martes, 1 de octubre de 2019

LA MISION DEL 65

Dedicado a Francisco Gallardo López (q.e.p.d.) 
en el día de su fallecimiento. Él estuvo allí con sus Angustias.


En enero de 1965 el Cardenal Bueno Monreal convocaba a los sevillanos a participar en las Santas Misiones, una obra pastoral en la que otorgaría un importante papel a las hermandades, aglutinadoras, entonces como siempre, de la religiosidad popular. Se pretendía que las cofradías se involucraran en estas misiones trasladando a sus titulares a los barrios periféricos, donde se habrían de instalar los centros misionales, y a la nuestra le asignaron una zona entonces muy marginal, lo que se conocía como "las Tapias de Cobián". Entre lo que hoy son las calles Buero Vallejo y José Díaz, en las proximidades de Macarena Tres Huertas, existía la tapia de una antigua fundición del siglo XIX, la de D. José Cobián, junto a la que había un asentamiento chabolista ocupado mayormente por población de aluvión recién llegada a la ciudad.

A la junta de gobierno no le gustó mucho el lugar al que destinaron a la hermandad. Conservo en casa los borradores mecanografiados de las actas que escribió mi padre como secretario, y en la del cabildo de oficiales celebrado en de enero de ese año se puede leer como el hermano mayor da cuenta de que "...se vienen realizando gestiones acerca de la instalación de dicho centro, sin que hasta la fecha se cuente con un local adecuado donde poder trasladar a nuestras Sagradas Imágenes, y parece ser que se pretende instalarnos en un barracón provisional de lonas, por lo que se pone en conocimiento de esta junta de gobierno a fin de que se decida nuestra postura en tal caso. Se acuerda que si el local que nos asignen no merece la suficiente garantía y seguridad no se trasladen ninguna de nuestras Imágenes (...) Si el local reuniera esas garantías se acuerda que la imagen a trasladar sea la de la Santísima Virgen de las Angustias" (1).

A algún hermano joven pudiera sorprenderle que se eligiera a la Virgen y no al Señor de la Salud. La mayoría de las hermandades hicieron lo mismo, llevar a los centros misionales a sus titulares marianas, pero aparte, y dado que lo que la Iglesia pretendía era aprovechar el tirón popular de las imágenes, hay que reconocer que en esa época nuestra Señora tenía más que el Cristo. Eran los años del mítico Salvador Dorado "El Penitente" comandando el palio. Salían más nazarenos en los tramos de Virgen que en los de Cristo, y sólo hay que leer los pregones de aquellas décadas, empezando por el de Rodríguez Buzón, con aquel célebre poema "La Virgen de los Gitanos pisa ya la madrugada", o continuando por el de Domingo Manfredi, para cuya publicación se eligió como portada la famosa foto de la mantilla.

Al final, gracias a las gestiones del jesuita Rvdo. Padre D. Luciano Gil Japón, delegado jefe de la zona, se habilitó al efecto una nave industrial de las que aún existen en la calle José Díaz, y el día 28 de enero se organizó el traslado de la Virgen, que saliendo de San Román tomó por la calle Socorro, plaza de San Marcos y San Luis, pasó bajo el arco de la Macarena, y siguiendo por Don Fadrique y la Avenida Sánchez Pizjuán llegó al centro misional.

Mi padre, que había sido nombrado por la organización de la misión vocal de difusión para la zona de San Román, contactó con su amigo Valentín Monterroso (2), que trabajaba en un estudio fotográfico de la calle Azafrán, a efectos de que realizara un reportaje sobre lo que iba a ser un histórico traslado, fotos que, aunque ya algunas se publicaron en el anuario de la hermandad de 2015, hemos querido traer hoy a estas páginas.


Bajando las andas de la Santísima Virgen del presbiterio de San Román vemos a los hermanos José y Manuel Moreno Serrano y a mi padre, José Luis Dorado Canelo. Marchan delante, entre otros, Francisco Lobato Ricca y Francisco Gallardo Caro, "Paco Bigote"

Bajo la ojiva de San Román podemos ver entre otros a Francisco Vargas Vargas, a José Exposito Heredia "El Loqui", o a Don José Manzano Pérez


A hombros de Juan Miguel Ortega Ezpeleta y Juan Antúnez Espada por la calle Socorro.

Juan Miguel Ortega, Juan Antúnez, y en la manigueta trasera José María Loreto Lázaro. Detrás, con su bonete de párroco, el bueno de Don Crescencio.

En la plaza de San Marcos, a hombros de José Expósito Heredia "El Loqui".

Por la calle San Luis

A la altura del antiguo hospicio llevan las andas José Moreno Serrano y José Manzano Camacho. Juanto a ellas vemos a Vicente Valencia, Manolo Ortega, Juan Antúnez, Rafael Granados, Manolo Moreno, José Tejera y a un jovencísimo Antonio de la Rosa Heredia.

Francisco Vega Moreno "Francisquito" y José María Loreto Lázaro.

Bajo el arco de la Macarena




En primer plano el entonces hermano mayor Manolo Moreno, y llevando las andas quien ocuparía el cargo dos décadas despúes, cuando la coronación canónica, Manuel Ortega Ezpeleta.

Al fondo la Basílica Macarena

Junto al Hospital de las Cinco Llagas.

José de Rueda Carrión y el poeta Joaquín Romero Murube, hermanos de la Soledad de San Lorenzo,
que marchaba también por Don Fadrique camino de San Jerónimo,

El encuentro entre la Soledad de San Lorenzo y las Angustias a la altura del Hospital de las Cinco Llagas.


Hermanos de los Gitanos llevando a la Soledad, y soleanos portando a las Angustias.

"Paco Bigote" y sus niñas a la caída de la noche, ya casi en el centro misional.

La entrada en la nave industrial de la actual calle José Díaz. En primer plano Joaquín Jiménez Casal.




La Misión de Sevilla se desarrolló entre el 1 y el 15 de aquel febrero de 1965. Durante esa quincena, a pesar del frío y de lo desangelado del lugar, jamás la Virgen estuvo sola, pues se organizaron turnos de vigilancia entre los hermanos, que incluso pernoctaron en la nave haciéndole guardia.

La anécdota familiar -que yo no viví, porque estaba aún en el vientre de mi madre- es que mi hermanilla Marianzi, que debió de pasarlo en grande jugando por aquellos descampados, se cortó con una lata mohosa. Mi madre, embarazada de mí como estaba, advirtió con gran susto como las medias blancas de la niña estaban totalmente teñidas por el rojo de la sangre. La niña se ganó una inyección del tétanos, y el padre de la niña una tremenda bronca por estar más pendiente de la Virgen que de su hija. Pero bueno... no llegó la sangre al río, y además ¿quién no se queda embobado y se olvida de todo mirando la carita de las Angustias?


1.- Acta nº 90 de 24 de enero de 1965, Libro de actas de cabildos de oficiales celebrados entre 1954 y 1967.
2.- Valentín Monterroso firmaría un par de años después otra famosa fotografía, con el Señor de perfil y sin la corona de espinas, realizada el día en que se le impusieron las potencias de oro. Una ampliación de esta foto presidió, desde que yo tengo uso de razón, los cabildos de oficiales de la hermandad, primero en el cuartillo de detrás de la capilla, y después en la sala de juntas de la casa-hermandad de la calle Socorro.







domingo, 1 de septiembre de 2019

SOBRE LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PASO DE PALIO EN LOS GITANOS (II)


Nada más clásicamente sevillano que el paso de palio de una cofradía. Su forma de andar, sus cánones estéticos depurados por los siglos, ese encuadre con que fija la atención del espectador en las estrechas calles de nuestra ciudad. Puede que fuera seguramente aquí donde se ideó esta manera de procesionar a la Madre de Dios, y nuestra corporación no ha sido nunca una excepción en este aspecto, aunque los muchos avatares por los que ha pasado a través de su historia nos plantean determinadas lagunas que empezamos a tratar de aclarar en un artículo publicado en el último boletín y que pretendemos seguir dilucidando. Hoy queremos barajar los datos que tenemos de los primeros palios de la hermandad.

El primer palio que cobijó a nuestra antigua Virgen de las Angustias fue el prestado por la cofradía de las Tres Caídas de Triana en 1757. Poca descripción encontramos al respecto cuando ya hablamos de ello unas entradas atrás (Ver aquí "Un primer préstamo con la de las Tres Caídas"). 

A día de hoy no conocemos cuándo ni cómo fue el primer palio que tuvo en propiedad la hermandad. Pero por un documento fechado en julio de 1818, con la finalidad de recuperar determinados enseres, podemos saber algo de él por como se le describe: “El cielo del paso de la Virgen de terciopelo negro; La Zenefa del Paso de la Virgen también de terciopelo negro;[…] El cielo raso o forro de el Paso de la Virgen de Damasco morado con flequillo de seda de colores.”(1)

Inventario de los bienes recuperados por la hermandad en 1818. Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

En 1819 lleva los pasos prestados por la Amargura, entonces en una etapa de postración, constando así en las crónicas de la época:  "Habiendo la cofradía de los Gitanos llevado recurso a la Audiencia sobre el día que habían de salir [...], por lo que salió esta tarde con Nazarenos y con regular orden y lucido aparato, llevando los pasos de San Juan de la Palma." (2). El préstamo era de lo más lógico, a pesar de que un año antes se hubiera recuperado el antiguo palio. Después de tres décadas guardado en un baúl, en la casa del procurador D. Patricio de Puertas, que quedó como depositario de los bienes de la hermandad cuando ésta sufrió la orden de extinción, los enseres debían de estar en un estado más que lamentable.

En el Jueves Santo de 1827 vuelve a llevar prestados los pasos de las Tres Caídas de Triana (3) 

En 1829 se estrenan ambos pasos de la cofradía y Félix González de León nos aporta alguna noticia al respecto; "Las peanas de los dos son muy sencillas, de tableros jaspeadas, y el de la Virgen con su competente palio de terciopelo negro con varas de madera pintadas" (4).



Recreación del palio en la primera mitad del XIX

Suponemos que este palio sufriría mucho en los años ocultos de nuestra cofradía, esos que median entre su última salida desde San Esteban, su traslado a San Nicolás -desde donde le es imposible hacer estación- y su llegada a San Román en 1880. Algunos hermanos antiguos nos contaron como D. José Manzano Pérez, ya a mediados de los años cincuenta del siglo XX, consiguió recuperar de San Nicolás aquellos antiguos varales de madera y llevarlos a San Román, desconociéndose el destino que finalmente tuvieron. 

Es posible que precisamente esta falta de un paso y un palio dignos para nuestra santísima titular fuera precisamente lo que retrasara la primera salida de la cofradía desde este último templo hasta 1891. Paso de Cristo si existía y se conservaba, y de hecho en la década de los ochenta de aquel siglo se prestó a la Hermandad de las Penas para sus primeras salidas procesionales. Es probable que el antiguo Señor de la Salud procesionara sobre él en aquella salida en rogativas por la peste que se realizó en 1885.

El caso es que en 1891 la Esperanza Macarena estrena el palio de terciopelo negro de Juan Manuel Ródriguez Ojeda que luego pasaría a la Estrella, y deja de utilizar el de plata roult de Ysaura que hasta entonces había utilizado, con lo que nuestra cofradía ve el cielo abierto. Se desconoce si hubo una cesión, un préstamo, o una venta, bien de la hermandad, o bien del propio bordador, al que pudiera haber pasado el viejo palio como parte del pago por su trabajo. Está por estudiar desde luego la labor de mecenazgo que el mismo Rodríguez Ojeda realizó con nuestra corporación, que fue importante, pero el caso es que ese palio, con ligeras variaciones, es sobre el que procesiona nuestra antigua titular en sus primeras salidas desde San Román hasta 1905.



Bajo el palio de Ysaura acompañada de San Juan
retratada por Almela posteriormente al año 1891. Fototeca Municipal de Sevilla. 

Como ya explicamos en la primera entrega de esta serie, en 1905 el referido palio de Ysaura se adapta para darle uso a modo de respiraderos. Este "reestreno" con otra función es el que debió confundir a Juan Carrero Rodríguez en sus "Anales de las Cofradías Sevillanas", y con él a buena parte de la historiografía cofrade que le siguió.



(1) Boletín Hermandad de los Gitanos nº 23. Octubre 1993. Página 23. Documentos para la historia. 
(2) (A)rchivo (H)istórico (M)unicipal de (S)evilla, sección XIV (Crónicas Sevillanas de González de León) tomo 21. Año 1819. Páginas 36-37. Jueves Santo 8 de abril.
(3). A.H.M.S. Crónicas Sevillanas de González de León. Tomo 31 (1827), página 12.
(4) Gonzalez de León, Félix.  Historia critica y descriptiva de las cofradías de penitencia, sangre de luz, fundadas en la ciudad de Sevilla, con noticias del origen, progresos y estado actual de cada una, y otros sucesos y curiosidades notables. 1852. Página 113.


jueves, 1 de agosto de 2019

MANUEL EL MELLIZO Y LA CALOR

Cuando en estos meses de la canícula me acerco a visitar al Señor de la Salud, me suelo acordar de una anécdota que oí contar innumerables veces a mi padre. Su protagonista era un hermano del que sólo conservo un lejano recuerdo, porque murió en 1978, siendo yo todavía casi un niño. Me refiero a Manuel Lérida García, "El Mellizo". 

Manuel, que ocupó en muchas gestoras y juntas de gobierno el cargo de consiliario (1), vivió casi toda su vida alrededor de San Román, en el número 114 de la calle Sol, donde tenía también su fragua. El historiador que indague en los libros de bautizos de nuestra querida parroquia podrá pensar que aquella casa tenía un índice de natalidad fuera de lo normal, pero no era así. Sólo se trataba de una argucia. Hay numerosos nacimientos registrados en el domicilio del Mellizo porque muchos hermanos optaban por ponerlo como el lugar donde habían nacido sus hijos, a efectos de poder bautizarlos en San Román. Yo mismo aparezco como si me hubieran parido allí en mi partida de bautismo.

Manuel Lérida "El Mellizo", al fondo, a la derecha del entonces hermano mayor, Manolo Moreno, en un cabildo de oficiales de los años sesenta, cuando se celebraban en la pequeña dependencia que tenía la hermandad tras la capilla en San Román. A la izquierda del hermano mayor, Vicente García González "Vicente Valencia", y casi fuera de encuadre, mi padre.

Mucho se ha hablado del exilio forzado de los gitanos de Triana. No tanto de los de San Román y la Puerta Osario, que sufrieron igual que aquellos la especulación inmobiliaria. Al pobre Mellizo lo mandaron en los últimos años de su vida a un piso de San Jerónimo. Mi padre contaba cómo cada vez que el hombre venía para su viejo barrio, y tenía que cruzar la pasarela que salvaba entonces la vía del tren, tanto a la ida como a la vuelta, lo hacía por la acera opuesta al "jardín" que quedaba al otro lado, ese en el que todos acabamos más tarde o más temprano, para evitar siquiera mirarlo.

Una reunión de hermanos en "El Uno de San Román".  Juan Antúnez Espada, Juan Miguel Ortega Ezpeleta, José Moreno Serrano y Manuel Lérida García "El Mellizo".

El caso es que mi padre estuvo siempre orgulloso de contar con la amistad de aquel viejo gitano, y entre sus muchos papeles, guardo en casa una cuartilla mecanografiada en la que nos relata sucintamente la anécdota a la que dedicamos este mes esta página. La verdad es que cuando la contaba de viva voz lo hacía con mucho mayor detalle, y uno podía incluso imaginarse al Mellizo casi sudando de ver al Señor con tanta calor, pero dejemos que sea esa cuartilla la que nos narre la anécdota.




UNA ANÉCDOTA SOBRE LA FE

Manuel Lérida García, "El Mellizo", como era conocido en la Hermandad, fué un gitano noble, trabajador, simpático, sencillo y con una profunda fé y devoción al Señor de la Salud a quien él decía que no había que rezarle para pedirle algo, sino sencillamente hablarle y pedirle lo que fuera que de seguro que lo concedía. A él nunca le había fallado.

Ya era mayor cuando el día 21 de junio de 1965, estando yo rezando en la capilla se acercó a mi lado para hablarle. Eran las seis de la tarde y hacía un calor agobiante como si estuviéramos en el mes de agosto. Manuel miraba al Señor de sus amores, que tenía puesta una túnica de terciopelo, y le hablaba. De improviso me preguntó: ¿Sobrino, Francisquito no le va a cambiar al Señor esa túnica por esa más fresquita que le regaló Ramón Charlo?.

La fé del Mellizo hacia su Cristo era tan grande que no sólo le hablaba de tú a tú, sino que hasta lo veía pasar calor.

Por lo visto aquel año llegó la calor antes de tiempo y sorprendió al inolvidable prioste y vestidor del Señor, Francisco Vega Moreno "Francisquito", que no había cambiado aún al Señor, ni seguramente Juan Miguel Ortega Ezpeleta le habría puesto a la Virgen aquel manto blanco con que solía ataviarla en le época estival, y con el que parecía la más bella novia. Se menciona también la túnica que le donó el poeta Ramón Charlo Rodríguez (2), una prenda singular hecha en seda de la que quizás otro día hablemos.

En fin, una antigua anécdota más que mi padre quiso recoger en sus inacabadas memorias de sus tres décadas como secretario de la hermandad, y que hemos querido traer a estas páginas en recuerdo de todos ellos. 

Nuestros sagrados titulares en su capilla de San Román en los años sesenta. 

1.- Manuel Lérida fue consiliario en la gestora de Paco Antúnez, nombrado por decreto de la vicaría del arzobispado de 6 de noviembre de 1950, en la de Manuel Ortega Juárez "Manolo Caracol", en febrero de 1953, y en la de José Vega de los Reyes, "Pepe Gitanillo de Triana", en octubre de 1954. Y ya con juntas de gobierno, cuando estas se votaban por cargos, con listas abiertas, fue elegido consiliario con Manolo Moreno de hermano mayor entre 1963 y 1969, y repitió en 1973.
2.- Ramón Charlo Rodríguez (1902-1996) fue recibido como hermano el 9 de marzo de 1955, con el número 62 de la lista gitana. No sólo regaló aquella túnica. Ese mismo año del 55 entregaría a la cofradía la primera edición de su libro de poemas "Sevilla es Sueño", para que la hermandad se beneficiara con su venta. La corporación también organizó un recital poético suyo en el teatro Álvarez Quintero, el 18 de marzo de 1956, domingo de pasión, que fue casi un pregón paralelo.

lunes, 1 de julio de 2019

SOBRE LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PASO DE PALIO EN LOS GITANOS (I)

En las sucesivas publicaciones intentaremos realizar una síntesis, sin un orden establecido, de la evolución histórica del paso de palio en nuestra corporación.

A lo largo del tiempo se han ido copiando datos erróneos sobre los hechos y acontecimientos históricos en la hermandad. Sobre el paso de palio no iba a ser menos. Hoy vamos a refutar y dar fundamento a uno de ellos: el palio estrenado en 19051.

Siempre se ha dicho que el estreno de ese año fue el palio de plata de roultz que perteneció a la Macarena2, pero no es así, ya que se usó desde 18913 en la primera salida desde San Román y durante años sucesivos como como se puede ver en fotografías de Ramón Almela o Emilio Beauchy.

Para corroborar esto traemos un documento de la cuaresma de 1905 dirigido al alcalde de Sevilla para la subvención y firmado por el entonces secretario Antonio Jiménez.

Archivo Histórico Municipal de Sevilla. Colección Alfabética. Semana Santa. Legajo 636. Año 1905.
Dice así:

“Tengo el gusto de participar a V.S que esta Hermandad a acordado hacer estación a la Santa Iglesia Catedral en la madrugada del Viernes Santo como en años anteriores. En dicho día estrenará un magnífico y elegante palio bordado en oro y terciopelo y unos respiraderos de plata de rul. Lo que por acuerdo de esta corporación se lo comunico a V.S para su inclusión en el programa de Cofradías. Dios guarde a V.S muchos años.
Sevilla 18 de marzo de 1905.
El Secretario.
Antonio Jiménez.”

Los respiraderos de plata de roultz mencionados, eran la antigua crestería del palio, que gracias a la fotografía podemos decir que se usaron para tal destino hasta 1936.

María Santísima de las Angustias en San Román bajo el palio usado entre 1905 y 1915.
Archivo de Víctor José González Ramallo

A continuación, vemos a la antigua Virgen de las Angustias en la única foto que a día de hoy conocemos sobre ese palio que se describe en el anterior documento. Se desconoce la procedencia del mismo, aunque probablemente procediera del taller de Rodríguez Ojeda, donde muchas hermandades entregaban su palio antiguo como pago para ejecutar uno nuevo. Observamos la sencillez de los bordados de las bambalinas, que que parecen estar sobre un soporte negro. La Virgen lleva el magnífico manto de terciopelo del mismo color bordado por Consolación Sánchez de 18734, que hoy día pertenece a la Virgen de la Estrella. Este préstamo bien pudiera haberse concertado con la Hermandad del Gran Poder o con la de la Estrella, pues es en 1908 cuando la cofradía trianera se lo adquiere a la de San Lorenzo5. 

Viste también nuestra Señora la saya atribuida a Rodríguez Ojeda sobre terciopelo burdeos de finales del XIX. En la mano izquierda porta una Rosa de la Pasión, ciñe su cintura un fajín hebraico, y observamos la candelería altísima, como era costumbre, y entre la misma vemos dos sencillas velas rizadas que de manera muy acertada ha recuperado nuestra priostía la pasada Semana Santa.

Las caídas de las bambalinas recuerdan mucho a un palio negro que sacó San Roque a finales del siglo XIX, pero en ese caso no era bordado, sino que tenía unos apliques plateados en él.

El escudo que aparece rematando la crestería aún se conserva en nuestra hermandad y lo pudimos contemplar en la exposición “Puntadas de la Memoria” del Círculo Mercantil en febrero de 2017.



Además, en el año 19086 a la Virgen aún la acompaña San Juan Evangelista bajo palio. Así con estos datos podemos acortar algo más la fecha en que está tomada esta fotografía, bien podría ser entre 1909 y 1915.




1. Hemeroteca Municipal de Sevilla. El Liberal. Viernes 24 de marzo de 1905. Página 3. “Las Cofradías”.
2. Revista PH. Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. nº 69. pp 20-33. febrero 2009. Tradición e innovación en las artes industriales: el palio de plata de 1871 de Francesc Isaura. De Lorenzo Pérez del Campo, Fernando Marmolejo Hernández, Auxiliadora Gómez Morón, Abel Bocalandro Rodríguez y Manuel Bethencourt Núñez.
3. (A)rchivo (H)istórico (M)unicipal de (S)evilla. Colección Alfabética. Semana Santa. Legajo 631. Año 1891.
4. JIMÉNEZ SAMPEDRO, RAFAEL. Boletín de las Cofradías de Sevilla. Número 440. Año 1996. El manto de la Virgen de la Estrella, de Consolación Sánchez. Páginas 46 a 47.
En un principio este manto fue confeccionado para la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso de la Hermandad del Gran Poder.
5. Ibídem.
6. A.H.M.S. Colección Alfabética. Semana Santa. Legajo 636. Año 1908. El secretario Juan Vega informa que la Virgen irá acompañada del Evangelista como en años anteriores. Queremos aportar también como datos de ese año que Joaquín Serrano de la Rosa, quien recoge la subvención, era mayordomo y que Antonio Moreno Vega era hermano mayor, asimismo otro miembro de junta que firma como Antonio García.

sábado, 1 de junio de 2019

CLAVELES DE MIÉRCOLES SANTO

El 28 de marzo de 1934, en plena vorágine de la Segunda República, y después de dos años de ausencia de procesiones, aparece en el diario madrileño La Nación esta pintoresca noticia (1):



LOS GITANOS DE SEVILLA PREPARAN CON GRAN ENTUSIASMO LOS "PASOS" DE SU COFRADÍA

SEVILLA.- Los gitanos se dedican, llenos de entusiasmo, a preparar los "pasos" de su Cofradía, para sacarlos en procesión durante la madrugada del Viernes Santo.
La inmensa mayoría de los gitanos han llevado, además de cirios, hermosas canastas de claveles y flores para el Cristo de su Cofradía, establecida en la parroquia de San Román. Están tan fervorosamente entusiasmados, que los trabajos para preparar los "pasos" los simultanean con sentidas saetas, cantadas en honor de las Imágenes.

Llamo a la noticia pintoresca, porque así puede parecerle a algún joven hermano que nos lea. Los más mayores -y todavía no somos tan viejos- sí que hemos conocido algo parecido a aquello. Unos viernes atrás, finalizados los cultos, charlábamos un grupo de hermanos y hermanas de aquella costumbre perdida no hace tanto, de aquellos Miércoles Santos en los que la fragancia de tan sevillanas flores inundaba la vieja parroquia. Creo que fue Milagros Moreno quien recordó aquellos barreños de zinc rebozantes de rojos claveles, con sus tallos recién cortados, que hermanos y devotos traían para el Señor de la Salud. Y es que durante los días de papeletas de sitio se repartían con éstas unos sencillos impresos con un recordatorio: Que el Miércoles Santo no falte tu ofrenda de un clavel rojo para el exorno del paso... Aún conservo algunos en casa de los que mi padre encargaba a Manuel Ruiz Japón, el impresor de la calle Betis. La mayoría de las veces sobre un papel tan rojo como los claveles que se solicitaban, aunque en alguna otra ocasión se reservó tal color para la tinta de la tipografía.






Pero ¿por qué se perdió tan bonita costumbre? En los años sesenta y setenta de mi niñez, cuando la hermandad era todavía una gran familia, aún se conservaba. No fueron las modas, ni el buscar flores más exóticas, como las rosas color sangre que ponen a sus benditos pies en estos últimos años. Supongo que la hermandad creció tanto que ya sobraban claveles, tampoco había las mismas urgencias económicas y, bueno... si tal cantaor o tales futbolistas se habían ofrecido a costearlos, todos iguales y del mismo tono de color ¿para qué seguir pidiendo un clavel a cada hermano? (2)

Los pasos, ya montados en San Román, un Míércoles Santo en los años setenta. Foto: Joselón Ortega Ezpeleta.

Yo contestaría que era también una manera de acompañar al Señor, y que tu devoción, simbolizada en la ofrenda de unas flores, estuviera presente toda la noche junto a Él. Después, ya en el Domingo de Resurrección, siempre había alguien piadosamente dispuesto a llevárselas a los hermanos difuntos, al cementerio de San Fernando. En ese sentido me ha gustado que este año nuestra priostía, siempre tan pendiente de los detalles, haya tenido la atención de bajar unos ramos de las que exornaron los pasos al columbario.

En fin, recuerdos de otros tiempos pasados, de costumbres que se perdieron, que hoy hemos querido traer a estas páginas para los que no las conocieron.



1.- Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España. Diario La Nación, edición 28-III-1934. Pág. 7.
2.- Recuerdo que algún año las donó el recientemente fallecido Antonio Cortés Pantoja "Chiquetete" (q.e.p.d.), y en otros los futbolistas Rafael Gordillo y José Ramón Nimo.






miércoles, 1 de mayo de 2019

UN PRIMER PRÉSTAMO CON LA DE LAS TRES CAÍDAS

Para esta entrada traemos uno de los documentos más antiguos que conocemos hoy en día de nuestra Hermandad, y para ello nos trasladamos a los primeros años de vida de la corporación, al año 1757. Se trata de una escritura pública otorgada y firmada por el más insigne de nuestros hermanos fundadores: Sebastián Miguel de Varas y Miranda, gitano y vecino del barrio de Triana.

El documento en sí, recogido en papel timbrado con el sello de Fernando VI, es un reconocimiento del préstamo de algunos enseres efectuado por el prioste de la cofradía de las Tres Caídas, hoy más conocida como la Esperanza de Triana, para efectuar la primera salida procesional. Con esto contradecimos lo que durante muchos años han escrito y publicado algunos historiadores respecto a que nuestra primera salida en Semana Santa fue en el año 1758 (1) o 1759 (2), y se ratifica a Escobar, que ya recogía esta primera salida en 1757 diciendo así: "El Santo Cristo de la Salud del Pópulo, éste es primer año que sale que es Cofradía que han fundado los gitanos" (3). A pesar de que nuestras reglas fundacionales aprobadas en 1753 ordenaban que nuestro día señalado era el Jueves Santo, aquellos hermanos lo hicieron en la tarde del Miércoles Santo (4),  desde el Convento del Pópulo. Y este hecho no era por mera voluntad, sino por lo que el señor Provisor adjudicaba a cada hermandad el día, siendo las más "prestigiosas" las que salían en Jueves Santo, como la Antigua de San Pablo, Vera Cruz o Traspaso de San Lorenzo. Ese año salieron solo trece cofradías, y dos en Triana.

La de las Tres Caídas salía por aquel entonces en la madrugada del Viernes Santo, haciendo su última salida en 1756 y no volviendo a salir hasta la tarde del Viernes Santo de 1797. Es bastante lógico que se realizara una petición a la citada cofradía al tener esta en el año que nos ocupa los enseres en desuso, y siendo en su mayoría nuestros hermanos vecinos del barrio de Triana. Quizás hubiera también cierto sentimiento de culpabilidad al verse obligaba nuestra Hermandad a abandonar su sede fundacional del Convento del Espíritu Santo por el regreso de las Tres Caídas al mismo, aunque finalmente no se produjera ese retorno hasta varias décadas después.


   
A.H.P.SE. Secc. Protocolos, leg.16463
Único de 1757. Folio 160 r.
 
A.H.P.SE. Secc. Protocolos, leg.16463
Único de 1757. Folio 160 vtº.






















Procedemos a su transcripción: 

"Sépase como Yo Miguel de Varas y Miranda, vecino de esta ciudad de Sevilla en el barrio de Triana, Alcalde Primero y fundador de la cofradía del Santísimo Cristo de la Salud que está sita en el convento de Nuestra Señora del Pópulo orden de San Agustín descalzos extramuros de esta dicha ciudad digo que habiéndose determinado por los oficiales y hermanos de dicha cofradía que esta hiciera su estación y respecto a que por razón de ser nuevamente fundada le faltan algunas cosas para que salga con la decencia que corresponde, pedí a los oficiales de la cofradía del Santísimo Cristo de Tres Caídas sita en la parroquia de Señora Santa Ana de dicha Triana me prestasen diferentes alhajas y prendas de ella, a lo que han asentido con tal que otorgue escritura en que me obligue a volverlas según y en la forma que se me entregan, y he venido en ello y para que tenga efecto por esta presente carta otorgo que recibo de Julián Agustín de Zúñiga vecino de dicha Triana, prioste de dicha cofradía del Santísimo Cristo de Tres Caídas; veinticuatro cañones de plata; doce varas de palo para el palio; la cruz de sangre; una demanda de plata; una canastilla para cera; ocho faldones, los cuatro de terciopelo y los cuatro de calimanco todo negro; y de ello por ser en mi poder me doy por entregado y satisfecho a mi voluntad, con renunciación de las leyes de la entrega y previo del recibo como en ella se contiene; y me obligo a entregar y volver a dicha cofradía del Santísimo Cristo de Tres Caídas y al referido su prioste o a quien por ella fuere parte todo lo expresado según se me ha entregado, luego que dicha cofradía del Santísimo Cristo de la Salud haya hecho su estación o sea pasado el día en que la ha de hacer sin aguardar otro término ni plazo alguno y si las dichas prendas tuvieren algún desmejoro, a pagar la cantidad de más en que se regulase por inteligentes el tal desmejoro o gasto que sea necesario hacer para subsanarlo, todo en dinero de contado en esta ciudad llanamente y sin pleito luego que esté destacado y regulado, sin aguardar otro plazo y por todo ello y las costas que se causaren consiento se pueda ejecutar en juzgados de esta ciudad y el juramento de que fuere representante por dicha cofradía del Santísimo Cristo de Tres Caídas sin mas recado y para la paga firmeza y cumplimiento de lo aquí dicho es obligo mi persona y bienes habidos y por haber y doy poder a las justicias y jueces de su majestad de cualquier parte que sean para que me apremien a lo aquí dicho es por todo rigor de derecho y será ejecutada como por sentencia definitiva convenida y pasada en cosa juzgada y renuncio las leyes y derechos de mi favor y la que prohíbe las generales del derecho hecha la carta en Sevilla estando en Triana en veinte y ocho de marzo de mil setecientos cincuenta y siete años y el otorgante a quien yo el presente escribano público doy fe conozco lo firma siendo testigos Francisco de Flores, Bartolomé Pérez y Alonso Pérez vecinos de esta dicha ciudad

Manuel Antonio de Zúñiga, escribano público                                                        Miguel de Varas y Miranda"

Tras buscar información sobre los enseres mencionados podemos decir que corresponden a lo siguiente:

·Los veinticuatro cañones de plata con bastante probabilidad se utilizarían para revestir los varales de madera del palio. Aunque cabe la posibilidad de que fuesen unos canutos de plata para las varas presidenciales de los alcaldes.
·La "cruz de la sangre" o "cruz de la sangre con su toalla de lienzo" hace alusión a una cruz con el sudario de Cristo entrelazado que se solía usar para abrir el cortejo procesional (5).
·La "demanda de plata" era una bandeja que se destinaba en la procesión para pedir limosna. 
·La canastilla para la cera correspondía a aquellos que llevaban una cesta para encargarse de encender la cera en la cofradía. Muy similar a lo que algunos diputados de tramo llevan hoy día.
·El calimanco era una tela de lana brillante a cuadros o brocado siendo mostrado por un solo lado. Fue muy utilizada en el siglo XVIII.

Es curioso como en la petición no se menciona para nada la parihuela o andas de los pasos. Ni el palio, ya sea el techo, las bambalinas... ¿Es posible que la hermandad ya tuviera esto y que sólo pidiera algunas cosas que le faltaban para poder realizar la salida?.


Puede sorprender que en este documento nuestro fundador firme como Miguel de Varas y Miranda, en lugar de utilizar su nombre compuesto de Sebastián Miguel, como hizo en la solicitud para formalizar las reglas de la cofradía, o como aparece también en la inscripción de un bautizo en Triana en el que, junto a una tal María García intervino de padrino en 1748, un año antes de la Gran Redada, documento que halló el historiador Juan de Dios Ruiz Sambruno en el archivo de la parroquia de Santa Ana (6). Estamos hablando de una época en la que aún no existía el registro civil y el nombre oficial era el que aparecía en los libros parroquiales. Por otra parte, con la persecución que vivieron en aquellos tiempos los gitanos, no parece extraño que quisieran estar lo menos identificados que fuera posible. Pero hay más. Cuando Carlos III ordena efectuar tres décadas después un censo de los castellanos nuevos que habitaban en su reino, entre los que viven en la ciudad de Sevilla aparece avecindado un tal Sebastián Miguel de Miranda, de 68 años, de profesión navegante, casado con María García, de 64, y que tiene a su cargo a su hija viuda María del Coral y a sus nietecitos Miguel e Isabel, de 10 y 9 años respectivamente. ¿Sería aquel abuelo el protagonista de nuestra historia que se inscribió en esta ocasión sólo con su segundo apellido para tratar de ocultarse del racismo y la intolerancia? ¿Era esta María García del censo aquella María "La Pajarita" cuyo marido, cocinero en un buque, hizo la pequeña fortuna con la que se consiguió comprar las imágenes y fundar la hermandad como cuenta la leyenda? Detrás de las leyendas se esconde casi siempre un trocito de historia que habrá que seguir intentando desvelar.


Grabado de Sevilla vista desde Triana. Año 1726. Anónimo.
El número 42 asignado corresponde al Convento del Pópulo.



(1). José Bermejo y Carballo en Glorias religiosas de Sevilla afirma de manera errónea que la primera salida es en 1758. 
En 1758 no salió ninguna cofradía en Semana Santa debido a las lluvias e inundaciones en toda la ciudad.
(2). Juan Carrero Rodríguez en Anales de las Cofradías Sevillanas también erró en escribir que nuestra primera salida fue en 1759. Nuestra Hermandad salió en 1759, pero siendo la segunda salida histórica.
(3). Manuscrito sevillano. Crónica general de cofradías, festejos, sucesos y hechos curiosos acaecidos entre 1713 y 1775. De Escobar. Estudio de Fernando de Artacho y Pérez-Blázquez. Página 145.
(4). Ibídem. Según esto, en 1757 fuimos la única cofradía que hizo estación de penitencia en la tarde del Miércoles Santo a la Santa Iglesia Catedral.
(5). Isidoro Moreno en su libro La Antigua Hermandad de los Negros de Sevilla: Etnicidad, poder y sociedad en 600 años de historia ,menciona y describe el objeto del que hablamos en la hermandad de los Negritos: "En 1649 figura ya en los inventarios "una toalla de la cruz de penitencia", que  otras veces se denominaba "la cruz de la sangre con su toalla de lienzo": se trata de la famosa Cruz de las Toallas- en aquel tiempo la palabra toalla equivalía a sudario- que abría la procesión,..." Página 107.
(6). Juan de Dios Ruiz Sambruno. "Sobre Gitanos sevillanos del siglo XVIII y su Hermandad". Boletín nº 38 de la Hermandad de Los Gitanos de Noviembre de 2003, dedicado al CCL Aniversario de la corporación. Páginas 23 a 29.

lunes, 1 de abril de 2019

UN MAYORDOMO DE ROMANCERO

Allá por 1916, y a petición de D. Ramón Menéndez Pidal, el militar y musicólogo D. Manuel Manrique de Lara recorría las tierras andaluzas indagando sobre la pervivencia del romancero tradicional hispánico. Llegó a Sevilla y en la antigua Fábrica de Tabacos conoció a una joven cigarrera gitana, Encarnación Rodríguez Bermúdez, de la familia de los "Caganchos". La muchacha le recitó o cantó algunos antiguos romances que conocía y se prestó a colaborar con el estudioso en estas encuestas. Parece ser que fue ella quien llevó al investigador a Triana, al número 127 de la calle Pureza, donde tenía su domicilio Juan José Niño López, antiguo mayordomo de la Hermandad de los Gitanos, que demostró un conocimiento de aquellos viejos cantares que sorprendió y aún hoy sorprende a todos los especialistas en esta rama de la literatura. Mucho se ha escrito sobre Juan José Niño como custodio de ese precioso legado que es el romancero gitano-andaluz (1). Menos sobre su faceta como oficial de nuestra cofradía, y a ello vamos a dedicar la entrada de este mes.


Estudio de la filóloga Teresa Catarella sobre el romancero de Juan José Niño.

Aunque se ha dicho que nació en el Puerto de Santa María -de donde es cierto que eran su padre y su abuelo, el cantaor Pedro Niño "El Brujo"- Juan José vino al mundo en 1859 en la calle Conde Negro del sevillano arrabal de San Roque, en cuya parroquia se bautizó. Como su padre y su abuelo, y como sus hermanos Pedro y Manuel "Sacramento", Juan José se dedicó a la herrería, profesión que buscaba establecerse en los arrabales y puertas de la ciudad, donde mayormente se recurría a este oficio para el aparejo de las bestias que entraban o salían de la misma. Así que la familia Niño vivió y tuvo fragua en San Roque, en la calle Artemisa de la Puerta Osario, en la Cruz Verde de la Ancha de la Feria, y en el trianero Monte Pirolo, al final de la Cava Nueva o de los Gitanos, donde un antiguo cante dejó memoria de su estancia:

"¿Qué es aquello que reluce por cima de aquellos cerros?
Es la fragua Sacramento, que están machacando hierro"

Registro del nacimiento de Juan José Niño en la sevillana calle Conde Negro y de su bautizo en la parroquia de San Roque.

Se ha escrito de Juan José también erróneamente que era soltero. Si su hermano Pedro casó con una Bermúdez, y Manuel con una Moreno, Juan José se unió con una Vega, con Dolores Vega Moreno, aunque no tuvieron descendencia y por las fechas en que lo entrevista Manrique de Lara estaba ya viudo, viviendo con su hermana y sus sobrinas. Quizás fuera esta la razón que motivara que nuestro protagonista se entregara en cuerpo y alma a su hermandad. Se supone, por su edad, que debió de estar entre los hermanos que consiguieron realizar la primera salida de la cofradía desde la parroquia de San Román allá por 1891, pero no es hasta 1900 cuando encontramos su nombre en documentos oficiales de nuestra corporación. Se trata de un escrito dirigido al ayuntamiento, firmado por nuestro protagonista, comunicando la decisión de la hermandad de efectuar ese año estación de penitencia, a efectos de conseguir la tan necesaria entonces subvención municipal (2). Dice así:




"En Cabildo celebrado por la Pontificia y Real Hermandad de N. P. Jesús de la Salud y Mª Santísima de las Angustias de la Parroquia de San Román se acordó hacer estación a la Santa Iglesia Catedral, en la madrugada del Viernes Santo. Las reformas introducidas por esta hermandad, son todas sus insignias nuevas y reformado por completo el paso del Señor, el que luce una magnífica túnica de terciopelo morada, una de las mejores que hay en Sevilla:
y las calles por donde transitar son, Peñuelas, Bustos Taberas, Santa Catalina, Almirante Apodaca, Plaza de Argüelles, Alcázares, Coliseo, Encarnación, Universidad, Cuna, Orfila, Unión, Tarifa, Santa María de Gracia, Campana, Sierpes........... Francos, Villegas, Salvador, Cuna, Universidad, Encarnación, Coliseo, Alcázares, Plaza de Argüelles, Almirante Apodaca, Santa Catalina, Terceros y Sol. 

Dios guarde a V. EmS. S.
Sevilla 20 de Enero de 1900
Firma Juan Niño López

(Dirigida al Señor Alcalde Presidente del Exmo. Ayuntamiento de Sevilla)"

Observamos como en su escrito Niño habla de una reforma total del paso del Señor ese año, y conviene detenerse en el asunto para aclarar algunos puntos. En agosto de 1898 la hermandad había comprado a la del Valle la antigua canastilla del paso de la Coronación de Espinas, con el que se procesionó ya desde 1899. La reforma de la que habla el escrito es que, aparte de suprimirle el estrado escalonado en el que figuraba el misterio sustituyéndolo por un monte de corcho, cosa que debió hacerse el mismo año de su estreno para que pudiera usarlo un Nazareno, se le cambiaron los escudos de las cartelas para que figurara el de la hermandad. Y ese paso no sólo lo utilizó nuestro sagrado titular, puesto que en los primeros años del siglo XX se funda una nueva cofradía por el párroco y un grupo de jóvenes de la collación de San Roque, barrio, no olvidemos, en el que nació Juan José Niño, y con el que siguió relacionado (3). La hermandad de los Gitanos presta esas andas a la de San Roque entre 1902 y 1912 para que procesione Nuestro Padre Jesús de las Penas, y creo que no sería mucho aventurar alguna intervención de nuestro mayordomo.


Ntro. Padre Jesús de las Penas retratado por Almela en 1903 sobre el paso cedido por Los Gitanos.

El 8 de noviembre de 1913 la hermandad, representada por su hermano mayor Antonio García Sánchez, el propio Juan José Niño López en calidad de mayordomo, y el oficial Antonio Moreno Vega, contrata con José Rodríguez Carrera, maestro dorador con taller en la calle García de Vinuesa, una nueva reforma de las andas a las que nos referimos. Se doran de nuevo y se le añaden unas molduras a modo de crestería a la canastilla, y ese es el "estreno" de 1914 que tanta confusión ha generado en torno a este paso.

El mismo paso, portando a la antigua efigie del Señor de la Salud, retratado por Juan Barrera después de la restauración que se le practicara en 1914, durante la mayordomía de Juan José Niño. Archivo Víctor González Ramallo.


Por cierto que esta reforma de 1914 debió de causar a Juan José Niño más de un quebradero de cabeza en sus últimos días (4). Se acordó su pago en cuatro plazos, de los que se pagaron religiosamente en su fechas los tres primeros, pero hubo un cambio de junta de gobierno y el último plazo de 75 pesetas fue demorado más tiempo de lo debido, lo que motivó alguna que otra visita del dorador a la calle Pureza para pedirle explicaciones al viejo mayordomo, que lamentablemente murió con la cosa de que la deuda no se hubiera todavía saldado totalmente, pero esa es otra historia que quizás contemos otro día.



1.- Sobre el particular recomendamos el estudio que la filóloga Teresa Catarella realiza en "El Romancero Gitano-andaluz de Juan José Niño",  editado por la Fundación Machado en 1993.
2.- A.H.M.S. Colección Alfabética. Semana Santa. Caja 633. Año 1900. El documento en cuestión ha sido localizado por Juan Carlos Vázquez Alejo y llevado en soporte digital al archivo de la secretaría de la hermandad 
3.- Su hermano Pedro Niño López continuaba viviendo allí, concretamente en la calle Salud, en la época en que se funda la hermandad de San Roque.
4.- Sobre esta reforma hay un escrito del hermano del dorador al arzobispado que nos ofrece algún dato más sobre los problemas económicos de la corporación aquellos años (A.G.A.S  Justicia y Hermandades. Expte. 38 signatura 15898).