas erroneamente alrededor de 1950. En ellas aparece la antigua efigie del Señor de la Salud procesionando por la calle Laraña en los años treinta. En concreto, tienen que ser necesariamente de 1935. El Señor figura sobre el paso que le tallara José Sanjuán Navarro (1), que sólo se pudo utilizar en las estaciones de penitencia de 1935 y 1936, al arder con la parroquia de San Román, donde se almacenaba, en julio de este último funesto año.

En 1935 el itinerario de regreso fue por el Salvador y Cuna, y en 1936 por Tetuán, así que en ambas ocasiones pasó por Laraña, pero hay un detalle que me hizo ver Juan Carlos Vázquez y que despeja las dudas entre ambos años. Esos ramos cónicos que aparecen bajo los candelabros se utilizaron en el 35, como también frecuentemente en años anteriores con el antiguo paso que fue del Valle, pero no los vemos en las fotografías del 36 en que la cofradía regresa por Hernando Colón y Tetuán.




En la primera de ellas, aparece el paso transitando ante la fachada de la antigua universidad en una soleada mañana de viernes santo, ante un público que parece mirar hacia la portada de la Iglesia de la Anunciación ¿Se cantaba una saeta? ¿Se fijaban en un saludo protocolario entre hermandades? Por estas fechas aún residía en este templo la hermandad de los estudiantes, que allí se fundó, en las viejas aulas de aquel contiguo edificio.




En la segunda de las instantáneas se puede apreciar con bastante detalle el costado de la canastilla de aquellas perdidas andas, de las que se conservan contadas fotografías. Bajo los candelabros de guardabrisas, con la tulipas ya sucias por la cera de toda una madrugada, observamos los angelitos que remataban el bombo del canasto, así como los ramos de flores cónicos que decoraban las esquinas delanteras por los que hemos podido fecharlas. Cuentan que el paso tenía hasta un total de doce angelitos.

El Señor ha dejado atrás ya la portada de la Anunciación y pasa ante la tienda de tejidos "El Pabellón Universal", que regentaba D. Julián Gómez Muñoz en la esquina de la Encarnación con Laraña, donde hoy está el Café Algrano. Unas señoras enlutadas de viernes santo contemplan la procesión desde el balcón de arriba.

De estas andas se ha escrito equivocadamente que se estrenaron en 1931 (2). En el blog ya aclaramos que fue en 1934 cuando nuestro antiguo titular utilizó por última vez el paso que perteneció antes a la Coronación de Espinas de la hermandad del Valle, ya muy reformado (ver aquí). Es cierto que desde principios de la década de los treinta la hermandad estaba ilusionada en la adquisición de unas nuevas andas más dignas de tan excelsa talla como era el Cristo antiguo. Se organizó una suscripción popular para pagar las 18.000 pesetas en que José Sanjuán valoró su trabajo. El más ilusionado era el torero Francisco Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana", que avaló a la hermandad y contribuyó también generosamente (3). Probablemente fuera la infortunada cogida y muerte del diestro en Madrid, en 1931, la que retrasara el estreno.

En cualquier caso, y a pesar de lo poco que la hermandad pudo disfrutar de este bello paso, aquellas fotos viajarían hasta Somerset House, en las orilla del Támesis, sede del Courtauld Institute of Art. Bueno sería que estuvieran de vuelta en forma de unas copias en el archivo de la hermandad, porque la institución londinense no pone reparos en proporcionar reproducciones de sus negativos, y a un precio no demasiado exagerado.



1,- José Sanjuán Navarro (1890-1958), condiscípulo de Hohenleiter y Bacarisas, se formó  con el tallista José Gil. Dirigió los trabajos de realización del paso de Jesús de las Penas de San Roque, y ya independizado, realizó entre otros el paso del Desprecio de Herodes de la Amargura, que también fue destruido en el asalto al almacén de esta hermandad en 1936.

2- CARRERO RODRÍGUEZ, Juan. Anales de las Cofradías Sevillanas, pág. 482.

3.- SOLÍS PARADAS, Pedro. "La Semana Santa en la década de los veinte" en el diario ABC de Sevilla, edición de 18 de febrero de 1986. Pp. 98 y 99.

viernes, 1 de noviembre de 2019

EL PADRE PEDRO MARÍA AYALA

En el archivo de la hermandad se conserva un oficio fechado en 9 de abril de 1938, firmado por el secretario de cámara del arzobispado, Miguel Bernal Zurita, en el que se comunicaba la imposibilidad del cardenal Segura de asistir personalmente a la bendición de la nueva imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud, que había de realizarse al día siguiente, Domingo de Ramos, autorizando al reverendo padre Pedro Ayala para que en su nombre y representación la efectuara. Dice así:




Analizando el documento, no vamos a entrar en tratar de elucidar las razones por las que el cardenal Segura -que se había hecho cargo de la archidiócesis sólo seis meses antes, a la muerte de Ilundáin- no pudo bendecir a la nueva imagen. Sí cabría destacar cómo se adjetiva a la corporación como fervorosa, título que el propio Segura otorgará oficialmente a la hermandad muchos años más tarde.  Pero lo que más nos resulta interesante del oficio es la designación del padre Pedro María Ayala para la ceremonia que iba a celebrarse ¿Quién fue este abnegado soldado jesuita que bendijo al Señor de la Salud?

He adquirido recientemente un pequeño librito que nos aporta bastantes datos biográficos y anécdotas de su vida (1). Pedro María Ayala Fernández nació en Bollullos del Condado (Huelva) en 1876. Con dieciséis años entró en el noviciado de la compañía en Murcia. En 1897, en Granada, conoció al Venerable Padre Tarín, quien fue para él un ejemplo a seguir en toda su trayectoría vital, especialmente en lo que se refiere a su concepción del apostolado popular y la doctrina social de la iglesia. Tras obtener sus dos licenciaturas, en Filosofía y Letras y en Teología, realizó sus últimos votos religiosos en 1911, y en 1924 llega a Sevilla como Director de la Congregación Mariana de los Luises, donde se consagrará a la asistencia y cuidado de los leprosos del Hospital de San Lázaro.

Eran los años previos a la Exposición Iberoamericana, y con la preparación de estos fastos, surge otra Sevilla paralela. Un aluvión de menesterosos llegan a la capital en busca de un jornal y se hacinan en las chabolas de Villalatas, Amate o el Cerro del Águila, y si la Sevilla oficial trata de esconder esta realidad, el padre Ayala va con decisión a su encuentro, y no con pocas dificultades, pues en esos nuevos barrios comienza una agitación política y social que se irá agravando paulatinamente. Pocos religiosos, salvo las Hermanitas de la Cruz y nuestro protagonista, son bien vistos y respetados por aquella otra Sevilla, pero incluso los comunistas no pueden dejar de reconocer su entrega a los pobres y hacen la vista gorda en sus visitas. Tampoco fue menor su labor en la cárcel, fundando un patronato para atender a los reclusos y sostener a los recién excarcelados.

Cuando se proclama la República y se ordena la expulsión del país de la Compañía de Jesús, el padre Ayala consigue que su congregación siga funcionando bajo el nombre de "Asociación Cultural de Jóvenes Sevillanos", y al frente de ella sigue hasta 1941 que, a pesar de sus muchos achaques, pasa a dedicarse casi por completo a redactar una "Vida documentada del Siervo de Dios P. Francisco de Paula Tarín de la Compañía de Jesús", en cuya causa de beatificación fue vicepostulante. Pedro María Ayala murió en olor de santidad el día de la Virgen del Rosario de 1949, y a petición de sus congregantes fue sepultado en la capilla de Los Luises, en la calle Trajano. 

Leprosos, pobres, marginados, presos... el padre Ayala estuvo siempre con los oprimidos ¿Y con los gitanos? En una semblanza de su persona que hizo el afamado sacerdote Federico Pérez-Estudillo en el diario ABC (2), nos cuenta como "fue director espiritual de la cofradía de los Gitanos, introduciendo los cultos a los titulares, que predicaba siempre". Lo que ignoramos, por faltar documentación de aquellos años, es si esa dirección espiritual fue anterior a la guerra, lo que explicaría mejor esta designación del cardenal Segura para que le sustituyera en la bendición, o fue posterior. Se conoce que en abril 1935 predicó el triduo de la Virgen (3), . y que un año antes de su muerte, en 1948, José Vega Niño recurre a él para que convenza al célebre padre Ramón Cué, también jesuita, para que predique el quinario de ese año (4).

El caso es que, a pesar de que la ciudad le dedicó agradecida una calle en el barrio de Nervión, se quejaba también el padre Estudillo en aquella tribuna abierta de cierta desidia inexplicable a la hora de iniciarle un proceso de beatificación. Quizás la hermandad pudiera aportar su granito de arena en este aspecto.

Queremos terminar estas líneas con una estampa que se editó a su muerte, en la que se incluía una oración para que Dios lo glorificara con la gloria de los milagros. Con ellos o sin ellos, seguro que el Señor de la Salud y su bendita madre María Santísima de las Angustias le habrán compensado todos sus trabajos. 




(1) ROJO MÁRQUEZ, Manuel. "Apuntes biográficos del R.P. Pedro Mª Ayala, S.J.". Gráficas La Gavidia. Sevilla 1949.
(2) PEREZ ESTUDILLO Y SANCHEZ, Federico. "Un santo sacerdote: El Padre Pedro María Ayala, S.I.". Diario ABC de Sevilla, edición de 6 de Octubre de 1993, pág. 74. (Leer aquí)
(3) GÁMEZ MARTÍN, José. "Cofradía pobrecita pero muy simpática", en Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 656. Sevilla, abril de 2013. Pp. 750-753. 
(4) RAMOS SÁEZ, Javier. "Una comisión de cultos en la Hermandad de los Gitanos", en Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 656, Sevilla, abril de 2013. Pp. 754-756.

martes, 1 de octubre de 2019

LA MISION DEL 65

Dedicado a Francisco Gallardo López (q.e.p.d.) 
en el día de su fallecimiento. Él estuvo allí con sus Angustias.


En enero de 1965 el Cardenal Bueno Monreal convocaba a los sevillanos a participar en las Santas Misiones, una obra pastoral en la que otorgaría un importante papel a las hermandades, aglutinadoras, entonces como siempre, de la religiosidad popular. Se pretendía que las cofradías se involucraran en estas misiones trasladando a sus titulares a los barrios periféricos, donde se habrían de instalar los centros misionales, y a la nuestra le asignaron una zona entonces muy marginal, lo que se conocía como "las Tapias de Cobián". Entre lo que hoy son las calles Buero Vallejo y José Díaz, en las proximidades de Macarena Tres Huertas, existía la tapia de una antigua fundición del siglo XIX, la de D. José Cobián, junto a la que había un asentamiento chabolista ocupado mayormente por población de aluvión recién llegada a la ciudad.

A la junta de gobierno no le gustó mucho el lugar al que destinaron a la hermandad. Conservo en casa los borradores mecanografiados de las actas que escribió mi padre como secretario, y en la del cabildo de oficiales celebrado en de enero de ese año se puede leer como el hermano mayor da cuenta de que "...se vienen realizando gestiones acerca de la instalación de dicho centro, sin que hasta la fecha se cuente con un local adecuado donde poder trasladar a nuestras Sagradas Imágenes, y parece ser que se pretende instalarnos en un barracón provisional de lonas, por lo que se pone en conocimiento de esta junta de gobierno a fin de que se decida nuestra postura en tal caso. Se acuerda que si el local que nos asignen no merece la suficiente garantía y seguridad no se trasladen ninguna de nuestras Imágenes (...) Si el local reuniera esas garantías se acuerda que la imagen a trasladar sea la de la Santísima Virgen de las Angustias" (1).

A algún hermano joven pudiera sorprenderle que se eligiera a la Virgen y no al Señor de la Salud. La mayoría de las hermandades hicieron lo mismo, llevar a los centros misionales a sus titulares marianas, pero aparte, y dado que lo que la Iglesia pretendía era aprovechar el tirón popular de las imágenes, hay que reconocer que en esa época nuestra Señora tenía más que el Cristo. Eran los años del mítico Salvador Dorado "El Penitente" comandando el palio. Salían más nazarenos en los tramos de Virgen que en los de Cristo, y sólo hay que leer los pregones de aquellas décadas, empezando por el de Rodríguez Buzón, con aquel célebre poema "La Virgen de los Gitanos pisa ya la madrugada", o continuando por el de Domingo Manfredi, para cuya publicación se eligió como portada la famosa foto de la mantilla.

Al final, gracias a las gestiones del jesuita Rvdo. Padre D. Luciano Gil Japón, delegado jefe de la zona, se habilitó al efecto una nave industrial de las que aún existen en la calle José Díaz, y el día 28 de enero se organizó el traslado de la Virgen, que saliendo de San Román tomó por la calle Socorro, plaza de San Marcos y San Luis, pasó bajo el arco de la Macarena, y siguiendo por Don Fadrique y la Avenida Sánchez Pizjuán llegó al centro misional.

Mi padre, que había sido nombrado por la organización de la misión vocal de difusión para la zona de San Román, contactó con su amigo Valentín Monterroso (2), que trabajaba en un estudio fotográfico de la calle Azafrán, a efectos de que realizara un reportaje sobre lo que iba a ser un histórico traslado, fotos que, aunque ya algunas se publicaron en el anuario de la hermandad de 2015, hemos querido traer hoy a estas páginas.


Bajando las andas de la Santísima Virgen del presbiterio de San Román vemos a los hermanos José y Manuel Moreno Serrano y a mi padre, José Luis Dorado Canelo. Marchan delante, entre otros, Francisco Lobato Ricca y Francisco Gallardo Caro, "Paco Bigote"

Bajo la ojiva de San Román podemos ver entre otros a Francisco Vargas Vargas, a José Exposito Heredia "El Loqui", o a Don José Manzano Pérez


A hombros de Juan Miguel Ortega Ezpeleta y Juan Antúnez Espada por la calle Socorro.

Juan Miguel Ortega, Juan Antúnez, y en la manigueta trasera José María Loreto Lázaro. Detrás, con su bonete de párroco, el bueno de Don Crescencio.

En la plaza de San Marcos, a hombros de José Expósito Heredia "El Loqui".

Por la calle San Luis

A la altura del antiguo hospicio llevan las andas José Moreno Serrano y José Manzano Camacho. Juanto a ellas vemos a Vicente Valencia, Manolo Ortega, Juan Antúnez, Rafael Granados, Manolo Moreno, José Tejera y a un jovencísimo Antonio de la Rosa Heredia.

Francisco Vega Moreno "Francisquito" y José María Loreto Lázaro.

Bajo el arco de la Macarena




En primer plano el entonces hermano mayor Manolo Moreno, y llevando las andas quien ocuparía el cargo dos décadas despúes, cuando la coronación canónica, Manuel Ortega Ezpeleta.

Al fondo la Basílica Macarena

Junto al Hospital de las Cinco Llagas.

José de Rueda Carrión y el poeta Joaquín Romero Murube, hermanos de la Soledad de San Lorenzo,
que marchaba también por Don Fadrique camino de San Jerónimo,

El encuentro entre la Soledad de San Lorenzo y las Angustias a la altura del Hospital de las Cinco Llagas.


Hermanos de los Gitanos llevando a la Soledad, y soleanos portando a las Angustias.

"Paco Bigote" y sus niñas a la caída de la noche, ya casi en el centro misional.

La entrada en la nave industrial de la actual calle José Díaz. En primer plano Joaquín Jiménez Casal.




La Misión de Sevilla se desarrolló entre el 1 y el 15 de aquel febrero de 1965. Durante esa quincena, a pesar del frío y de lo desangelado del lugar, jamás la Virgen estuvo sola, pues se organizaron turnos de vigilancia entre los hermanos, que incluso pernoctaron en la nave haciéndole guardia.

La anécdota familiar -que yo no viví, porque estaba aún en el vientre de mi madre- es que mi hermanilla Marianzi, que debió de pasarlo en grande jugando por aquellos descampados, se cortó con una lata mohosa. Mi madre, embarazada de mí como estaba, advirtió con gran susto como las medias blancas de la niña estaban totalmente teñidas por el rojo de la sangre. La niña se ganó una inyección del tétanos, y el padre de la niña una tremenda bronca por estar más pendiente de la Virgen que de su hija. Pero bueno... no llegó la sangre al río, y además ¿quién no se queda embobado y se olvida de todo mirando la carita de las Angustias?


1.- Acta nº 90 de 24 de enero de 1965, Libro de actas de cabildos de oficiales celebrados entre 1954 y 1967.
2.- Valentín Monterroso firmaría un par de años después otra famosa fotografía, con el Señor de perfil y sin la corona de espinas, realizada el día en que se le impusieron las potencias de oro. Una ampliación de esta foto presidió, desde que yo tengo uso de razón, los cabildos de oficiales de la hermandad, primero en el cuartillo de detrás de la capilla, y después en la sala de juntas de la casa-hermandad de la calle Socorro.