viernes, 1 de abril de 2016

POSTALES CON MEDIO SIGLO



Supongo que a cualquier chiquillo de mi generación tenían que llamarle forzosamente la atención. Allí en San Román, en la mesa que ponía el mayordomo y atendían las hermanas los Domingos de Ramos y Jueves Santos, destacaban por su colorido, entre tanta foto aún en blanco y negro. Y eran tarjetas postales que, aparte de como recuerdo, se podían utilizar para enviarle a algún amigo unas líneas escritas por correo. Desde luego que no iba a ser yo el que lo hiciera y me desprendiera así de ellas. ¡Eran mías! Aún puedo encontrar en alguna el estropicio de mi propio nombre garabateado con letra infantil en los renglones dispuestos para poner la dirección del destinatario, e incluso un dibujito de cómo veía uno un palio a tan corta edad. Mi hermano menor continuó la colección con las de otras cofradías, pero yo me compré únicamente las cuatro de mi Hermandad. Unos años después intenté convencerlo de que una que tenía del Cachorro saliendo de su capilla del Patrocinio era mía también, pero no picó.


La más antigua de ellas está editada en Valencia por A. Subirats-Casanovas, y el depósito legal es de 1964. Aparece el Señor de la Salud regresando con toda su majestuosidad por la calle Imagen, sobre su antiguo paso, al que se le puede observar un curioso segundo friso de claveles rojos en la mesa, sobre los respiraderos, cosa bastante excepcional. Creo que sólo se hizo un año o dos. Que la postal esté impresa en 1964 no significa que la fotografía se tomara en esa fecha. Aparecen ya sin embargo las coronitas doradas que remataban las tulipas de los candelabros, que costeó un grupo de hermanos y que se estrenaron en 1963, así que la foto tiene que estar tomada entre esas dos fechas. ¿Y si me guiara para datarla por los nazarenos? ¿Y si pudiéramos reconocer a alguno? En el 63 salió de fiscal del paso Cristo Vicente García González, “Vicente Valencia”, y en 64 Francisco Vega Moreno, prioste y vestidor del Señor. Alguno de los dos será ese fiscal que mira orgulloso a la cámara como diciendo: “¡Aquí está un nazareno de la Hermandad de Los Gitanos!”.   


La segunda postal es de la Virgen de las Angustias sobre su paso en San Román. Es la nº 252 de la colección Escudo de Oro dedicada a la Semana Santa, editada en Madrid e impresa en Barcelona en 1966 (el número romano IX en el depósito legal así nos lo indica). Así procesionó nuestra Bendita Titular hace justo medio siglo. Fijaros en la corona. Ese objeto en forma de media luna plateada bajo los imperiales es nada más y nada menos que la famosa tiara rusa de diamantes de la Duquesa de Alba. También en el pecherín, entre otras muchas joyas y colgantes que caen hasta sobre la saya, luce el Toisón de Oro, que se le concedió a su señor padre, D. Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, ya fallecido entonces, pero que Doña Cayetana quiso que nuestra Titular llevara precisamente aquel Viernes Santo de 1966. El diario ABC, en su edición del 8 de abril, publicaba la relación de todas las joyas que la Virgen lució ese año cedidas por la Sra. Duquesa, entre las que aparecen la tiara rusa y el toisón.
 




La tercera postal es otra vez del Señor de la Salud, pero en esta ocasión saliendo de la Catedral. Es la nº 273 de la colección Escudo de Oro, también con depósito legal en 1966. Vemos ahí con más detalle el antiguo paso estrenado veinte años antes, que atribuyen a Juan Pérez Calvo, que puso efectivamente su taller, pero que diseñó Guillermo Bonilla –que ya había colaborado con Fernández Andes en la policromía de la Imagen del Señor cuando se hizo-, y que talló Rafael Fernández del Toro y doró Antonio Sánchez González. Hoy lo llaman “de las cortinillas”, pero en su época se le llamó “de los espejitos”, como al de la Coronación de Espinas de la Hermandad del Valle, porque en su concepción original estaba decorado igualmente con pequeños espejos, al estilo rocalla. Estos se le suprimieron en una reforma que le realizó Manuel Peralta en 1965, así que, al contrario que en la postal de la calle Imagen, en esta está ya sin ellos. También observamos más de cerca las coronitas de las tulipas. El paso y los candelabros se vendieron, pero las coronitas no, porque las habían regalado unos hermanos con todo el cariño del mundo, y aún deben de andar por la priostía.

La última de las postales es de la editorial García Garrabella y Cía., de Zaragoza, y el depósito legal es de Barcelona, de 1967. Apaisada, aparece la Virgen de las Angustias saliendo de la Catedral, con Salvador Dorado “El Penitente” -o “El Paitente” según otros- como capataz. Como en la anterior figura el antiguo escudo de la corporación en el frontal del palio, con el corazón agustino bajo el capelo arzobispal, como estuvo hasta su restauración en 1970. El manto azul pavo estaba prácticamente estrenando el acabado de los bordados de Carrasquilla. Y no perderos el saqueo de claveles que a esas horas de la mañana había sufrido ya el paso en su lateral. Sólo la parte más cercana al contraguía ha sobrevivido entera. Afortunadamente esa costumbre tan fea del público se erradicó.

Y estas son las viejas postales de mi infancia, las de aquel nazarenito que soñaba con ser lo bastante mayor para salir toda la noche, y que pretendía enviárselas a si mismo, con garabatos y restos de pegamento incluidos.


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