sábado, 1 de febrero de 2020

LOS PRIMEROS HERMANOS PROTECTORES

Publicamos en el blog en su día el primer folio de la reconstrucción de un antiguo listado de hermanos en 1948, que realicé con mi padre a partir de las hojillas de inscripción más antiguas que se conservan en la secretaría (1). Hoy vamos a traer a estas páginas lo referente a los entonces llamados "hermanos protectores".



En aquellos años se llevaban dos listas, una de hermanos propiamente dichos, los gitanos, y otra de hermanos protectores, que venían a ser lo que hasta entonces se habían conocido como devotos o bienhechores. 

Desde antes de la guerra la hermandad había contado a la hora de arreglar su siempre difícil economía con los pequeños comerciantes del barrio, o con personas que, aún siendo ajenas a la etnia gitana, demostraban una gran devoción a nuestros sagrados titulares. Se realizaban cuestaciones anuales para sufragar los gastos de los cultos más importantes o de la estación de penitencia, y esta participación se fue institucionalizando. Ese número de colaboradores se amplia y se hace aún más necesario cuando la corporación tiene que emprender una reconstrucción total, prácticamente desde cero, tras el incendio de San Román. Se crea así la figura del "hermano protector", como se especificaba en la propia hojilla de inscripción, con distinto listado y numeración.



Traemos como ejemplo las hojillas de inscripción de dos señalados protectores. La del número uno, D. Francisco Vera Mármol, impresor con establecimiento en la plaza de la Europa, que se encargaba de realizar para la hermandad de forma gratuita todo el trabajo de impresión de convocatorias, membretes, saludas y demás. Se le concedió el título de Hermano Mayor Honorario, distinción que también tuvo su hijo, Francisco Vera Álvarez, que aparece en la lista unos números más abajo, y que años después regalaría el retablo cerámico del Señor que adornaba la fachada de San Román.

El número dos lo ocupaba Enrique Navarro Gallegos, con domicilio en la calle Maravillas, gerente que fue del bazar "La Importadora", en la esquina de O'Donnell con la Campana. Tanto su hojilla como la de Vera, aparecen fechadas en septiembre de 1948, pero en el espacio dedicado a la firma del hermano que lo presenta se hace constar que eran hermanos antiguos.


Guillermo Cantalapiedra, Pepe Bocio y Enrique Navarro en la bendición del Señor. 1939. Foto J.J. Serrano.

Continúa el listado con el recordado José María de la Concha Meneses, que ya había conseguido salir de nazareno antes de la guerra, y al que pronto captarían para la secretaría. Juan Alfonseca Caro, propietario de la confitería "Nueva Paz" en la calle O'Donnell, y que algún año convidó a torrijas en su establecimiento a todo el cuerpo de nazarenos,  entonces no muy numeroso, lo que provocó que la cofradía tuviera que olvidarse de pasar más por Tetuán en su retorno. Guillermo Cantalapiedra García, que sería ejemplar mayordomo con Manolo Moreno en las décadas de los cincuenta y sesenta. Joaquín Cordero Bernal y José María Forcada Cabanellas, destacados miembros de las gestoras que se sucedían en la hermandad (2). El popular Francisco Camps Espinosa, gerente del Teatro San Fernando, que daba toda clase de facilidades en las funciones benéficas que en aquel suntuoso local de la calle Tetuán se realizaron para la hermandad. Los hermanos Ambrosio y Rafael Gutiérrez-Ravé Lacassaign, uno médico en "La Gota de Leche" y el otro afamado procurador de los tribunales. El soleano Francisco Ponce Redondo, vestidor de la Virgen en esa época, al que se le otorgaría el título de Prioste Honorario, que marcó toda una época en la vestimenta de nuestra Señora.

De todos estos hombres y del resto que no hemos nombrado o no aparecen en este primer folio se podría escribir una historia. De algunos incluso una novela. Me reservo desde luego dedicar una futura entrada del blog a mi querido José María de la Concha, con quien tuve el honor de compartir junta. Unos pasaron de forma efímera por la hermandad, pero otros formaron dinastías, y hoy ya tenemos en nuestros tramos de nazarenos a sus bisnietos.

Aquella distinción entre hermanos y hermanos protectores no duraría mucho. Ya en el libro de hermanos abierto en julio de 1954, las dos listas pasan a nombrarse como de "hermanos gitanos" y "hermanos castellanos", y finalmente, años después, se refundirían, constituyendo nuestra hermandad un ejemplo de convivencia e integración. De respeto también a nuestras tradiciones, de fidelidad a una historia. Eso es algo que debemos -no se olvide- a unos y a otros: A aquellos gitanos que supieron darle un sitio a quienes demostraron querer al Señor de la Salud y a la Virgen de las Angustias, y a estos castellanos, los de esta lista, que en una época en la que no era nada fácil ser gitano, quisieron estar ahí, codo con codo, compartiendo sus fatigas y sus ilusiones, y sobre todo, su amor por Ellos, los que guían nuestra existencia.


1.- Sobre la reconstrucción de ese listado, que realizamos entre mi padre y yo en 1992, cuando actualizaba las carpetas del activo y pasivo de hermanos de la secretaría, véase la entrada "Linaje de Cofrades".

2. Joaquín Cordero Bernal estuvo en todas las comisiones gestoras entre 1949 y 1958, y en este último año, aprobadas las nuevas reglas, es diputado mayor de Gobierno en la primera junta de Gobierno de Manolo Moreno. José María Forcada Cabanellas, apoderado del bazar "La Importadora", fue auxiliar en la comisión de cultos de 1948.

miércoles, 1 de enero de 2020

UN NAZARENITO MONTADO EN EL PASO


De entre las antiguas fotos del desaparecido Nazareno hay una por la que tengo una especial predilección. Se trata de una instantánea tomada a pié de paso por la calle Laraña, bajo los cables del tranvía, realizada por Higinio Capote Muñoz, y aunque había visto copias de baja resolución hasta coloreadas por la red, no hace mucho que conseguimos ver la original en blanco y negro, perteneciente al archivo de D. Víctor José González Ramallo, que nos aporta muchos más detalles.


Foto realizada por D. Higinio Capote Muñoz , cuyo negativo se conserva en su archivo, y de la que nos ha proporcionado copia en papel D. Víctor J. González Ramallo.

La escena, como hemos dicho, hay que situarla en la calle Laraña, al regreso de la cofradía. Es de los momentos de nuestro itinerario en que el sol nos da más de frente, y probablemente el fotógrafo pretendía aprovechar esta circunstancia para buscar una buena iluminación. A la derecha se puede apreciar parte de la fachada de la antigua universidad, y a la izquierda, el tejadillo de una casa en la esquina con Arguijo que quedó desalineada en el ensanche que se realizaba en la calle.


La calle Laraña antes del ensanche.

Los nazarenos que ocupan la presidencia, y que ya visten nuestro hábito penitencial estrenado en 1929, se levantan el antifaz para el fotógrafo (entonces no se retrataban las personas más que en contadas ocasiones durante su vida) y uno de ellos, en primer plano, descubre un pañuelo anudado a su cuello lleno de flamenquería. Entre su capa y la chaqueta del paisano con gorra que aparece a su lado figura, casi imperceptible, la marca de agua del fotógrafo, "H. Capote y Carrasco". Era la razón comercial del laboratorio que el autor tenía con su hijo y su yerno en la calle Federico Sánchez Bedoya (1).

El detalle sin embargo más costumbrista de la foto es el chiquillo al que han montado en el paso para que salga en el retrato, y que por la manera en que mira hacia abajo, más que hacia la cámara, no parece que esté muy convencido de que aquello de subirlo allí arriba haya sido una buena idea. No es desde luego algo que fuera demasiado excepcional. Hay fotos antiguas de nazarenitos subidos al paso de la Sentencia, e incluso al de la Mortaja, y nadie se escandaliza por ello. Las fotos antiguas hay que verlas metiéndonos en la mentalidad y las costumbres de la época, y no juzgándolas por lo que hoy consideremos o no apropiado ¿Quiénes somos para afearles que se levantaran los antifaces cuando un siglo antes, a sus abuelos, les prohibieron su uso las mismísimas autoridades?

Confieso que, como no podía identificar a los mayores -ni siquiera al del pañuelo, aunque se da un aire a Pepe Bocio- durante mucho tiempo estuve tras la pista de aquel niño ¿Quién sería? Dadas las fechas en que la foto tuvo que ser tomada, en 1929 o 1930 (2), debe de ser un hermano contemporáneo a Manolo Moreno, a Francisquito Vega, a José de la Ana. En aquellos años tendrían una edad aproximada a la de ese chiquillo, pero ya no están desgraciadamente con nosotros para consultarles.

Me dieron una pista que parecía bien encaminada: Podía ser Pedro Rodríguez García (3), dos décadas después consiliario en la gestora de Paco Antúnez, pero comentando la foto con su hijo, mi amigo Manuel Rodríguez Fernández, lo descartamos por las fechas, así que en esas estamos, y sin embargo, aunque no he conseguido identificar a nadie, no renuncio a poner esta hermosa fotografía en el blog con el permiso de Don Víctor.

¿Quién sería aquel nazarenito que tan cerca estuvo del Señor de la Salud en una luminosa mañana de viernes santo?





1.- GONZÁLEZ RAMALLO, VÍCTOR JOSÉ, "Los pasos de la Hiniesta en la iglesia de San Martín en la fotografía de Higinio Capote", en Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 649. Marzo, 2013. Pp. 225-229.

2.- Contando con que los nazarenos visten las túnicas estrenadas en 1929, y que ese paso y esos candelabros se usaron hasta 1934, descartamos 1932 y 1933, años en los que no salió la cofradía por motivos políticos, e igualmente 1934, pues en el amplio reportaje fotográfico que realizó Serrano ese año se ven los clásicos ramos de flores cónicos que se solían usar en la época colocados justo en la base delantera de los candelabros, que aquí se ve libre, y los han dispuesto en el lateral. Tengo mis dudas también sobre 1931, pues no me parece que la túnica que lleva el Señor sea la que le regaló Curro Puya y estrenó esa estación de penitencia.

3.- Pedro Rodríguez García aparece el libro-registro de hermanos de 1949 con el número 17, domiciliado en el 112 de Pagés del Corro, y se especifica en el mismo renglón que ocupaba en el momento de la confección del libro el cargo de consiliario. Como nació en 1918, en las fechas de la foto tendría que tener de once a doce años, según se tomara en 1929 o 1930.

domingo, 1 de diciembre de 2019

LAS FOTOS DEL INSTITUTO DE ARTE COURTAULD

En el londinense Courtauld Institute of Art, dentro de la colección del Sir William Martin Conway, se conservan un par de fotos atribuidas en el catálogo a un tal Robert Taylor, y fechadas erroneamente alrededor de 1950. En ellas aparece la antigua efigie del Señor de la Salud procesionando por la calle Laraña en los años treinta. En concreto, tienen que ser necesariamente de 1935. El Señor figura sobre el paso que le tallara José Sanjuán Navarro (1), que sólo se pudo utilizar en las estaciones de penitencia de 1935 y 1936, al arder con la parroquia de San Román, donde se almacenaba, en julio de este último funesto año.

En 1935 el itinerario de regreso fue por el Salvador y Cuna, y en 1936 por Tetuán, así que en ambas ocasiones pasó por Laraña, pero hay un detalle que me hizo ver Juan Carlos Vázquez y que despeja las dudas entre ambos años. Esos ramos cónicos que aparecen bajo los candelabros se utilizaron en el 35, como también frecuentemente en años anteriores con el antiguo paso que fue del Valle, pero no los vemos en las fotografías del 36 en que la cofradía regresa por Hernando Colón y Tetuán.




En la primera de ellas, aparece el paso transitando ante la fachada de la antigua universidad en una soleada mañana de viernes santo, ante un público que parece mirar hacia la portada de la Iglesia de la Anunciación ¿Se cantaba una saeta? ¿Se fijaban en un saludo protocolario entre hermandades? Por estas fechas aún residía en este templo la hermandad de los estudiantes, que allí se fundó, en las viejas aulas de aquel contiguo edificio.




En la segunda de las instantáneas se puede apreciar con bastante detalle el costado de la canastilla de aquellas perdidas andas, de las que se conservan contadas fotografías. Bajo los candelabros de guardabrisas, con la tulipas ya sucias por la cera de toda una madrugada, observamos los angelitos que remataban el bombo del canasto, así como los ramos de flores cónicos que decoraban las esquinas delanteras por los que hemos podido fecharlas. Cuentan que el paso tenía hasta un total de doce angelitos.

El Señor ha dejado atrás ya la portada de la Anunciación y pasa ante la tienda de tejidos "El Pabellón Universal", que regentaba D. Julián Gómez Muñoz en la esquina de la Encarnación con Laraña, donde hoy está el Café Algrano. Unas señoras enlutadas de viernes santo contemplan la procesión desde el balcón de arriba.

De estas andas se ha escrito equivocadamente que se estrenaron en 1931 (2). En el blog ya aclaramos que fue en 1934 cuando nuestro antiguo titular utilizó por última vez el paso que perteneció antes a la Coronación de Espinas de la hermandad del Valle, ya muy reformado (ver aquí). Es cierto que desde principios de la década de los treinta la hermandad estaba ilusionada en la adquisición de unas nuevas andas más dignas de tan excelsa talla como era el Cristo antiguo. Se organizó una suscripción popular para pagar las 18.000 pesetas en que José Sanjuán valoró su trabajo. El más ilusionado era el torero Francisco Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana", que avaló a la hermandad y contribuyó también generosamente (3). Probablemente fuera la infortunada cogida y muerte del diestro en Madrid, en 1931, la que retrasara el estreno.

En cualquier caso, y a pesar de lo poco que la hermandad pudo disfrutar de este bello paso, aquellas fotos viajarían hasta Somerset House, en las orilla del Támesis, sede del Courtauld Institute of Art. Bueno sería que estuvieran de vuelta en forma de unas copias en el archivo de la hermandad, porque la institución londinense no pone reparos en proporcionar reproducciones de sus negativos, y a un precio no demasiado exagerado.



1,- José Sanjuán Navarro (1890-1958), condiscípulo de Hohenleiter y Bacarisas, se formó  con el tallista José Gil. Dirigió los trabajos de realización del paso de Jesús de las Penas de San Roque, y ya independizado, realizó entre otros el paso del Desprecio de Herodes de la Amargura, que también fue destruido en el asalto al almacén de esta hermandad en 1936.

2- CARRERO RODRÍGUEZ, Juan. Anales de las Cofradías Sevillanas, pág. 482.

3.- SOLÍS PARADAS, Pedro. "La Semana Santa en la década de los veinte" en el diario ABC de Sevilla, edición de 18 de febrero de 1986. Pp. 98 y 99.

viernes, 1 de noviembre de 2019

EL PADRE PEDRO MARÍA AYALA

En el archivo de la hermandad se conserva un oficio fechado en 9 de abril de 1938, firmado por el secretario de cámara del arzobispado, Miguel Bernal Zurita, en el que se comunicaba la imposibilidad del cardenal Segura de asistir personalmente a la bendición de la nueva imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud, que había de realizarse al día siguiente, Domingo de Ramos, autorizando al reverendo padre Pedro Ayala para que en su nombre y representación la efectuara. Dice así:




Analizando el documento, no vamos a entrar en tratar de elucidar las razones por las que el cardenal Segura -que se había hecho cargo de la archidiócesis sólo seis meses antes, a la muerte de Ilundáin- no pudo bendecir a la nueva imagen. Sí cabría destacar cómo se adjetiva a la corporación como fervorosa, título que el propio Segura otorgará oficialmente a la hermandad muchos años más tarde.  Pero lo que más nos resulta interesante del oficio es la designación del padre Pedro María Ayala para la ceremonia que iba a celebrarse ¿Quién fue este abnegado soldado jesuita que bendijo al Señor de la Salud?

He adquirido recientemente un pequeño librito que nos aporta bastantes datos biográficos y anécdotas de su vida (1). Pedro María Ayala Fernández nació en Bollullos del Condado (Huelva) en 1876. Con dieciséis años entró en el noviciado de la compañía en Murcia. En 1897, en Granada, conoció al Venerable Padre Tarín, quien fue para él un ejemplo a seguir en toda su trayectoría vital, especialmente en lo que se refiere a su concepción del apostolado popular y la doctrina social de la iglesia. Tras obtener sus dos licenciaturas, en Filosofía y Letras y en Teología, realizó sus últimos votos religiosos en 1911, y en 1924 llega a Sevilla como Director de la Congregación Mariana de los Luises, donde se consagrará a la asistencia y cuidado de los leprosos del Hospital de San Lázaro.

Eran los años previos a la Exposición Iberoamericana, y con la preparación de estos fastos, surge otra Sevilla paralela. Un aluvión de menesterosos llegan a la capital en busca de un jornal y se hacinan en las chabolas de Villalatas, Amate o el Cerro del Águila, y si la Sevilla oficial trata de esconder esta realidad, el padre Ayala va con decisión a su encuentro, y no con pocas dificultades, pues en esos nuevos barrios comienza una agitación política y social que se irá agravando paulatinamente. Pocos religiosos, salvo las Hermanitas de la Cruz y nuestro protagonista, son bien vistos y respetados por aquella otra Sevilla, pero incluso los comunistas no pueden dejar de reconocer su entrega a los pobres y hacen la vista gorda en sus visitas. Tampoco fue menor su labor en la cárcel, fundando un patronato para atender a los reclusos y sostener a los recién excarcelados.

Cuando se proclama la República y se ordena la expulsión del país de la Compañía de Jesús, el padre Ayala consigue que su congregación siga funcionando bajo el nombre de "Asociación Cultural de Jóvenes Sevillanos", y al frente de ella sigue hasta 1941 que, a pesar de sus muchos achaques, pasa a dedicarse casi por completo a redactar una "Vida documentada del Siervo de Dios P. Francisco de Paula Tarín de la Compañía de Jesús", en cuya causa de beatificación fue vicepostulante. Pedro María Ayala murió en olor de santidad el día de la Virgen del Rosario de 1949, y a petición de sus congregantes fue sepultado en la capilla de Los Luises, en la calle Trajano. 

Leprosos, pobres, marginados, presos... el padre Ayala estuvo siempre con los oprimidos ¿Y con los gitanos? En una semblanza de su persona que hizo el afamado sacerdote Federico Pérez-Estudillo en el diario ABC (2), nos cuenta como "fue director espiritual de la cofradía de los Gitanos, introduciendo los cultos a los titulares, que predicaba siempre". Lo que ignoramos, por faltar documentación de aquellos años, es si esa dirección espiritual fue anterior a la guerra, lo que explicaría mejor esta designación del cardenal Segura para que le sustituyera en la bendición, o fue posterior. Se conoce que en abril 1935 predicó el triduo de la Virgen (3), . y que un año antes de su muerte, en 1948, José Vega Niño recurre a él para que convenza al célebre padre Ramón Cué, también jesuita, para que predique el quinario de ese año (4).

El caso es que, a pesar de que la ciudad le dedicó agradecida una calle en el barrio de Nervión, se quejaba también el padre Estudillo en aquella tribuna abierta de cierta desidia inexplicable a la hora de iniciarle un proceso de beatificación. Quizás la hermandad pudiera aportar su granito de arena en este aspecto.

Queremos terminar estas líneas con una estampa que se editó a su muerte, en la que se incluía una oración para que Dios lo glorificara con la gloria de los milagros. Con ellos o sin ellos, seguro que el Señor de la Salud y su bendita madre María Santísima de las Angustias le habrán compensado todos sus trabajos. 




(1) ROJO MÁRQUEZ, Manuel. "Apuntes biográficos del R.P. Pedro Mª Ayala, S.J.". Gráficas La Gavidia. Sevilla 1949.
(2) PEREZ ESTUDILLO Y SANCHEZ, Federico. "Un santo sacerdote: El Padre Pedro María Ayala, S.I.". Diario ABC de Sevilla, edición de 6 de Octubre de 1993, pág. 74. (Leer aquí)
(3) GÁMEZ MARTÍN, José. "Cofradía pobrecita pero muy simpática", en Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 656. Sevilla, abril de 2013. Pp. 750-753. 
(4) RAMOS SÁEZ, Javier. "Una comisión de cultos en la Hermandad de los Gitanos", en Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 656, Sevilla, abril de 2013. Pp. 754-756.

martes, 1 de octubre de 2019

LA MISION DEL 65

Dedicado a Francisco Gallardo López (q.e.p.d.) 
en el día de su fallecimiento. Él estuvo allí con sus Angustias.


En enero de 1965 el Cardenal Bueno Monreal convocaba a los sevillanos a participar en las Santas Misiones, una obra pastoral en la que otorgaría un importante papel a las hermandades, aglutinadoras, entonces como siempre, de la religiosidad popular. Se pretendía que las cofradías se involucraran en estas misiones trasladando a sus titulares a los barrios periféricos, donde se habrían de instalar los centros misionales, y a la nuestra le asignaron una zona entonces muy marginal, lo que se conocía como "las Tapias de Cobián". Entre lo que hoy son las calles Buero Vallejo y José Díaz, en las proximidades de Macarena Tres Huertas, existía la tapia de una antigua fundición del siglo XIX, la de D. José Cobián, junto a la que había un asentamiento chabolista ocupado mayormente por población de aluvión recién llegada a la ciudad.

A la junta de gobierno no le gustó mucho el lugar al que destinaron a la hermandad. Conservo en casa los borradores mecanografiados de las actas que escribió mi padre como secretario, y en la del cabildo de oficiales celebrado en de enero de ese año se puede leer como el hermano mayor da cuenta de que "...se vienen realizando gestiones acerca de la instalación de dicho centro, sin que hasta la fecha se cuente con un local adecuado donde poder trasladar a nuestras Sagradas Imágenes, y parece ser que se pretende instalarnos en un barracón provisional de lonas, por lo que se pone en conocimiento de esta junta de gobierno a fin de que se decida nuestra postura en tal caso. Se acuerda que si el local que nos asignen no merece la suficiente garantía y seguridad no se trasladen ninguna de nuestras Imágenes (...) Si el local reuniera esas garantías se acuerda que la imagen a trasladar sea la de la Santísima Virgen de las Angustias" (1).

A algún hermano joven pudiera sorprenderle que se eligiera a la Virgen y no al Señor de la Salud. La mayoría de las hermandades hicieron lo mismo, llevar a los centros misionales a sus titulares marianas, pero aparte, y dado que lo que la Iglesia pretendía era aprovechar el tirón popular de las imágenes, hay que reconocer que en esa época nuestra Señora tenía más que el Cristo. Eran los años del mítico Salvador Dorado "El Penitente" comandando el palio. Salían más nazarenos en los tramos de Virgen que en los de Cristo, y sólo hay que leer los pregones de aquellas décadas, empezando por el de Rodríguez Buzón, con aquel célebre poema "La Virgen de los Gitanos pisa ya la madrugada", o continuando por el de Domingo Manfredi, para cuya publicación se eligió como portada la famosa foto de la mantilla.

Al final, gracias a las gestiones del jesuita Rvdo. Padre D. Luciano Gil Japón, delegado jefe de la zona, se habilitó al efecto una nave industrial de las que aún existen en la calle José Díaz, y el día 28 de enero se organizó el traslado de la Virgen, que saliendo de San Román tomó por la calle Socorro, plaza de San Marcos y San Luis, pasó bajo el arco de la Macarena, y siguiendo por Don Fadrique y la Avenida Sánchez Pizjuán llegó al centro misional.

Mi padre, que había sido nombrado por la organización de la misión vocal de difusión para la zona de San Román, contactó con su amigo Valentín Monterroso (2), que trabajaba en un estudio fotográfico de la calle Azafrán, a efectos de que realizara un reportaje sobre lo que iba a ser un histórico traslado, fotos que, aunque ya algunas se publicaron en el anuario de la hermandad de 2015, hemos querido traer hoy a estas páginas.


Bajando las andas de la Santísima Virgen del presbiterio de San Román vemos a los hermanos José y Manuel Moreno Serrano y a mi padre, José Luis Dorado Canelo. Marchan delante, entre otros, Francisco Lobato Ricca y Francisco Gallardo Caro, "Paco Bigote"

Bajo la ojiva de San Román podemos ver entre otros a Francisco Vargas Vargas, a José Exposito Heredia "El Loqui", o a Don José Manzano Pérez


A hombros de Juan Miguel Ortega Ezpeleta y Juan Antúnez Espada por la calle Socorro.

Juan Miguel Ortega, Juan Antúnez, y en la manigueta trasera José María Loreto Lázaro. Detrás, con su bonete de párroco, el bueno de Don Crescencio.

En la plaza de San Marcos, a hombros de José Expósito Heredia "El Loqui".

Por la calle San Luis

A la altura del antiguo hospicio llevan las andas José Moreno Serrano y José Manzano Camacho. Juanto a ellas vemos a Vicente Valencia, Manolo Ortega, Juan Antúnez, Rafael Granados, Manolo Moreno, José Tejera y a un jovencísimo Antonio de la Rosa Heredia.

Francisco Vega Moreno "Francisquito" y José María Loreto Lázaro.

Bajo el arco de la Macarena




En primer plano el entonces hermano mayor Manolo Moreno, y llevando las andas quien ocuparía el cargo dos décadas despúes, cuando la coronación canónica, Manuel Ortega Ezpeleta.

Al fondo la Basílica Macarena

Junto al Hospital de las Cinco Llagas.

José de Rueda Carrión y el poeta Joaquín Romero Murube, hermanos de la Soledad de San Lorenzo,
que marchaba también por Don Fadrique camino de San Jerónimo,

El encuentro entre la Soledad de San Lorenzo y las Angustias a la altura del Hospital de las Cinco Llagas.


Hermanos de los Gitanos llevando a la Soledad, y soleanos portando a las Angustias.

"Paco Bigote" y sus niñas a la caída de la noche, ya casi en el centro misional.

La entrada en la nave industrial de la actual calle José Díaz. En primer plano Joaquín Jiménez Casal.




La Misión de Sevilla se desarrolló entre el 1 y el 15 de aquel febrero de 1965. Durante esa quincena, a pesar del frío y de lo desangelado del lugar, jamás la Virgen estuvo sola, pues se organizaron turnos de vigilancia entre los hermanos, que incluso pernoctaron en la nave haciéndole guardia.

La anécdota familiar -que yo no viví, porque estaba aún en el vientre de mi madre- es que mi hermanilla Marianzi, que debió de pasarlo en grande jugando por aquellos descampados, se cortó con una lata mohosa. Mi madre, embarazada de mí como estaba, advirtió con gran susto como las medias blancas de la niña estaban totalmente teñidas por el rojo de la sangre. La niña se ganó una inyección del tétanos, y el padre de la niña una tremenda bronca por estar más pendiente de la Virgen que de su hija. Pero bueno... no llegó la sangre al río, y además ¿quién no se queda embobado y se olvida de todo mirando la carita de las Angustias?


1.- Acta nº 90 de 24 de enero de 1965, Libro de actas de cabildos de oficiales celebrados entre 1954 y 1967.
2.- Valentín Monterroso firmaría un par de años después otra famosa fotografía, con el Señor de perfil y sin la corona de espinas, realizada el día en que se le impusieron las potencias de oro. Una ampliación de esta foto presidió, desde que yo tengo uso de razón, los cabildos de oficiales de la hermandad, primero en el cuartillo de detrás de la capilla, y después en la sala de juntas de la casa-hermandad de la calle Socorro.







domingo, 1 de septiembre de 2019

SOBRE LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PASO DE PALIO EN LOS GITANOS (II)


Nada más clásicamente sevillano que el paso de palio de una cofradía. Su forma de andar, sus cánones estéticos depurados por los siglos, ese encuadre con que fija la atención del espectador en las estrechas calles de nuestra ciudad. Puede que fuera seguramente aquí donde se ideó esta manera de procesionar a la Madre de Dios, y nuestra corporación no ha sido nunca una excepción en este aspecto, aunque los muchos avatares por los que ha pasado a través de su historia nos plantean determinadas lagunas que empezamos a tratar de aclarar en un artículo publicado en el último boletín y que pretendemos seguir dilucidando. Hoy queremos barajar los datos que tenemos de los primeros palios de la hermandad.

El primer palio que cobijó a nuestra antigua Virgen de las Angustias fue el prestado por la cofradía de las Tres Caídas de Triana en 1757. Poca descripción encontramos al respecto cuando ya hablamos de ello unas entradas atrás (Ver aquí "Un primer préstamo con la de las Tres Caídas"). 

A día de hoy no conocemos cuándo ni cómo fue el primer palio que tuvo en propiedad la hermandad. Pero por un documento fechado en julio de 1818, con la finalidad de recuperar determinados enseres, podemos saber algo de él por como se le describe: “El cielo del paso de la Virgen de terciopelo negro; La Zenefa del Paso de la Virgen también de terciopelo negro;[…] El cielo raso o forro de el Paso de la Virgen de Damasco morado con flequillo de seda de colores.”(1)

Inventario de los bienes recuperados por la hermandad en 1818. Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

En 1819 lleva los pasos prestados por la Amargura, entonces en una etapa de postración, constando así en las crónicas de la época:  "Habiendo la cofradía de los Gitanos llevado recurso a la Audiencia sobre el día que habían de salir [...], por lo que salió esta tarde con Nazarenos y con regular orden y lucido aparato, llevando los pasos de San Juan de la Palma." (2). El préstamo era de lo más lógico, a pesar de que un año antes se hubiera recuperado el antiguo palio. Después de tres décadas guardado en un baúl, en la casa del procurador D. Patricio de Puertas, que quedó como depositario de los bienes de la hermandad cuando ésta sufrió la orden de extinción, los enseres debían de estar en un estado más que lamentable.

En el Jueves Santo de 1827 vuelve a llevar prestados los pasos de las Tres Caídas de Triana (3) 

En 1829 se estrenan ambos pasos de la cofradía y Félix González de León nos aporta alguna noticia al respecto; "Las peanas de los dos son muy sencillas, de tableros jaspeadas, y el de la Virgen con su competente palio de terciopelo negro con varas de madera pintadas(4).



Recreación del palio en la primera mitad del XIX

Suponemos que este palio sufriría mucho en los años ocultos de nuestra cofradía, esos que median entre su última salida desde San Esteban, su traslado a San Nicolás -desde donde le es imposible hacer estación- y su llegada a San Román en 1880. Algunos hermanos antiguos nos contaron como D. José Manzano Pérez, ya a mediados de los años cincuenta del siglo XX, consiguió recuperar de San Nicolás aquellos antiguos varales de madera y llevarlos a San Román, desconociéndose el destino que finalmente tuvieron. 

Es posible que precisamente esta falta de un paso y un palio dignos para nuestra santísima titular fuera precisamente lo que retrasara la primera salida de la cofradía desde este último templo hasta 1891. Paso de Cristo si existía y se conservaba, y de hecho en la década de los ochenta de aquel siglo se prestó a la Hermandad de las Penas para sus primeras salidas procesionales. Es probable que el antiguo Señor de la Salud procesionara sobre él en aquella salida en rogativas por la peste que se realizó en 1885.

El caso es que en 1891 la Esperanza Macarena estrena el palio de terciopelo negro de Juan Manuel Ródriguez Ojeda que luego pasaría a la Estrella, y deja de utilizar el de plata roult de Ysaura que hasta entonces había utilizado, con lo que nuestra cofradía ve el cielo abierto. Se desconoce si hubo una cesión, un préstamo, o una venta, bien de la hermandad, o bien del propio bordador, al que pudiera haber pasado el viejo palio como parte del pago por su trabajo. Está por estudiar desde luego la labor de mecenazgo que el mismo Rodríguez Ojeda realizó con nuestra corporación, que fue importante, pero el caso es que ese palio, con ligeras variaciones, es sobre el que procesiona nuestra antigua titular en sus primeras salidas desde San Román hasta 1905.



Bajo el palio de Ysaura acompañada de San Juan
retratada por Almela posteriormente al año 1891. Fototeca Municipal de Sevilla. 

Como ya explicamos en la primera entrega de esta serie, en 1905 el referido palio de Ysaura se adapta para darle uso a modo de respiraderos. Este "reestreno" con otra función es el que debió confundir a Juan Carrero Rodríguez en sus "Anales de las Cofradías Sevillanas", y con él a buena parte de la historiografía cofrade que le siguió.



(1) Boletín Hermandad de los Gitanos nº 23. Octubre 1993. Página 23. Documentos para la historia. 
(2) (A)rchivo (H)istórico (M)unicipal de (S)evilla, sección XIV (Crónicas Sevillanas de González de León) tomo 21. Año 1819. Páginas 36-37. Jueves Santo 8 de abril.
(3). A.H.M.S. Crónicas Sevillanas de González de León. Tomo 31 (1827), página 12.
(4) Gonzalez de León, Félix.  Historia critica y descriptiva de las cofradías de penitencia, sangre de luz, fundadas en la ciudad de Sevilla, con noticias del origen, progresos y estado actual de cada una, y otros sucesos y curiosidades notables. 1852. Página 113.


jueves, 1 de agosto de 2019

MANUEL EL MELLIZO Y LA CALOR

Cuando en estos meses de la canícula me acerco a visitar al Señor de la Salud, me suelo acordar de una anécdota que oí contar innumerables veces a mi padre. Su protagonista era un hermano del que sólo conservo un lejano recuerdo, porque murió en 1978, siendo yo todavía casi un niño. Me refiero a Manuel Lérida García, "El Mellizo". 

Manuel, que ocupó en muchas gestoras y juntas de gobierno el cargo de consiliario (1), vivió casi toda su vida alrededor de San Román, en el número 114 de la calle Sol, donde tenía también su fragua. El historiador que indague en los libros de bautizos de nuestra querida parroquia podrá pensar que aquella casa tenía un índice de natalidad fuera de lo normal, pero no era así. Sólo se trataba de una argucia. Hay numerosos nacimientos registrados en el domicilio del Mellizo porque muchos hermanos optaban por ponerlo como el lugar donde habían nacido sus hijos, a efectos de poder bautizarlos en San Román. Yo mismo aparezco como si me hubieran parido allí en mi partida de bautismo.

Manuel Lérida "El Mellizo", al fondo, a la derecha del entonces hermano mayor, Manolo Moreno, en un cabildo de oficiales de los años sesenta, cuando se celebraban en la pequeña dependencia que tenía la hermandad tras la capilla en San Román. A la izquierda del hermano mayor, Vicente García González "Vicente Valencia", y casi fuera de encuadre, mi padre.

Mucho se ha hablado del exilio forzado de los gitanos de Triana. No tanto de los de San Román y la Puerta Osario, que sufrieron igual que aquellos la especulación inmobiliaria. Al pobre Mellizo lo mandaron en los últimos años de su vida a un piso de San Jerónimo. Mi padre contaba cómo cada vez que el hombre venía para su viejo barrio, y tenía que cruzar la pasarela que salvaba entonces la vía del tren, tanto a la ida como a la vuelta, lo hacía por la acera opuesta al "jardín" que quedaba al otro lado, ese en el que todos acabamos más tarde o más temprano, para evitar siquiera mirarlo.

Una reunión de hermanos en "El Uno de San Román".  Juan Antúnez Espada, Juan Miguel Ortega Ezpeleta, José Moreno Serrano y Manuel Lérida García "El Mellizo".

El caso es que mi padre estuvo siempre orgulloso de contar con la amistad de aquel viejo gitano, y entre sus muchos papeles, guardo en casa una cuartilla mecanografiada en la que nos relata sucintamente la anécdota a la que dedicamos este mes esta página. La verdad es que cuando la contaba de viva voz lo hacía con mucho mayor detalle, y uno podía incluso imaginarse al Mellizo casi sudando de ver al Señor con tanta calor, pero dejemos que sea esa cuartilla la que nos narre la anécdota.




UNA ANÉCDOTA SOBRE LA FE

Manuel Lérida García, "El Mellizo", como era conocido en la Hermandad, fué un gitano noble, trabajador, simpático, sencillo y con una profunda fé y devoción al Señor de la Salud a quien él decía que no había que rezarle para pedirle algo, sino sencillamente hablarle y pedirle lo que fuera que de seguro que lo concedía. A él nunca le había fallado.

Ya era mayor cuando el día 21 de junio de 1965, estando yo rezando en la capilla se acercó a mi lado para hablarle. Eran las seis de la tarde y hacía un calor agobiante como si estuviéramos en el mes de agosto. Manuel miraba al Señor de sus amores, que tenía puesta una túnica de terciopelo, y le hablaba. De improviso me preguntó: ¿Sobrino, Francisquito no le va a cambiar al Señor esa túnica por esa más fresquita que le regaló Ramón Charlo?.

La fé del Mellizo hacia su Cristo era tan grande que no sólo le hablaba de tú a tú, sino que hasta lo veía pasar calor.

Por lo visto aquel año llegó la calor antes de tiempo y sorprendió al inolvidable prioste y vestidor del Señor, Francisco Vega Moreno "Francisquito", que no había cambiado aún al Señor, ni seguramente Juan Miguel Ortega Ezpeleta le habría puesto a la Virgen aquel manto blanco con que solía ataviarla en le época estival, y con el que parecía la más bella novia. Se menciona también la túnica que le donó el poeta Ramón Charlo Rodríguez (2), una prenda singular hecha en seda de la que quizás otro día hablemos.

En fin, una antigua anécdota más que mi padre quiso recoger en sus inacabadas memorias de sus tres décadas como secretario de la hermandad, y que hemos querido traer a estas páginas en recuerdo de todos ellos. 

Nuestros sagrados titulares en su capilla de San Román en los años sesenta. 

1.- Manuel Lérida fue consiliario en la gestora de Paco Antúnez, nombrado por decreto de la vicaría del arzobispado de 6 de noviembre de 1950, en la de Manuel Ortega Juárez "Manolo Caracol", en febrero de 1953, y en la de José Vega de los Reyes, "Pepe Gitanillo de Triana", en octubre de 1954. Y ya con juntas de gobierno, cuando estas se votaban por cargos, con listas abiertas, fue elegido consiliario con Manolo Moreno de hermano mayor entre 1963 y 1969, y repitió en 1973.
2.- Ramón Charlo Rodríguez (1902-1996) fue recibido como hermano el 9 de marzo de 1955, con el número 62 de la lista gitana. No sólo regaló aquella túnica. Ese mismo año del 55 entregaría a la cofradía la primera edición de su libro de poemas "Sevilla es Sueño", para que la hermandad se beneficiara con su venta. La corporación también organizó un recital poético suyo en el teatro Álvarez Quintero, el 18 de marzo de 1956, domingo de pasión, que fue casi un pregón paralelo.